Lo que sigue es una síntesis de la entrevista de Torero con Búsqueda.
Economista peruano Máximo Torero.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—El miércoles 5 brindó una conferencia en la Universidad de la República con foco en las implicancias agroalimentarias del conflicto en Medio Oriente. ¿Qué amenazas supone?
—El conflicto en el estrecho de Ormuz ya tiene más de ciento y pico de días. En el día 90 afectó todos los calendarios agrícolas del mundo de la temporada anterior. Ahora ha empezado a afectar la segunda temporada. Ahí tienes más o menos del 30% al 20% de todos los insumos agrícolas. Tienes el petróleo, que el diésel se usa en la agroindustria; el gas natural, que se usa para el nitrógeno; los fertilizantes ya procesados que venían de ahí; y el sulfuro, que el 50% venía de esa zona. Todos los insumos se han visto afectados. Los precios subieron fuertemente en los primeros 90 días, luego han bajado con el memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, pero ahora han empezado a subir y el petróleo está de nuevo pasando los US$ 90. Además, ahora se está cerrando el mar Rojo y también tienes el problema de que el mar Negro está operando a un tercio por los bombardeos de Ucrania con Rusia. Entonces, el mundo se está moviendo en estos días en una situación bastante más compleja. Y a eso agrégale el fenómeno climático del Niño, para diversión.
—Considerando todas estas afectaciones, ¿qué alternativas hay?
—No hay muchas alternativas. Tú no puedes reemplazar al 100% los fertilizantes químicos. ¿Cuáles son tus alternativas en términos de fertilizantes? El amoniaco verde es cuatro veces más costoso que el nitrógeno. La segunda alternativa son los biofertilizantes, pero no reemplazan todo el fertilizante químico, solo el 15% o el 20%, y para que funcionen bien tienes que tener un conocimiento muy bueno en los suelos y cumplir con los estándares para que los residuos de los metales no vayan a la tierra. Entonces, no hay todavía mucha tecnología. Va a demorar de dos a tres años.
—¿Cómo afecta esta situación a la región y a los consumidores?
—Cuando tus costos de insumo suben y los precios de los commodities están bajos, tu margen es muy chico. Entonces, el agricultor tiene que tomar decisiones: produce con menos insumos, lo que implica menos productividad, o sustituye trigo o el maíz por soja, que resiste más y utiliza menos nitrógeno. Se esperan efectos en el precio de los fertilizantes. El único país de esta región que importa fertilizantes es Brasil. A pesar de que Uruguay no lo importa, si una empresa lo produce acá, lo va a vender a precio internacional. En el caso del ganado va a afectar la alimentación, en la que la soja es muy importante. Entonces, sí va a haber un impacto en el mundo. Va a haber menor oferta de productos, los precios de los commodities van a subir y están empezando a subir. Pero para que suban los precios para el consumidor en el supermercado o en la tienda eso demora tres a seis meses de transmisión. Lo vamos a empezar a sentir en diciembre y el próximo año. En el caso de ustedes, el Niño normalmente es bueno, porque llueve más. Además, tienen todo un sistema ya armado de reservorios que les permite acumular agua y lo tienen muy bien estructurado. Entonces, en su caso, los pastos van a estar mejor y deberían tener más capacidades de producción.
—Venimos de la pandemia, que implicó un deterioro en los índices de hambre y alimentación. El mundo, según los reportes de la FAO, se venía recuperando. ¿Esta situación puede volver a amenazar con un deterioro?
—En el día 70 de la crisis del estrecho de Ormuz, cuando el precio del petróleo llegó a US$ 110, llegamos al 50% del impacto de reducción de demanda de energía por la pandemia. Nunca llegamos al equivalente del Covid. Pero si eso continúa… ¿Cuál es el problema serio? Las reservas de Estados Unidos están muy bajas y las reservas de gas natural de Europa ya llegaron a su límite, 45%. Eso va a poner más presión. Si sumas el problema del mar Rojo, más lo del estrecho Ormuz, el precio del petróleo puede llegar a niveles bastante altos, incluso llegar hasta US$ 150… Eso sería dramático, y ahí lo que va a pasar es que la demanda se reduce y podríamos estar en una situación como la de Covid-19. Entonces, ¿cómo se proyecta eso en términos de crecimiento económico? En nuestras simulaciones, en el peor de los escenarios, habría una caída del PBI global de 2,7. Entonces ahí estamos hablando de una situación bastante complicada. En el caso de los alimentos, la gente no lo siente de inmediato y cree que no hay un problema. Pero sí hay un problema.
—Recién hablamos del reporte 2026 de la FAO, de cierta recuperación en términos de hambre e inseguridad alimentaria. Un poco más en profundidad, ¿qué diagnóstico hace de la situación internacional y la regional?
—El Covid-19 aumentó el hambre terriblemente. Luego empezó a caer y en los últimos tres años la tasa ha caído. Es la primera vez que casi todas las regiones caen, a excepción de Israel, Gaza, etcétera. Incluso África ha caído 0,3%. Pero la proyección al 2030 es que habrá 520 millones de personas padeciendo hambre, incluyendo el problema del estrecho de Ormuz. O sea, no estamos en hambre cero, que es la meta. Estamos muy lejos. Y no hemos simulado incluyendo el impacto del Niño.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—El reporte plantea que uno de los principales desafíos de la región es la dieta saludable. Se ven mejoras significativas en hambre e inseguridad alimentaria, pero el costo de la dieta saludable es muy elevado.
