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Gabriel Oddone confronta el “relato” del “tarifazo” y anticipa Rendición de Cuentas sin gasto adicional
Gabriel Oddone explica las decisiones y anuncios de esta semana en torno al dólar, defiende las medidas tributarias tomadas por el gobierno y cuestiona a la oposición; “toda la agenda de temas que se discute en Uruguay, todo todo”, es “iniciativa” del oficialismo
Ministro de Economía, Gabriel Oddone, en su despacho.
Este verano, los tributos y el dólar se ubican en el centro de los debates técnicos y políticos. En ese marco, esta semana el equipo económico anunció decisiones monetarias y posibles participaciones del sector público en el mercado cambiario, a la vez que apresura un conjunto de medidas en torno a la competitividad y la innovación, que su jefe, el ministro Gabriel Oddone, considera “impostergable”.
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En una entrevista con Búsqueda el miércoles 28, el titular de Economía y Finanzas se explaya sobre esas decisiones y la agenda prioritaria para su cartera en 2026 —que encarará sintiendo un respaldo político “enorme”—, y realiza algunas definiciones, como que “nadie” debería estar “pensando que la Rendición de Cuentas” a discutir este año contenga “recursos adicionales”.
También hace una defensa política del gobierno. Sostiene que “toda la agenda de temas que se discute en Uruguay, todo todo”, es “iniciativa” del oficialismo y afirma que se “ha construido un relato con relación a que hay un ajuste, un tarifazo a los trabajadores y a los sectores de ingresos medios”, lo cual, según él, “no tiene fundamento de ningún tipo”. Y señala que “absolutamente no” habrá más modificaciones tributarias, salvo que ocurra un shock inesperado.
—Con el dólar cayendo de precio, esta semana se decidió poner la política monetaria en fase expansiva y se anunció que el sector público podría comprar divisas. ¿Son medidas tomadas a tiempo y suficientes para frenar los impactos de la apreciación cambiaria?
—Lo primero es la rebaja de la tasa de la política monetaria y llevarla a una fase expansiva, aunque no fue solamente eso. Entre otras cosas, (el Banco Central) anticipó la reunión, que eso no ocurrió nunca, y a su vez cambió el calendario, mostrándole al mercado que nos vamos a mover con regla pero dentro de un cierto margen de más discrecionalidad ante un escenario incierto.
Entonces, si las medidas son tardías, la respuesta es no. Durante el segundo semestre del 2025 estábamos exactamente en el medio de la tabla en variaciones nominales del dólar de países de referencia para Uruguay, y lo que pasó la semana pasada fue que pasamos a estar en la cola; todas las señales de alarma se prendieron. Porque además de la aceleración de la depreciación del dólar a escala global, se agregaron los factores específicos uruguayos: una temporada turística que empezaba a generar un stock de dólares importante y en medio de eso, porque empresas como Ancap y UTE estaban haciendo un menor nivel de compra que lo habitual, producto de cosas como la rotura de la boya (petrolera) y porque el precio del petróleo cayó.
Y entendemos que no es tardía porque si hubiéramos intentado hacer algo antes, hubiéramos gastado munición que ahora estamos usando.
Tampoco tenemos la certeza de tener éxito y la situación la estamos siguiendo con mucho cuidado —también en contacto con otros integrantes del Poder Ejecutivo, como el ministro Alfredo Fratti—, porque tampoco tenemos un menú de herramientas infinitas para actuar.
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—¿Esas medidas y ese seguimiento que le hacen al dólar va a estar asociado a que Uruguay deje de estar en la cola de la apreciación de su moneda o que el dólar toque cierto precio?
—El nivel del dólar de la semana pasada alcanzó un nivel inusitadamente bajo, por eso la reacción. Ahora, una vez que volvamos a niveles que no fueron los de la semana pasada, lo que vamos a estar mirando es la variación comparada.
