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Enfrentar el miedo y abrazar el romance cuando sea: el cine de ‘Amor sin tiempo’
El cineasta francés Bertrand Bonello adapta a Henry James en esta película que examina la complejidad del deseo y la angustia, protagonizada por Léa Seydoux y George MacKay
Cuando Amor sin tiempo, la nueva película del director francés Bertrand Bonello, terminó su primera proyección en Uruguay en una función de prensa, un mes antes de su estreno a comienzos de octubre, no aparecieron los créditos. En su lugar, la pantalla fue ocupada por ese irritante jeroglífico moderno llamado QR, acompañado de dos palabras: Génerique, como llaman los franceses a los títulos de cierre, y Scan Me, la orden obligatoria para quien desee atravesar ese laberinto de píxeles.
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Bonello explicó en una entrevista que la decisión de usar un código QR para los créditos de la película no estaba en el guion original, sino que surgió durante la edición. Quería un final abrupto y contundente, similar al de las películas de las décadas de 1940 y 1950, que terminaban de inmediato tras la última escena.
El cineasta también relaciona la frialdad del código QR con la deshumanización presente a lo largo de su película, estrenada y celebrada en el Festival de Venecia de 2023.
Basada en la novela La bestia en la jungla, de Henry James, publicada en 1903, Amor sin tiempo se desarrolla en tres períodos: 1910, 2014 y 2044. La película narra la historia de Gabrielle (Léa Seydoux) y Louis (George MacKay), dos amantes que se reencuentran en cada una de estas épocas. En 2044, la inteligencia artificial solucionó los problemas del mundo, pero las emociones humanas son vistas como un obstáculo y hasta una amenaza. Gabrielle se somete a un procedimiento para “purificar su ADN” y así borrar el dolor de sus vidas pasadas.
Áspera, distante y exigente, es una película innegablemente audaz y conmovedora que, en su combinación de ciencia ficción, romance y terror, explora el amor, el miedo y la memoria sin ajustarse a las fórmulas narrativas y estéticas tradicionales.
Su escena inicial lo adelanta. Gabrielle, en 2014, se para sola frente a un croma verde, la gran herramienta de la comunicación digital, tanto en la era del streaming como en el cine apoyado en efectos visuales, que la rodea por doquier mientras recibe instrucciones del propio Bonello, preparándola para la escena. Gabrielle debe demostrar estar muy asustada, sin nada a su alrededor. Bonello expone así el artificio del cine y lo conecta con uno de los temas principales de la película: el miedo a algo que no está realmente presente.
En la novela de James, su protagonista vive con el temor constante de que un evento terrible arruine su vida. Es un miedo que lo paraliza y le impide amar plenamente. La idea de una “bestia” invisible, que acecha al protagonista y amenaza con destruir su felicidad, es un elemento que fascinó al director y también al guionista. Representa el miedo mismo, el terror a lo que no se puede ver ni comprender, y la película retoma esta idea y la adapta a cada período temporal.
En 1910, la película se mantiene fiel a la novela, presentando a Louis aterrorizado por la posibilidad de que algo terrible le impida amar a Gabrielle. En 2014, el miedo adopta una forma más concreta: la violencia incel. Louis, en esta época, graba videos amenazantes y acecha a Gabrielle y su motivación principal sigue siendo el miedo: al rechazo, a la soledad y a no ser amado. En 2044, con las emociones como un obstáculo para la productividad, el miedo se transforma en una ansiedad existencial ante un futuro dominado por la inteligencia artificial y Gabrielle experimenta una profunda inquietud ante la posibilidad de perder lo que la hace humana.
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Léa Seydoux y George MacKay en Amor sin tiempo.
ENEC
La elección de los años 1910, 2014 y 2044 responde a una intención específica, de acuerdo al director.1910 representa una época de optimismo ilusorio, justo antes de que el siglo XX se viera sacudido por las guerras. 2014 es el año en que Elliot Rodger, la inspiración para el personaje de Louis en esta época, cometió una masacre cerca de una universidad en California, y marcó un punto de inflexión en la cultura digital y la violencia incel (en general los incels son hombres que desprecian a las mujeres). En cuanto al año 2044, Bonello ha dicho que quizás se haya adelantado demasiado, pero tal vez no esté tan errado.
En lugar de presentar una progresión lineal, la película salta entre estas épocas, conectando los eventos a través de los recuerdos de los personajes. Se mezclan las épocas para crear una sola historia, en lugar de tres separadas, con los eventos de una época resonando en las otras y creando una red de conexiones que el espectador debe descifrar, o al menos intentarlo.
Como si fuera un documental sobre ella, la cámara sigue de cerca a Léa Seydoux en cada escena. A través de sus tres papeles, representa a una mujer que anhela una conexión genuina, pero que se siente atrapada en circunstancias que la despojan de su libertad. Seydoux logra transmitir la lucha interna de Gabrielle: su deseo de amar y ser amada, junto con su miedo a la pérdida y al dolor.
George MacKay, como Louis, interpreta un personaje que evoluciona drásticamente en cada época. Primero, es un hombre romántico pero cauteloso, atrapado por la profecía de la “bestia”, que le impide entregarse al amor. Luego, se transforma en un incel violento, consumido por la ira y el resentimiento hacia las mujeres, un retrato extremo del miedo al rechazo y la soledad. Finalmente, Louis regresa como un personaje más tranquilo, enfrentándose al temor de perder su humanidad. En cada una de estas versiones, MacKay logra transmitir una vulnerabilidad que ha sabido manifestar desde su protagónico en 1917, que lo dio a conocer a nivel internacional.
Amor sin tiempo quedó algo enterrada en una cartelera que, en octubre, se vuelve demandante entre festivales de cine, un apuro por la cinematografía uruguaya en estrenar antes de fin de año y la llegada de algunas de las posibles candidatas para los premios que se vienen. Sin embargo, con su audacia al romper con las formas tradicionales, Bonello presenta una obra muy bienvenida. Un usuario en el sitio Cartelera lo describió con acierto en su comentario: “Me queda la duda si es una obra maestra o la peor película que vi. ¡Nada claro!”. Esta incertidumbre no solo refleja la experiencia de la película, sino que se hace palpable en su final con el QR, que, al igual que la escena inicial donde Gabrielle actúa en un croma verde, subraya el miedo a lo que no nos da certezas.