Buenos días.
De la economía con base primaria al Uruguay de servicios, una transformación en 150 años de la economía que provino de políticas internas, y cambios socioculturales y legales en línea con ciertas tendencias globales
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPícaro y directo, nuestro primer presidente de este siglo aportó varias frases que se hicieron imperecederas. “La vaca les gana” es una. Jorge Batlle la usaba para señalar la importancia que tuvo la ganadería para Uruguay desde sus orígenes y en su proyección a futuro, aunque no renegaba de otras actividades y de la innovación (vuelvo sobre este punto al final).
Una reciente investigación académica desempolva un pasado de 150 años para dimensionar el aporte económico de ciertos sectores. En esta entrega de Detrás de los números repasaré algunos cambios productivos en este país de campos suavemente ondulados, ya sin telégrafos pero con shoppings, un tren central, esparcimiento por streaming y torres de oficinas desde donde se exportan servicios al mundo; soy Ismael Grau, editor de Economía en Búsqueda y autor de esta newsletter en permanente transformación.
¿Quién “gana”?
Es innegable la importancia histórica del agro y de otras actividades primarias. Pero, aunque el verde campo predomina en el territorio uruguayo, el aporte económico está repartido.
Carolina Román y Henry Willebald, dos investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, analizaron algunas trayectorias sectoriales entre 1870 y 2020. Inicialmente, el sector primario (el agro) dominó tanto en empleo como en valor agregado, mientras que el secundario (industria) y el terciario (servicios) contribuyeron con una pequeña porción. Con la industrialización —cuyos primeros signos en el país datan de la década de 1930—, el sector secundario empezó a ganar importancia a expensas del primario bajo el modelo de “sustitución de importaciones”; el terciario quedó relativamente estancado y recién al final del período —desde la década de 1980— llegó a concentrar la mayor parte del empleo y del valor agregado en Uruguay.
Este gráfico no es una belleza, pero es muy ilustrativo de las tendencias que menciono.
McDonald’s y los servicios “industrializados”
La estructura de ese sector de servicios que fue en expansión ¿se mantuvo a lo largo de estos 150 años? No, constatan los autores.
Durante las décadas iniciales del período dominaron aquellos estrechamente vinculados al desempeño empresarial, la minería y las actividades de procesamiento. A medida que avanzó el siglo XX, con una mayor diversificación económica, urbanización y consolidación del mercado interno, otros —como los inmobiliarios y las actividades comerciales, los servicios gubernamentales, financieros y comunitarios, sociales y personales— ganaron peso.
Dentro de este sector terciario, el comercio mayorista y minorista ha sido el “motor impulsor” —definen los investigadores—, aunque tuvo una trayectoria irregular desde 1970. El aporte del transporte creció hasta la década de 1930 por la expansión del ferrocarril y la “revolución automovilística”, pero luego declinó, para quedar en niveles muy bajos en estas primeras décadas del siglo XXI.
La intermediación financiera en el siglo XIX tuvo una contribución al valor agregado total relativamente importante, pero luego osciló y, además, pasó por dos ajustes (en 1982 y 2002) que mejor no recordar. La actividad gubernamental siguió un patrón similar y alcanzó su punto máximo en la década de 1980 y desde entonces decayó gradualmente. Las comunicaciones aportaron poco hasta los años 1980, si bien después los avances tecnológicos le dieron más peso relativo —aunque no tanto— dentro de la economía uruguaya.
Finalmente, otras actividades con clara trayectoria ascendente —también “motores” dentro de los servicios— fueron la inmobiliaria, por un lado, y la educación, la salud, el trabajo social y otros de tipo comunitario y personales, por otro. Son rubros típicos que acompañan la modernización económica de las sociedades.
Los académicos asocian todas estas transformaciones a patrones de “industrialización de los servicios” que han sido universales, con las grandes cadenas de comida rápida y cafeterías como ejemplos clásicos. Responden, entre otras cosas, a cambios socioculturales y legales (como la liberalización de los horarios de apertura de los comercios), junto con cambios de estilo de vida relacionados con el empleo y las estructuras familiares. Y, obvio, la adopción de Internet.
Los números detrás de esta larga historia del sector terciario muestran que inició el período con un aporte al valor agregado total de alrededor de 47% en 1870-1874, que ya era mayor que el de la agricultura (35%). Ahora (promedio de 2011 a 2020) contribuyó con un 66%, lo que marca un “evidente predominio de los servicios” en la estructura productiva nacional.
Un paréntesis para curiosos. Sin entrar en aburridos detalles metodológicos, ¿cómo llegan los historiadores económicos a estas estimaciones referidas a un pasado tan lejano? Hay un poco de arqueología estadística en su trabajo. En esta y otras investigaciones similares se consideraron, por ejemplo, el volumen de cartas, de mensajes telegráficos enviados en cierto período y la cantidad de clientes de dos compañías telefónicas entre 1886 y 1900 como insumos —entre otros— para calcular el valor agregado de las comunicaciones y, en el caso de los servicios personales, toman información sobre las lavanderas y las actividades fotográficas.
La vaca y el país caro
Vuelvo, para terminar, al recordado comentario vacuno de Batlle. Tratando de interpretarlo mejor, rastreé algunas declaraciones suyas en las que desarrolló un poco más la idea. Por ejemplo, en octubre de 2004, en una entrevista con el programa Primer plano, de Canal 4 de Paysandú, le preguntaron si estaba “convencido de que el país sale adelante con el sector agropecuario”, a lo que respondió: “Convencido con el sector primario y los servicios, no tengo ninguna duda. El país, lo digo por todos lados, sigue siendo la razón por la cual nació: por eso siempre digo que la vaca les gana, la vaca no les gana, la vaca les divide la cancha”.
Para esta newsletter, le recordé aquella frase del político colorado al presidente de la Federación Rural, Jorge Rodríguez, y le pregunté cómo siente que, desde los distintos gobiernos, se ha tratado a la actividad agropecuaria. Me contestó, en presente, lo siguiente: “El gobierno ha hecho mucho por el sector en infraestructura (...). Pero en un país tremendamente caro (...) no podemos poner la competitividad o su pérdida al servicio del valor agregado. No hemos sabido explicar o ellos entender que es imposible agregar valor en estas condiciones”. Y remató: “Prueba de ello es el aumento de la exportación de ganado en pie, el arroz con cáscara o la lana sucia”.
Cierro con la habitual sugerencia de lectura de notas de Búsqueda: la entrevista al expresidente Julio María Sanguinetti, de Silvana Tanzi, a propósito de su nuevo libro, en el que analiza el aporte cultural de algunos artistas uruguayos en perspectiva histórica.
Ya sabés que podés escribirme comentarios, críticas o sugerencias a [email protected] y que siempre trato de contestar.