“Esto fue una primera conversación”, señaló Cosse a la prensa al salir de la reunión, en la que también se abordó la posibilidad de cooperación en materia de ciberseguridad entre la tecnológica y el Estado uruguayo.
Por parte de Google participaron Royal Hansen, vicepresidente de Ingeniería de Privacidad, Seguridad y Protección; Jorge Blanco, directivo de Google Cloud para Latinoamérica; Eleonora Rabinovich, directora de Asuntos Gubernamentales y Política Pública para América Latina hispanohablante, y Tamar Colodenco, gerenta de Relaciones con Gobierno y Políticas Públicas para el Cono Sur.
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Orsi y Cosse reunidos con los representantes de Google en Torre Ejecutiva, 26 de agosto de 2025.
Presidencia
Google adapta su centro de datos ante “riesgo hídrico”
Google lleva trabajando en el parque de las Ciencias desde fines del año pasado, con miras a poner en funcionamiento el centro de datos de Canelones en enero de 2027. Desde el inicio, la empresa diseñó el proyecto pensando en su magnitud y complejidad tecnológica. A medida que avanzaron las obras, debió adaptar su estrategia hídrica y cumplir con normas ambientales, supervisadas por el Ministerio de Ambiente (MA), para minimizar el impacto de la operación de esta instalación de alta demanda de energía y recursos.
Inicialmente, el proyecto de la compañía tecnológica en el parque de las Ciencias preveía un sistema de refrigeración con un alto consumo de agua. Los centros de datos generan gran cantidad de calor porque miles de servidores operan de manera continua, y para evitar daños en los procesadores es indispensable un enfriamiento constante.
En su primera propuesta ante el MA, la compañía planteó instalar un mecanismo de enfriamiento evaporativo: el agua potable circularía por torres de refrigeración y se evaporaría para disipar el calor de los servidores. De acuerdo con documentos de la cartera obtenidos por el investigador Marcelo Peña mediante una acción legal —y publicados en la diaria y Brecha—, Google proyectaba utilizar 7,6 millones de litros de agua potable al año, que se consumirían y evaporarían sin retorno al sistema público.
La divulgación de estos datos, en medio de la crisis hídrica que atravesó Uruguay en 2023, provocó una polémica en el ámbito político y social. Finalmente, la compañía ajustó el proyecto y optó por un sistema de refrigeración con aire, que elimina el consumo intensivo de agua. En su último informe de sostenibilidad ambiental, publicado a fines de junio, Google clasificó la zona de Canelones donde construye su centro de datos como de “alto riesgo hídrico” dentro de su propio marco de evaluación sobre disponibilidad de agua.
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Construcción del centro de datos de Google en el parque de la Ciencias de Canelones.
Mauricio Zina / adhocFOTOS
Desafío energético
Los centros de datos requieren electricidad tanto para la infraestructura general como para los servidores que alojan la inteligencia artificial (IA), que dependen de procesadores especializados, como las GPU (unidades de procesamiento gráfico), que consumen mucha más energía que los chips convencionales. Cuantos más chips se concentran en un rack —la estructura que agrupa servidores—, mayor es la potencia requerida; y cuantos más racks de alto rendimiento se instalan, más energía demanda el centro de datos en su conjunto.
Google estima que el centro de datos en Canelones consumirá alrededor de 560 GWh al año “una vez que alcance su máxima capacidad”, equivalente a la energía que utilizan más de 200.000 hogares uruguayos con tarifa residencial simple, según cálculos de la diaria. Además, la compañía podrá emplear hasta 64 megavatios de potencia simultánea tras la aprobación de UTE para ampliar la capacidad contratada, informó El País. Se trata de la cantidad máxima de electricidad que puede usar en un mismo momento para mantener servidores, sistemas de refrigeración e infraestructura funcionando las 24 horas del día.
La ampliación de la potencia también implicará nuevas obras en el predio de 30 hectáreas. Este alto nivel de demanda energética responde a la magnitud del proyecto: Google invirtió más de US$ 850 millones en la construcción de su centro en Uruguay. El complejo está diseñado para gestionar grandes volúmenes de información y ofrecer servicios en la nube que requieren recursos computacionales de gran escala.
