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    Asunto separado

    El cardenal Sturla tiene el mismo derecho que todos los uruguayos a dar su opinión sobre los asuntos del país, pero una cosa es opinar y otra muy diferente es sugerir a quienes tienen fe cristiana que, a la hora de votar, tengan en cuenta qué legisladores apoyaron o no el proyecto de eutanasia

    Columnista de Búsqueda

    Los motivos por los que cada uno elige a quién vota suelen tener que ver con asuntos tan diversos como coyunturales. Está el voto por tradición familiar, el voto fanático, el voto con el bolsillo, el voto indiferente, el voto castigo, el voto rebelde, el voto analizado a fondo, el voto al menos malo. Podría seguir. Cada persona sabe por qué vota lo que vota. O no, quizás no lo sabe, ni siquiera lo piensa tanto, pero lo que sí sabe es que adentro del cuarto secreto —o esos minibiombos de cartón que desde hace un tiempo protegen la intimidad de la decisión— nadie puede decirle qué hacer. Solos frente a decenas de papeles llenos de nombres elegimos los destinos del país. Es un momento único que, afortunadamente, aún es una instancia de fuerte compromiso para miles de uruguayos.

    Pero la semana pasada, cuando falta un período entero de gobierno para una nueva elección, se dio una situación singular. Según informó Búsqueda, el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, cuestionó la votación que se dio en la Cámara de Diputados a la ley de eutanasia. En el podcast La alegría del Evangelio, transmitido por la Iglesia católica de Montevideo, el cardenal criticó “lo mala que es la ley en sí” como el hecho de que se la llamara muerte digna, y comparó esto con la denominación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, que no lleva la palabra aborto en su título. “Son formas de disimular un gran mal. El que se haya votado la ley, el que se haya votado con ese nombre de muerte digna, realmente nos debería avergonzar a los uruguayos”, dijo.

    Hasta ahí todo normal. Todos conocemos la postura del cardenal y de la Iglesia en general sobre la eutanasia. No hay novedad en el rechazo y cada uno es libre —por suerte— de pensar y sentir como quiera, aunque el cardenal considere que a todos debería avergonzarnos. En lo personal, lo veo completamente al revés: creo firmemente que es un camino que el país debió haber tomado hace mucho tiempo, y razones y evidencias sobran. Pero repito, por suerte, somos libres de pensar y sentir.

    Es evidente que el tema es delicado, que atraviesa a toda la sociedad, a los partidos políticos, y que no tiene que ver con la filiación partidaria. De hecho, en la votación hubo mano alzada de todos los legisladores frenteamplistas presentes, algunos colorados, algunos blancos y un independiente. Identidad Soberana y Cabildo Abierto no la apoyaron. Perfecto, cada legislador con su conciencia y su decisión. Para eso ocupan sus bancas.

    Sin embargo, Sturla fue un paso más allá en sus declaraciones. Tras señalar que, independientemente de las intenciones y los argumentos de los diputados, la discusión causa un combate entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, decidió hacer una advertencia. “Frente a esto uno tiene que estar atento, un cristiano tiene que estar preguntándose quiénes votaron a favor de esta ley y quiénes votaron en contra, porque allí también hay un discernimiento a realizar después a la hora de votar”.

    ¿Cómo? ¿El cardenal está sugiriendo a los creyentes que no deberían votar a quienes hayan apoyado la ley? ¿Un cristiano no puede pensar por sí mismo y acompañar una iniciativa en la que cree solo porque a la Iglesia no le gusta? Es por lo menos extraño. Hay infinidad de cristianos que acompañan este camino con convicción. Con dolor, como todos, pero con la convicción de respetar la decisión del que está sufriendo. Que es una postura tan respetable como la del que no lo comparte y el que no lo pediría para sí mismo.

    Pero vamos al debate que inmediatamente generaron estas palabras. Aquí se abrió una discusión sobre si el cardenal o la Iglesia como institución pueden o no dar su opinión sobre este y otros temas. Eso no debería ser ni por un segundo un tema de confrontación. ¿Cómo no va a poder dar su opinión? ¿Acaso no vivimos en un país con la libertad de expresión garantizada? Pero separemos los tantos. Una cosa es una opinión sobre un tema, en este caso que nos enfrenta a dilemas filosóficos, ideológicos, de conciencia y también religiosos para los que lo son, y otra cosa muy diferente es sugerir a quienes tienen fe cristiana que, a la hora de votar, tengan en cuenta qué legisladores apoyaron esta iniciativa. Para empezar, va a ser un problema, porque de seguir este consejo solo podrían votar a Cabildo Abierto o a Identidad Soberana. Más allá de la literalidad, el voto, insisto, es un acto individual en el que nadie debería tener injerencia.

    El presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, dijo en entrevista con la diaria Radio que “ningún religioso tiene que mirar qué votó un partido político, diga lo que diga Sturla” y agregó que el cardenal “se está metiendo en la vida política de un país, y esa no es su actividad”. Agregó, como cristiano, que Sturla “puede pronunciarse sobre su punto de vista”, pero no sobre lo que deben hacer quienes tienen fe religiosa en un acto electoral. Estas declaraciones cayeron mal entre varios dirigentes de la oposición, que salieron a marcar sus posturas y defendieron al arzobispo. Entre otros, el diputado nacionalista Rodrigo Goñi, uno de los principales dirigentes opositores al proyecto de ley de eutanasia, escribió en su cuenta de X que “en un país laico y democrático, Daniel Sturla y todos pueden opinar sobre política y ética. La libertad de expresión y conciencia es un principio que ha estado siempre vigente, excepto en la dictadura. Imposible ocultar que con el voto a favor de la eutanasia sin paliativos asegurados para todos, el Frente Amplio abandonó el principio humanista de priorizar el cuidado de los más vulnerables”.

    Más allá de los políticos que cuestionaron a Sturla y los que lo defendieron —cada uno con sus posturas y sus razones— es claro que el arzobispo puede opinar sobre los temas del país como podemos hacerlo todos, y eso no debería nunca estar en cuestión. Lo que, desde mi punto de vista y con mucho respeto hacia los que piensan diferente, el cardenal no puede hacer es sugerir a los cristianos qué deben hacer con su voto. No corresponde. Uruguay es un país laico que respeta a quienes profesan religiones y a quienes no. Pero en Uruguay, desde hace muchísimo tiempo, Iglesia y Estado son asunto separado.

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