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    Diego Labat: se rompió el “mito” de que en Uruguay la inflación “no se puede bajar”

    La nueva “dinámica de precios” que se está configurando “va a ir cambiando paradigmas y hará que la gente empiece a visualizar de esta otra manera” al peso uruguayo, afirma el presidente del Banco Central

    Uruguay tuvo durante mucho tiempo registros anuales de inflación en torno al 8%, lo que algunos analistas definieron como su “zona de confort”, en la que agentes económicos y el gobierno se sentían cómodos. Para el presidente del Banco Central (BCU), Diego Labat, que en 2023 los precios minoristas hayan aumentado 5,11% supuso algo más profundo que esos tres puntos porcentuales menos. Como un “éxito” de la actual política, se logró probar que la inflación es “una variable que en Uruguay se puede controlar”, rompiendo con aquel “mito” de que era imposible hacerlo. 

    El jerarca entiende que “claramente ha cambiado la dinámica de precios” en la economía uruguaya y confía en que se trata de un proceso sostenible. “Eso va a ir cambiando paradigmas y hará que la gente empiece a visualizar de esta otra manera” al peso, señala.

    A continuación, una síntesis de la entrevista que Labat mantuvo con Búsqueda

    —¿Qué espera de la economía global y regional para este año, que es parte del marco en el que el BCU debe moverse para cumplir sus objetivos de tener la inflación controlada?

    —Es un contexto que nos da una serie de incertidumbres. El mundo tiene incertidumbres importantes, que empieza con los dos principales conflictos bélicos que hoy hay, pero están también en lo macro y no está muy claro cómo será la convergencia financiera: en los países del norte ha empezado a converger su inflación, pero hay incertidumbre en cuanto a cuál será el ritmo en que empezarán a aflojar las tasas. También están las elecciones en Estados Unidos. Todo esto juega después en los resultados nuestros.

    Los commodities se mantendrán en estos niveles; no vemos un riesgo de presiones por ese lado.

    La región parece haber empezado a resolver algunas cuestiones, pero todavía tenemos incertidumbre del lado de Argentina, y del brasileño, con un crecimiento muy lento.

    Diría que es un panorama no grave pero complejo.

    —Lo que se vio en Argentina en estos casi dos meses de gobierno de Javier Milei ¿es lo que se esperaba?

    —Sí. Veo a Argentina dando los primeros pasos en un plan de estabilización, que hay que seguir monitoreando en la efectividad de las medidas. Por lo menos, la intención es conseguir esa estabilidad que hasta ahora no tenía.

    —¿La baja de la inflación en Uruguay el año pasado la considera un éxito de las políticas del gobierno o fue producto de cierta coyuntura favorable? 

    —Sin duda es un éxito. La inflación quedó donde queríamos que estuviera por una política monetaria que hizo todos los deberes, los que están en el manual y un poco más, para conseguir que eso pasara.

    Esto es parte del debate que hay que terminar en Uruguay: las cosas suceden porque se actúa para que sucedan. Después, el escenario puede ser más o menos favorable y esto hace que el esfuerzo sea menos o más. Si hubiéramos tenido un escenario muy desfavorable para la caída de la inflación, el esfuerzo tendría que haber sido mayor del que hicimos. En cuanto a la política antiinflacionaria, lo importante es el compromiso de que se va a hacer todo el esfuerzo necesario para que la inflación esté donde se pretende. Esto es parte de lo que hay que terminar de entender, que la inflación es una variable que se puede controlar con las herramientas adecuadas. Si uno tiene la voluntad, llega, a veces con más o menos esfuerzo de la política, poniendo más músculo, digamos.

    —Algunos analistas atribuyen la menor inflación a factores como el estancamiento de la economía uruguaya o al dólar planchado.

    —Si no hubieran estado esos factores, capaz que la política monetaria tendría que haber sido más contractiva. Y, seguramente, si estuviéramos también en un escenario con mucha mayor credibilidad –que creo que en estos cuatro años algo construimos–, al revés, habría sido más fácil.

    —¿Quedó definitivamente atrás aquella “zona de confort” del orden de 8% o 10% anual o la baja de la inflación puede haber sido un logro pasajero?

