—¿Qué evaluación hace de este año para el agro uruguayo?
—El año empezó con una sequía muy profunda y como consecuencia hubo un invierno muy difícil para la ganadería por la falta de pasturas, lo que provocó mortandad de ganado y afectó el estado de los vacunos. El engorde de ganado funcionó muy bien y los frigoríficos absorvieron todos los animales gordos que salieron de los corrales. La cosecha de soja fue un desastre y las pérdidas fueron multimillonarias en la agricultura, pero increíblemente en los cultivos de invierno (trigo, cebada y colza) se está dando una cosecha espectacular con rendimientos de más de 4.000 kilos por hectárea. Eso es el agro, en una diferencia de tres meses se pasa de estar mal a estar muy bien. Ahora la ganadería está pasando un buen momento climático, aunque en el norte del país los campos están un poco más secos. El ganado recuperó su estado corporal.
La vaca parida está con problemas para volver a preñar, pero el estado en general de los vacunos mejoró notablemente.
—Más allá de los costos internos y problemas puntuales, como el de la falta de distribución de combustibles de los últimos días, ¿qué posición tiene la Federación Rural respecto a las políticas públicas específicas para el sector agropecuario?
—No sé si Uruguay tiene una política agropecuaria. Más bien me parece que no la tiene. Una política agropecuaria debería trascender los gobiernos y tendría que tener el objetivo de lograr que el agro sea competitivo. Durante años y décadas Uruguay perdió competitividad y solamente lo logró cuando los precios internacionales de los productos agropecuarios fueron excepcionales o hubo algún salto en el valor del dólar.
El país debería estar adaptado a la agropecuaria, porque es su base económica y sería como ocurre en Australia o Nueva Zelanda, que cuando ven que su producción pierde competitividad adoptan medidas para revertir esa situación, como rebajas de tarifas de servicios o de los impuestos.
—Desde que asumió el primer gobierno en 2005, el Frente Amplio definió una política agropecuaria que prioriza a los pequeños y medianos productores con un perfil de agricultor familiar. ¿Qué opina de los resultados de esa gestión?
—Creo que no han tenido mucho éxito, porque lamentablemente se han perdido 12.000 productores, de los cuales el 80% eran chicos, porque eran de menos de 100 hectáreas. No ha tenido éxito, no va por ahí la cosa, entonces hay que dar las condiciones para que el productor, ya sea de 100 hectáreas o de 1.000 hectáreas, pueda producir.
Lo ideal es tener una política agropecuaria que no haga diferencias en cuanto a establecer reglas claras para trabajar.
—En el Ministerio de Ganadería sostienen que hay una tendencia mundial a la reducción de productores rurales y la concentración, que no es un fenómeno exclusivo de Uruguay. ¿Qué opina de eso?
—No puedo negar que algo de eso hay, pero lo cierto es que Uruguay es un país que está carísimo. Y es caro tanto para un productor chico como para un ciudadano que vive de un sueldo. Ahí está la base del problema. Es muy difícil vivir con un campo chico en la ganadería. Un ganadero precisa cerca de 650 hectáreas para cubrir los gastos mensuales de una canasta básica familiar, entonces cómo hace para subsistir ese productor con 100 hectáreas. Cuando el sector ovino era fuerte y el negocio de la lana era bueno, había productores de menos de 100 hectáreas que vivían de eso, lo mismo que cuando la lechería era rentable. Pero cuando el productor lechero empieza a perder plata durante cuatro o cinco años, se le complica la vida y principalmente a los más chicos.
—Dentro del renglón de los productores familiares justamente la administración frenteamplista priorizó a los tamberos y a los productores de ovinos.
—Si los quieren priorizar, que empiecen por bajarles los costos en todo sentido, que combatan el abigeato. En estos días algunos directivos de la FR estuvimos en Rocha y pequeños productores de esa zona nos comentaron que de un rodeo de 150 ovejas habían robado 60 y a otro que tenía 70 vacunos le habían robado 24.
Si quieren ayudar a esos productores que son los que están en situación más vulnerable, entonces que se empiece por solucionar los problemas de fondo. En ese sentido no se avanzó demasiado.
—¿Cuáles son los principales desafíos para el agro uruguayo en 2019?
—Falta un año y tres meses para que termine el actual período de gobierno. Vemos un gobierno totalmente inactivo para tomar medidas y resolver problemas. Es un año electoral que tiene sus complicaciones.
En lo productivo esperemos que el clima acompañe al agro, que fue lo que no ocurrió en el verano pasado. Ojalá que tengamos una buena cosecha de soja. Acá salimos adelante trabajando y produciendo.
Pero este gobierno, como el que venga, tendrá que encarar reformas de fondo, porque el modelo que ha adoptado el Frente Amplio está totalmente desgastado. El modelo de déficit fiscal y endeudamiento alto, de gastos enormes del Estado está agotado. Que la clase política en general se ponga a pensar en cómo hacemos para hacer un país más productivo y competitivo, sano en las finanzas y en las relaciones laborales.
Como uruguayos tenemos que anhelar que a todos nos vaya bien.
Pero en realidad es difícil pensar en cómo hacemos para pasar el año que viene con todos los problemas que hay en la lechería, en el cultivo de arroz y en la ganadería. Hay un gran desfinanciamiento y hay productores que se vienen financiando con los consignatarios de ganado obteniendo adelantos y en el menor de los casos lo hacen con los bancos. Hay una gran iliquidez en el sector agropecuario.
—Considerando los problemas de la lechería, la producción arrocera y otros, ¿cree que habrá un ajuste en el agro local, con cada vez menos productores y más empresas grandes?
—El ajuste se está dando ya, lo estamos viviendo, es una realidad. Todos los productores están ajustando las cuentas y eso hace que si un empleado se jubila entonces no se toma a otro. Se ve la cantidad de gente desempleada, y en el interior eso se está viendo mucho. Eso genera otros problemas, porque la gente cuando no tiene trabajo a veces sale a hacer cosas que no debe. Es lamentable.
Y sin duda, está relacionado con el aumento de los casos de abigeato. En el interior, cuando se incrementa el desempleo entonces hay más robo de ganado.Recuerdo en 2001 y 2002 era impresionante el abigeato, la faena clandestina y la caza furtiva. No digo que hoy esté pasando eso, pero cada vez se está pareciendo más a eso. El país necesita trabajo y desarrollo y para eso se precisa inversión, lo que requiere de gente entusiasmada, porque es un buen negocio. Y eso no está pasando en Uruguay, no hay un buen ánimo de inversión, por la realidad que estamos viviendo.
—¿Hay casos de productores que están vendiendo su campo para pagar deudas o porque piensan dejar la actividad?
—Creo que no. Hay algunos productores que de repente están endeudados y venden algún ganado para pagar esas deudas y arrendar el campo. Eso se ve continuamente. Pero el vender el campo por problemas económicos profundos hasta ahora, no. Hay un endeudamiento alto en el campo uruguayo y en los últimos dos o tres años no crecieron las deudas porque el productor no quiso tomar más créditos, lo que hace es reducir la inversión y la cantidad de empleados para no tener que ir a pedir a los bancos.
—¿Hubo una retirada de los bancos del sector agropecuario y ya no es frecuente que les golpeen las puertas a los productores rurales?
—Eso es verdad y no es una buena política. No me gusta generalizar. Hay algunos bancos que han seguido apoyando al sector y a los productores por más que tengan dificultades. Pero hay otros que han pegado la retirada. Sucede normalmente en Uruguay que cuando la situación del agro se complica, entonces los bancos se retiran.