—El costo de la dieta saludable en Latinoamérica y el Caribe es el más alto del mundo. Sabemos que la mala alimentación te lleva a costos escondidos, o sea, a externalidades, de alrededor de US$ 8 billones, que son por sobrepeso, obesidad y desnutrición. La obesidad sigue subiendo en la región. Si tienes una dieta saludable tan cara, no vas a mejorar. Ahora, tú dices: “Pero esta región produce alimentos y exporta a todo el mundo. ¿Qué pasa?”. Lo que parece que está pasando es que el 70% de ese costo del producto es después de producción. Tenemos cadenas de valor muy débiles, no hay cadena de frío, no hay buenos transportes para los mercados locales. Nos hemos preocupado mucho del mercado internacional y de los estándares internacionales, lo cual está bien, pero creo que tenemos que empezar a dar énfasis al mercado local. Aparentemente, todos estos problemas de infraestructura son superrelevantes en el costo local de la dieta saludable.
—¿De qué manera puede impulsar mejoras la FAO?
—FAO lo que hace es traer evidencia. Pero luego tenemos nuestro brazo de implementación, que es a través de planes de inversión y a través del diseño de perfiles para que los bancos inviertan en esos temas. La iniciativa Mano de la Mano busca resolver problemas de cadena de valor en áreas pobres. O sea, estamos buscando reducir el hambre y mejorar el acceso a calidad de dieta. También, por ejemplo, el trabajo en desayunos escolares es bien interesante porque genera tres impactos: mejora la alimentación de hoy día del chico, mejora su actividad cognitiva para el mañana, y puede que influya a los padres a comer mejor. Tenemos que poner énfasis en esos programas sociales de desayunos escolares y merienda escolar. Ahora estamos en República Dominicana midiendo desperdicios en el colegio. Hemos diseñado una app que se llama OptiWaste, donde el chiquito, cuando acaba de comer, separa lo que bota en vegetales, proteínas, y el sistema le dice automáticamente cuánto está perdiendo de proteínas, cuánto está perdiendo de calorías, cuánto está perdiendo de agua. Es un poco enseñarle al niño a que cambie su comportamiento. Además, si tenemos muchos desperdicios, quiere decir que a los chicos no les gusta lo que están comiendo. Si el chico no está comiendo es porque la dieta no es deliciosa. Y eso es lo que hay que trabajar para seguir mejorando.
—En Uruguay, ¿qué desafíos principales ve en términos de alimentación?
—Creo que tienen un potencial enorme en pesca. Pueden cambiar un poco la dieta más hacia la pesca. También, seguir diversificando sus vegetales. Acá hay un problema de sobrepeso y obesidad. Hay que atacar eso, y eso son dietas saludables.
—¿Qué experiencias de otros países puede tomar Uruguay? Mencionaba esa experiencia en República Dominicana.
—Creo que hay que bajar el costo de la dieta saludable. Eso es un problema de oferta y de solucionar los cuellos de botella. En el eslabón del comportamiento tienen que hacer guías, campañas fuertes de diversificación de consumo. Creo que ahí los desayunos escolares y las meriendas escolares van a ser centrales.
—El último informe de la FAO decía que el mundo no está en vías de alcanzar ninguna de las siete metas de nutrición. ¿Cómo se vive eso dentro de la organización?
—Terrible, ¿no? Trato de ser positivo. Si simplemente veo desnutrición crónica, el hecho de que haya mejorado en los últimos tres años es algo bueno, porque ha cambiado la tendencia y sobre todo es superbueno que África haya por fin volteado. Pero eso tiene que acelerarse. Todos los indicadores están fuera del target. Si llegamos a cero hambre en el 2050, bienvenido sea, pero para el 2030 la única región que podría llegar es Sudamérica, si sigue mejorando rápido.
—Se habla mucho de la crisis del multilateralismo. ¿Esto se siente dentro de la FAO?
—Todos los organismos internacionales estamos siendo afectados. No solo está el estrés de que te están tratando de reducir el financiamiento, sino el estrés de que no te creen relevante en el mundo. El trabajo que está haciendo la FAO es mostrar que somos relevantes y que tenemos información. Te doy ejemplos. Cuando empezó el problema del estrecho de Ormuz, nosotros fuimos los primeros en salir. Todo lo que hicimos sigue siendo relevante. El Fondo Monetario salió a los dos meses, el Banco Monetario todavía no salió. Entonces, eso es útil para los que hacen políticas. Por ejemplo, trabajamos con los países para que no pongan barreras a la importación de insumos. Dijimos que era importantísimo en el caso de emergencias que hubiera un fondo para operaciones logísticas. Dijimos que había que proteger a los productores, similar a Covid-19. Dijimos que había que reconvertir todo lo que es bombeo para irrigación —riego de cultivos—, que el 70% es con diésel. Ustedes están muy bien acá con su mezcla energética, pero la agricultura no ha hecho una transformación. Siguen teniendo tractores diésel, maquinaria a diésel, entonces la agricultura se alejó de la frontera energética.
—¿Y cuáles son las transformaciones que tiene que hacer Uruguay?
—Cambiar a renovable todo. Si tienen carros eléctricos, ¿por qué no pueden tener tractores eléctricos? Bombas, ¿por qué no pueden tener bombas solares? Hay países que ya lo han hecho. Hay que aprender y acelerar ese proceso porque eso te va a hacer más resiliente.
—¿Qué ventajas tiene Uruguay para cumplir algunas de las metas planteadas?
—Uruguay tiene suerte de que este shock del Niño puede ser positivo si lo maneja bien. Dos: creo que ustedes tienen mucha capacidad de exportación que no están utilizando a plena capacidad, tienen cuotas que no están llenando en la exportación de carne a Asia. Esa parte no la logro entender. Tienen que ver por qué no aumentan su productividad, porque son recursos que pueden ayudar a programas sociales necesarios para mejorar la distribución del ingreso. Tres: creo que tienen que seguir trabajando en la dieta saludable, sobre todo con los niños. Están en buen camino, hay que seguir avanzando.