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    De la billetera a la urna

    Los uruguayos que viven en el exterior sí pueden votar, pueden ejercer su derecho y nadie lo cuestiona; claro, los que pueden pagar el pasaje, los otros no

    Columnista de Búsqueda

    Me disculpo desde ya por comenzar con una obviedad. El que tiene plata hace lo que quiere. O casi, pero en general la tiene más fácil que el resto. No voy a poner ejemplos vagos sobre cómo cambia la vida del que tiene todo resuelto en la cuenta bancaria, todos sabemos de qué hablamos. Desde el acceso a la medicina casi en el acto hasta los medicamentos, las terapias, la alimentación de calidad. En fin, lo de todos los días.

    El que tiene plata tiene más derechos, o al menos más posibilidad de ejercerlos. Es incuestionable. Pero hay un tema que no solemos mirar desde esa óptica y que vuelve a ponerse en discusión con el cambio de gobierno: el voto de los uruguayos en el exterior.

    El presidente Yamandú Orsi se comprometió en octubre del año pasado a trabajar para que esto sea una realidad, y apenas comenzó la nueva legislatura fue uno de los proyectos que se desarchivó en el Senado.

    Lo sabemos, este tema se ha analizado hasta el cansancio, se votaron proyectos que no cristalizaron, se puso a consideración de la ciudadanía y los votos no fueron suficientes, y cada tanto vuelve a aparecer. Y vuelve porque los propios uruguayos que viven en el exterior lo reclaman.

    “Se da el privilegio del voto a quien tiene posibilidades económicas de viajar y se castiga a quien no las tiene”, dijo a El País de Madrid Carlos Caballero desde Noruega. Se trata de un maestro uruguayo, de 77 años, que en la elección de 2019 pagó su boleto de avión y pudo votar por primera vez desde 2002, cuando debió dejar el país por la crisis económica. En la misma situación están los cerca de 600.000 uruguayos que viven fuera del país. Si quieren votar, tienen que venir. Solo lo impide el costo del pasaje. ¿Todos iguales ante la ley? No, señor. Billetera mata prohibición.

    En general los argumentos para no apoyar la iniciativa tienen que ver con algunas cuestiones puntuales: que los ciudadanos ya se expresaron en el plebiscito de 2009, que las personas no viven en el país y estarían decidiendo quién gobernará a los que sí lo hacen, que no están informados sobre la realidad diaria (como si los que vivimos en Uruguay sí lo estuviéramos en su totalidad), que habilitarla podría torcer una elección que se define por mucho menos votos, o incluso que el que decidió irse debe aceptar que ya no tiene ese derecho que le garantiza la Constitución. Pero acá hay unas cuantas inconsistencias. Lo del plebiscito es cierto y es un buen debate, pero pasaron más de 20 años. ¿Por qué no se podría volver a analizar?

    Otra de las inconsistencias a mi modo de ver es la creencia instalada de que los que viven afuera votarían en su mayoría a la izquierda. ¿Por qué? ¿Cómo podemos llegar a esa conclusión si son cientos de miles? Planteo este punto porque en general la izquierda apoya el voto de los uruguayos en el exterior y los partidos de centro o de derecha no lo hacen. No todos, pero en general sucede de esta forma. Sin embargo, no solo la izquierda busca, por ejemplo, facilitar la llegada de uruguayos que viven en Argentina a votar al país con el conocido “voto Buquebus”. De hecho, en las últimas elecciones el Partido Nacional también ayudó a que sus votantes llegaran desde el otro lado del río con propuestas similares.

    Otra de las realidades es que muchos de los uruguayos que viven afuera se fueron expulsados por una crisis dramática que vivió el país hace más de 20 años y otros debieron exiliarse durante la dictadura. No son todos los casos iguales. No todos los uruguayos que se fueron lo hicieron felices ni despreciando al país. Y no todos pueden volver tan fácilmente después de haber echado raíces, familia, trabajo en otra parte del mundo, en muchos casos, obligados. Vamos, no podemos simplificarlo tanto. En Sudamérica, solo Uruguay y Surinam no tienen habilitada alguna modalidad de voto desde el exterior. ¿Todo el resto del continente está equivocado?

    En la exposición de motivos del proyecto de ley que estudia la Comisión de Constitución y Legislación del Senado, que garantiza el derecho al sufragio de las personas residentes fuera del país y que se regulará a través de la ley y de las disposiciones indicadas por la Corte Electoral, se señala que la diáspora uruguaya contribuye al desarrollo del país con aportes materiales como donaciones, remesas, envío de dinero para asistir a casos de desastres naturales, turismo e investigaciones científicas y tecnológicas, organización de actividades culturales de interés nacional, talentos en áreas como la deportiva, la musical y la científica, entre muchas otras.

    Pero además recuerda que la propia Constitución uruguaya en su artículo 77 consagra que “todo ciudadano es miembro de la soberanía de la nación y como tal es elector y elegible en los casos y formas que se designarán”, y agrega que en el artículo 80, donde se establecen las razones por las que se suspende la ciudadanía, no aparece la residencia en el exterior.

    Y no solo está el proyecto de ley. Existen informes de la Institución Nacional de Derechos Humanos que señalan que “la actual situación de restricción del ejercicio del sufragio a quienes no residen en el territorio exigiéndoles indebidamente el comparecer personalmente ante las mesas electorales del país en cada acto elecccionario se traduce en una violación al artículo 8 de la Constitución de igualdad ante la ley y del artículo 77 en tanto que este último no distingue entre uruguayos residentes y los que se encuentren en el exterior en su formulación de ‘todos los uruguayos’”.

    El debate es necesario y las posturas son en general radicales para uno u otro lado. Quizás en este nuevo impulso de quienes reclaman poder ejercer este derecho estemos capacitados para escuchar las razones de todos sin agredir ni despreciar al que vive afuera y sin pensar a ese uruguayo como alguien a quien simplemente no le interesa su país. Porque, además, no nos olvidemos, los uruguayos que viven en el exterior ya votan, ya pueden ejercer su derecho y nadie lo cuestiona. Los que pueden pagar el pasaje, los otros no.

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