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    Los ¿beneficios? de la política

    ¿Si las personas que se dedican a la política cuentan con todos esos beneficios, por qué son cada vez menos los que se suman a ella? ¿A qué se debe que a cada uno de los últimos gobiernos le haya costado tanto convencer a personas que se desempeñan en el ámbito privado para que asuman cargos públicos, cuando supuestamente son enormes los privilegios?

    Director Periodístico de Búsqueda

    ¿Acaso cuentan con tantos privilegios los políticos uruguayos? ¿Es cierto que se mueven como si estuvieran dentro de una burbuja y que no tienen conocimiento directo de las dificultades por las que atraviesan muchos de sus conciudadanos? ¿Son acordes a sus responsabilidades los ingresos que perciben por dedicarse a la función pública? ¿Están realmente cómodos y protegidos o solo algunos de ellos, y otros, al ingresar de lleno al terreno público, se complican la vida?

    Las respuestas a esas preguntas y muchas otras similares que se pueden hacer son bastante obvias para una mayoría importante de los uruguayos. Sí, contestarían al unísono, casi sin pensarlo. Los políticos se mueven en otro mundo y pertenecen a un sector muy reducido de privilegiados, que siempre está al margen de los verdaderos problemas por los que atraviesa el país, argumentarían.

    Y capaz que les asiste cierta razón en esa creencia, pero, como en todo, es importante tener en cuenta los matices. La realidad nunca es en blanco y negro y así también ocurre con los políticos. Que algunos tienen privilegios es un hecho, pero también lo es que muchas veces esos beneficios son caricaturizados y, de esa forma, eclipsan otros aspectos negativos que pueden ser igual de importantes.

    Para explicarlo mejor, se podrían hacer otras preguntas distintas a las primeras. ¿Si las personas que se dedican a la política cuentan con todos esos beneficios, por qué son cada vez menos los que se suman a ella? ¿A qué se debe que a cada uno de los últimos gobiernos le haya costado tanto convencer a personas que se desempeñan en el ámbito privado para que asuman cargos públicos, cuando supuestamente son enormes los privilegios? ¿Por qué las generaciones menores de 40 años se alejan cada vez más del ejercicio de la dirigencia política si, supuestamente, está llena de comodidades?

    La respuesta: la realidad muestra que esa creencia bastante expandida de que los políticos cuentan con todo a su favor es relativa. En especial para los que ejercen algunos cargos públicos de mucha responsabilidad y exposición y que no cuentan con una trayectoria política previa o que no tienen atrás a ningún sector que los respalde.

    El problema es que el sistema de poder que se ha ido generando por décadas es un tanto perverso. Está pensando para premiar no a los más capacitados ni a los mejores, sino a aquellos que tienen más años de militancia o dirigencia, o que se han mantenido más cercanos a quienes mandan internamente en cada una de las colectividades políticas. Por eso, quizá lo mejor para poder elevar el nivel y atraer a las jerarquías públicas a quienes realmente estén más capacitados para ejercerlas sea necesario hacer algunos cambios en las reglas de juego.

    Es lógico que los cargos electivos sean destinados a los que sean capaces de juntar la mayor cantidad de votos. Lo que eligen los ciudadanos son representantes y esos necesariamente tienen que salir de las urnas. Así ocurre con el presidente, el vicepresidente y los senadores y diputados, al igual con los intendentes y los ediles. Allí manda la política proselitista, y también los partidos. Esto esta fuera de discusión y no hay nada o casi nada que modificar al respecto.

    El que necesita cambios importantes es el segundo nivel, el que ocupan los gobernantes, tanto del oficialismo como de la oposición, en una administración determinada. Entre ministros, jerarcas educativos, presidentes y directores de entes autónomos, servicios descentralizados y organismo de contralor y todas las autoridades intermedias que existen en esos lugares, son cientos de cargos que se renuevan en cada período y en los que reside gran parte del ejercicio del poder.

    Es ahí donde tendría que haber una reestructura que sirva para hacer más atractiva la convocatoria a los mejores profesionales de cada una de las áreas. La inmensa mayoría de esos lugares terminan ocupados por personas no preparadas, en su mayoría militantes o dirigentes políticos que no cuentan con los votos necesarios para lograr obtener un cargo electivo. Al quedar por el camino, acceden a esa especie de “premios consuelo”, enterrando bien profundo la excelencia en la gestión pública.

    Una de las medidas más importantes podría ser reducir la cantidad de cargos que hoy existen. Lo ideal sería mucho menos personas para ocupar los lugares más elevados de la pirámide de poder y con remuneraciones más altas. Esa es la única forma de atraer a los mejores primero y lograr que se dediquen exclusivamente a su función pública después.

    A medida que va subiendo el nivel de calificación y experiencia de los profesionales, el Estado no paga ni cerca lo que ofrece el sector privado. Por supuesto que hay excepciones, pero en general hay una diferencia grande a favor de lo privado. Por eso, lo primero sería intentar revertir, aunque sea en parte, esa brecha salarial. Porque si a la reducción de ingresos se le suma el desgaste de la exposición pública, es muy difícil que alguien sin pasado político acepte el desafío de sumarse a las jerarquías de un gobierno.

    A su vez, esa adecuación salarial y reducción de la cantidad de cargos debería ir acompañada de mayores controles y penalizaciones a los que ejercen la comandancia pública. Algunos jerarcas del Estado manejan presupuestos de millones de dólares día tras día, y eso tendría que estar acompañado por un nivel de ingresos acorde y por férreos controles al manejo de los dineros públicos. Esto no quiere decir que hoy no existan esos controles, pero habría que mejorarlos y aplicarlos a rajatabla, sin ningún tipo de excepciones.

    Sumado a eso, habría que exigir a cada uno de los responsables de las principales áreas del Estado que presenten metas concretas a cumplir durante sus mandatos y que se comprometan previamente a finalizarlas, salvo alguna razón de fuerza mayor. Hay que profesionalizar lo más posible la gestión pública y evitar que siga siendo una forma de conseguir votos para las elecciones siguientes.

    Todas estas cuestiones son las más importantes. Porque de concretarlas, perderán sentido muchas otras que hoy ocupan la atención y que deberían ser secundarias. Alguien dijo alguna vez que la política es demasiado importante como para dejársela solo a los políticos. Parece una frase acertada y oportuna para los tiempos actuales. Es hora de empezar a aplicarla porque es justamente eso lo que puede hacer la diferencia.

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