El presidente argentino, Javier Milei, calificó de “ladrón” y “presidiario” a su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y también cuestionó al juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes por impedirle visitar a Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por golpismo.
Días después, Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, una medida considerada de fuerte presión diplomática. Posteriormente, decidió no autorizar su regreso y rebajó las relaciones diplomáticas con Argentina al nivel de encargado de negocios.
Analistas califican la situación como una de las peores crisis bilaterales de la historia contemporánea. El conflicto también alcanza al ámbito comercial: Brasil es el principal socio comercial de Argentina. Entre enero y junio de este año, las exportaciones argentinas a Brasil alcanzaron los 6.254 millones de dólares, mientras que las importaciones sumaron 7.650 millones.
Argentina, por su parte, es el tercer destino de las exportaciones brasileñas. En 2025, fue el principal mercado para los vehículos brasileños, con 302.000 unidades exportadas, un 32% más. Sin embargo, las ventas brasileñas a Argentina cayeron un 18,1% en los últimos 12 meses y el mercado argentino representa actualmente el 3,7% de las exportaciones de Brasil.
La crisis con Paraguay
El conflicto con Milei no es el único frente diplomático abierto para Brasil. Paraguay también atravesó recientemente una crisis con el gobierno de Lula, esta vez por una controversia vinculada a la Guerra de la Triple Alianza, ocurrida hace más de 160 años.
Durante una visita a una fábrica de armamento en São Paulo, Lula afirmó que Paraguay había invadido Brasil, Uruguay y Argentina en 1864, al justificar la necesidad de que Brasil cuente con unas Fuerzas Armadas preparadas ante eventuales amenazas externas. La declaración provocó una rápida reacción en Asunción: el Congreso paraguayo aprobó una declaración de repudio y el gobierno de Santiago Peña convocó al embajador brasileño.
Según el documento, las palabras de Lula “distorsionan y minimizan” la dimensión histórica del conflicto. La Guerra de la Triple Alianza es un episodio especialmente sensible para Paraguay: según el texto, provocó la muerte de entre el 60% y el 70% de su población, especialmente de hombres, y es considerada el conflicto más sangriento de la historia de América del Sur. Algunos historiadores paraguayos incluso la califican de “genocidio”.
Lula mantuvo una conversación telefónica con Peña para abordar la controversia y la crisis fue contenida mediante una estrategia de ambas partes. Sin embargo, el episodio se produjo después de otro conflicto reciente. En abril de 2025, Brasil fue acusado de realizar una operación de ciberespionaje contra sistemas paraguayos para obtener información confidencial sobre las negociaciones por las tarifas de la central hidroeléctrica de Itaipú.
Asunción llamó entonces a consultas a su embajador y exigió explicaciones a Brasil. El gobierno de Lula negó que la operación hubiera ocurrido durante su mandato y ambos países buscaron encauzar la situación para retomar las negociaciones.
El resultado es un escenario poco habitual: Brasil, principal economía de Suramérica y principal potencia del Mercosur, llega a las elecciones de octubre enfrentado diplomáticamente con Argentina y con nuevo episodio de tensión con Paraguay. La pregunta ahora es hasta dónde puede llegar la crisis.
¿Está en peligro el Mercosur?
A primera vista, el escenario es especialmente delicado para el Mercosur. Argentina y Paraguay son dos de sus cuatro miembros fundadores y sus gobiernos mantienen posiciones políticas alejadas de Lula. La relación entre el presidente brasileño y Javier Milei es prácticamente inexistente, mientras que con Santiago Peña había sido hasta ahora más cordial. Sin embargo, los expertos consultados por France 24 coinciden en que la tensión política no necesariamente se traduce en una ruptura económica.
Eduardo Mello, profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas (FGV), considera necesario separar el conflicto diplomático de la dinámica económica. Como ejemplo, señala que, pese a la falta de relación personal entre Lula y Milei, ambos países continúan negociando asuntos centrales, incluido el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
“No creo que necesariamente estas crisis de declaraciones se conviertan en algo mayor, son típicas de un momento de elección”, sostiene Mello.
