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En el número 1102 de la calle Pondal, en pleno barrio de Sayago, militantes de Juan Sartori escuchaban música partidaria tranquilos y ordenaban listas cuando oyeron el chirrido de ruedas de una caravana de automóviles. Segundos después vieron la sonrisa y el ímpetu inconfundible del empresario atravesar eléctricamente la puerta del local. Eran las 11:30 del domingo 30 y el equipo de campaña del precandidato les había avisado que lo esperaran a las 13:00 para almorzar. Pero Sartori adelantó su agenda y cuando llegó, las hamburguesas aún estaban congeladas y el pan sin cortar. Se fue media hora después y para cuando la comida estuvo servida solo quedaban los militantes.
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El cambio en el itinerario reflejó un problema repetido en la jornada de Sartori, donde la inexperiencia en ingeniería electoral supuso cierta confusión que complicó una estructura de campaña construida a partir de mucha inversión económica. Aunque el segundo puesto en la interna del Partido Nacional y los 92.707 votos hayan sido admirables para un outsider que largó la carrera hace apenas seis meses, Sartori y su equipo creen que esa desorganización en el día de la elección fue una de las causas por las que terminó con 20% del electorado blanco y no más cerca del 30% que al inicio del domingo se esperanzaban con arañar.
Ya temprano en la jornada, Verónica Alonso anunció un panorama complicado. “Todos los que salgan a votar lleven las listas de Juan Sartori porque en los circuitos las están sacando y rompiendo. ¡Aunque nos quieran frenar, el poder de la gente es más fuerte!”, escribió la senadora en Twitter. Aunque efectivamente rompieron papeletas de Sartori, desde el sector evaluaron la falta de listas en algunos puntos del país como parte de un contratiempo generalizado relacionado con su logística interna. La situación fue conversada con Sartori luego de que votara a las 10:00 en la Dirección General Forestal del Ministerio de Ganadería, por lo que a la agenda programada en locales del Cerro, Lezica y Sayago agregaron la visita a otros puntos partidarios de Montevideo para colaborar con un necesario reparto de listas.
Ya entrada la tarde, a la sede del comando ubicada en la plaza Independencia comenzaron a llevar cajas con listas de Sartori. Eran bajadas de camionetas con ayuda de los guardias de seguridad y se colocaban a la entrada del edificio a la espera de que alguien las transportara; varias terminaron allí sin ser movidas. Algo similar ocurrió con personas que pedían locomoción para votar a Sartori y con los propios empleados del comando que a esa hora trabajaban en el call center de la sede. A las personas les daban una lista y luego se sentaban a la espera de que alguien las llevara a su circuito, sin autos disponibles a pesar de que había una flota alquilada. Los empleados, por su parte, aguardaron infructuosamente por un auto que nunca llegó y terminaron subiéndose a un ómnibus también alquilado que estaba estacionado desde hacía varios minutos.
Para ese momento el sector de Sartori había presentado una nota a la Corte Electoral solicitándole que validara hojas departamentales en un departamento diferente al que se votara. “Es claro que han distribuido mal”, dijo el senador nacionalista Jorge Gandini a El País. La Corte Electoral desestimó el planteo al entender que el ensobrado de listas cruzadas era responsabilidad del sector y correspondía anular ese tipo de sufragios.
Consultado al respecto, el director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar, señaló que a Sartori también pudo perjudicarlo una militancia menor a la esperada en su electorado, tal vez afectado por la campaña que el precandidato llevó adelante contra sus rivales. “Lo que ocurrió es que una parte del electorado nacionalista terminó atribuyéndole, con justicia o sin ella, a Sartori la responsabilidad en la campaña negativa y eso le generó alguna desmovilización y desmotivación en sus votantes”.
El experto evaluó que el último domingo pueden haberse enfrentado “dos modelos”: uno de militancia tradicional y otro, el de Sartori, apoyado en un aparato rentado.
Esa visión la tenían los competidores del empresario. Un senador blanco que repartía listas el sábado 29 en Punta Carretas comentó a Búsqueda que estaban tranquilos, que el “aparato” que prometía mover Sartori no les preocupaba. El País había publicado que la campaña del millonario tenía 4.000 autos alquilados, mientras que El Observador informó que los expertos extranjeros contratados se habían desplegado en todo el país para el día de la elección.
“Nosotros tenemos 1.000 militantes registrados para colaborar el día de la elección, para ir a repartir listas y llevar gente a votar”, dijo. “Y esa militancia no se paga”.