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    Cerró el cine Life 21, conocido como el Casablanca, con casi 80 años de historia en Punta Carretas

    El cierre del histórico local obedeció a limitaciones del inmueble y no a un declive del negocio, según la empresa Life Cinemas, que confía en captar a su público habitual y defiende la vigencia de las salas frente al streaming

    El domingo 12 de julio, cuando terminó la última función de las vacaciones de invierno, el cine Casablanca fue clausurado. La sala, que operaba con el nombre Life 21 dentro de la cadena homónima, cerró sus puertas en la esquina de 21 de Setiembre y Ellauri, en el barrio Punta Carretas. El cierre se conoció públicamente el pasado lunes, cuando lo informó Telemundo.

    En un comunicado oficial compartido con la prensa, la empresa explicó los motivos: “Nuestro tradicional cine Casablanca, Life 21, con historia desde 1947, cerrará sus puertas como sala de cine. Distintas variables, entre ellas de carácter de infraestructura, nos llevan a tomar esta decisión. El inmueble tendrá un nuevo destino. Se trata de una decisión puntual sobre esta sala. Life continúa consolidando la operación de sus otros cuatro complejos y desarrollando nuevos proyectos”.

    Daniel Vergara, gerente de marketing y vocero de Life Cinemas, precisó luego a Búsqueda cuáles fueron esas variables y detalló que el factor determinante, por encima de cualquier otra consideración, fue el estado del edificio. “Para tener un cine con la calidad, la tecnología y la comodidad que se requieren, la estructura del edificio donde estaba ubicado no estaba dada”, dijo.

    El contrato de alquiler entre la empresa y el propietario llegó a su fin y, tras evaluar las condiciones del local, la empresa entendió que no podía hacer las mejoras que la sala necesitaba para actualizarse. Según lo trascendido, el edificio presentaba, entre otros detalles, problemas de humedad en el subsuelo, fallas recurrentes en los sistemas de aire acondicionado y desgastes visibles en las pantallas y en la calidad de la proyección.

    Vergara también desmintió que el cierre respondiera a una caída en la venta de entradas. Según dijo, el cine en Uruguay atraviesa “uno de sus mejores momentos históricos”, con números que ya se comparan con los de 2018 y 2019, y aseguró que la pandemia es un tema “más que superado” e “irrelevante” para la industria.

    Para argumentar sobre esa vitalidad comercial, Vergara puso como ejemplo incluso a sus competidores. Recordó que la cadena Movie planea abrir nuevas salas en el futuro Aventura Shopping, en Sayago, y que su propia empresa abrió el complejo de Tres Cruces después de la pandemia, en noviembre de 2021, reabrió y remodeló en 2024 sus salas en Punta Shopping tras el incendio del centro comercial, e hizo una reforma reciente en Costa Urbana. “Si una empresa está abriendo una sala nueva, claramente no es porque el cine esté en un mal momento o el cine se esté muriendo”, argumentó.

    Al respecto de lo que significa el cierre, Vergara fue conciso: “Obviamente nos duele y nos da tristeza que tengamos que salir de ese cine, además, un cine con un público muy fiel”.

    Pero el golpe, explicó, tiene un alivio parcial. Life 21 y el Cultural Alfabeta, en Pocitos, funcionaban a la par dentro de la cadena, con una programación volcada al cine de arte y a las películas nominadas a premios y, según los cálculos de la empresa, entre el 80% y el 90% de quienes iban al 21 también iban a Alfabeta. La empresa espera que ese público migre, aunque asume que perderá alrededor de un 10%, porque quien vivía a la vuelta del 21 no querrá moverse hasta Pocitos.

    Sobre el destino del subsuelo, Vergara dijo que no tiene versión oficial. El espacio quedaría vinculado al Club Domus, el gimnasio que funciona en el mismo edificio. Consultada la institución, desde su canal de atención a socios respondieron que no están en proceso de expansión y que, según su información, los locales se reacondicionan para alquilarlos a nuevos comercios, aunque aclararon no contar con más detalles.

    Fachada del cine Life 21 en 2020.

    Fachada del cine Life 21 en 2020.

    Para miles y de corrido

    El Casablanca original y el Life 21 ocuparon el mismo terreno, pero no fueron el mismo cine. El primero abrió en 1947 y fue demolido en julio de 1997 para levantar una torre residencial de 10 plantas que incorporó tres microcines en su planta baja y el subsuelo. Abrieron en 2000 con una capacidad total de 438 butacas repartidas en tres salas bautizadas con nombres apropiados para la ocasión: Marilyn Monroe (205 asientos), James Dean (138) y Humphrey Bogart (105). Ninguna de esas salas formaba parte del primer Casablanca.

    El cine original abrió en agosto de 1947 con 1.253 localidades. El dato lo recogió el periodista y crítico Osvaldo Saratsola en su libro Función completa, por favor (Trilce, 2005), en el que sistematizó un relevamiento exhaustivo del parque edilicio cinematográfico de Montevideo a lo largo de un siglo de historia.

    A mediados de los años 50 Montevideo registraba más de 19 millones de espectadores anuales, un promedio cercano a las 23 entradas por habitante al año, y una sala de esas dimensiones tenía con qué llenarse.

    El libro de Saratsola documenta también el contexto empresarial de la época. Saudec (Sociedad Anónima Uruguaya de Exhibidores Cinematográficos) era una empresa que desde los años 40 se propuso desafiar el dominio de Glücksmann, la firma que hasta entonces controlaba el circuito barrial de Montevideo. La inauguración del Casablanca en agosto de 1947 fue para Saudec un paso decisivo en ese avance.

