Veamos ahora uno por uno qué nos dicen por separado.
Inflación. Milei ya puede decir que bajó su ritmo a la mitad. El año pasado terminó con una tasa anual de 211,3% —impulsada en el final de 2023 por el salto en el tipo de cambio que el gobierno actual convalidó y la administración anterior había manipulado reprimiendo inflación en medio de un proceso electoral que tenía a Sergio Massa como ministro de Economía y candidato presidencial a la vez—.
Según la última encuesta del Banco Central, el relevamiento de expectativas de mercado entre los bancos y estudios económicos del centro financiero de Buenos Aires arroja que la inflación finalizaría en 123,6% este año y para el año próximo en 40,9%. Este 40,9% se trata de un promedio, donde hay optimistas que ven la inflación de 2025 a 20% (el gobierno la ve en 18% y los más pesismistas, en 60%). Pero cualquiera sea el caso, termine el próximo año la Argentina con inflación en 20% o 60%, sería un paso adelante y un retorno a las puertas de una estabilización más duradera.
Banco Central. En los últimos años, la autoridad monetaria había emitido deuda a mansalva para con ese instrumento retirar pesos del mercado y evitar que la inflación siguiera subiendo. Lebac, Leliq, Pases, etc., todos términos difícilísimos de entender que no sirvieron para frenar la inflación y que dejaron al Banco Central con un balance quebrado.
Milei llegó y decidió reemplazar todos estos instrumentos por títulos que en vez de estar en manos del Banco Central son del Tesoro. Un cambio de manos de los que Caputo sabe que no impide que la deuda en la Argentina siga creciendo, pero que resulta un puntapié no menor para la normalización monetaria.
Rebote. Hace cuatro meses que los salarios suben por encima de la inflación, aunque en el promedio están por debajo desde que asumió Milei, producto de que el salto inflacionario del 25% de diciembre aún no fue compensado. En julio subieron los salarios de los trabajadores privados, públicos e informales en promedio 6% mensual cuando la tasa de inflación fue 4%.
En el caso de los privados “casi ya recuperaron la caída desde noviembre”, aunque los empleos públicos están 17% debajo de noviembre y los informales, 10% real abajo.
En cuanto a la actividad económica el nivel promedio se encuentra en una escala similar a la que había en noviembre pasado, aunque —como siempre pasa en economía— hay sectores que registran una recuperación fuerte (el campo, por ejemplo) y otros que siguen por debajo y nada indica que recuperarán mucho hacia adelante (la industria y la construcción).
En términos de la política y lo que decíamos de Milei, La Libertad Avanza logra conseguir apoyo para continuar con su agenda de hacer lo posible (¿o imposible?) para conservar el equilibrio fiscal. Lo hizo tanto con las jubilaciones como con la educación. Milei es el presidente de la Argentina que asumió con mayor debilidad en el Congreso y, si bien su figura ha recibido el desgaste en estos meses, logró mantenerse pese a muchos de los pronósticos como el del exsecretario de Medios y dirigente del Partido Justicialista, José Pepe Albistur, que en febrero pasado, sentado en una reposera en una playa, le decía a una cámara mientras comía pochoclos: “Como les dije, compañeros, es tiempo de calma, de reflexión y sobre todo de pochoclo. No nos quedemos sin pochoclos. Esto es Semana Santa, no sabemos si cae en marzo o en abril”. Albistur hablaba de un final anticipado de Milei.
Y por último, el contexto internacional. La Reserva Federal de Estados Unidos (EE.UU.), o sea el Banco Central, empezó un descenso de las tasas de interés del nivel de 5,25%-5,5% a llevarlas por debajo de 5%. Se espera que el próximo mes las vuelva a bajar. La autoridad monetaria de EE.UU. hace esto para evitar que haya un frenazo en la actividad económica de la principal locomotora mundial. Una tasa de interés más baja en Estados Unidos es una buena noticia para el mundo, incluido la Argentina, porque significa más actividad y créditos más baratos a los que eventualmente el país (tanto el Tesoro como las empresas) podrá acceder beneficiándose de esa corrección.
Además, una tasa de interés más baja en EE.UU. hará que muchos fondos se retiren de allí y busquen plazas que ofrezcan mayores rendimientos, aumentando la demanda de otras monedas y disminuyendo la del dólar, algo muy positivo para la Argentina, que se ha vuelto más cara en moneda dura (lo mismo que Uruguay). Un dólar que se debilita a escala global es entonces buena noticia para los países de la región.
“Pasó lo peor”, afirman entonces en el gobierno.
Sin embargo, la desconfianza en la Argentina sigue siendo alta, reconocen los mismos funcionarios que esperan que el riesgo país perfore los 1.000 puntos básicos y se acerque, cuanto antes, a la zona de los 500 puntos para volver a pedir prestado a los mercados. La Argentina el año que viene afronta obligaciones por casi US$ 20.000 millones, según consignó la consultora 1816.
Quizá los motivos de esta resistencia obedezcan a que hay dudas sobre cada uno de estos cinco puntos esgrimidos aquí arriba.
La desinflación se ha detenido o al menos aquel rápido descenso desde diciembre ya no se ve. La tasa lleva cuatro meses en la zona del 4% mensual y para muchos analistas e incluso exfuncionarios no está claro que vaya a descender rápidamente. De vuelta, en el propio gobierno lo admiten cuando dicen que Milei habló de resultados entre 18 y 24 meses, que es lo que lleva en causar efecto el apretón monetario. Pero, según dijo el exministro de Economía Domingo Cavallo, han sido errores de diseño de la política económica del gobierno los que han hecho que la inflación no siga bajando más, por ejemplo, debido al aumento de los salarios y la expansión del crédito al sector privado que han recalentado la demanda.
En materia del Banco Central, no son pocos (incluido el propio Cavallo) los que señalan que faltan definiciones monetarias y cambiarias porque está claro que con controles y no permitir girar utilidades será difícil para la Argentina recibir inversiones y abrir nuevos puestos de trabajo.
La reactivación se demorará. Está claro que la economía ya está rebotando, pero no habrá “pedo de buzo”, como dijo Milei, precisamente porque al no estar corrido el velo sobre la cuestión cambiaria será difícil generar inversiones de envergadura.
Por otro lado, en agosto los datos no han sido los mejores, observándose una caída en la actividad de construcción.
El final de la relación entre Milei y Mauricio Macri está por verse, pese a que todo el tiempo parece estar puesta a prueba. El expresidente le pide una mayor participación en las cuestiones de gobierno, pero el actual presidente le responde con cierto desdén, aunque admite que la mejor estrategia para derrotar al kirchnerismo será vencer en las legislativas del año que viene. Para eso, dice Milei, será clave ir juntos.
Lo más difícil será ver qué pasa con el mundo y cómo afecta a la Argentina. Acá hay dos flancos abiertos y hay uno que puede tener consecuencias sobre el otro y viceversa: los ataques de Israel a Irán y la carrera por la presidencia en Estados Unidos.
El primero podría tener consecuencias impensadas sobre el precio del petróleo si es que finalmente la inteligencia israelí vuela refinerías y pozos petroleros de los iraníes.
¿Soportaría el mundo un nuevo aumento del crudo?
Al segundo punto nos estamos acercando: Kamala Harris o Donald Trump.
Milei apuesta por el republicano. ¿Pero qué pasa si es Harris?
En ese caso no habrá pasado lo peor.