• Cotizaciones
    jueves 11 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    Una economía bipolar

    Hay dos frases que resumen bien el actual momento de la Argentina. Al menos en economía. Una es de un viejo economista conocido, Rudiger Dornbusch, quien solía decir a la hora de referirse a las crisis que “las cosas suceden más tarde de lo que uno piensa, pero cuando llegan pasan más rápido de lo que se cree”. La otra frase viene de lo que Antonio Cafiero admitió alguna vez sobre el peronismo: “Los peronistas hemos dado para todo”. Bueno, la economía argentina es eso mismo: da para todo y seguirá siendo igual.

    La fórmula del momento es simple: Dornbusch + Cafiero = las cosas en economía tardan en suceder pero una vez que ocurren se dan de repente y la Argentina sigue dando para todo.

    Veamos.

    A mediados de junio el presidente Javier Milei parecía estar en su mejor momento. Hoy ya no. Y la incertidumbre subyace ahí.

    Tres semanas atrás, y en el lapso de 24 horas, el gobierno había anunciado la renovación del swap chino, la aprobación de la “ley bases”, el viaje del presidente al G7, la confirmación de una gira de Milei a China (el mandatario confirma en privado que viajará, aunque explica que llevará tiempo organizar la visita), la caída del riesgo país, alejándose de los 1.500 puntos básicos para volver a acercarse a la zona de los 1.200 puntos (que había alcanzado en abril y no pudo perforar en mayo), la aprobación del FMI de un desembolso de US$ 800 millones y, por último, pero quizá lo más saliente, el nivel de inflación más bajo desde enero de 2022: 4,2% en mayo.

    Analizemos uno por uno cada elemento.

    El apoyo financiero del swap chino y del FMI parecían ser suficientes para reforzar las reservas en un mes en el que el Banco Central no logró acumular divisas por primera vez en la era Milei y enfrenta vencimientos con los organismos y los tenedores de bonos. Entonces, la ayuda china y de Washington permitían pensar en la probabilidad de que en algún momento del segundo semestre la conducción económica brindara más certezas sobre qué esquema cambiario-monetario definitivo adoptaría la Argentina.

    También fueron positivos en aquel momento los viajes del presidente al G7 y el anuncio de ir a China. Ambas agendas se identificaban más con la labor de un jefe de Estado que con la de un participante entusiasta en foros militantes como sucedió con los viajes de Milei a congresos afines a ideas conservadoras en Estados Unidos y España.

    Acaso los contactos que el presidente mantuvo con las principales potencias económicas del mundo en el G7, incluyendo el principal comprador de la Argentina, China, demostraron que el pragmatismo le ganó al dogmatismo una vez más en la gestión Milei. Xi Xinping, el líder chino, podría visitar la región en noviembre, justo para las elecciones en Estados Unidos, cuando la Cumbre de Asia-Pacífico ocurra en Perú, país que, dicho sea de paso, apuesta a transformarse en el hub de China en la región, según contó esta semana The Wall Street Journal: un megapuerto en el Pacífico está construyéndose para conectar a China con la región. Perú ya no se trata solo de una economía con competencia de moneda como pretende Milei, sino también de buenas relaciones con Washington y Beijing a la vez. ¿Qué de todo esto Milei no quisiera lograr o conseguir en su gestión? Financiamiento, obras y buena agenda con Estados Unidos y China.

    Por último, la tasa de inflación. Es indudable que su nivel bajó mucho más rápido de lo que los economistas privados estimaron meses atrás. Se esperaba que acumulara una tasa de 100% en diciembre-febrero y finalmente fue casi la mitad.

    El error que los economistas cometieron fue quizá no ver que la dinámica política que había envuelto al país en el segundo semestre no se daría en 2024. Un año atrás, los dos candidatos principales a presidente en la Argentina, Milei y Sergio Massa, hacían todo lo posible para configurar una corrida contra el peso alimentando la demanda de dólares y aumentando la presión sobre los precios.

    Milei hablaba de dolarizar, eliminar el cepo de un día para el otro y cerrar el Banco Central. ¿Qué hizo el público? Salió corriendo a comprar dólares y esperar sentado arriba del colchón. Por su parte, Massa, que era ministro de Economía y candidato, no paró de tomar medidas para inyectar pesos en los bolsillos de las personas y alentar el consumo, algo que en la Argentina se conoce como “plan platita”. Para colmo, después de las elecciones primarias, Massa devaluó el peso. “Devaluamos un año tarde y mal”, confesó días atrás el número dos de Massa por aquel entonces, el economista Gabriel Rubinstein.

    En ese contexto las expectativas de inflación se dispararon y se esperaba para este año una tasa de 213%. Hubo economistas que hablaron de casi 500%. Las empresas y los comercios remarcaron sus márgenes de beneficio, estableciendo un criterio por cobertura en caso de que llegara la hiperinflación.

    Nada de eso sucedió al final. Hoy el promedio de las expectativas está en 127%, la mitad de la inflación esperada a principios de año.

    ¿Por qué bajó tanto? Aquellos que esperaban una tasa más alta de inflación subestimaron la magnitud del ajuste fiscal que el gobierno implementó, pensaron que sería necesario un nuevo salto cambiario para no atrasar el tipo de cambio y que Milei aflojaría el cepo. Además, el presidente archivó el proyecto de dolarizar y cerrar el Banco Central.

    La consecuencia de la política del gobierno fue el derrumbe de la actividad económica, algo que hizo que la inflación se desplomara y el Poder Ejecutivo mostrara un resultado exitoso en ese frente.

    En las últimas semanas aparecieron dudas sobre el frente cambiario en la Argentina. El FMI prestó la plata que correspondía pero en un informe que publicó días atrás manifestó dudas sobre la viabilidad de seguir ajustando el déficit y señaló que el país debe avanzar en el desarme de los controles cambiarios si pretende crecer y firmar un nuevo acuerdo. Pero el ministro de Economía argentino, Luis Caputo, dijo que la salida del cepo quedará para “otra etapa” y el mercado lo tomó mal porque lo que quiere ver son certezas de cuándo se levantarán las trabas.

    Desde mediados de mayo se observa un deterioro de las variables financieras en la Argentina, algo que contrasta con los meses previos:

    — La brecha cambiaria, que al 13 de mayo estaba en 20%, hoy se ubica en 50%.

    — El riesgo país pasó de 1.100 puntos básicos a fines de abril a más de 1.500.

    — Los bonos acumulan caídas de entre 12% y 20%, mientras que las acciones bancarias cayeron 25% en dólares.

    En este contexto, hasta los economistas afines al gobierno, como Fausto Spotorno, asesor del presidente, o José Luis Espert, diputado y uno de los hombres más cercanos a Milei, advirtieron que el mercado ha expresado sus dudas.

    El ajuste de Milei no terminó. El punto de partida económico y político del actual presidente es de mayor debilidad que el de Mauricio Macri en 2015 y por lo tanto más desafiante. La economía aún ni siquiera llegó al lugar desde el cuál un equipo económico puede decir “acá arranca un plan de estabilización”. Faltan muchas correcciones por delante que hacer y el mercado se pregunta sobre quizá la más importante de todas ellas: ¿el precio del dólar no necesita un nuevo salto?