Llegando a pequeños comerciantes o familias con ingresos bajos e inestables, a quienes ni los bancos ni las empresas financieras les prestan, los préstamos “gota a gota” penetraron en varios departamentos, sobre todo del interior. Se desconoce cuánto mueve este negocio, que se asocia con el dinero del narcotráfico colombiano, aunque algunas presunciones señalan que no son cifras despreciables. De hecho, este fenómeno empezó a ser captado en encuestas y grupos focales al investigar la temática del endeudamiento en Uruguay.
Los 17 allanamientos realizados en Artigas, Paysandú, Rivera y Lavalleja llevaron a la detención, en principio, de 17 personas —14 colombianos y tres uruguayos— y a la incautación de ocho motos, varias tarjetas bancarias, folletos de préstamos, 30 teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos, además de cuadernos con anotaciones con referencias a los cobros y dinero. Los detenidos quedaron a disposición de la fiscalía; una docena fueron condenados, consignó el domingo 21 El Observador.
Algunos de los primeros rastros de esta modalidad delictiva en Uruguay son de 2018. Un artículo en Brecha publicado dos años atrás enumeró, citando a otros medios, casos que llegaron a la Justicia en 2019 en Tacuarembó, en 2022 en Montevideo, y en 2023 en Cerro Largo y Artigas. En varios, los involucrados terminaron presos.
Según informes del diario El País de Cali y la alianza periodística Connectas, este tipo de préstamos surgió a finales de la década de los 90 en Medellín, cuna de uno de los principales cárteles del narcotráfico en Colombia. Señalan que, aunque es imposible dimensionar el fenómeno, el “gota a gota” en ese país mueve diariamente cerca de un millón de dólares, conforme con una investigación de la Universidad Central de Bogotá. Agrega que el negocio se extendió a 16 países de América Latina.
Con el nombre de “gota a gota” u otros, como “chulco” o “pagadiario”, el esquema que se replica —aparentemente con variantes— es el siguiente, según la descripción realizada en esa investigación periodística. Los tomadores son usualmente vendedores ambulantes, pequeños comerciantes, amas de casa, mecánicos, conductores y otras personas con acceso restringido a un crédito bancario. El dinero, por montos relativamente chicos, se entrega en minutos. Una vez recibido, un cobrador, muchas veces en moto, llega durante los siguientes días —usualmente 20— para recoger una cuota. Por ejemplo, por un préstamo del equivalente a US$ 100 se cobran US$ 6 cada jornada; la persona termina pagando un total de US$ 120 al cabo de 20 días.
En Uruguay, El País había informado en 2023 sobre la actividad de estas redes de colombianos que daban préstamos por fuera de la regulación y cobraban mediante “aprietes” si pasados los 24 días se había incumplido con todas las cuotas. Expolicías y exmilitares de esa nacionalidad eran parte de estas organizaciones delictivas, según autoridades policiales mencionadas en una de esas notas.
El fenómeno del crédito “gota a gota” está también mencionado por el periodista Andrés Alsina en el libro Plata sucia, presentado el martes 23, donde se relatan diferentes casos vinculados al blanqueo de capitales en el agro, la construcción, el negocio inmobiliario y los partidos políticos, producto de la evasión fiscal desde países vecinos y ganancias ilícitas obtenidas por el contrabando y el tráfico de drogas.
“Los usuarios del sistema financiero están absolutamente indefensos, pues no hay supervisión ni control permanente para evitar que esas malas prácticas crezcan y se expandan. Y, si no controlamos la práctica en sí, imaginate si podremos controlar el origen del dinero”, señaló el dirigente del gremio bancario Pablo Andrade citado en el libro, según una síntesis publicada el lunes 22 por la diaria.
El crédito en Uruguay
Dar préstamos en Uruguay “es más fácil que poner un kiosco” y se trata de una actividad con mucha competencia, comparó en diálogo con Búsqueda una fuente bancaria. Además de los bancos, dan crédito las financieras y los prestamistas de distinto tipo, aunque todos estos actores se enfocan en segmentos de público distintos.
