• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Sacarse el bigote electoral

    Más personas de las que pensamos recurren a mentiras para avanzar o participan en chismes como una forma de intercambiar información, liberar frustraciones y conectar con sus compañeros de trabajo; sin darnos cuenta, la política está en todas partes

    Columnista de Búsqueda

    El domingo pasado se cerró la primera parte del proceso electoral uruguayo de 2024. Ahora queda la carrera al balotaje entre Yamandú Orsi y Álvaro Delgado de cara al 24 de noviembre próximo. Los analistas políticos afirman que la campaña de este año, en su tramo final, nos ha expuesto a la típica avalancha de publicidad y acusaciones negativas, mensajes divisivos y distorsiones menores que han sido exageradas hasta el extremo.

    Los candidatos ahora tendrán menos de un mes para reafirmarse sobre los resultados de su gestión como políticos y demostrar su capacidad para cumplir promesas y generar cambios. Mostrar resultados pasados resalta la experiencia del candidato en el gobierno y la administración pública, lo que sugiere que está preparado para asumir mayores responsabilidades. Al explicar cómo sus acciones anteriores han beneficiado al país, cada uno de los candidatos podrá articular su visión y propuestas futuras, demostrando cómo planea generar resultados positivos para los uruguayos y para el país en su conjunto. Tanto Orsi como Delgado deberán, no solo enumerar los resultados positivos de su gestión pasada y futura, sino también demostrar o dar fe de que pudieron y podrán hacer lo que prometen.

    Quizás algunos recuerden al candidato del PUT (Partido Unificado de los Trabajadores) que hizo carrera política en el año 1989. Pinchinatti, que no era más que una parodia humorística que se emitía en el famoso programa Decalegrón de Canal 10, llegó a presentar a la población decenas de propuestas absurdas como la de transformar a Uruguay en la “gran oficina pública de América Latina”, facilitando trámites para todo el continente, o usar vehículos oficiales para sustituir los ómnibus durante los paros.

    Para sorpresa de muchos, el candidato comenzó a ganar en popularidad, llegaron a hacerse actos públicos y mucha gente consideraba votarlo en las elecciones nacionales de aquel año. Tanto fue así que, el lunes anterior a las elecciones, todo el elenco de Decalegrón apareció ante las cámaras con rostros serios, y Ricardo Espalter, quien personificaba a Pinchinatti, se quitó su icónico bigote. “Es únicamente un personaje diseñado para entretener y divertirnos en conjunto. Por esta razón, y hasta después de la elección, haremos que Pinchinatti regrese a ser Espalter”, afirmó. Y terminó diciendo: “Para que cada uno pueda ejercer de manera responsable y seria el derecho y la obligación de elegir a nuestros líderes”.

    A diferencia de Orsi o Delgado, Pinchinatti no tuvo un solo logro como político, de hecho, ni siquiera existió como tal. Sin embargo, muchos uruguayos estaban dispuestos a votarlo como presidente del país. Esta oscilación entre lo que se dice, se hace o hará y lo que efectivamente sucede es una de las características más relevantes y atrapantes de la vida política.

    La política nos apasiona. En este año ha sido el tema central en reuniones, cumpleaños, juntadas con amigos, spots de publicidad y programas de radio y televisión. Genera empatía e ilusión en quienes apoyan a su candidato de turno. Los líderes políticos de uno u otro bando habilitan la posibilidad de proyectar el futuro, inspirar nuevas realidades y prometer cambios venideros. Es por eso que Pinchinatti, con su mezcla de humor e irracionalidad en sus promesas, generó ese impacto a fines de los ochenta.

    Las empresas no son ajenas a este escenario. Cualquier organización es, por su propia naturaleza, una entidad política. Esto implica que, para sobrevivir y avanzar en la carrera, no se puede permanecer indiferente a esta realidad. Para afectar positivamente a su propia organización, le guste o no, un ejecutivo debe aprender a involucrarse en este juego. No significa que deba actuar como si fuera el candidato de turno, pero sí necesita encontrar la manera de influir en quienes lo rodean.

    El trabajo implica interactuar con personas, y, aunque a veces nos cueste reconocerlo, estas son seres emocionales con deseos, necesidades, sesgos e inseguridades que a menudo son inconscientes. Las relaciones que establecemos con nuestros colegas, ya sea en colaboración o en competencia por un ascenso, un proyecto deseado o la atención del jefe, pueden ser bastante complejas. No todos son completamente amigos o enemigos; muchas personas se encuentran en un punto intermedio. Además, más personas de las que pensamos recurren a mentiras para avanzar o participan en chismes como una forma de intercambiar información, liberar frustraciones y conectar con sus compañeros de trabajo. Sin darnos cuenta, la política está en todas partes.

