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    El último Quino: el documental ‘Quinografía’ busca al hombre detrás de Mafalda a través de material inédito

    La película de Mariano Donoso y Federico Cardone navega con ternura por el archivo personal del genial dibujante, que incluye una conmovedora entrevista inédita, pero su estructura y su ritmo impiden una mirada más certera

    Las pesadillas burocráticas y los absurdos políticos que Quino supo retratar con lucidez han terminado por instalarse. En este mundo, la vigencia del dibujante y humorista argentino Joaquín Salvador Lavado (1932-2020) se vuelve un poco incómoda. Ya no es solo el padre de Mafalda, esa niña que se convirtió en la conciencia lúcida de generaciones, sino el autor de un manual de instrucciones para descifrar el mismo globo terráqueo que su personaje cuestionaba con entrañable intensidad.

    Quinografía, una película de Mariano Donoso y Federico Cardone, estrenada en Cinemateca y Life Alfabeta, llega bajo ese panorama con una misión sencilla y compleja a la vez: contar “la vida y los sueños del autor de Mafalda”. Para ello, anuncia de entrada su tesoro mejor guardado: una grabación inédita con el autor, presentada como lo que bien pudo ser su última entrevista. El Quino que aparece en pantalla, con sus lentes de marco grueso y una sonrisa serena, está perdiendo la vista, pero conserva intacta la inteligencia e ironía que definieron su trazo.

    El documental avanza con una ternura respetuosa, casi reverencial, a través de los pilares que definieron su vida. La travesía comienza en su infancia mendocina, marcada por la figura inspiradora de su tío publicitario, quien motivaría su incursión en el dibujo, y continúa con la épica personal de viajar a Buenos Aires para tocar las puertas de todas las revistas con una carpeta de bocetos bajo el brazo.

    El relato también aborda luego la explosión que no fue solo de Mafalda, sino del propio Quino, cuando esa niña de pelo negro con forma esférica se convirtió en el espejo de una época. La película reserva, además, un lugar central para su círculo íntimo. Hay colegas, amigos y también fanáticos o conocedores de su obra. Es en una breve exploración de su relación con Alicia Colombo donde el documental encuentra un corazón inesperado. Lo poco que conoceremos sobre su compañera de vida, aquella que, como apunta el músico Joan Manuel Serrat en una aparición más bien testimonial, “puso cierto orden” en su cosmos, basta para afirmar que merecía más tiempo de metraje.

    Conscientes de que la voz del propio Quino es el mejor guion, los directores se adentran sin mucho preámbulo en su archivo personal y allí encuentran una de sus líneas narrativas más gratificantes: las ilustraciones. La cámara permite ver de cerca los dibujos originales de Quino, con bocetos en lápiz que delatan dudas y correcciones y su meticuloso entintado; así como montañas de hojas y fotografías que funcionan a la vez como diario íntimo y crónica del siglo XX. Con ellos, la película comienza a proponer el retrato de un artista que prefería hablar a través de sus personajes.

    Cuando los directores entablan un diálogo melancólico entre el Quino de la entrevista inédita y las imágenes de archivo del pasado, creando un puente temporal de una emotividad innegable, la película logra transmitir la chispa deseada. Es en esos momentos donde Quinografía alcanza su mayor encanto, cuando deja que sea el propio Quino quien hile su biografía con esa mezcla de humor y profundidad que caracterizó su obra.

    Sin embargo, es precisamente en su estructura donde el documental también presenta sus limitaciones y adopta un ritmo que parece, por momentos, distraído. La decisión de fragmentar la entrevista crucial para intercalarla con una multitud de testimonios de relevancia variada termina por diluir la fuerza del material principal. En su intento de abarcar una dimensión global de su legado, el relato se va convirtiendo en un collage que a veces pierde el foco y se muestra más interesado en el diálogo de sus invitados que en la potencia narrativa del dibujo en sí mismo.

    Se intenta cubrir demasiado terreno —la infancia, el exilio durante la dictadura argentina, la consagración internacional y la vida privada del artista—, y el resultado es un repaso general y bienintencionado, pero que no siempre profundiza en el hombre. La falta de una columna vertebral más audaz se hace visible en ciertos pasajes, como cuando una voz en off anuncia, mientras se revisa el archivo, que la idea de la película se va armando sobre la marcha, una sensación de proceso inacabado que se traslada inevitablemente al espectador.

    Embed - QUINOGRAFÍA | Tráiler en español - Estreno cines 19/06/2025

    Uno no puede evitar preguntarse cómo habría sido una aproximación más arriesgada, una que se sumergiera en la mente del creador a través de la animación de sus borradores o de una estructura que emulara el ritmo y la inteligencia de sus propias tiras. Quinografía prefiere la seguridad del formato clásico del documental de archivo, y, si bien lo ejecuta con corrección y con un amor evidente por su sujeto, deja la sensación de una oportunidad desaprovechada para crear una obra con la misma genialidad y contundencia que los trazos que celebra. Es como si el respeto por el maestro hubiera inhibido la posibilidad de un lenguaje cinematográfico a su altura.

    A pesar de estas salvedades, la calidez humana de Quino logra sostener el interés en el relato y hasta conmover. El momento del exilio, por ejemplo, adquiere una intensidad especial cuando reconstruye esos años difíciles, recordándonos que detrás del humorista global latía un hombre profundamente afectado por las heridas de su país. Y es aquí donde la película captura la esencia de un artista que, como pocos, supo bucear en el alma humana con una mezcla de ternura y lucidez excepcionales. Su mirada, siempre atenta a las injusticias y reacia a la crueldad gratuita, construyó un universo donde el humor nacía de la observación empática antes que del sarcasmo fácil.

    Aquella decisión de no repetirse, de abandonar a Mafalda en su cúspide para explorar nuevos territorios en sus “chistes poéticos”, habla de una integridad creativa absoluta, de un autor que se negaba a convertirse en prisionero de su propio éxito. En pantalla, su humildad resulta auténtica y hasta algo desconcertante. Ese hombre que dibujaba como los grandes maestros pintaban, que retrataba no solo el mundo visible, sino también los pliegues más secretos de la mente humana, se mostraba incapaz de teorizar sobre su propio genio.

    Y el remate de la película, sublime en su sencillez, le pertenece por completo. Al preguntarle cómo le gustaría que lo recordaran, hace una pausa, piensa y, con una honestidad que desarma cualquier pretensión de grandilocuencia, responde: “No sé... no sé”.

    Quinografía tal vez no logre capturar la enormidad de su legado en una forma fílmica perfecta, pero en su intento honesto y cálido se acerca a un homenaje auténtico. Recuerda, sobre todo, la sensibilidad y la lucidez de un artista cuyo trabajo se mantiene, en estos tiempos inciertos, como un refugio de cordura. El documental consigue que volvamos a sus páginas con una mezcla de nostalgia y urgencia, comprendiendo que el verdadero legado de Quino está en esa capacidad de sus viñetas para seguir interpelando con las mismas preguntas, y sonrisas, con las que fueron dibujadas.

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