Establecer cuál es el piso es algo, primero, que forma parte del secreto y del arte de la política económica. Segundo, que es muy difícil fijarlo, porque es una variable que uno no controla. Si piensan todo lo que ha pasado del 1 de enero a la fecha, es realmente importante: una intervención militar en Venezuela sorpresiva; una polémica, de la intensidad que ha tenido, con los socios de la OTAN de parte de Estados Unidos por el tema de Groenlandia es un tema novedoso en los últimos 70 años en la historia del mundo; los eventos que están teniendo lugar en alguna ciudad de Estados Unidos, en particular, en Mineápolis, son muy disruptivos. El episodio con el presidente de la Reserva Federal también es extraordinario. Todo eso le ha dado al escenario global un nivel de incertidumbre muy elevado, que se traduce en variabilidad de los activos financieros. Sin comparar con la pandemia, este escenario de incertidumbre global es altamente desafiante y, por lo tanto, tenemos que ir viendo cómo lo vamos manejando.
—En la conferencia del martes 27 usted anunció que en el primer semestre el Poder Ejecutivo tomará medidas por decreto y mediante un “paquete legislativo” en torno a la competitividad, la innovación y para reducir rigideces en la formación de precios. ¿Cuál es el alcance concreto de esa agenda?
—Habiendo atravesado un umbral del nivel de inflación por debajo del 4,5% que está consolidado, hay un conjunto de cosas que tenemos que hacer de manera impostergable. Hay que trabajar en los precios en los que el Estado contrata y en cómo se actualizan. Hay que trabajar en desestimular que a nivel privado los contratos de largo aliento contengan pautas indexatorias hacia atrás. Hay que trabajar en procesos de formación de precios que son perniciosos porque inducen prácticas de distribuidor exclusivo. Tenemos regulaciones aduaneras o en tramitación con el Estado que son redundantes, que no transfieren la responsabilidad al sector privado con controles ex post. Son todos factores que encarecen o que promueven la inercia en el proceso de formación de precios y suponen ineficiencias. Eso forma parte de un paquete normativo para la innovación y la competitividad que, a nivel de decreto, queremos anticipar algunas cosas.
—¿Esa agenda tiene algo comparable con la de Argentina con el ministro Federico Sturzenegger? ¿Hay un aprendizaje de esas medidas de burocratización o de simplificación?
—Lo que Sturzenegger está haciendo es una economía mucho más regulada con mucho más manejo discrecional de temas administrativos, avanzando con un paquete legislativo muy agresivo, entre otras cosas, porque el mandato que recibió ese gobierno es hacer cambios profundos. Nosotros, simplemente lo que estamos haciendo es una agenda que está un poco postergada, porque hay un cierto consenso acerca de que hay que recorrerla. Pero estas ideas, no solamente yo, otros muchos colegas las tienen puestas arriba de la mesa desde mucho antes que Argentina estuviera metiéndose en este esquema.
Gabriel Oddone
Gabriel Oddone.
Mauricio Zina/adhocFOTOS
—Las cifras fiscales al cierre de 2025 se van a publicar hacia el fin de la semana. ¿Maneja un dato preliminar?
—No hay sorpresas: un 4,1% (del Producto Interno Bruto de déficit). Hemos hecho todos los trabajos necesarios al cierre del año para que los números convergieran a lo que habíamos comprometido.
La convergencia o ajuste fiscal —como quieran llamarle— que definimos es gradual y tiene dos componentes. Primero, una mejora de la eficiencia recaudatoria, de la que ya vimos resultados en el 2025, pero que se van a ver con más claridad con el plan estratégico que la DGI (Dirección General Impositiva) está implementando ya. Y segundo, aumentos en el impuesto mínimo calificado doméstico y el impuesto a los incrementos patrimoniales, cuyos efectos se van a ver con mucha más claridad en 2027. Entonces, lo que vemos es que en términos de reporte estadístico, el 2026 va a seguir siendo un año con números de déficit alto, no muy lejos del 4%, siempre y cuando se cumplan los supuestos de crecimiento y de recaudación que tenemos.
—¿Qué responde a quienes dicen que el gobierno está aplicando un ajuste fiscal “voraz” o “salvaje”, por la vía impositiva, afectando en particular a la clase media?
