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    Aniquilar la inflación: la bala de plata del gobierno de Milei

    La pregunta que muchos se hacen no es qué resultados obtendrá el presidente argentino sino qué vendrá después de él; las miradas siguen estando puestas en el peronismo, que rompió los contratos interviniendo el Indec o reestructurando las deudas en los últimos 20 años

    Columnista de Búsqueda

    Un dirigente importante del peronismo, el partido político que gobernó la Argentina en 16 de los últimos 20 años previos a la llegada de Javier Milei, decía el otro día: “Javier hace lo que había que hacer. Y con bastante éxito, por cierto, porque la inflación bajó. Ganará las elecciones en octubre pero en 2027 perderá porque el ajuste dejará secuelas. Entonces volveremos nosotros con el trabajo sucio ya hecho”.

    Las declaraciones de este dirigente no solo cuentan con el peso de un político que camina con la suela gastada sino con la ironía propia del peronismo vivida a lo largo de estas décadas: “Nosotros no seríamos capaces de hacer este ajuste fiscal —continúa diciendo el dirigente—, no porque no nos animáramos sino porque somos incapaces: empezás a recortar y dentro del propio movimiento viene fulano y te pide por 10 tipos suyos, luego viene mengano a pedirte por qué no le das la conducción de la Anses (Administración Nacional de la Seguridad Social) en Jujuy y por ahí capaz aparece uno en nombre del papa Francisco para manguearte algo, porque nosotros hemos dado para todo, como decía Antonio Cafiero. Así no podés ordenar las cuentas. En cambio Milei dice ‘no hay plata’ y listo”.

    Foco. Determinación. Esa es la impronta que este viejo lobo de mar de la política argentina reconoce ver en Milei a la hora de enfrentar un tema puntual: la inflación.

    En Milei hay un principio ordenador. Si uno se preguntara “¿cuál es el job description del presidente argentino si no es bajar la inflación en un país que vivió episodios hiperinflacionarios agudos y que en épocas de estabilidad fue desplazado de las reglas democráticas y macroeconómicas sanas (superávit gemelos y baja inflación)?”. Porque en la Argentina ha habido desestabilizaciones políticas pero también macroeconómicas.

    Raúl Alfonsín quedó en la historia de Argentina como el presidente que consolidó la democracia como el régimen político que obraría sobre nuestras vidas en el final del siglo XX y que tendría consecuencias para la región porque en definitiva cuando él asumió la Argentina era la única democracia por estas latitudes.

    Ahora queda por ver quién será el encargado de consolidar la estabilidad macroeconómica cuando la Argentina es la única macroeconomía del Mercosur que lidia con ello.

    ¿Lo logrará Milei? Sus antecesores fracasaron. Todos. Militares, radicales, peronistas y hasta la centroderecha de Mauricio Macri.

    No se sabe si Milei conseguirá su objetivo pero sí que se dirige hacia ello, como admiten dentro del propio peronismo y que no pudieron conseguir durante su última experiencia, entre 2019 y 2023, bajo la presidencia de Alberto Fernández: empezaron con la inflación en alrededor de 50% y la dejaron arriba de 200%. Para colmo, su vicepresidenta, Cristina Kirchner, se opuso a cualquier plan de estabilización. Nota: la misma gestión peronista que desestabilizó la macroeconomía alejándola de la baja inflación y los superávits gemelos allá por 2007 jamás logró revertir ese proceso de llevar la macroeconomía a buen puerto.

    La tarea de Milei luce lejos de haber finalizado. Y mucho más de cantar victoria. Una de las lecciones aprendidas de los países que derrotaron regímenes altos de inflación, tanto en Europa como en Sudamérica, fue que la continuación de las políticas que lograron desinflar generan certidumbre llevando beneficios a todo los estratos.

    Por eso la pregunta que muchos se hacen no es qué resultados obtendrá Milei sino qué vendrá después de él. Las miradas siguen estando puestas en el peronismo, que rompió los contratos interviniendo el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos) o reestructurando las deudas en los últimos 20 años.

