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    El universo de Jorge Luis Borges y 20 escritores hispanohablantes en ‘Primera enciclopedia de Tlön’

    La editorial española Páginas de Espuma convocó a escritores menores de 40 años de diferentes países hispanohablantes para inventar entradas de una enciclopedia imposible a partir del mundo imaginario de Tlön, creado por Borges

    Colaborador en la sección de Cultura

    En 1940, Jorge Luis Borges publicó un cuento que es un mundo: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, un estimulante desafío intelectual sobre los alcances de la imaginación humana, una indagación filosófica y metafísica sobre el lenguaje, las verdades absolutas, las narrativas dominantes y los esponjosos límites entre realidad y ficción.

    El cuento parte de una idea fascinante: la existencia de una enciclopedia fraguada por una sociedad secreta, la Orbis Tertius, que describe un planeta imaginario, Tlön, donde la realidad es percepción. Entre otras particularidades, en Tlön existen los hrönir, objetos duplicados o recreados por la expectativa mental, que también pueden ser más reales que los originales (hay hrönir de diferentes grados), la metafísica es una rama de la literatura fantástica (los metafísicos no buscan la verdad, sino el asombro) y los lenguajes que se hablan en las diferentes naciones del planeta no tienen sustantivos.

    El crítico Harold Bloom apuntaba que este cuento, que se enfoca en el tomo XI de la enciclopedia, es una meditación sobre cómo las construcciones humanas —mitos, sistemas filosóficos, ficciones— pueden adquirir una fuerza ontológica capaz de rivalizar con la realidad. El conocimiento no es un reflejo del mundo, es una creación que, si está lo suficientemente bien elaborada y es lo suficientemente persuasiva, puede imponerse a ese mundo. La meticulosa construcción llevada a cabo por la elite de Orbis Tertius permite que el imaginario Tlön sea tan preciso y convincente que incluso puede influir en la realidad de la Tierra.

    tlon__uqbar__orbis_Borges.jpg

    De hecho, está sucediendo. La editorial Páginas de Espuma se encargó de convertir este libro imaginario en algo tangible. El cuento de Borges es deliberadamente vago acerca de muchos detalles de Tlön, así que la editorial convocó a 20 escritores de países de habla hispana —uno por cada país—, todos menores de 40 años, y les dio libertad para inventar entradas para el tomo de esa enciclopedia imposible.

    La coordinación de esta hermosa demencia estuvo a cargo del escritor y editor mexicano Jorge Volpi, autor de En busca de Klingsor y Una novela criminal, entre otras. El resultado es un objeto muy curioso, un ovni literario que se presenta como el facsímil de “la primera traducción al castellano del volumen onceno, Hlaer a Jangr, de la Primera enciclopedia de Tlön (A First Encyclopaedia of Tlön, vol XI)”, según se expone, a título de advertencia, en un anexo al cuerpo de la obra.

    No es la primera vez que se hace algo así. Aunque posiblemente es la primera vez que se hace de este modo. Ya existen publicaciones que materializan libros ficticios: las ediciones del Necronomicon, creadas a partir de la mitología proyectada por H. P. Lovecraft, el Codex Seraphinianus, de Luigi Serafini, una enciclopedia ilustrada de un mundo imaginario escrita en un idioma imaginario, o la novela El ciudadano ilustre, de la criatura de ficción Daniel Mantovani, escritor argentino ganador del Nobel de literatura, según la película El ciudadano ilustre que, justamente, se basaría en esa novela. Inclusive existe una Segunda enciclopedia de Tlön, firmada por el escritor chileno Sergio Meier: sin emular el formato de una enciclopedia, también se atreve a poner en la biblioteca un libro que supuestamente no existe.

    Lo que desmarca a esta Primera enciclopedia de Tlön es su factura, el diseño enciclopédico, la presencia de 20 autores hispanohablantes y la conexión directa con el universo planteado por Borges hace más de 80 años.

    En el umbral entre realidad y ficción, Volpi, presentado como responsable de la traducción al español, sería el seudónimo de Yorgos Renard o de Gorka Aghvesner, músico, traductor y editor que dirigió la publicación de los primeros 10 volúmenes de la enciclopedia —hoy perdidos—, pero que posiblemente no alcanzó a completar su trabajo en el volumen 11. Los autores reclutados para esta empresa, los tlönistas (ver recuadro), figuran como “editores departamentales”, y en la inmensa mayoría de sus notas biográficas se mezclan, de diferentes maneras y en diferentes dosis, ficción y realidad: el uruguayo Gonzalo Baz, por ejemplo, editor departamental “para asuntos militares”, es presentado como un entomólogo afincado en Timisoara, Rumania, donde se dedica principalmente a investigar la relación entre arquitectura y colonias de insectos.