—Que es absolutamente falso. ¿Cuáles son los fundamentos para que se haya sostenido eso? El ajuste técnico de Fonasa, el ajuste de la BPC (Base de Prestaciones y Contribuciones) y las tarifas públicas.
En el Fonasa, lo que se estaba haciendo era subestimar el costo previo equivalente, adoptando dos definiciones que eran incorrectas desde el punto de vista técnico. Fui al Parlamento, presencié discursos encendidos y muy vehementes y, sin embargo, no hubo una sola consideración de tipo técnico diciendo que lo que se venía haciendo estaba bien. Silencio de radio.
Acá se ha construido un relato con relación a que hay un ajuste, un tarifazo a los trabajadores y a los sectores de ingresos medios, pero no tiene fundamento de ningún tipo. Es más, en lo que son los cambios de la BPC que afectan al IRPF, está comprendido solamente el 28% de la población; el 72% está fuera de eso. Y en el Fonasa, este cambio afectó al 10% o 12% de los contribuyentes del Fonasa, y el 90% está afuera.
Respecto a las tarifas: telecomunicaciones, 3,5%; energía eléctrica por debajo de la inflación, en particular la residencial, y los combustibles bajaron en la última actualización. En OSE efectivamente hicimos un ajuste importante porque su situación financiera es extremadamente comprometida y tiene que acometer inversiones; porque si no, tenemos un severo compromiso con el suministro de agua y porque, además, aumentos del 8,5% se traducen en valores absolutos relativamente escasos.
Entonces, decir que aquí hay un ajuste fiscal voraz y que afecta a la clase media de trabajadores, lo entiendo en el marco de este mundo comunicacionalmente más voraz. Pero no es así. Creo que hay una suerte de anticipación, o un temprano inicio de una discusión que tiene más ribetes de discusión electoral... No recuerdo un verano con una Comisión Permanente en el Parlamento a la que los ministros concurramos, expliquemos y vayamos a dar nuestros fundamentos (como en este gobierno), que es buena cosa, pero parece un régimen más parlamentario que uno presidencialista.
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—Señalaba porcentajes de afectados por esos cambios en la BPC y el Fonasa. En la escala socioeconómica, ¿qué son esos grupos?
—Son personas de ingresos medios y medios altos los que quedaron comprendidos, pero ojo, esos son los que quedaron comprendidos por los cambios en la BPC, que es volver al régimen que el IPC siempre establecía. Yo pretendo —es una iniciativa mía— dar una discusión parlamentaria sobre este tema para parecernos al resto del mundo.
—¿No hay más cambios tributarios previstos?
—En el escenario que trazamos, absolutamente no, no. Ahora, si me dicen: ¿puede firmar un cheque de que no va a ocurrir? ¿Yo qué sé qué pasa en 2028? Si tenemos un shock externo derivado de todo este mundo geopolítico complejísimo... por eso siempre dije en campaña que no es serio hacer promesas en materia tributaria. Prometer y firmar un cheque que no va a ocurrir. Déjenme revertir la causa; parte de lo que le pasó a la administración anterior tiene que ver con que se desordenó fiscalmente a fin del período, por varias razones, una fue por el ciclo político. Pero también porque se ató de manos en la campaña electoral del 2019; había habido tantas promesas de que jamás iban a tocar un impuesto que creo que el presidente se amputó muchas pequeñas correcciones, por ejemplo, del Fonasa, ante el temor de que esto fuera leído como un cambio tributario. Y se siguió haciendo que el sistema recaudara mal, y la diferencia, ¿quién la paga? Es Rentas Generales. Son personas que no necesariamente son beneficiarias del Fonasa.
—Capaz, para que este gobierno deba recurrir a más impuestos no hace falta que se caiga el mundo, sino simplemente que la economía crezca menos de lo que estima.
—Si la economía crece a menos de lo que estimamos, vamos a tener que hacer adaptaciones fiscales, pero es algo que no debería venir, porque ahí el riesgo al que vamos es una espiral de menor crecimiento por aumento de la presión fiscal.