    Hay una tensión entre capitalismo y democracia, dijo una vez Joseph Schumpeter. El capitalismo es alérgico a la incertidumbre. En democracia la previsibilidad y las reglas de juego deben ser provistas por acuerdos que superen horizontes temporales de los mandatos de los gobernantes. Así se hizo en los países a los que les ha ido bien, que no solo han sido Suecia o Noruega sino también Chile y Uruguay.

    Nada de esto quiere decir que Milei vaya a celebrar acuerdos. De hecho, parece alguien muy lejano a alcanzar esa instancia de resolución y máxime después del conflicto con un dirigente aliado suyo como Macri.

    Quizá más que nunca la tarea de Milei se aglutine entonces en bajar la inflación y no mucho más que eso, porque la otra tarea demandaría la gimnasia del diálogo, el arte de la negociación, el acuerdo político y perfiles que no son el suyo. Otra vez: la prioridad de Milei es bajar la inflación desde su metro cuadrado y recuperar cuanto antes el acceso al mercado internacional.

    La pregunta es: ¿alcanzará?

    Hace poco decía la economista Marina Dal Poggetto: “La Argentina tiene que correrse del péndulo y construir. En Chile la Concertación sostuvo el programa económico de Augusto Pinochet. En Brasil cuando ocurre la transición entre Cardoso y Lula la izquierda brasileña no rompió contratos. En Uruguay, lo mismo. En la Argentina se defaulteó la deuda y se rompió el Indec. Argentina tiene que dejar de depender del FMI y los organismos y, para eso, acceder a los mercados, pero para eso hay que construir un mercado de crédito. Y construir ese mercado no se puede hacer con alguien en campaña diciendo que romperá los contratos del anterior y el anterior no puede hacer campaña gastándose dólares prestados como hizo Macri con los del Fondo o el kirchnerismo con los de los importadores”.

    ¿Será Milei entonces quien encienda la chispa para que la Argentina empiece a bajar la inflación y los que lo sucedan entonces aquellos capaces de entablar acuerdos para alargar los horizontes temporales, como decía Schumpeter?

    Más que nunca el éxito de Milei parece asociado a la marcha de la inflación. Y desde ese punto de vista quizás haya que prestar atención más a las políticas que implementa que a las ideas que expresa.

    El gobierno no dolarizó, no cerró el Banco Central ni removió el cepo de un día para el otro. Aun cuando el mes pasado tomó la decisión de quitar restricciones al mercado de cambios, todavía pesan sobre las empresas limitaciones para comprar moneda extranjera en la Argentina con el fin de atesoramiento.

    Todo plan de estabilización tiene un componente ortodoxo y uno heterodoxo. Simplificando, puede decirse que el primero es propio de las ideas de derecha y el segundo de las ideas más del progresismo.

    Milei arrancó con todo con lo primero. Hizo un fortísimo ajuste fiscal para cerrar el déficit fiscal, que había llegado a casi seis puntos del PBI, y cerró el grifo de la emisión monetaria que financiaba el Tesoro.

    Pero con eso solo parece que no basta y acudió a herramientas propias de la heterodoxia o, digamos, que no se basan en los principios más liberales como son los controles de precios y la política de ingresos. El gobierno no ha convalidado los aumentos de paritarias recientes que superen la inflación y presionó a las empresas de alimentos para que no pasen aumentos en sus listas a los supermercados. Lo mismo hizo con las automotrices que a mediados de abril pasado amagaron con nuevos incrementos en sus listas.

    Guillermo Francos dijo esta semana: “Si uno permite que los salarios se vayan más allá de lo que se ha establecido como pauta, como tope, los precios después aumentan”.

    La coordinación es un elemento clave para la desinflación más allá de la emisión y el superávit fiscal. Y Milei está recurriendo a todas las herramientas a su alcance. Su prioridad es una sola, que queda cada vez más clara: bajar la inflación.

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