    Los detalles que anotó Saratsola ilustran la escala del proyecto. Desde la vereda, siete puertas dobles daban acceso a un hall principal de unos 106 metros cuadrados con un gran balcón interior que dominaba la sala y acentuaba la sensación de amplitud. La distribución de las butacas seguía una lógica clara: la platea baja tenía 752 asientos en 23 filas; el sector superior, 245 butacas en el tramo preferencial y 256 en la tertulia. Todo el conjunto contaba con aire acondicionado General Electric, pisos de parquet, cuatro baños y dos boleterías. Los acabados no escatimaban en refinamiento, con cortinados de La Ópera, butacas pulman de Nicolás Amerícola y luminarias art déco.

    Lo que pasaba adentro tenía una liturgia propia que el crítico Álvaro Sanjurjo Toucon reconstruyó en su libro La vida proyectada (Ediciones del Cuartito, 2013). Los fines de semana, los cines de barrio ofrecían “matiné”, la función de la tarde con tres películas; “vermut”, una sola, la más nueva, al atardecer; y “noche”. La matiné juntaba tres largometrajes, dos viejos o de clase B y uno de estreno reciente, mientras que el vermut era la última de la tarde. Casi todos los que iban a la matiné compraban también el vermut con un único ticket, la función completa, la misma que le dio título al libro de Saratsola. Cuatro películas seguidas, de la una de la tarde a las ocho de la noche.

    En los testimonios de vecinos que circulan hoy en redes sociales sobre el Casablanca aparecen ecos de aquellas tardes de cuatro películas. Una vecina apunta que en aquellas tandas dominicales lo que menos importaba era la película. El Casablanca aparece en esos relatos como el punto donde se cruzaban los alumnos de la Escuela Grecia y la Escuela Francia con los del Colegio Marista y el Latino durante las vacaciones de julio, y la salida se completaba con la merienda en Chez Piñeiro o en el Bar Añón, donde hoy funciona un McDonald’s.

    A futuro

    El 14 de setiembre de 1978 el Casablanca estrenó El Hombre Araña, la película de E. W. Swackhamer con Nicholas Hammond en el traje, que llegó a Montevideo en simultáneo con el Ambassador. Una fotografía de aquellos días muestra la marquesina con el título en letras enormes y a un actor disfrazado de Spider-Man posando en la vereda de 21 de Setiembre.

    Cuarenta y ocho años más tarde, tres semanas después de que esa misma sala cerrara, el personaje batió el récord histórico de la taquilla mundial. Según informó la publicación Variety el 2 de agosto, las salas de cine de Estados Unidos lograron un récord histórico al recaudar US$ 430 millones en un solo fin de semana sumando todas las películas en cartelera. Superaron la marca colectiva de US$ 402 millones fijada durante el estreno de Avengers: Endgame en 2019. Aunque esta cifra refleja únicamente la taquilla estadounidense, el analista Paul Dergarabedian lo calificó como un hito inalcanzable para la industria en general, impulsado por el impacto global de estrenos como Spider-Man: un nuevo día y La odisea.

    El impacto de esos estrenos, sin embargo, contrasta con los datos relevados por el Observatorio de la Agencia del Cine y Audiovisual sobre el comportamiento del público uruguayo. En 2024 las salas vendieron poco más de 2,1 millones de entradas, un 30% menos que antes de la pandemia, cuando el país sostenía unos 3 millones de asistentes anuales. El informe señalaba por ese entonces que no se observaban señales claras de un retorno a esas cifras, y sugería que la pandemia y el ascenso de las plataformas de streaming habían acelerado un proceso ya en marcha en la industria.

    Desde la exhibición comercial, Vergara ofrece otra lectura más reciente. La pandemia, insiste, ya no es un factor relevante para la industria, y señaló que las comparaciones con esos años no deberían usarse para medir la salud del negocio.

    Lo que cambió, según su visión, es el tipo de producto que se vende. La estrategia pasó a concentrarse en lo que llama “magnificar la experiencia”, hacer que ir al cine se sienta distinto a ver una película en cualquier otro lugar. En esa línea señaló la apertura de salas 4D con efectos físicos, la sala vip que Life inauguró en Punta Shopping, la renovación de proyectores y sonido, y una apuesta al merchandising, que según los datos que maneja la empresa creció entre un 60% y un 70% en el mundo. Su competidora Movie también invirtió en el formato y abrió su primera sala vip en Montevideo Shopping en mayo de 2025, y en marzo de 2026 sumó una segunda en Portones Shopping.

    Otro ejemplo claro del fenómeno son los baldes y los vasos coleccionables vinculados a los grandes estrenos. Para Spider-Man: un nuevo día se lanzaron en cines uruguayos figuras que funcionaban como recipientes para comer y beber. Según informó The New York Times, la cadena AMC estima que este tipo de productos le generarán US$ 100 millones en 2026, el doble de lo recaudado en 2023. El diario consigna que muchos compradores encargan los recipientes vacíos por correo sin interés en el pop, y compara estos objetos con las remeras de las giras musicales.

    Para Vergara, todos esos cambios apuntan a una misma idea: el cine dejó de ser un producto y se convirtió en una experiencia. Y, en ese marco, sostiene que la discusión sobre el streaming está mal planteada. Su argumento es una comparación de precios. Por unos US$ 10 mensuales una plataforma ofrece cientos de títulos para toda la familia, mientras que por un monto similar el cine ofrece una película para una persona. “Esa comparación de precios es irracional”, dijo, “y lo que demuestra es que la gente sigue valorando la experiencia del cine”.