—Algunos reprochan al gobierno no haber tomado medidas para contener el gasto. En el Presupuesto lo aplanó, pero no se ven medidas de recorte.
—Las reformas en Uruguay por el lado del gasto son políticamente muy complejas y se deben hacer mediante un plan estructurado. Hay enormes oportunidades de aumentar la eficiencia del sector público y de gastar menos en muchas cosas. De hecho, acá adentro teníamos un edificio alquilado para la Auditoría Interna de la Nación y la movimos a donde estaba la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), y a la Comap la trajimos adentro del ministerio, ahorrando un alquiler importante. Como esos ejemplos, miles; yo he identificado dos o tres locales en el exterior, de mucho valor, que no están siendo utilizados, que se pueden vender, y estamos trabajando en eso. Hay millones de cosas para hacer y que me consta que con la discusión presupuestal que tuvimos y las sugerencias que les hicimos a los incisos en cuanto a que tenían que bucear en buscar recursos, lo están haciendo. Lo que el Presupuesto hizo fue aplanar el gasto; estamos hablando de la asignación presupuestal más pequeña de la historia de los gobiernos del Frente Amplio. ¿Por qué? Porque hay una restricción fiscal muy importante. Filosóficamente, un gobierno de izquierda no está necesariamente en contra del gasto público y el gasto público es muy relevante para muchas cosas en las que el mercado falla.
Ahora, que los que tenían el mandato para hacer un ajuste por el lado del gasto me vengan a pedir a mí —que me trajeron para otra cosa— que yo lo haga... Estamos combinando enfrentar los desafíos fiscales, pero con un enfoque en el que el gasto público no es malo. Y me permito subrayar una cosa: en mi opinión, hay un debate público de mala calidad sobre temas tributarios, que ponen a los impuestos como algo horrible. Y eso está mal. Porque la lógica de hablar todo el tiempo mal de los impuestos conduce a que los ciudadanos crean que están siendo estafados, por un lado, y a que, por otro lado, habría buenas condiciones para no pagar esos impuestos. Esto mina el régimen de convivencia.
—Estos días hubo una discusión en torno al Sucive (Sistema Único de Cobro de Ingresos Vehiculares). ¿Cuál es su postura? ¿Hay que hacerle cambios?
—No lo he estudiado lo suficiente como para poder pronunciarme. Es posible que haya adecuaciones paramétricas que hacer para que los valores de tasación tengan una mejor relación con el valor del mercado.
Creo que el Sucive es un logro extraordinario, porque yo he escuchado de volver al esquema, en el que la guerra de patentes era un clásico debate de muy baja calidad; además, el Sucive es algo mirado desde fuera de Uruguay y ha sido replicado como un ejemplo. Tiene oportunidad de mejoras, pero es un tema de cohesión territorial que compartimos.
—En una entrevista con Fácil desviarse, en diciembre, dijo que no eran necesarios más recursos. ¿Sus compañeros de gabinete comparten eso, pensando que lo que se viene en pocos meses es la discusión de la Rendición de Cuentas?
—Un gestor siempre quiere hacer más cosas. Entonces, no creo que estén felices pero entendieron el mensaje de que, dada la presión fiscal que Uruguay tiene, hay enormes oportunidades de buscar eficiencias al interior (del Estado).
—¿El mensaje es que no va a haber recursos adicionales en la Rendición?
—Por ahora el Presupuesto quinquenal establece US$ 140 millones este año y US$ 100 millones a lo largo de los siguientes tres años, hasta alcanzar los US$ 240 millones. Ese es el dato que tenemos y con eso todos deberíamos estar trabajando. Si hubiera una mejora del desempeño económico, habría que ver lo que cada inciso presenta y tomar una decisión política. ¿Qué nos conviene con esos recursos adicionales? ¿Asignar más o bajar deuda? Por ahora, el Presupuesto quinquenal es el que manda y yo, por cómo leo la coyuntura, no creo que haya recursos. Me anticiparía a decir que nadie debería estar haciendo cuentas pensando que en la Rendición de Cuentas de 2026 va a haber recursos adicionales de lo que está previsto.
