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    El embajador alemán dice que el avance de los extremos políticos obliga a "escuchar" los reclamos de la gente y mejorar sus "condiciones de vida"

    Eugen Wollfarth advierte que el aumento de precios ambienta el avance de sectores radicales, como pasó en 1930; dice que Uruguay es un aliado de Alemania, aunque su gobierno desearía que comercie menos con Rusia y le aplique sanciones

    Eugen Wollfarth dejará el cargo de embajador alemán en Uruguay después de cuatro años de ejercicio. Diplomático con una trayectoria extensa, cumplirá 66 años en setiembre y pasará a retiro de manera automática.

    Wollfarth volverá a su país en un momento político particular. Las elecciones al Parlamento Europeo desarrolladas a comienzos de junio dieron lugar al crecimiento de Alternativa para Alemania, un partido de extrema derecha que quedó como primera fuerza en varias ciudades del este alemán. Para el embajador, es una señal de preocupación que solo merece una respuesta: “escuchar a la gente”.

    El aumento de los precios de los alimentos, la energía, la vivienda y otro “sinnúmero” de productos ha recortado la “libertad” de los asalariados alemanes, advierte. Es una situación que poco a poco se asemeja a las crisis de las primeras décadas del siglo XX, que tuvieron un desenlace fatal con el ascenso del nazismo. “Hay que trabajar sobre condiciones que hacen la vida posible. No lo hemos dejado de hacer, pero los desafíos aumentaron y eso hace el trabajo fácil a los extremos”, resume.

    En el ámbito bilateral, Wollfarth dice que Alemania considera a Uruguay un aliado porque comparten los valores “de Occidente”. Reconoce, sin embargo, que su gobierno desearía que la administración de Luis Lacalle Pou aplicara sanciones económicas a Rusia por su invasión a Ucrania.

    El diplomático sostiene que la “estabilidad” es un valor que las empresas alemanas encuentran en Uruguay y opina que eso no está en riesgo gane quien gane las elecciones nacionales. Para consolidarla a futuro, agrega, el país debería mejorar los resultados de su sistema educativo.

    —¿Cómo están las relaciones entre Uruguay y Alemania en este momento, con todos los desafíos que hay a nivel geopolítico?

    —Las relaciones entre Alemania y Uruguay son muy estrechas. Estamos en un grupo que estima en alta forma los valores así llamados de Occidente. Y eso se refleja en las relaciones bilaterales, pero también en las multilaterales. Compartimos la importancia del Estado de derecho, de refortablecer las instituciones y los organismos internacionales y multilaterales. En otros términos: jugar según las reglas internacionales. Y eso es un asunto de altísima importancia en este mundo.

    —Es un momento con alta tensión geopolítica, con la invasión rusa a Ucrania y el crecimiento de la influencia de China. ¿Alemania ve a Uruguay con una posición clara como “aliado de los valores occidentales”?

    —Sí, pero no somos idénticos. Junto con aliados importantes, estamos intentando limitar la influencia de los que no juegan según las reglas. Y eso, claro, es el caso en la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, por eso hay sanciones contra la agresión. Nosotros creemos que las sanciones sirven. Uruguay está en otra situación, está más lejos del ataque a Ucrania y tiene ya desde hace décadas un acercamiento distinto a este tema. Y mantiene su comercio con socios que nosotros vemos de manera crítica. Es entendible, al más alto nivel no estamos contentos con esto, pero eso es una decisión propia de cada país. Entendemos que Uruguay tiene que exportar, de eso vive gran parte de la población de los uruguayos y las uruguayas, y es legítimo. Pero es muy importante poner un límite y no apoyar demasiado a los que atacan vecinos y tratan de conquistarlos.

    —Uruguay ha cuestionado a Rusia en los foros internacionales, pero no le aplicó sanciones hasta ahora. ¿Tiene tiempo de corregir, como hizo Alemania después de la agresión?