Para José Luiz Niemeyer, politólogo y profesor de Relaciones Internacionales del Instituto Brasileño de Mercado de Capitales de Río de Janeiro (IBMEC), el escenario actual incluso podría reforzar el liderazgo de Brasil dentro del Mercosur. El especialista destaca los beneficios que tendría para Brasil y Europa el acuerdo comercial entre ambos bloques, especialmente en áreas como las compras públicas, las exportaciones de productos manufacturados, la agroindustria y las energías alternativas.
La fuerte interdependencia económica entre los países limita, según Niemeyer, el impacto que pueden tener las diferencias políticas. Argentina depende del mercado brasileño y Paraguay mantiene una estrecha relación económica con Brasil, también a través de Itaipú. Así, ambos países pueden atravesar fuertes tensiones diplomáticas con Brasil y, al mismo tiempo, mantener una relación comercial fundamental dentro del Mercosur.
El tercer actor: Washington
Detrás de las tensiones regionales aparece también Estados Unidos. La relación entre Lula y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más conflictivos, en medio de una escalada diplomática y comercial. Washington revocó recientemente el visado de la embajadora brasileña en Estados Unidos, Maria Luiza Ribeiro Viotti, mientras impuso nuevos aranceles del 25% a las exportaciones brasileñas. Brasil, además, acusó a Estados Unidos de injerencia en las elecciones de octubre.
Para el politólogo José Luiz Niemeyer, esta sucesión de conflictos responde a una misma lógica: los dirigentes utilizan la política internacional como un “palanque externo”, es decir, como una plataforma para librar disputas de política interna.
Según Niemeyer, esta dinámica explica las críticas de Milei a Lula, pero también la respuesta del propio gobierno brasileño. El Partido de los Trabajadores (PT), sostiene, utilizará durante la campaña discursos sobre soberanía económica y política. Aunque reconoce que existen elementos concretos detrás de esas posiciones, considera que Lula también recurre al escenario internacional como plataforma política.
Desde esta perspectiva, Milei, Trump y Lula no solo intercambian mensajes entre gobiernos: también se dirigen a sus propios electorados.
¿Puede todo esto ayudar a Lula?
El enfrentamiento diplomático también adquirió una dimensión electoral. Desde el año pasado, Lula convirtió la defensa de la soberanía brasileña en uno de los ejes de su precampaña, mientras que el conflicto con Washington le permite presentarse como un presidente que resiste las presiones de Donald Trump. En ese escenario, el respaldo de Javier Milei a Flávio Bolsonaro y sus ataques a Lula refuerzan ese relato.
Por ahora, el apoyo de Trump y Milei a Flávio Bolsonaro no parece haber modificado la intención de voto. Una encuesta de Genial/Quaest publicada a mediados de julio mostró que el 42% de los consultados afirmó que los aranceles estadounidenses aumentaban su intención de votar por Lula, frente al 27% que se inclinaba por Flávio Bolsonaro.
El politólogo José Luiz Niemeyer considera que las presiones externas pueden convertirse en una ventaja electoral para Lula. A su juicio, el enfrentamiento con Trump y la defensa de la soberanía pueden movilizar a sectores de izquierda y centroizquierda y reforzar la imagen del mandatario como uno de los principales referentes de ese espacio político en América Latina.
Eduardo Mello, sin embargo, considera que el impacto electoral de la política exterior será limitado. Aunque el conflicto con Estados Unidos puede favorecer a Lula, sostiene que el factor decisivo seguirá siendo la economía doméstica. Según el especialista, la política exterior tiene un peso relativamente menor en las decisiones del electorado brasileño y los problemas cotidianos tendrán mayor influencia a la hora de definir el voto.
FUENTE:FRANCE24