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Centro de datos de Google en Canelones.
Mauricio Zina / adhocFOTOS
El desempeño energético del centro se mide mediante el índice PUE (Power Usage Effectiveness), que compara la energía total consumida por el centro de datos con la utilizada exclusivamente por los equipos informáticos. Un PUE ideal sería 1, lo que indicaría que toda la energía se destina a los servidores, sin pérdidas en sistemas de enfriamiento, iluminación u otros servicios auxiliares. Para el centro de Canelones, Google estima que el PUE se mantendrá con un promedio anual de entre 1,12 y 1,35, según consta en el informe final del MA que autorizó la obra.
Aunque la empresa reemplazó el sistema de refrigeración por aire para reducir el consumo intensivo de agua, el proyecto la seguirá utilizando de forma limitada para circuitos auxiliares de enfriamiento. “El sistema de ciclo cerrado consiste en la circulación de agua de enfriamiento y está conformado por tuberías de distribución dentro del centro de datos, bombas e intercambiadores de calor. Esta agua absorbe el calor del ambiente generado por los servidores disminuyendo así la temperatura del centro de datos”, explicó el MA. Según el ministerio, el centro de datos demandará unos 48.100 litros de agua por día de la red de agua potable de OSE.
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Un trabajador privado controla los accesos a la obra de construcción del centro de datos de Google.
Mauricio Zina / adhocFOTOS
En los informes de desempeño ambiental que exigirá el ministerio, “se verificará que el consumo de agua se mantenga dentro de los límites aprobados en la Autorización Ambiental Previa y que la huella energética cumpla con los estándares establecidos”. Además, a solicitud de la secretaría, Google presentó el aval de UTE de que la demanda eléctrica del centro no afectará la calidad ni la continuidad del suministro eléctrico para los vecinos y otras actividades del área, informó el MA a Búsqueda tras una solicitud de información pública.
Estas medidas forman parte del marco de supervisión que el MA establece para el proyecto, que incluye monitoreo y control operativo: el centro “deberá presentar informes de desempeño ambiental” y estará sujeto a inspecciones periódicas. Antes de iniciar operaciones, Google deberá obtener una Autorización Ambiental de Operación, que detallará los programas de seguimiento de ruido, calidad del aire, emisiones, gestión de residuos y eficiencia energética. El organismo indicó a Búsqueda que, dado que “más del 90% de la generación eléctrica anual en Uruguay es de fuentes renovables, (…) no es esperable que las emisiones de CO2 asociadas al funcionamiento del centro de datos sean significativas”.
Impacto ambiental de la IA
En paralelo, Google ha comenzado a transparentar el impacto ambiental de sus operaciones de IA. Por primera vez en la industria, Google Cloud presentó la semana pasada un marco de medición del consumo de energía, las emisiones de carbono y el uso de agua de sus operaciones a escala global.
Según la compañía, “un mensaje de texto promedio enviado a través de Gemini Apps consume apenas 0,24 vatios-hora (Wh) de energía, emite 0,03 gramos de dióxido de carbono equivalente (gCOe) y utiliza 0,26 mililitros de agua —aproximadamente cinco gotas—”, cifras “significativamente menores que muchas estimaciones públicas”. La compañía agrega que, desde el punto de vista energético, “el impacto de cada mensaje equivale a ver televisión menos de nueve segundos”.
Además, Google señala que sus sistemas de IA “se están volviendo más eficientes gracias a innovaciones en investigación, optimización de software y mejoras en el hardware”. En un período reciente de 12 meses, “la energía y la huella de carbono asociadas a una consulta de texto promedio de Gemini Apps se redujeron 33 y 44 veces, respectivamente, sin comprometer la calidad de las respuestas”.
La empresa añade que “estos resultados se basan en las últimas reducciones de emisiones energéticas en centros de datos y en el trabajo para impulsar la reposición de agua y energía sin carbono”.