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    La batalla ganada y la batalla pendiente

    Uruguay parece haber ganado una larga batalla de más de 40 años para lograr estabilidad macroeconómica, pero tiene pendiente librar otra, que permita acelerar el magro crecimiento actual

    En su intervención, el jerarca exaltó algunos consensos logrados en el sistema político uruguayo, más allá de las “diferencias domésticas” en torno a otros asuntos.

    Según Oddone, lo que el país ha “hecho durante 40 años a lo largo de distintos gobiernos de distinto signo es esencialmente diversificar” sus “riesgos”. En materia de inserción internacional, se refirió a los “riesgos de exposición a una región financiera, política y económicamente inestable”, así como el derivado de “una alta dependencia monoproducto de exportación”.

    “Lo hemos hecho relativamente bien: al día de hoy, nuestro principal socio en bienes es China” —en los mercados de Argentina y Brasil se colocan “cosas” que “no le vendemos a nadie”, porque tienen ventajas de acceso—, en el sector de servicios lo es Estados Unidos, mientras que la Unión Europea es el origen más importante de la inversión extranjera directa, repasó.

    “La diversificación de riesgos ha sido un elemento central, en paralelo a la estabilización macroeconómica (...). Uruguay tiene unas cuatro décadas batallando sobre esto, y hoy tenemos una economía estable macroeconómicamente, a lo que agrega la estabilidad institucional y política y la calidad de sus políticas públicas, su principal factor de competitividad. Lo cual no es suficiente. Si no mejoramos la productividad del trabajo, no mejoramos la capacidad de atraer inversión, es muy difícil que seamos competitivos. Tenemos una gran inserción regional, tenemos una gran capacidad de producción energética, pero tenemos enormes desafíos”, reflexionó el ministro.

    Ciertamente, la perdurabilidad en las últimas décadas de ciertas políticas y la prudencia macroeconómica forman parte de un logro no menor, que hace bien Oddone en destacar en sus intervenciones en foros internacionales como este de la OCDE. Se trata de una batalla que puede considerarse ganada en contraste con la historia previa de mucha mayor inestabilidad. Pero también es real que, por un período ya muy largo, Uruguay está creciendo demasiado poco y ello, en parte, responde a una ausencia de consensos para liberar ciertos frenos a la economía.

    Así como en los últimos 40 años se fue internalizando y poniendo en práctica la importancia de ciertos equilibrios macro, más allá de matices operativos, nuestro sistema político debería proponerse acordar y aprobar medidas que reduzcan trámites ante el Estado; que eliminen dependencias duplicadas o inútiles; que reconviertan o cierren los negocios perdidos de las empresas públicas; que prescindan de cargos públicos donde no se precisan; que quiten barreras a la competencia en los mercados regulados; que den más realismo a la regulación laboral y a la negociación colectiva; que reformen de manera profunda y de una buena vez el sistema educativo, y que combatan sin miedos la creciente delincuencia.

    El statu quo en torno a muchas de estas cuestiones expone una “diversificación de riesgos” incompleta. La consecuencia es muy peligrosa, porque, como país y como sociedad, nos paralizan o, incluso, nos hacen retroceder en términos de desarrollo, de bienestar y de convivencia. Esa es la batalla verdaderamente urgente ahora.