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    Atrapados sin salida: sobre la tercera temporada de la serie ‘The White Lotus’, en HBO

    El creador, Mike White, decidió estudiar la identidad como prisión de sus acaudalados personajes

    En su reciente libro de ensayos Un millón de cuartos propios, donde dialoga con Virginia Woolf, la escritora argentina Tamara Tenenbaum reflexiona sobre el acto de viajar. Señala que los viajes con los que Woolf soñaba —aquellos de sus escritores admirados— tenían un espíritu exploratorio ausente en las “experiencias de consumo” actuales. Hoy, dice Tenenbaum, viajar se reduce a recorrer lugares cuyas imágenes ya conocemos y a depender del teléfono, que además de guiarnos nos ata sin descanso a los contactos dejados atrás. El verdadero asombro, sugiere, ya no está en lo geográfico sino en la voracidad de lo digital.

    La autora va más allá: cuestiona si viajar en la era de la hiperconexión no es más que un ritual de ansiedades modernas. ¿Cómo sostener la emoción de lo desconocido cuando hasta el último rincón del mundo está cartografiado en pantallas? Incluso la fascinación por una ciudad ajena —esa que Woolf asociaba a la libertad— se convierte, en palabras de Tenenbaum, en “un simulacro de descubrimiento”.

    Esas inquietudes sobre la pérdida del asombro y la superficialidad de las experiencias de consumo pueden percibirse en la tercera temporada de la celebrada serie de HBO, The White Lotus. La ficción antológica de sátira social suele seguir las vivencias de un grupo de huéspedes adinerados que se alojan durante una semana en un exclusivo resort de la cadena White Lotus.

    Cada temporada se desarrolla en un destino diferente. La primera fue en Hawái. La segunda, en Sicilia. La tercera, en Tailandia; se estrenó el 16 de febrero de 2025 y su octavo episodio final se transmitió el 6 de abril. Antes de su estreno, HBO renovó la serie para una cuarta temporada.

    The White Lotus, creada por Mike White —el escritor, director y productor ejecutivo de cada episodio—, se convirtió en el título número 1 a escala global de la plataforma Max cada semana durante su tercera temporada. Antes de este éxito, White trabajó como guionista en las series juveniles Dawson‘s Creek, Freaks and Geeks y hasta en la película Escuela de Rock, la clásica comedia de Richard Linklater.

    Esta serie sobre el lujo despreocupado nació en un mundo paralizado: durante la pandemia del Covid-19, cuando HBO se enfrentaba con cierta escasez de sus producciones por la interrupción de rodajes. Como White conocía varios hoteles prácticamente abandonados por las restricciones sanitarias, así surgió la idea de filmar una ficción en uno de ellos.

    The White Lotus disfruta de la sátira de sus protagonistas principales: los ricos y privilegiados occidentales que, en destinos exóticos, apenas logran salir de sus burbujas. Gracias a la astuta e incómoda escritura de Mike White, que convierte a estos privilegiados en personajes complejos, llenos de deseos y secretos, la serie explota muy bien las fricciones interpersonales, los oscuros matices de la naturaleza humana y otras problemáticas de la identidad y el sufrimiento.

    Como principal anzuelo, cada temporada propone un misterio inverso al de Agatha Christie: se revela una muerte desde el inicio para luego desentrañar los eventos que llevaron a ella. Hay humor negro, suspenso y momentos eróticos en entornos paradisíacos, cuya promesa de relajación resulta tan inquietante como entretenida.

    En un inicio, White quería filmar la tercera temporada en Japón, pero HBO sugirió Tailandia. Durante un viaje para explorar locaciones, el creador enfermó gravemente de bronquitis y fue hospitalizado. Recibió tratamiento con un nebulizador y pasó dos noches sin dormir. Fue en ese estado de delirio cuando la trama de la tercera temporada se materializó en su mente.

    Embed - THE WHITE LOTUS Temporada 3 Trailer SUBTITULADO [HD] Lisa, Walton Goggins

    Tomando ideas del budismo como su tema principal y enfocándose en cómo la propia identidad puede ser la causa del sufrimiento, la tercera entrega muestra cómo las relaciones entre las personas a menudo se basan en un intercambio que cruza las diferencias de género, raza, cultura y, sobre todo, las de dinero o clase social. Según White, los personajes de esta temporada están “todos sufriendo de alguna manera, como si estuvieran muertos, pero no lo saben”, lo que se relaciona con la idea budista del dolor inherente a la existencia.

    Desde el principio, en el primer episodio, un monje dice que “la identidad es una prisión”. Los “prisioneros” en Tailandia son Rick Hatchett (Walton Goggins), un hombre rudo y resentido, y su novia Chelsea (Aimee Lou Wood, la sorpresa de la temporada), en un romance fatídico y conmovedor. Por el hotel también anda Timothy Ratliff (Jason Isaacs), un empresario cuya identidad se desmorona junto con su imperio financiero, hundido por manejos ilegales. Viaja con su familia: Victoria (Parker Posey), perdida en una nube de narcóticos automedicados; su hija Piper (Sarah Catherine Hook), que busca en el budismo un escape a su entorno familiar; y su hijo Saxon (Patrick Schwarzenegger), un embustero como pocos. Junto con ellos está el hermano menor, Lochlan (Sam Neill), cuya inseguridad lo lleva a buscar la aprobación —y algo más— de sus hermanos.

    Al White Lotus llega también el trío de amigas Kate (Leslie Bibb), Laurie (Carrie Coon) y Jaclyn (Michelle Monaghan), que enfrentan tensiones en un viaje de reencuentro cargado de resentimientos. Belinda (Natasha Rothwell), empleada de White Lotus Hawaii, regresa de la primera temporada, mientras que los empleados Mook (Lalisa Manobal) y Gaitok (Tayme Thapthimthong) protagonizan un romance bastante soporífero.

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    La tercera temporada fue filmada en Tailandia

    La tercera temporada fue filmada en Tailandia

    Si bien la profundidad de los personajes siempre ha sido un sello distintivo de la serie, en esta temporada algunos arcos se sintieron menos convincentes. Personajes como Mook y Gaitok, por ejemplo, evolucionaron de manera forzada. El desenlace, por su parte, recurrió a elementos de tragedia griega y ecos shakespearianos, con muertes y revelaciones impactantes, pero no más que eso. La intención de Mike White fue clara, pero el episodio final dejó la sensación de que faltaron piezas: resoluciones apresuradas y tramas sin el desarrollo más satisfactorio.

    Esta falta de cierre narrativo refleja, de forma irónica, el mismo estancamiento que define a los personajes. Atrapados en sus identidades como prisioneros, representan las contradicciones que Tamara Tenenbaum analiza en Un millón de cuartos propios: viajan físicamente, pero psicológicamente permanecen anclados en sus teléfonos y obsesiones. La serie explora con agudeza esta paradoja: mientras acumulan millas aéreas y noches en resorts de lujo, no logran escapar de sí mismos.

    The White Lotus sabe que, como espectadores, coleccionamos estas historias como quien acumula puntos en un programa de viajero frecuente. El año que viene habrá otra temporada, otro destino, pero en esencia el mismo viaje circular. Quizás esa sea la verdadera prisión que nadie logra abandonar: la ilusión de que cambiar de lugar equivale a transformarse.

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