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    El buen ejemplo cunde

    La caricatura de Junior en el número pasado fue como una fotografía del contenido actual del venerable Palacio Legislativo, que acaba de festejar su centenario: un gallinero.

    Escuchando las intervenciones cotidianas y —por supuesto— las interpelaciones, uno piensa que cadáveres ilustres, como los de Wilson, Dardo Ortiz, Enrique Tarigo, Zelmar, por mencionar a algunos más próximos en el tiempo, sin olvidar a algunos más alejados del presente, como don Emilio Frugoni, don Carlos Quijano, la Dra. Alba Roballo, el Dr. Martín Echegoyen, don José Serrato, y, claro, los de los que dieron nombre a muchas de las calles de Pocitos, como Echevarriarza, Luis Lamas, Pedro Berro y Juan Benito Blanco, se deben estar retorciendo en sus tumbas después de registrar desde el más allá los debates, los intercambios de insultos, las ignorancias flagrantes del funcionamiento del Parlamento y tantas otras características que “adornan” a buena parte de nuestros parlamentarios de hoy día.

    Y digo “buena parte” para dejarles un rinconcito a los pocos que no calzan en la mediocridad, la agresividad y la ignorancia, que campean con alegría por los augustos salones en los que ejercen su representación, gracias a nuestros votos, nuestros senadores y diputados.

    Tras la pelotera que se armó después de la interpelación (por llamar de alguna manera a aquel aquelarre) al ministro Fratti, concluida por mazazo por el presidente de turno tras el match de agresividad, mentiras e insultos al santo botón de los senadores Viera y Da Silva, Fortunato se había resignado a que nada bueno podía esperarse de ese humeante caldero.

    Anoche, el pobre, resignado a no esperar demasiado de los festejos del bicentenario de nuestra adhesión a las Provincias Unidas, “uséase” (dijera otro excelso parlamentario desaparecido, el inefable Oso Aguirre) el día que nos volvimos orientales argentinos, escuchaba y miraba por la tele el informativo con las imágenes de los actos conmemorativos.

    Resulta que su primera sorpresa (que ya no debería ser tal) fue la de escuchar al presidente decir un discurso de corrido, con un contenido positivo y constructivo, claro y contundente. No porque él no lo sienta así, todo lo contrario, sino porque sus declaraciones verbales a la prensa son un compendio de vacilaciones dubitativas de las que no surge ninguna idea concreta, ni a favor ni en contra.

    Pero, cansado como siempre a esa hora, Fortunato pensó que aquello que estaba escuchando tenía las ideas del presidente, pero la pluma de, un suponer, Jorgito Díaz, que es bastante ducho en redactar textos coherentes, vistas fiscales llenas de contenido, aunque uno pueda no estar de acuerdo con lo que dice.

    Pero aquí Fortunato sí estaba de acuerdo con ese texto conciliador, exhortando al debate de ideas y dejando de lado las tensiones agresivas que no llevan a nada. Como si el que lo escribió estuviera pensando en el match Viera-Da Silva.

    Pero sus ojitos se empezaban a entrecerrar, cuando vio a los periodistas arrimarse a varios de los asistentes al acto, con la clara finalidad de recoger las primeras conclusiones.

    —A ver, senador Da Silva, ¿qué le pareció el discurso del presidente? —indagó un periodista.

    —Mire, estábamos acá con el senador Viera... ¡Vení, gordo, que voy a hablar de vos también! —dijo hacia un costado el entrevistado, arrimando al senador Viera y pasándole un brazo por detrás de los hombros, en un fraterno gesto amistoso—, comentando lo bueno del discurso de Orsi, y programando un encuentro semanal que vamos a tener desde ahora, para discutir ideas en un clima de amistad, como la que claramente nos une, a pesar de que algunos hechos públicos de notoriedad puedan haber dado otra impresión…

    Y el periodista no se quería perder la reacción del acompañante, con lo que arremetió con la misma pregunta.

    —Acá con el canario estábamos comentando eso —dijo el senador frentista—, lo bueno que van a estar, ahora que hemos entendido que no hay otro camino que el de la fraternidad y el compañerismo, esos encuentros semanales que hemos llamado “debate de ideas con ánimo constructivo y patriótico”. ¿Qué le parece el título? —le preguntó el senador Viera al periodista, buscando una respuesta que no obtuvo, porque raudo se dirigió a otros de los presentes para preguntarles por el discurso presidencial.

    Fortunato no podía mantener los ojos abiertos, a pesar de la sorpresa que se había llevado con lo que había oído y visto, o creyó ver y escuchar. Tal vez estaba soñando.

    Pero en un grupito, al lado del palco desde donde se habían reunido los asistentes, ya terminado el acto, charlaban animadamente las senadoras Graciela Bianchi y Constanza Moreira, a las que se les había arrimado la vicepresidenta de la República, doña Carolina Cosse.

    El mismo periodista que había consultado al “dúo dinámico” Viera-Da Silva se arrimó, grabador en mano, a buscar la opinión de las damas.

    —A ver, senadoras, algún comentario sobre el discurso presidencial —dijo el hombre.

    —Ay, sí, estábamos comentando que ha sido un estímulo divino al diálogo constructivo —dijo la senadora Bianchi— y, debido a ello, estamos coordinando desde ahora un té semanal, que será rotativo, en las casas de cada una de nosotras: la dueña de casa pone el té y las visitantes llevan las masitas, alguna carrot cake o algo así, de manera de confraternizar no solo personalmente, sino políticamente, y…

    —Ay, claro que sí, regio, totalmente de acuerdo. Y ya hoy mismo nos vamos a tomar algo juntas para precisar bien los detalles de los futuros encuentros —interrumpió la senadora Moreira.

    —Es tanto lo que tenemos que conversar, tantos temas comunes en los que coincidir, por el bien de la patria, y tanto el cariño que nos tenemos —dijo entonces la senadora y vicepresidenta Carolina Cosse—, que no puedo esperar a que, de una vez, comiencen estos encuentros, a los que progresivamente vamos a ir incorporando a otras parlamentarias para ampliar el diálogo y legislar constructivamente por el bien del país… ¡Mirá, allá viene Blanquita! ¡Vení, nena, que tenemos novedades!

    Ahí ya era seguro que Fortunato dormía, entre otras cosas porque uno de sus hijos lo despertó en momentos en que en la tele un diputado oficialista le decía a un colega de la oposición: “¡Vo, gil de cuarta, a ver si me tratás con educación, aunque qué te voy a pedir eso a vos… el mensaje que me mandaste tiene un error de ortografía! Vo, parió lleva tilde en la o, ¡ignorante!

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