—Con los recursos que hay, ¿se puede cumplir con los 63 compromisos?
—Bueno, no lo puedo decir porque no tengo una definición paramétrica en relación con estos recursos. Creemos que son suficientes como para cumplir con lo grueso de lo que está establecido allí.
—El Diálogo Social entró en la fase ahora en la que va a haber síntesis y propuestas a lo largo de este año. ¿Cuál es la expectativa desde el ministerio?
—Elevada. Tenemos un equipo trabajando con OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto) y tenemos mucha expectativa respecto a lo que surja del Diálogo Social en función de infancia, básicamente transferencias y rediseño de la coordinación para que las políticas sean potentes.
—¿El capítulo de las pasividades no lo ve como algo central?
—No es algo central.
—¿No imagina grandes transformaciones respecto a la reforma que hizo el gobierno anterior?
—No. Lo dije antes de ser candidato a ministro: la ley es perfectible, hay cosas que se están discutiendo en el Diálogo Social y estamos dispuestos a considerar alguna, pero no es lo sustancial. Y el estado del debate público así lo confirma; hace un año esto parecía ser que si no había algo al respecto, se caía todo, y ahora el eje de preocupación de los promotores parece estar en otro lado. Creo que no va a emerger del Diálogo Social nada que genere una gran transformación respecto de lo que fue aprobado en la ley del período anterior.
—¿Por qué dice que las preocupaciones de los promotores están “en otro lado”?
—Parece ser que el foco no está allí porque el Diálogo Social les permite canalizar sus inquietudes. Ahora tengan el foco puesto en otras cosas.
—¿En qué otras cosas?
—El 1% a los más ricos es un tema que el PIT-CNT y otros agentes entienden que debe estar en la agenda.
—¿El tema de la “sobretasa” al 1%, para Economía, está cerrada o es posible discutirla bajo ciertas condiciones?
—¿Discutirla? Por supuesto, pero no para su aplicación en este período. Damos la bienvenida a toda esta iniciativa que está puesta sobre la mesa, porque además hay rigor técnico, hay personas competentes que están defendiéndola, pero nosotros no estamos acá para discutir una idea esotérica, ni una idea no aplicable en el mundo, estamos para tomar decisiones que afectan a las decisiones concretas. En la medida en que esto está muy inmaduro para poder implementar, y que además es inconveniente para el clima de inversiones —porque puedo perder inversores cuando los necesito—, no va a ocurrir en este período de gobierno. Mientras yo sea ministro de Economía no va a haber una implementación de esto; capaz que con otro ministro sí.
—¿Cuál es la agenda del ministerio para el 2026?
—Tenemos millones de cosas que atajar, pero los objetivos centrales en materia de política económica son crecimiento, inversión y empleo, e infancia. Tenemos que concentrarnos en el principal problema que nos desafía como sociedad, que es la pobreza infantil. Esto lo vamos a hacer en un contexto de mucha incertidumbre e inestabilidad global.
El contexto también tiene una incertidumbre fiscal despejada, es lo que quiero creer. No hay más ajustes fiscales por venir, los empresarios y todos los que toman decisiones tienen que pensar ahora que, en las condiciones que están, no les van a poner más impuestos y no les van a hacer un cambio fiscal relevante.
—¿Siente el respaldo político para avanzar con esa agenda?
—Siento que el respaldo político que tengo es enorme. Por supuesto, no voy a hacer lo que quiera; como es lógico en política, he tenido que transar muchas cosas lógicas. La clave es saber cuáles son las prioridades.
Un primer tema es la competitividad y la innovación. Si no hacemos cosas en estas materias, vamos a tener un problema, porque efectivamente somos caros y, para poder competir en este mundo tan desafiante, tenemos que ser mucho más competitivos y más productivos. Tenemos que hacer revisión de políticas aduaneras, revisión de trámites que se hacen en el Estado, tenemos que fortalecer el régimen de competencia. Son tres ejes claves que van a estar en un paquete legislativo que va a estar puesto arriba de la mesa en abril.
