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Los protagonistas del aviso son todos modelos jóvenes, adolescentes. Todos son bellos, de aire felino y están vestidos a la moda. Llevan en el rostro un claro gesto de “todo me importa un pito”. Todos se mueven lentamente en la pantalla, se recuestan de manera indiferente en los muebles, miran de forma casi despectiva la cámara. Pero el aviso no es de ropa, perfume o calzado. Es de apuestas deportivas.
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Corte y suena una suerte de rap medio reggaetón. Los modelos del comercial son todos jóvenes también, pero la acción es callejera, alguna ciudad de Perú, seguramente, ya que el aviso pertenece a la pauta publicitaria de ese país. No es un aviso de motos, comida o ropa, aunque todo eso sale profusamente en la pantalla. Es un aviso de apuestas deportivas, otra vez. Son los avisos que salen durante los eventos deportivos, en el horario en que estos son emitidos. Pero no venden solo apuestas. Hacen algo más, las asocian con un estilo de vida adolescente, uno en donde los jóvenes miran con aburrimiento al mundo adulto y muestran su independencia. Un mundo en el que toman decisiones propias, sin consultar con esos adultos embolados y embolantes. Un mundo donde toman decisiones cool, como la de apostar.
Miramos un partido con Mauro, quien, como siempre, lo hace con un ojo en la televisión y otro en la pantalla del celular. “No juegan tan bien, no llegan ni al 30% de posesión”, comenta. “¿Y eso qué importa? Van ganando 1 a 0”, contesto. “La estadística dice que los cuadros que no tienen la mayor parte de la posesión suelen perder”. “Bueno, pero si en vez de mirar las estadísticas miraras el partido, verías que los pocos contragolpes que hacen son más peligrosos que la posesión del otro cuadro”. Esto fue hace un tiempo. Después Mauro dejó de mirar los partidos y ahora solo busca los resultados en los sitios de estadísticas.
A los 16 años, más que el juego a Mauro le importan los números que se ofrecen alrededor del juego. ¿Y quiénes son los que ofrecen esas estadísticas que parecen ser más importantes que el propio deporte? Las casas de apuestas deportivas online, of course. Fue como si en Mauro se hubiera instalado de a poco la sensación de que conociendo las estadísticas era más fácil predecir el resultado del partido y eso terminara desplazando el placer de mirar el deporte en sí. Una sensación que en todo momento fue profusamente promovida por quienes lucran con generarla, sobre todo entre los más jóvenes. Las casas de apuestas.
Hago una búsqueda sencilla de tres palabras en Google: “apuestas deportivas adolescentes” y mi pantalla se llena de artículos de prensa y preocupados textos gubernamentales que hablan de tomar medidas y de hacer algo. Constato que el asunto fue tomado por la prensa uruguaya hace unos meses, en plena campaña electoral. Y que, sin embargo, no parece haber tenido demasiado eco dentro de las campañas partidarias. Será que, como siempre, andan más atentas a los gritos de los distintos lobbies que a los problemas que, como sociedad, se nos vienen encima. O, también puede ser que, simplemente, no entienden la velocidad de lo que está ocurriendo, como ya les pasa con, por ejemplo, la conexión entre el mundo del trabajo y la tecnología.
Quien sí entiende la magnitud del problema es la doctora Susana Jiménez, coordinadora de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Bellvitge, en Barcelona, quien en una entrevista reciente comentaba que en su unidad, “un 23-24% de pacientes jóvenes tienen como problema principal la adicción a las apuestas deportivas”. La doctora Jiménez, referente en España en el ámbito de las adicciones, señala que, según sus estudios, un 12,4% se inician en esta adicción siendo menores, aunque reconoce que otros trabajos elevan este porcentaje hasta el 35%.
En la entrevista, Jiménez señala algo clave: “Todos los juegos de apuesta tienen un potencial de riesgo. En el caso de las apuestas deportivas se suma que muchos jóvenes y adolescentes piensan que es una actividad saludable relacionada con el deporte”. Se trata, afirma, de jóvenes “muy aficionados y con conocimiento del deporte, aspecto que les impide ver que se trata de una actividad de riesgo”. En un artículo firmado por la doctora Jiménez y su colaborador, el doctor Ignacio Lucas, apuntan que “la popularidad de los juegos en línea ha surgido como un problema relativamente reciente y representa un reto social y de salud pública (…). Las personas que juegan en línea pueden apostar desde cualquier lugar, 24 horas, siete días a la semana y prácticamente sin ningún control, puesto que algunos mecanismos efectivos para el juego presencial no lo son para el juego en línea, que se da en un contexto de más aislamiento”.
Más cerca de nosotros, en Argentina, la psicóloga Débora Blanca señala que el problema se viene extendiendo a toda velocidad entre los menores de edad, pese a que, supuestamente, estos no pueden apostar. “El 80% de los pibes de Argentina apuesta en sitios ilegales, ni siquiera les piden un DNI, para jugar no tienen que hacer ningún esfuerzo. Lo único que les piden que transfieran dinero desde una billetera virtual y empiezan a apostar. Y si en un par de días el joven no apostó, vía whatsapp, se encargan de recordarle que lo extrañan, le regalan un bono para que vuelva y juegue con menos plata o por más tiempo”, comentó en su visita a Montevideo en julio de este mismo año. Plena campaña electoral, vale recordarlo.
Algo parecido me comenta al pasar Martín, que tiene 17 años y asiste a un liceo privado de Montevideo: “Un montón de amigos están recontrametidos en las apuestas. Uno llegó a vender la mochila en 300 pesos para poder seguir apostando. Estaba desesperado”. Y eso pese a que en Uruguay las apuestas están prohibidas por ley. Sin embargo, basta con ingresar a la web de una casa de apuestas que opere en un país donde apostar sea legal y listo. Nadie va a fiscalizar la edad del apostador.
Peor aún, viendo una oportunidad de negocio en los jóvenes streamers que se filman jugando o apostando, las casas de apuestas globales crearon la plataforma Kick, desde la que ahora se emiten esos bien pagados streamings, que alientan sin límites las apuestas entre los más jóvenes. Entrando en Kick se puede ver que la tercera categoría más popular entre los streamings es la de apuestas. ¿Cómo combatir un problema que no conoce fronteras usando las herramientas que tiene el Estado nación, acotadas al territorio propio? Un buen comienzo, incluso con aquellos problemas que quizá no se puedan resolver, es asumir que existen. Como en tantos otros asuntos, en Uruguay el tratamiento del tema parece estar quedando en agua de borrajas.
Quizá se deba en parte a que el sistema político uruguayo lo integra una mayoría de gente con edades que están muy lejos de la adolescencia y, por lo tanto, le cuesta entender lo que se avecina o, incluso, lo que ya llegó. Y quizá por eso el proyecto que pretendía comenzar a regular el tema está trabado en la Cámara de Diputados. De yapa, los menores de 18 todavía no votan, así que ¿por qué apurarse? Será por eso que, parece decir nuestro sistema político con su morosidad e indolencia habituales, aquí no hay nada de qué preocuparse.