    —Sí, quedó atrás porque, de nuevo, mi principal conclusión de todo esto –después, uno puede entrar en los detalles de los distintos instrumentos– es que se puede. La inflación es una variable que en Uruguay se puede controlar, porque el mito ese del 8% de la zona de confort estaba en que: “Bueno, no, en Uruguay no se puede bajar la inflación”. ¿Por qué no? ¿Por qué países de la región pudieron y nosotros no? ¿En qué somos distintos? Lo principal es que se demostró que se puede. Vamos a hacer ahora ocho meses con la inflación dentro del rango y, además, las expectativas están en franca caída –aunque todavía lejos de lo que queremos–, con lo cual no es solo el dato final del 2023; es que tenemos una dinámica de precios que está cambiando. Cada uno puede opinar lo que le parece, pero claramente ha cambiado la dinámica.

    —Después de estar durante mucho tiempo prácticamente inamovibles en un 8%, las expectativas de inflación de los empresarios bajaron en los últimos meses. ¿Qué lectura hace de eso? 

    —En los meses duros de 2021 habían subido a 10%. Yo digo que las expectativas de los empresarios son más lentas, miran bastante más para atrás, pero en la medida en que empezaron a ver mejores datos han ido convergiendo. Todavía falta, porque están en 7%, pero han ido convergiendo. Es una convergencia y un aprendizaje más lento que el de los analistas, que tienen otro herramental.

    Cuando uno mira a los empresarios, y además de la encuesta del Instituto Nacional de Estadística se miran otras encuestas que hacen algunas consultoras, también se ve un aflojamiento de las expectativas. Poco a poco se ha ido entendiendo que la dinámica inflacionaria cambió.

    —¿Se fortaleció la credibilidad del BCU entre los empresarios?

    —Sin dudas. Es un proceso lento, que hay que cuidarlo y regarlo porque claramente los empresarios también miran la dinámica salarial y las tarifas. Todas esas cosas han ido razonablemente alineadas con el esfuerzo antiinflacionario.

    —La variación de precios minoristas en 2023 fue la menor desde 2005. ¿Cree que hubo cambios, además, en el nivel de precios? 

    —Una cosa es la inflación –la variación de precios– y otra decir: sí, Uruguay es caro porque los costos, los salarios o los márgenes son altos. Las razones están en cuestiones distintas, y una cosa es la dinámica y otra el nivel. Por eso, la solución para combatir la inflación no es decir: ahora el empresario tiene que ganar menos. Eso no resuelve. Sí el país tiene que hacer un esfuerzo por tener mayor competencia y mayor apertura, entre un montón de cosas que hagan que ese nivel de precios baje. Pero son instrumentos distintos que los del manejo de la inflación.

    —¿Qué debe pasar para que la política monetaria deje por completo su sesgo contractivo y vire hacia una fase neutral? 

    —Ese tema de la neutralidad fue, por setiembre u octubre, motivo de algún pequeño debate sobre a dónde íbamos nosotros. Lo importante a tener claro es que la política monetaria va a estar en el lugar que haga que la inflación converja al rango. No es que llegamos, entonces la ponemos en fase neutral –llamémosle, en piloto automático– y ahora sigue sola. Lo importante es decir que el Banco Central tiene el compromiso de tener una política en el lugar necesario para que la inflación esté en el rango.

    —Nicolás Cichevski, de CPA/Ferrere, señaló en la red X que la reducción de la tasa de política monetaria en los últimos tres meses, mayor a lo que fue la caída en las expectativas promedio, “puede estar señalizando que no será prioridad que la inflación converja al 4,5% en el horizonte de política (diciembre de 2025). ¿Es una lectura válida?

    —Seguimos teniendo una tasa por arriba de la neutral. En cada uno de estos Copom (Comité de Política Monetaria) hemos entendido que estaba dado el escenario para bajar la tasa y seguimos mirando el centro del rango, y así va a seguir nuestro esfuerzo. Después, en las próximas instancias, iremos viendo.

    Sí digo que en las últimas tres o cuatro reuniones del comité nuestras decisiones fueron muy datodependientes, y en eso incluyo el dato de inflación, la inflación core, las expectativas en todas sus medidas. Con sintonía fina, miramos todo y en función de esos datos fuimos tomando decisiones, claramente señalando que estábamos ya muy cerca del final de la bajada y que no hay grandes espacios para seguir bajando. En el último comité también fuimos claros en cuanto a que nos importa el centro del rango, el 4,5%.

    —Dentro de ese poco espacio para bajar la tasa, ¿cuál es la cadencia que proyecta para converger hacia la neutralidad?

    —Nuestra proyección de inflación es 5,3% para dentro de 24 meses, con niveles de tasa un poquito por encima de la neutral en ese horizonte. Hay un cierto espacio para bajar, pero poco.