    Los tlönistas

    El aspecto físico de este onceno volumen reproduce la apariencia de una enciclopedia que lleva décadas en este mundo. De tapa dura, ajada, con el sello Bibliotheca Orbis Tertius en la cubierta, las páginas envejecidas y salpicadas de anotaciones, tachones y subrayados, con boletos de bus y papeles con más acotaciones y observaciones (y más advertencias) en los márgenes, e incluso con la factura de compra (de American Books, librería norteamericana ubicada en Corrientes 455, Buenos Aires) en las zonas de unión entre las páginas, la Primera enciclopedia de Tlön dialoga, ya desde el diseño, con el cuento del que nace. Y, para nutrir todavía un poco más su enigmático perfil, al tomo le faltan páginas.

    Una forma de leerla es como antología de textos originales escritos por 20 autores jóvenes de habla hispana. Los redactores, invitados por Páginas de Espuma con motivo de la celebración de los 25 años de la editorial, tuvieron la libertad de elegir o inventar una palabra comprendida entre Hlaer y Jangr, los términos que delimitan el volumen onceno, y reconstruir las entradas de la enciclopedia apócrifa suministrando más energía a un universo diseñado para infiltrarse en lo que de este lado se entiende por realidad.

    En esta generación de tlönistas se encuentran los nombres de Marina Closs (Argentina), Carlos Fonseca (Puerto Rico), Gabriel Mamani Magne (Bolivia) y Lorena Salazar Masso (Colombia), Daneirys Machado (Cuba), Paulina Flores (Chile), Natalia García Freire (Ecuador) y Fátima Villalta (Nicaragua), Andrea Chapela (México), Miluska Benavides (Perú), Gonzalo Baz (Uruguay) y Alejandra Marín (Costa Rica), Michelle Recinos (El Salvador), Irene Reyes-Noguerol (España), Rodrigo Fuentes (Guatemala) y Luis Lezama (Honduras), Nicolle Alzamora (Panamá), María Pía Escobar (Paraguay), Scarlet Sánchez (República Dominicana), Leonardo Mendoza Rivero (Venezuela). Todos ellos, bajo la coordinación de Volpi.

    Las palabras contenidas entre Hlaer y Jangr prolongan y expanden el cuento original, con definiciones o relatos que se ramifican a partir de cada entrada. Las entradas que se extienden en una sola columna, como es habitual en obras de ficción, son precisamente creaciones de los antologados. Las entradas dispuestas a dos columnas, se informa, fueron creadas a partir de entradas e ilustraciones de la séptima edición de la Enciclopedia británica, publicada en 1830-1842 (como un tipo de alteración a la que se hace referencia en el cuento), y de Wikipedia, modificadas especialmente para convertirlas en ficción, tal como lo permite la licencia Creative Commons.

    Por este imaginativo y desafiante proyecto/tributo/compilado literario, eco tangible de la profecía que asoma en el cuento original, circulan buenas dosis de sátira, misterio y ambigüedad. Hay mapas, espejos, túneles, caballos transparentes (tigres también), descripciones precisas, académicas, eruditas, de regiones, accidentes geográficos y yacimientos arqueológicos, reseñas de doctrinas filosóficas y de personajes históricos (como el filósofo y psicólogo Hnekrós Al-Qajar, fundador de una secta apocalíptica derivada de la escuela tlöniana Acrona), relatos de guerras y batallas, información relevante sobre heresiarcas de la antigüedad y hasta una traducción de antiguas inscripciones mayas cuyo original se asegura que está perdido. Y, por supuesto, hay más de una entrada para Hrönir.

    Algunas entradas adoptan las formas del relato de ficción convencional, respirando siempre la atmósfera de Tlön. Otras se mueven combinando estilos y géneros, borroneando límites posibles, en sintonía con el espíritu del cuento de Borges. Son los casos de las creaciones de Miluska Benavides, editora departamental para ciencias médicas, Marina Closs, e. d. para minería y metalúrgica, Irene Reyes-Noguerol, e. d. para música, y el e. d. para astronomía Rodrigo Fuentes, que están entre lo más destacado del catálogo, provocando esa clase de asombro, curiosidad y satisfacción capaces de producir las visitas a zonas y culturas exóticas.

    Al margen del asombro y el entusiasmo que provoca husmear este universo paralelo con la guía de los tlönistas, el conjunto también puede sentirse por momentos un poco desparejo, con altibajos o descuidos (expresiones como “tratados que tratan”, por caso), aunque tampoco puede decirse que estos detalles arruinen la fiesta metaficcional a la que invita la enciclopedia. Porque, más que una celebración del relato —que lo es— o una intervención —que también lo es—, este dispositivo, con la forma de jugar con las nociones de lo verdadero y lo verosímil, desafía la percepción sobre las ficciones que se infiltran en la realidad, ficciones personales, colectivas, a veces más influyentes y menos obvias, por tanto, más fáciles de aceptar.

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