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    Hay que tomar precauciones

    Las autoridades, tanto las gubernamentales como las deportivas, se han hecho eco del clima de violencia creciente y han tomado las medidas que estiman más adecuadas

    El tema no ha llegado a la vida política (al menos por ahora) y esperemos que no llegue nunca.

    Pero en la vida deportiva, del deporte que sea (empezando, claro está, por el fóbal), la cosa está tomando proporciones peligrosas.

    Ni hablemos del último clásico, donde todos sabemos lo que pasó, la gravedad de los desmanes y la excitación violenta de muchos de los protagonistas.

    Las autoridades, tanto las gubernamentales como las deportivas, se han hecho eco del clima de violencia creciente y han tomado las medidas que estiman más adecuadas.

    El partido de Peñarol frente a Racing de Argentina mostró buenos resultados con las hinchadas (no así con los jugadores visitantes, que cometieron un foul cada tres minutos), y uno piensa si no hubiera sido mejor poner a la mitad de los agentes policiales y militares desplegados en las afueras del Campeón del Siglo adentro de la cancha, para que pudieran llevarse presos a unos cuantos “deportistas” argentinos.

    Pero el tema no queda ahí. En el básquetbol la cosa se viene agravando partido a partido, y las hinchadas de los equipos de estos dos deportes son ya entidades organizadas para el combate, con bengalas, palos, cuchillos, armas de fuego y caras cubiertas para evitar los reconocimientos faciales.

    Al paso que vamos, deberemos irnos acostumbrando a noticias como estas:

    En el Café El Trinquete, de don Braulio Deltrago, se llevó a cabo la final del campeonato de truco barrial, en el que había varios premios en juego. El desarrollo del encuentro fue normal hasta que uno de los jugadores increpó a un rival por haber cantado una flor sin mostrar las cartas, yéndose prestamente al mazo.

    A raíz de ello, varios de los parroquianos del boliche, separados por el favoritismo de una y otra pareja, se tomaron a golpes de puño, y el episodio terminó con la presencia de efectivos de la Guardia Republicana que se llevaron a varios detenidos, entre ellos al que apuñaló ferozmente al jugador que había cantado la flor sin mostrar las cartas, mientras que el herido fue transportado en ambulancia a un nosocomio, donde se recupera de la herida recibida. Las autoridades han resuelto enviar tropas de asalto y efectivos militares a todas las mesas de truco en los bares de Montevideo en las que se celebren campeonatos.

    Asimismo, guardias de la Republicana debieron hacerse presentes en club de bochas La Ilusión, de la zona de Casavalle al sur, debido a una tremenda trifulca suscitada por los integrantes de la barra del Cholo Teboché, los cuales se tomaron a golpes de puño con inusual violencia contra los partidarios del Tito Telarrimo, los que disputaban un torneo amistoso. Las barras entendían —recíprocamente— que el adversario ocasional se aprovechaba de manera irregular de las distancias para el lanzamiento de la bocha, al grito de “¡rata de caño, te adelantaste de la raya, bo!” y “¡el que ventajea es este otro sinvergüenza, que es chorro de nacimiento!”. A raíz de ello se generó una trifulca en la que hubo varios heridos de arma blanca, los cuales fueron atendidos por los médicos de una ambulancia que llegó al lugar convocada por los efectivos militares que pusieron orden en el centro deportivo barrial.

    Se analiza, por parte de los técnicos del Ministerio del Interior, en conjunto con dirigentes de la Asociación Uruguaya de Ajedrez Amateur, la posibilidad de enviar tropas disuasivas armadas con cartuchos de gases lacrimógenos a custodiar preventivamente la final de ajedrez del campeonato Capablanca, que se llevará a cabo en el Club de Residentes de Cerro Chato, entre Horacio Latorre y Juan José Delrey, la cual se llevará cabo el sábado que viene. La medida precautoria se justifica porque, una semana antes del encuentro, partidarios de uno y otro ajedrecista ya se trenzaron en la vía pública, y muchos resultaron lesionados por las pedradas intercambiadas en las esquinas del lugar donde se disputará la partida. Incluso un grupo de partidarios de Latorre atacó a balazos la casa en la que reside Delrey, grafiteando los muros exteriores con leyendas agraviantes contra el residente, quien tuvo que trasladar a su familia (tiene hijos menores de edad) a casa de familiares, en precaución de acciones más violentas. Una de las pintadas en la pared de la casa del atacado decía textualmente: “Latorre, si de entrada te comés un caballo, te vamos a meter un alfil, vos sabés bien dónde”, lo cual demuestra que estamos frente a otro posible escándalo de violencia deportiva, el cual justifica un despliegue de efectivos uniformados para evitar males mayores.

    Situaciones parecidas y comparables se han producido en zonas donde se desarrollarán enfrentamientos deportivos, que, en lugar de ser momentos propicios para alentar a los rivales por parte de los hinchas de cada uno de los contendientes, se han vuelto campos de batalla en los que la idea central es destruir a uno de los adversarios por parte de los que apoyan al otro, y viceversa.

    En Colonia hubo incidentes en la final de una partida de dominó, cuando los partidarios de uno de los finalistas dieron vuelta la mesa de juego en forma inesperada y violenta, mezclándose todas las fichas, lo cual generó no solo los ataques a golpes de puño y garrotazos por parte de las barras rivales, sino también un intento de suicidio por parte de uno de los finalistas, quien afortunadamente pudo ser contenido por un grupo de sicólogos militares convocados ante la frustración del encuentro, el cual fue finalmente suspendido sin fecha.

    Si seguimos así, seguiremos barranca abajo, recordando con nostalgia aquellos tiempos en los que los hinchas de uno y otro equipo iban juntos a las tribunas, cada cual gritaba sus goles y alentaba a su equipo, en paz y con entusiasmo, sin pretender transformar al adversario en el enemigo.

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