    —Aplicamos sanciones a un alto precio para nosotros. Es verdad. La dependencia [de gas ruso] se acumuló en el transcurso de más de 15 años, ya existente antes de la invasión general, porque ya en 2014 había ataques, intrusiones, pasos no tan claros y supuestas anexiones por parte de Rusia de Ucrania. Y el gran ataque, dos años atrás, afectó también a los mercados y a los precios de energía. El gobierno federal alemán ha tomado muchas medidas para mitigar los efectos en muy poco tiempo. La alternativa principal, claro, es en el contexto también de la lucha contra el calentamiento climático: invertir en energías renovables con éxito, y reducir el uso de fósiles. No es fácil, pero a veces también con pasos pequeños se llega a metas grandes.

    —Usted hablaba de las energías renovables y verdes. Alemania está colaborando con Uruguay para desarrollar el sector del hidrógeno verde.

    —La meta grande para todos es llegar a un mundo donde no se emita más carbono para reducir los efectos en el clima. Una de las opciones, tal vez la más prometedora, es el uso de hidrógeno producido en forma verde, es decir, con fuentes renovables. Hay que crear un mercado, ojalá al nivel mundial, primero en el sector de las industrias pesadas. Algo muy importante es que Uruguay ha descubierto que las posibilidades que tiene de participar en este mercado son grandes. Uruguay identificó lugares donde producir la energía eléctrica para, a su vez, producir con electrólisis el hidrógeno por vía eólica y fotovoltaica y está decidido a participar en el mercado y también en el desarrollo científico de este tema.

    —¿Las empresas alemanas que están avanzando o quieren avanzar en Uruguay lo ven como un país amigable para el desembarco de sus inversiones en el área de hidrógeno verde?

    —Sin exagerar, me parece un país modelo en esto. No solamente por la parte política, también este país se destaca por sus grandes empresas nacionales Ancap, Antel, UTE. Hablando de Ancap y UTE, son abiertas a las nuevas tecnologías. Uno podría tal vez pensar que Ancap, que tiene refinería, es fanática de fósiles. Pero no lo es. Ambas están abiertas a la posibilidad de ser proveedores del país con energía. Y si es energía limpia aún mejor.

    —En Uruguay se habla mucho de la estabilidad de Uruguay, pero también se cuestionan los altos costos laborales y de producción, y de ciertas trabas o dificultades de las empresas para desarrollar proyectos. ¿Es una queja que comparten los inversores alemanes?

    —Sí, es cierto, el nivel de precios y de los sueldos influye, pero no es el factor único. Son un par de factores que son importantes y relevantes para la decisión de una empresa privada. Para la empresa privada, lo importante es ganar plata. Sin plata no sobrevive y se hunde. Y no solamente los dueños, también los empleados. Entonces, ganar plata es más seguro si uno tiene una plataforma segura. Y en eso Uruguay es un ejemplo de clase, es un país democrático, libre y estable. Sí, acá dicen que hay paros y pueden ser importantes, pero no destruyen una industria o empresa. Y la estabilidad de la sociedad, su sistema de salud, es una base confiable. Eso importa también en una decisión de inversión. Grandes empresas alemanas han elegido a Uruguay como sede. La BASF, este gigante químico, tiene la contaduría para todo el hemisferio occidental acá en Montevideo.

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    —Uruguay recorre un año electoral. ¿La estabilidad que usted elogia va más allá de quién gane?

    —La estabilidad es un trabajo conjunto, eso tiene respaldo de todos los actores relevantes, sea el gobierno actual, sea el gobierno anterior. Deciden los uruguayos, pero la seguridad es un trabajo conjunto que beneficia a todos. Es importante construir y preparar esta estabilidad para el futuro, lo que podría incluir también hacer aún más esfuerzos en el entrenamiento de la juventud. Una buena educación da más chances en la vida. Mucha gente inteligente ya está trabajando sobre eso en Uruguay.

    —¿Si tuviera que recomendarle algo a Uruguay, después de vivir aquí estos años, es que tiene que fortalecer su sistema educativo?

