Parece lógico que si un joven estuvo preso en cárcel de adultos, no debería volver a un centro de menores. Todos sabemos que en las cárceles uruguayas la rehabilitación es una utopía, y que, con todo lo que pueda aprender allí alguien que ya cometió delitos de homicidio, lejos está de la vuelta a convivir con otros adolescentes