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    Se afianza el dólar; hubo “leve mejora” de la credibilidad de la política monetaria

    Un documento de trabajo hecho en el Banco Central sugiere continuar “reforzando el régimen de metas” de inflación con “mayor transparencia, comunicación y autonomía” del organismo

    “Desde agosto de 2021 el Banco Central (BCU) no interviene en los mercados de cambios (…). Estoy convencido de que eso es lo que nos ha dado el salto de credibilidad: que quede claro con la libre flotación que el BCU tiene un único objetivo que es la inflación, porque, si no, a veces terminaba confundiéndose” con otros propósitos, dijo en marzo el presidente de ese organismo, Diego Labat. La credibilidad es un atributo clave para la gestión de la política monetaria, que está en manos del Central: un nuevo documento de trabajo señala que hubo una “leve mejora” en 2023.

    El estudio, titulado Explorando la política monetaria con credibilidad imperfecta: el caso de Uruguay, tiene total actualidad: la gestión de la tasa de interés como instrumento de manejo monetario ha sido motivo de discusión pública. Varias cámaras empresariales, Cabildo Abierto y el Frente Amplio la responsabilizan por la debilidad de la cotización del dólar en la plaza local y por el fenómeno de “atraso cambiario”. El tipo de cambio tendió a aumentar en las últimas semanas y se fue acercando —en el circuito mayorista— a los $ 39,400; el martes 18, antes del feriado de ayer, las compraventas se efectuaron a $ 39,367, en promedio, el valor más alto desde mediados de enero.

    El documento señala que, en un plan de desinflación, una alta credibilidad puede mitigar las fluctuaciones económicas y reducir el costo de aplicación de las medidas. En ese sentido, los resultados empíricos realizados por la autora —Patricia Carballo, una economista que se desempeña como funcionaria del BCU— indican que se dio una “leve mejora de la credibilidad de la política monetaria en Uruguay en 2023”.

    Tras el cambio hacia la estrategia de objetivo de inflación adoptada por el BCU, la tasa de inflación promedio mostró un patrón “fluctuante alrededor del 8%” anual, superando el rango establecido como meta por las autoridades. Según la autora, ese “incumplimiento constante” de los objetivos “socavó la confianza en la política monetaria, llevó a los agentes a ignorar los anuncios de política y aumentó el costo de controlar la inflación”. A su vez, la falta de confianza en la estabilidad de precios “dio lugar a la indexación de precios y salarios”, agrega.

    La credibilidad —insiste Carballo— “es importante porque puede ayudar a anclar las expectativas de inflación y reducir la incertidumbre. Sin embargo, la credibilidad de la política monetaria depende no solo de la política monetaria, sino también de la coherencia percibida del marco político general”.

    El estudio analizó la evolución de la credibilidad bancocentralista. Las “persistentes desviaciones de la inflación con respecto a la meta durante el período analizado se reflejan en un grado imperfecto de credibilidad de la política monetaria”, con un índice de credibilidad de 0,3 promedio. Pero hubo oscilaciones: a partir de 2007 comenzó a bajar a medida que la inflación se desvió de la meta. Tanto en 2010 como en 2017 hubo una mejora temporal por menores desvíos. En los años siguientes, la credibilidad disminuyó a medida que la inflación se alejó de su objetivo y hubo un deterioro cuando el ritmo de aumento de precios minoristas se aceleró en la pandemia de Covid.

    Carballo afirma que las ganancias de credibilidad hasta la fecha “siguen siendo moderadas”. Las expectativas de los agentes se mantienen “cerca” de la inflación general, mientras Uruguay se encuentra actualmente “consolidando el proceso de desinflación”. Sin embargo, acota, “todavía existen riesgos importantes derivados del fracaso pasado en alcanzar la meta de inflación: la inercia de las expectativas de inflación y el grado nada despreciable de dolarización de la economía uruguaya”. En casos de shocks, según el estudio, para mantener la credibilidad, el BCU “debería adoptar un enfoque más asertivo a la hora de modificar sus tasas de interés para que la inflación vuelva a su objetivo en un plazo razonable”. De manera más estructural, la funcionaria sugiere que, para consolidar el “logro” de haber bajado la inflación, “es necesario continuar reforzando el régimen de metas” con “mayor transparencia, comunicación y autonomía” del BCU con el nombramiento de directores más allá del mandato de gobierno.

    Para la autora, luego de consolidar este proceso de desinflación en curso, el diseño de políticas podría considerar una meta “más ambiciosa de alrededor del 3%, en línea con los estándares internacionales y la evidencia disponible para Uruguay”.