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Se termina el año en el que se celebraron los 40 años de la restauración democrática en Uruguay, el ciclo más largo sin dictaduras en sus dos siglos de historia
Se termina el año en el que se celebraron los 40 años de la restauración democrática en Uruguay, el ciclo más largo sin dictaduras en sus dos siglos de historia. Como si eso fuera poco, desde 1985 hasta la fecha se alternaron en el poder los tres principales partidos políticos, sin ningún ruido importante y manteniendo las principales reglas de juego inalteradas. Es algo como para estar orgullosos y destacar, aunque en muchos aspectos fundamentales se haya hecho muy poco o no se haya avanzado lo suficiente.
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Sumado a eso, también son importantes las señales que dieron a lo largo de todo el año tanto el presidente, Yamandú Orsi, como los expresidentes. Porque fueron varias las veces en las que se mostraron juntos, en distintos ámbitos, cada vez que la situación lo ameritaba. Esas son las imágenes que quedan y que sirven como para mostrar un diferencial de Uruguay al mundo.
Vale la pena destacar dos ejemplos al respecto, que sirven como para mostrar la fortaleza de la democracia uruguaya a los 40 años de su restauración. Uno que tuvo lugar al inicio del año y otro al final y, en los dos casos, con la Casa del Partido Colorado y el expresidente Julio María Sanguinetti como protagonistas, al igual que el secretario general de esa colectividad política, Andrés Ojeda.
El más significativo fue el de los primeros días de marzo, cuando Orsi y tres expresidentes de distintos partidos se subieron al estrado principal de la sede colorada para conmemorar los 40 años de la democracia. Fue el último acto público del exmandatario José Mujica, ya que unas semanas después falleció, y la primera vez que ingresaba a la vieja casona de la calle Martínez Trueba. También estaba allí el nacionalista Luis Lacalle Herrera y a la distancia, mediante un video, Luis Lacalle Pou. Todos juntos para celebrar la democracia, como lo habían hecho el año anterior en la Torre Ejecutiva.
Sin Mujica, ya fallecido, Orsi, Lacalle Herrera y Lacalle Pou volvieron a encontrarse a fin de año en la misma sala, para celebrar por adelantado el cumpleaños número 90 de Sanguinetti. Otra vez la foto del actual presidente y sus antecesores recorrió los distintos medios de comunicación y redes sociales, como un símbolo antigrieta que diferencia a Uruguay de una región muy convulsionada.
Sanguinetti, que fue el primer presidente al restablecerse la democracia el 1° de marzo de 1985, fue uno de los principales promotores de esos eventos tan significativos. En los últimos años se ha dedicado a la alta política y eso es algo que le hace muy bien al Uruguay, por más que en forma paralela siga debatiendo con sus oponentes ideológicos.
Desde estas páginas, muchas veces hemos criticado algunas acciones de cada uno de los mandatarios protagonistas de esta especie de “sindicato de presidentes”, como le pusieron en su momento Mujica y Sanguinetti, que fueron los primeros en mostrarse muy cerca públicamente, pese a que décadas atrás estaban en las antípodas. En especial, los hemos criticado por la lentitud en aplicar algunas reformas imprescindibles o por la inacción en asuntos centrales para el futuro uruguayo.
Pero hoy es el momento de halagarlos porque es mucho el bien que le están haciendo al país con este nuevo “sindicato” que han creado. Cuidar la institucionalidad presidencial por encima de las diferencias políticas coyunturales y el debate entre bloques y partidos es lo que le da a Uruguay una garantía de seriedad que muchos de los vecinos no tienen.
Por eso también es muy importante que los presidentes y exmandatarios se sigan manteniendo en el camino de la alta política y no entren en los debates más coyunturales. Ese también fue un consejo de Sanguinetti cuando Orsi y Lacalle Pou intercambiaron críticas públicamente por el caso Cardama y allí también le asiste la razón al expresidente.
Cuidar la necesaria armonía de este “sindicato de presidentes” es cuidar una de nuestras principales ventajas comparativas. Que siga siendo de esa forma, por el bien de todos.