Sabemos que no podemos atacar en todas las áreas. ¿Cuáles son las áreas estratégicas para poder atraer inversiones? Una es el acceso a energía y los costos. Ahí tenemos mucho para hacer, tenemos que discutir sobre inversiones, sobre tarifas y sobre subsidios que hoy existen que están no necesariamente bien localizados. Esa es una discusión importante que tenemos que tener con la ministra (de Industria, Fernanda) Cardona y con Presidencia. ¿Tenemos visiones idénticas? No. ¿Tenemos visiones diametralmente opuestas? Tampoco. Tenemos que discutir y sobre eso vamos a tener que avanzar.
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Ministro Gabriel Oddone, en la sede de Economía y Finanzas.
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Segundo, logística. Tenemos que avanzar en puertos y en transporte terrestre. En puertos tenemos que definir un esquema tarifario claro; tenemos un esquema tarifario antiguo, definido por la tarifa de mercadería, y tenemos un esquema de organización institucional del puerto difuso.
Tenemos que trabajar en las configuraciones del transporte terrestre. Hoy tenemos un ferrocarril que tiene oportunidades de extender sus rutas y que tiene oportunidades de alojar más mercadería.
Tenemos un tema con el sistema financiero: el crédito como porcentaje es el 30% del PIB; tenemos que encontrar los incentivos necesarios de la política para que el sector financiero aumente su participación en el financiamiento hipotecario y a las pequeñas y medianas empresas. Y es una cosa increíble que Uruguay no tenga un mercado de valores.
—¿Cómo debe moverse Uruguay en ese contexto internacional complejo que mencionó varias veces en la entrevista?
—Volar bajo el radar, como en algún momento pensamos, ya es imposible. En el mundo ya no hay posibilidad de esconderse. Además, nosotros mismos tomamos decisiones que nos pusieron visibles, ¿por qué? Porque hubo eventos internacionales que nos hacían imposible mostrarnos indiferentes. ¿Cómo nos movemos en este mundo donde para la potencia hemisférica hegemónica hay una lista de buenos y malos, donde China avanza silenciosamente para poder establecer relaciones más estrechas con el mundo, y donde Europa se encuentra buscando nuevas alianzas porque claramente la alianza atlántica está fragilizada? Es muy importante, entonces, el acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur, con el EFTA (sigla en inglés de la Asociación Europea de Libre Comercio), sumarse al CPTPP (por la sigla en inglés del Tratado de Asociación Transpacífico), más una evaluación de la adhesión a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Nuestra estrategia es tratar de pertenecer a todos aquellos clubes de países democráticos que intenten mantener reglas de juego multilaterales y, al mismo tiempo, hacer negocios con todos los países que nos quieran comprar, independientemente de cuáles sean sus regímenes de gobierno.
—¿Uruguay está en la lista de buenos o malos de Estados Unidos?
—Diría que en las conversaciones que he tenido con autoridades del gobierno, claramente no somos uno de los países malos; pero también claramente no estamos en el primer lugar en la lista de los buenos.
No somos ni buenos ni malos; queremos participar en un mundo de buenos, aunque lo que nosotros consideramos bueno no es necesariamente lo que en el mundo hoy se considera bueno.
—¿Está conforme con la gestión del gobierno, ya casi completando un año?
—No soy bueno para camisetear; me parece que las cosas se tienen que notar. Hubo exportaciones de bienes récord; el empleo en 2025 fue récord en 10 años; la inflación bajó; aprobamos un Presupuesto sin mayoría parlamentaria sin mayor ruido al interior del gobierno; encaminamos y resolvimos —no de la manera que yo hubiera querido— el tema de la “caja profesional”, que era una herencia no resuelta; gestionamos el tema del Casmu; pusimos la frontera en el eje de la discusión con medidas; hicimos una revisión de la Comap donde por primera vez en la historia estamos poniendo a las pymes en el centro de atención; firmamos el tratado Unión Europea-Mercosur. ¿Estamos totalmente contentos con todo lo que hicimos? No, pero fue un año de logros importantes. Toda la agenda de temas que se discute en Uruguay, todo todo, es su iniciativa. El rumbo está marcado por el gobierno, y la oposición, como corresponde, critica, hace comentarios, pero la agenda es la del gobierno. Digo esto porque en el 2025 se repitió muchas veces que el gobierno no tiene rumbo y no tiene agenda. Yo no he visto ni una iniciativa de la oposición, por lo menos en política económica.