Una investigación del Instituto de Promoción Económico Social del Uruguay (Ipru), junto con Unicef, indagó sobre el endeudamiento de los hogares y los derechos de niños, niñas y adolescentes a partir de entrevistas a familias de Montevideo y Salto que en 2023 y 2024 tuvieron vínculos con esta organización no gubernamental a través de distintos proyectos. El 10% de esa muestra había recurrido a prestamistas como los colombianos.
“Desde Ipru estamos insistiendo en la pertinencia de diagnosticar el tema de forma cuantitativa para visibilizar la magnitud del fenómeno. Algunos estiman que en la actualidad tienen la misma cartera que República Microfinanzas, pero no tenemos evidencia”, señaló a Búsqueda Marcelo Ventós, director de esa organización no gubernamental.
República Microfinanzas es una administradora de microcréditos propiedad del Banco República (BROU) que da financiamiento a empresas de pequeño porte, a familias de bajos ingresos y a sectores no atendidos por la banca tradicional. A fin de 2024, tenía una cartera activa de $ 3.625 millones, según su balance. Eso son unos US$ 82 millones, convertidos al tipo de cambio a esa fecha.
Ventós agregó que el tema del “gota a gota” también surgió en los diferentes grupos focales realizados para una investigación publicada el año pasado por Endeudamiento ¡Uy!, un proyecto en el cual participan el Ipru e integrantes de las facultades de Ciencias Económicas y Ciencias Sociales, así como la Asociación de Empleados Bancarios.
Según una encuesta hecha en ese marco en setiembre de 2024 por la Usina de Percepción Ciudadana, tres de cada 10 personas piden crédito —al sistema financiero u otros— de manera ocasional o con mayor frecuencia. El uso de ese dinero que más declaran los encuestados es para el pago de deudas.
"Para nosotros, lo importante es que se pueda avanzar en nuevas prácticas de microfinanzas inclusivas que mitiguen lo informal y el surgimiento de prácticas abusivas para quienes quedaron excluidos por sobre endeudamiento o para evitar que caigan. La forma para que eso suceda es aportando nueva evidencia de estos fenómenos que desconocemos su magnitud económica y territorial", señaló el director del Ipru. En ese sentido, propuso que los otorgantes de crédito aporten dinero a la investigación en un porcentaje del total de las carteras mayores a 120 días o al momento que venden carteras a otras instituciones para su recuperación.
Por su lado, una fuente del sistema bancario dijo a Búsqueda que el crédito “gota a gota” es un fenómeno preocupante que, en términos relativos, “no maneja poca plata”. Planteó: “Existe una demanda” de financiamiento por parte de un amplio sector no formalizado de la economía y “tenemos que saber dar respuesta” desde instituciones como República Microfinanzas con una presencia “más agresiva”.
El “pozo”
El estudio del Ipru en Montevideo y Salto hecho hace un par de años captó que los hogares perciben el crédito como una opción que lleva al “encierro” financiero y, a veces, con un “componente adictivo”, lo cual provoca “preocupación constante”, “culpa”, “estrés” y “afectación de la salud” de las personas.
“Me siento que estoy en un pozo y por más que quiero subir, subir, subir, no logro salir”, señaló Lucía, de Montevideo, en uno de los testimonios recogidos.
Muchos se endeudan por “necesidad”, para comprar comida y otros artículos básicos. Otras veces es para cubrir imprevistos, como accidentes o tratamientos médicos, o para la compra de medicamentos.
La facilidad con que se accede a los préstamos del sistema formal parece conducir a algunas familias a un círculo financiero problemático. “Cumplí 18 años, me envicié con la famosa Tarjeta D. Compré todo porquería. Y después yo no tenía trabajo —porque te la daban fácil, sin recibo de sueldo y todas esas cosas— y no la pude pagar más”, relató Sofía, una salteña.
Como reflexión a partir de los hallazgos de ese estudio, el Ipru señala que el fenómeno del endeudamiento familiar tiende a ser vivido como “individualizado, reducido y relegado a ser manejado en la intimidad de los hogares. No parece que el problema” se deba a la falta de “habilidades de gestión financiera, sino a la ausencia de políticas públicas y herramientas de inclusión financiera”.