    —Un nudo a solucionar para el que tiene Uruguay ventajas muy grandes. Por ejemplo, el Plan Ceibal, que sirvió mucho para sobrellevar la pandemia. Para hablar de la relación entre nuestros países, estamos ofreciendo con éxito a través de nuestra cámara bilateral de comercio uruguayo alemana el sistema de educación dual que combina la teoría y la práctica. Es importante tener aptitudes profesionales, pero también conocer cómo funciona una sociedad, cómo funciona la economía, cómo funcionan las cosas y hasta religión si se interesa. Solamente con buena educación y conocimiento se puede juzgar qué es bueno, por ejemplo, con una elección y también gozar de la libertad.

    —Hubo elecciones parlamentarias en la Unión Europea y crecieron los sectores más de derecha. En Alemania se registró un incremento del partido Alternativa por Alemania. En Francia también hubo un aumento de esos sectores, lo que derivó en el inmediato llamado a elecciones anticipadas legislativas por parte del presidente Emmanuel Macron. ¿Qué balance hace de ese resultado?

    —Es correcto lo que ha dicho. Al mismo tiempo se achicó tal vez un poco la mayoría céntrica, pero todavía es mayoría. Vemos movimiento en las partes un poco más radicales del esquema político. Mientras el sur y partes del oriente son más de la extrema derecha, otras partes siguen otro movimiento. A nivel nacional, esto significa recordar la necesidad que siempre existe de escuchar a la gente, hay que darles el vino claro y no el vino opaco. Hay mucho trabajo que hacer. No voy a comentar demasiado de Francia, porque soy el embajador de Alemania. Claramente, es muy preocupante de ver que en el territorio de la anterior RDA, Alternativa por Alemania es la fuerza número uno. En los gráficos se ve un poco más espectacular de lo que es en realidad, porque en los gráficos solo se pone el partido que tiene la mayoría de los votos, pero están muy por debajo del 50%. Hay elementos de superultraderecha en estas líneas, lo que en general es inaceptable y no tienen un buen futuro. Lo mismo ocurre al lado extremo izquierdo. Y los dos parece que tienen problemas con nuestra percepción de la realidad. Vuelvo al caso del ataque rusa contra Ucrania, Zelenski ha hablado en el Bundestag, nuestro parlamento, y la ultraderecha y la ultraizquierda decidieron ausentarse. No quieren confrontar la realidad, la defensa de un país que fue atacado.

    —Usted hablaba del cambio climático al inicio de la entrevista. En la elección europea parece haber una caída de los partidos verdes. ¿Cómo se explica?

    —La lucha contra el calentamiento climático es mucho más amplio que un partido, es un esfuerzo común. No sería muy bueno para mí, desde Montevideo, comentar qué ocurre y qué tiene que hacer un partido en Alemania. Pero la clave es ahora escuchar a la gente e integrar eso en la política. Porque la gente tiene que vivir. Es decir, han aumentado los precios de las viviendas, han aumentado los precios en los supermercados, han aumentado también los precios de energía, ya hablamos de eso. Hay un sinnúmero de gastos que aumentaron y la gente que trabaja por un salario tiene mucha menos libertad. Hay un segmento que recibe plata del Estado y los que trabajan, con sus impuestos, tienen que pagar eso. Hay que escuchar a la gente.

    —Años atrás se hablaba de cómo aislar a Alternativa por Alemania. Ahora que tiene 30% del electorado potencial es difícil hacer un cortafuego.

    —Yo no soy político. Eso es para los políticos y para el soberano. Hay que trabajar sobre condiciones que hacen la vida posible. No lo hemos dejado de hacer, pero los desafíos aumentaron y eso hace el trabajo fácil a los extremos. Ahora recorro un poco los años del siglo pasado. Después de la Primera Guerra Mundial había una inflación desastrosa en Alemania, seguido por años un poco más de reconstrucción. Después, en el año 1929, con el viernes negro y con desempleo, con desorden en la calle, en la primera república eso fue muy provechoso para los elementos radicales de los dos lados. Al final eso es historia. Desde 1933 tuvimos el liderazgo desastroso del nazismo, de autodestrucción en realidad de Alemania, de Europa, persecución racista de la manera más cruel imaginable. Repetir la crisis de los años 1920 no es un concepto que sirva.