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    Bésame mucho: Luca Guadagnino y Daniel Craig emprenden en 'Queer' un viaje alucinante por México

    El director de Desafiantes lleva una novela de William Burroughs al cine en su segunda película de 2024

    Luca Guadagnino no teme reinventarse con cada nueva película. Con Desafiantes, su drama deportivo de este año, exploró el tenis como un escenario de tensiones sexuales y pasiones contenidas. El cineasta italiano transformó un escenario deportivo en un romance competitivo y estilizado, cargado de sensualidad, donde el deporte funcionaba como metáfora del deseo.

    Con Queer, su estreno más reciente en cines uruguayos, aquel torrente de energía visual y sonora toma una forma casi inversa. La fascinación por el cuerpo, la identidad y el propósito, y un vaivén de dinámicas románticas se ven captadas desde una nueva tensión, más introspectiva, melancólica, pero igual de excesiva. Y es que Guadagnino ha decidido adaptar arriesgadamente una obra de culto: una novela inacabada del escritor estadounidense William S. Burroughs.

    Queer es una novela semiautobiográfica de Burroughs publicada en 1985, pero escrita a principios de la década de 1950. Es una secuela de su novela anterior, Junkie, y permaneció inédita durante décadas debido a su contenido, considerado controvertido en la época en la que fue concebida. Guadagnino leyó la novela por primera vez a sus 17 años, un período que recuerda como formativo y en el que estaba descubriendo su propia identidad sexual. Tres cosas lo impactaron de la novela del escritor detrás de El almuerzo al desnudo: su franqueza sobre el amor homoerótico, su lenguaje único y su poder imaginativo.

    Guadagnino siempre soñó con llevar Queer a la pantalla y puede agradecerles al productor Lorenzo Mieli, su colaborador de muchos años, y a Raffaella de Angelis, quien logró obtener los derechos. Al observar a Justin Kuritzkes trabajar durante el armado de Desafiantes, el director se dio cuenta de que había encontrado en él al guionista perfecto para Queer. Sentir cierta afinidad intelectual y artística hizo que el cineasta le pidiera adaptar la novela de Burroughs. Kuritzkes, por su parte, quiso honrar su nuevo vínculo profesional y decidió escribir un guion específicamente para Guadagngino, tomando en cuenta su pasado con la obra del autor estadounidense.

    La escritura de Burroughs, muchas veces exótica e indomable, presentaba desafíos para su adaptación al cine. Queer, además, es una obra relativamente breve, lo que implicó la necesidad de expandir su historia más allá de lo concebido por su creador. Kuritzkes decidió mantener su estructura episódica, con saltos temporales y cambios de escenario, e intentó concebir las situaciones que pudieran reemplazar la inmersión que el libro hace en los pensamientos y emociones de un personaje principal complejo y perdido en sus adicciones y en su lujuria.

    Ese hombre es William Lee, un escritor y expatriado estadounidense interpretado de manera memorable por Daniel Craig, quien año a año logra, con éxito, aliviar la carga que sus años como James Bond le dejaron como actor.

    Lee, un alter ego de Burroughs, encuentra en la Ciudad de México de los años 50 un refugio confuso. Sumido en un mar de drogas, se entrega a la bohemia mexicana para escapar de la homofobia que lo oprime en su país natal. Rodeado de otros como él, Lee se encuentra perdido en un laberinto de placeres fugaces. Detrás de la fachada de desenfreno hay, sin embargo, un hombre atormentado por la soledad. Mientras se entrega a sus vicios, Lee se debate entre la euforia efímera y la melancolía profunda, buscando en cada encuentro una conexión que lo salve del vacío que se va construyendo en su interior. Eso es, hasta que aparece Allerton.

    Eugene Allerton es un joven misterioso interpretado por Drew Starkey, quien se convierte, rápidamente, en el objeto de un deseo casi que obsesivo por parte de Lee. Allerton es un miembro de la Marina, la disciplina y la contención le resultan fáciles, más aún en comparación con la caótica existencia de Lee, a quien verá por primera y fugazmente en la calle. Mientras el escritor quiere hacer todo para entregarse abiertamente a un amor apasionado y desbordante, Allerton prefiere mantener cierta distancia emocional. Y esto a Lee lo vuelve loco.