—¿Está decepcionado con la oposición?
—No. Hay que reconocer el trabajo de la oposición en la discusión de la Ley de Presupuesto, cuya aprobación contó con muchos votos opositores. Además, el rol de la oposición es exactamente ese, controlar, discutir, controvertir. Lo que me llama la atención es que hay ideas que se repiten y se reiteran, que deterioran la calidad del debate: que no hay agenda, que no tiene ni idea, que son esto... El senador (Sebastián) da Silva decía una cosa interesante el otro día en el Parlamento: “En el mundo la gente está cansada de un conjunto de palabras que no dicen nada, que son vacías”. Es cierto, yo lo he vivido. El ciudadano no termina de entender bien por qué discuten.
Me citaron para discutir el tema Fonasa y discutimos un conjunto de cosas colaterales. No es que esté decepcionado, me parece que es un juego peligroso; tenés que elegir dónde marcás el perfil. El hacer pensar en todos los temas que esto es entre los buenos y los malos es lo que pasó en el mundo y que en Uruguay tenemos que evitar, porque nuestro clima de convivencia es mucho mejor que en casi todo el mundo. Somos tolerantes, respetuosos, un poco hippies, un poco lentos. Si dinamitamos eso, siendo un país de tres millones de habitantes, caro, ubicado en el traste del mundo, somos nada, no tenemos nada atractivo para que un inversor o una empresa venga.
—¿El Frente Amplio necesita una pata socialdemócrata, sobre todo por el peso grande que ha tenido el MPP? ¿Usted podría aportar a ese sector?
—Lo que es relevante que ha pasado en el Frente Amplio son tres cosas. La primera es la transición generacional abrupta como consecuencia de una demasiado tardía transición generacional que ocurrió. El segundo hecho es que la votación del MPP, que era un sector que hace unos años todavía algunos frenteamplistas discutíamos —en particular, sobre el MLN— si era del Frente o no era del Frente; hoy son absolutamente mayoritarios. Y lo tercero es que ese bloque del astorismo está debilitado y está fragmentado. Esos son tres desafíos que tiene el Frente Amplio. La reconstitución de un bloque de tradición seregnista-astorista es una asignatura pendiente. ¿Quién lo va a liderar? No lo voy a hacer yo.
—¿Pero es necesario?
—No estoy seguro de que sea imprescindible volver al esquema tripartito que tuvo el Frente Amplio, porque en el MPP, que hoy es el 60%, hay espacios moderados. La moderación y la no moderación están presentes ahí.
—¿Hoy su apoyo es el MPP?
—Absolutamente.
—¿La especie de luna de miel que ha habido hasta ahora con comunistas y socialistas, cree que se va a mantener?
—Tengo muy buena relación con Gonzalo Civila, hablamos mucho, y con Juan Castillo, que es un caballero. Seguramente hay compañeros socialistas y comunistas que, por lo menos a priori, no comparten mis ideas. Por ahora es una relación cordial de gobierno. Nunca me he sentido ni cuestionado, ni controvertido, ni interpelado; ni por la bancada, ni por la Mesa Política. Eso es una cosa importante: personas que pueden tener visiones distintas y si uno lo mira de afuera, podría decir: “es“Estospos no pueden estar juntos”, sin embargo, cuando llega el momento, votamos juntos, resolvemos muchas de esas cosas internamente. A veces digo, medio en serio y medio en broma, que el Frente Amplio es una marca como la Coca-Cola, es muy potente. Porque emocionalmente genera un conjunto de cosas que aglutinan.