    ¿Por qué sucede todo esto? La dura realidad es que las organizaciones funcionan con jerarquías, y la ciencia social revela verdades difíciles sobre la política y las relaciones humanas. Tendemos a hacer juicios rápidos sobre las personas, frecuentemente basados en su apariencia (en el sentido amplio de la palabra), y esta impresión puede perdurar. También tendemos a favorecer a quienes se parecen a nosotros. A menudo, logramos ascensos o accedemos a información valiosa al hacer sentir bien a nuestros jefes y al construir conexiones con personas influyentes. Nuestras impresiones suelen basarse más en la apariencia, el lenguaje corporal y la voz del interlocutor que en el contenido de sus argumentos.

    Hay evidencia sólida que sugiere que nuestras evaluaciones laborales, bonificaciones y promociones están poco relacionadas con el rendimiento real. De hecho, nuestras habilidades políticas se ponen en juego a la hora de demostrar nuestra gestión como líderes o colaboradores y la percepción que tienen de nosotros quienes toman decisiones puede ser incluso más determinante para nuestro éxito que los propios resultados concretos de nuestra labor.

    Nuestras carreras profesionales se basan tanto en lo que hacemos como en mostrar lo que hacemos. A muchas personas les cuesta aceptar y asumir esto. Estamos con la cabeza puesta en la consecución de resultados, entrega de informes y trabajos pendientes. Damos lo mejor de nosotros mismos, pero nos olvidamos de dedicar más tiempo a hablar de nuestros logros, especialmente si eso beneficia nuestro propio interés. Los políticos saben de esto y el tiempo que pasan en una y otra cosa está totalmente invertido (sobre todo en año electoral).

    ¿Por qué pasa esto? En primer lugar, queremos pensar que el mundo es un lugar justo y que “el tiempo nos dará la razón”. Esa afirmación, tantas veces repetida, nos resulta reconfortante. Nos cuesta entender que las relaciones políticas también están instaladas en nuestras oficinas y ambientes de trabajo porque, si jugamos ese papel, podemos ser vistos como alguien que se autopromociona o que ascendió gracias a sus amistades.

    Mucha de la literatura sobre liderazgo alimenta la creencia del “mundo justo”. Con la intención de dejar un impacto positivo, un alto porcentaje de líderes que conozco tienden a expresar sus historias de éxito a través de una perspectiva idealizada, omitiendo cómo navegaron políticamente sus trayectorias para alcanzar ese éxito. Utilizar la emoción, el enfoque o las relaciones para influir en otros puede parecer desleal, aunque existen estudios probados que demuestran que estas estrategias pueden implementarse de manera ética y efectiva.

    No estoy sugiriendo que debamos actuar de manera maquiavélica. Cada uno de nosotros decide si desea avanzar en las organizaciones, el camino que elige y si los resultados justifican los métodos utilizados. No obstante, entiendo que, para construir una carrera profesional, como en la política, es fundamental dedicar más tiempo a gestionar lo que se hace y lo que se dice sobre lo que se hace.

    Pinchinatti creó hasta su propio jingle para generar esa imagen de autenticidad que se instaló en las mentes de miles de uruguayos. La famosa pieza musical decía así: “Pinchinatti también tiene madre, Pinchinatti también tiene fe, Pinchinatti es un hijo de pueblo, Pinchinatti crece, yo lo votaré”.

    No se trata de construir jingles ni tener spots publicitarios, pero sí tenemos que estar preparados para hablar sobre nuestros desafíos, objetivos y logros.

    Herminia Ibarra, en su libro Act Like a Leader, Think Like a Leader, resalta la importancia de experimentar con diferentes estilos y comportamientos de liderazgo para poder desarrollarnos, advirtiendo que aferrarse a la autenticidad en blanco y negro como único estandarte puede ser simplemente una excusa para mantenernos en nuestra zona de confort. Ir y venir desde los hechos al relato. De los resultados reales a la historia que hay detrás de ellos. De lo que hicimos para estar ahí a lo que contamos sobre ese trayecto. Y ese es un camino difícil.

    Así como los líderes políticos exitosos lideran a sus países con visión a largo plazo y compromiso hacia el bienestar común (o eso prometen, como Pinchinatti), los líderes empresariales deben actuar dentro de sus organizaciones con un sentido claro de propósito y responsabilidad, sin perder de vista de que la clave está en convencer, muchas veces a través del “relato”.

    Hay que saber cuándo ponerse o sacarse el bigote, porque, de hecho, liderar a menudo puede resultar incómodo.

    // Leer el objeto desde localStorage