    Guadagnino indaga en la relación entre ambos como si de una danza constante entre el deseo y la repulsión se tratase. Allerton, a pesar de identificarse como queer, una y otra vez juega con los límites de la atracción, provoca a Lee con miradas furtivas y gestos ambiguos. Sus encuentros, cargados de tensión sexual, oscilan entre momentos de intensa intimidad y episodios de fría indiferencia. Esta ambivalencia, lejos de disuadir a Lee, lo arrastra aún más al abismo de Allerton.

    La figura del marino se vuelve cada vez más compleja a medida que avanza la película. Sus silencios enigmáticos y su pasado oculto justifican, quizás, el muro que parece haber construido alrededor de su corazón. Por su parte Lee, consumido por su obsesión, se aferra a cualquier señal de reciprocidad. Su deseo se transforma en una necesidad enfermiza y sus decisiones se van volviendo más autodestructivas de lo que ya eran. A medida que se adentra en este romance, los límites entre la realidad y la fantasía se desdibujan. Con Lee cuestionando su propia percepción de Allerton y de la relación que los une, Guadagnino va dejando entrar, lentamente, lo irreal. A medida que la relación se intensifica, la realidad se distorsiona, al igual que el entorno en el que se desarrolla.

    Embed - Queer, de Luca Guadagnino | Tráiler VOSE | Estreno en cines el 1 de enero de 2025

    La incapacidad de interactuar genuinamente en un mundo represivo que castiga la diferencia se conecta con la decisión de Luca Guadagnino de filmar Queer en Cinecittà, históricos estudios de cine en Roma, donde construye una versión artificial de la Ciudad de México. El equipo de producción, liderado por el diseñador debutante Stefano Baisi, elaboró sets que recrean los escenarios de la película, incluso para una escena de un viaje a la selva amazónica, que se filmó en un montículo de tierra en el terreno de Cinecittà utilizando plantas similares a las que se encontrarían en ese lugar y efectos visuales para completar el ambiente.

    Este escenario inunda la película de una sensación de irrealidad; una artificialidad que evoca la época dorada de Hollywood y refuerza la idea de que Lee y Allerton viven en un mundo efímero, que no está destinado a durar para siempre. Para el director, su versión de Ciudad de México funciona como una proyección de los deseos reprimidos de Lee, un espacio donde sus obsesiones pueden finalmente manifestarse.

    Guadagnino quería un actor icónico para el papel de Burroughs y se sintió atraído por la capacidad de Craig de ser a la vez sutil y universal en sus actuaciones. Lejos de su habitual imagen de galán, Craig se entrega por completo a un personaje vulnerable y conflictuado, al borde de la vergüenza propia y ajena en cualquier momento. Su interpretación, llena de matices y sin temor, construye la fragilidad y el patetismo de Lee, un hombre desgarrado por sus propias contradicciones. Al igual que el Arthur de Josh O’Connor en La quimera, su desesperación se manifiesta en su deterioro físico, simbolizado por su traje de lino cada vez más andrajoso que refleja el desgaste de su ser.

    Con una duración original de tres horas y media, reducida a poco más de dos, Queer logra transmitir una intensa sensación de incomodidad, desasosiego y profunda melancolía que envuelve a cada uno de sus personajes. Guadagnino construye una suerte de rutina monótona para el protagonista. Cada visita al bar se convierte en un ritual repetitivo que acentúa el tedio de los primeros capítulos. Antes de que sus personajes emprendan un viaje al sur de Latinoamérica en busca de una conexión perdida a través de la ayahuasca, Queer se presenta como una película que desafía la comodidad del espectador. Su ritmo pausado, casi estático, contrasta con la complejidad de sus personajes y la riqueza de su narrativa, y conduce a un desenlace más satisfactorio que el de su predecesora, Desafiantes.

    La película termina llevando al espectador hacia un abismo emocional del que cuesta emerger tras los créditos finales. Permanece una sensación de vacío que cala hondo, como la desolación que habita en sus personajes, atrapados en una espiral autodestructiva. Guadagnino nos obliga a confrontar las consecuencias devastadoras de la incapacidad de sentirse conectado con el otro y con uno mismo.

    Con un año de dos estrenos, el director ya tiene preparado sus nuevos proyectos. Recientemente terminó de ensamblar su nueva película, After the Hunt, con Julia Roberts, sobre una profesora universitaria que se ve envuelta en un escándalo cuando uno de sus alumnos acusa a otro profesor de comportamiento inadecuado. A su vez, ya anunció que realizará una nueva adaptación de American Psycho, la novela de Bret Easton Ellis llevada al cine por Mary Harron y protagonizada por Christian Bale. En un mundo hostil, Guadagnino hace de la provocación su oficio.

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