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    Razones para ser optimistas, y no

    Hace más de una década me aventuré a trabajar en el sector de la energía y desde ese entonces he estado mirando tendencias y números de este importante sector de la economía. No siempre es fácil ver el bosque entre tantos indicadores e información disponible y entre tantas lecturas de una misma realidad, pero he aquí un intento. ¿Se viene una transición? ¿A qué velocidad? ¿Cómo evoluciona la inversión? ¿Y el consumo?

    Si miramos la inversión podríamos decir que la transición está en marcha y de manera fuerte. Las últimas estimaciones de inversión, publicadas este mes por la Agencia Internacional de Energía (AIE), muestran que hoy casi dos tercios del total de la inversión global en energía se destina a energías limpias1. Hace unos 10 años era casi mitad y mitad, un poquito más hacia fósiles. Este cambio vino sobre todo del boom en el sector eléctrico. Por ejemplo, en 2023 por primera vez la inversión en generación de fuentes eléctricas renovables, más la inversión en transmisión y distribución (transporte de la electricidad) y el almacenamiento superan la inversión en fuentes fósiles (tanto en la cadena de combustibles como en generación eléctrica a base de fósiles). Dentro de las fuentes de generación, la inversión en solar fotovoltaica en 2023 fue superior a la inversión de todas las otras fuentes de generación juntas (renovables y no), también por primera vez. En segundo plano, el mayor uso de autos eléctricos también pesa sobre el aumento de la inversión en energías limpias2.

    Pero el crecimiento no es igual en todos lados. Los países emergentes y en desarrollo (excluyendo a China) representan casi dos tercios de la población mundial y alrededor de un tercio del Producto Interno Bruto mundial, pero representan solo un 15% de la inversión global en inversiones limpias (notarán los lectores que también es cierto que han contribuido mucho menos al cambio climático que los países desarrollados y China, en gran parte por su baja o tardía industrialización). De hecho, la mayoría del crecimiento de la inversión en energías limpias ha sido proveniente de China —que hoy invierte un monto similar a la Unión Europea y Estados Unidos juntos—, empujado por políticas estatales ambiciosas y un mercado interno fuerte. Dicho eso, no es evidente que China pueda sostener este crecimiento por tantos años. Sea en la instalación de paneles solares, generación eólica o venta de autos eléctricos (y baterías), China ha logrado sorprender al mercado en los últimos años —sobrepasando expectativas en algunos de estos sectores o en todos—, pero es difícil pensar que pueda mantener este alto crecimiento de forma constante.

    Otra gran pregunta actualmente es qué pasará con todas las políticas proteccionistas que están poniendo los países, en especial las economías avanzadas, en respuesta a la dominancia china en la cadena de producción. Hace algunas semanas, por ejemplo, Estados Unidos, alegando prácticas no competitivas, subió las tarifas de importación a los autos eléctricos chinos de 25% a 100%, de 25% a 50% para las células solares (componente clave de los paneles) y de 7,5% a 25% para algunos productos de aluminio y acero. La Unión Europea también subió tarifas a algunos autos eléctricos chinos, aunque menos y por menor tiempo. De todas maneras, estamos en un período más hostil que antes para el comercio global, algo que no es bueno para combatir el cambio climático ni para los consumidores.

    Ahora, si ponemos el lente del lado del consumo, la transición parece menos evidente, o al menos menos veloz. La demanda del petróleo, por ejemplo, un indicador que mide nuestra dependencia de los fósiles, sigue alta. Desde 2017 el consumo de petróleo mundial ronda los 100 millones de barriles por día (mbd) o más (quitando el 2020, que fue excepcional por la pandemia). Entre los expertos hay un gran debate sobre cuándo se dará el “pico de consumo”. La AIE por ejemplo dice que el consumo llegará a su pico histórico en 2029, por encima de 105 mbd. Otras instituciones, como la Organización de Países Exportadores de Petróleo, critican esta estimación diciendo que el pico se dará mucho más tarde o que es incluso incierto, pero lo real es que nadie pronostica una reducción drástica del consumo de fósiles, al menos no en el corto plazo.

    Las emisiones de gases de efecto invernadero, otro indicador clave para el cambio climático, muestran pocos cambios, por no decir ninguno. Las emisiones de dióxido de carbono equivalentes del sector energético llegaron a un récord en 2023, a pesar del boom en inversiones limpias3.

    Hay algunos indicadores en la inversión que podrían estar señalizando cambios en el consumo futuro, pero todavía son pequeñas señales y no 100% claras. Por ejemplo, a escala global la inversión en refinerías se mantuvo constante en 2023 y se espera que baje en 2024. La inversión existente también está más concentrada en China y otros países emergentes y a cargo sobre todo de empresas estatales, que en general tienen menos disciplina financiera. Este dato podría estar señalando que hay empresas que están reaccionando al boom de los autos eléctricos, contrayendo inversión en refinerías que son menos rentables y con más incertidumbre de demanda futura.

    Hoy el mundo también produce mucho más por unidad de energía consumida, lo que en la jerga se conoce como “desacople” entre la producción económica y la energía (y el tipo de energía) que consumimos para producirla. Las economías avanzadas en particular han avanzado enormemente en términos de ganancias de intensidad de emisiones por PBI. Esto es un ejemplo de que se puede crecer y hacerlo de forma más sustentable, aunque lo cierto es que en términos absolutos seguimos aumentando las emisiones.

    Sin embargo, tengo dudas de que el mundo pueda reducir su consumo de fósiles de manera drástica y por tanto reducir significativamente las emisiones absolutas. Un escenario de emisiones netas cero a 2050 —escenario que limita el aumento de las temperaturas a 1,5 grados y que varios países e incluso algunas compañías se han comprometido a emular— implica, por ejemplo, reducir el consumo de petróleo a alrededor de un cuarto del actual en 2050. Es decir, un esfuerzo enorme. Creo que el consumo de fósiles va a bajar en los próximos años, pero cuánto o qué tan rápido son preguntas más difíciles de responder. Bajar incluso un 20% el consumo de petróleo, pasar de unos 100 mbd a 80 mbd, sería un gran desafío para un mundo que hoy todavía depende enormemente del crudo. Mucho penderá de la medida en que la inversión en energías limpias continúe su curso y además sustituya demanda de crudo y otros fósiles. Hay razones para ser optimistas, pero también para no serlo.

    1 Las energías limpias incluyen la generación renovable, nuclear y fósil con captura de carbono. También, toda la inversión en redes, los combustibles de emisiones limpias (como hidrógeno verde) y las inversiones para hacer que la demanda sea más eficiente (como eficiencia en edificios) o más eléctrica (incluye el diferencial de precio entre un auto eléctrico y un auto a combustión interna).

    2 Las cifras de inversión de esta nota provienen del 2024 World Energy Investment Report, del que fui coautora, IEA (International Energy Agency)

    3 CO2 Emissions in 2023 (iea.blob.core.windows.net)

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