    —Javier de Haedo, director del Observatorio de Coyuntura de la Universidad Católica, dice que el tipo de cambio real se ubica entre 25% y 30% por debajo de los promedios históricos con respecto a fuera de la región y que eso puede repetirse en 2024, si se profundiza la inconsistencia entre la política monetaria (contractiva) y las políticas fiscal y salarial (expansivas). ¿Qué responde a eso y cuál es la proyección que hace el BCU en materia de tipo de cambio real? 

    —Nosotros publicamos nuestra estimación de desalineamiento; a mí no me gusta comparar contra las medidas históricas, porque creo que la estructura de la economía ha ido cambiando, claramente. Sí publicamos el tipo de cambio de fundamentos, y hoy tenemos un desvío que se ha mantenido estable en los últimos meses en el entorno de 12% y 15%. Uno diría que va a haber una convergencia, pero no demasiado rápida.

    Pero, de nuevo: nosotros tenemos una preocupación por la inflación. La libre flotación (del precio nominal del dólar) es un valor bien importante, y el mercado irá marcando si se va dando más rápido o más lenta esa corrección.

    —El reciente Boletín de Política Monetaria del BCU indica que el desalineamiento se reduciría a 4% hacia el final de 2025. Hasta entonces, ¿seguirán las discusiones y reclamos por el “atraso cambiario”?

    —Va a haber una corrección gradual, eso es lo que se puede esperar.

    —Ahora que la inflación anual cedió, ¿el BCU va a darle nuevo impulso a la campaña a favor de una “moneda de calidad” o de desdolarización de la economía?

    —Nunca abandonamos esa campaña, que sigue; lo que no se puede es pisar el acelerador (cuando la inflación es alta). De hecho, el año pasado, en la Rendición de Cuentas fueron algunos cambios tributarios que favorecieron y tenemos a estudio algunas medidas regulatorias, relacionadas con los encajes y alguna norma que parece razonable actualizar. Esto es sin prisa pero sin pausa. Cuando se miran indicadores tanto de dolarización de depósitos como de créditos, hay lentos avances, pero hay.

    —¿Cómo ve al sector privado frente a esta iniciativa?

    —De nuevo: a veces al sector privado le lleva mucho tiempo, porque precisa ver para creer. Somos conscientes de las limitaciones que tiene nuestra credibilidad y tienen que pasar unos cuantos años para que los privados empiecen realmente a confiar más en el peso y entiendan que si operan en pesos, al final, eso tiene ventajas para ellos.

    En esto también estamos tomando algunas acciones para que el sector privado tenga más herramientas, por ejemplo, para las coberturas cambiarias. En esto vamos a seguir trabajando y empujando, sin prisa pero sin pausa.

    —¿Cuántos años de inflación baja se precisan para que el peso se gane esa confianza?

    —Hago una reflexión como uruguayo. A Uruguay le cuesta mucho cambiar, pero una vez que hace los cambios, en general se mantienen. La baja de la inflación, si dejó de ser 8% y ahora es 5%, lo primero que demuestra es que se podía. Eso va a ir cambiando paradigmas y hará que la gente empiece a visualizar de esta otra manera.

    —¿Ve un riesgo de que estos esfuerzos antiinflacionarios se reviertan si vuelve al poder el Frente Amplio, que quizás tenga una preocupación menos firme que el gobierno actual por lograr ciertos equilibrios?

    —No voy a opinar de escenarios políticos. Sí creo que estos cambios van demostrando que sí se puede (bajar la inflación) y que cada vez más se van a ir manteniendo estas políticas, porque hasta tendría ciertos costos desarmarlas.

    Diego Labat y el año electoral: “Hoy soy el presidente del Banco Central”

    El economista Diego Labat es visto por algunos dirigentes del entorno del precandidato Álvaro Delgado como un número puesto en un eventual futuro equipo económico, si el exsecretario de la Presidencia gana las elecciones de este año. Pero Labat está enfocado en su rol actual y ante la pregunta de si seguirá hasta el final del período, contesta: “Hoy soy el presidente del Banco Central”.

    —En el entorno del precandidato presidencial blanco Álvaro Delgado se lo menciona como uno de sus referentes económicos. ¿Se va a involucrar en la campaña electoral?

    —Soy el presidente del banco.

    —Pero le consta que se habla de usted, incluso como eventual ministro de Economía.

    —Cada uno puede decir lo que quiera.

    —¿Pero ocupa algún rol en el equipo de Delgado?

    —Yo soy el presidente del banco.

    —¿Va a renunciar o seguirá hasta el final del período?

    —Hoy soy el presidente del Banco Central. Esa es mi respuesta final.

    —¿Le gustaría ser ministro?

    —No contesto.

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    2024-01-31T20:09:00