Cuando se lee el título de este libro es inevitable pensar en Juan Carlos Onetti, en la densidad oscura de su novela Juntacadáveres y también en la belleza triste de la “casa de las persianas celestes” o de “la casa de la costa”, donde se ubica el prostíbulo decadente de Santa María. Sin embargo, para quienes fueron jóvenes a inicios de los años 90, seguro que el nombre Juntacadáveres no los lleve a la casa de ficción de Onetti, sino a una casa real en el barrio Cordón.
Ubicada en Juan Paullier 1436 casi Rivera, durante tres años (1990-1993) en esa casa, que también se conoció como el Junta, hubo un centro cultural de puertas abiertas para la creatividad, la música, el teatro, las artes visuales y en general para las artes emergentes y alternativas. Y para el desbunde de la noche, con sus sustancias y sexualidad liberadas. Un desbunde intenso, fermental y breve en la Montevideo de posdictadura.
En el libro Juntacadáveres, el caos vital (Alter Ediciones, 2026), Diego Pérez Lema cuenta la historia de ese lugar y de lo que allí ocurrió durante los tempranos años 90. El autor, profesor de Historia e investigador nació justamente en 1990, y no haber vivido la movida de la casa le da la suficiente distancia como para analizar el fenómeno sin emociones ni romanticismos.
Para su trabajo recurrió a los recuerdos de quienes fueron protagonistas y testigos, por tanto su libro se construye con varias voces y con el vaivén de la memoria de los entrevistados. Otra historia cuentan los afiches, las fotografías y los videos que sobrevivieron al tiempo y que se intercalan en la muy cuidada edición del libro.
Colaboraron con el autor la cantante Adriana Filgueiras —que atendía la barra de Juntacadáveres y fue una de las cuatro integrantes del grupo de teatro Jarabe Blues—, encargada del prólogo, y Gabriel Peveroni, escritor y dramaturgo, quien escribió el epílogo. Peveroni fue autor de Cervezas y navajas, una obra inspirada en el cuento La chica más guapa de la ciudad, de Charles Bukowski, que se representó en aquella casa del Cordón, un lugar más bukowskiano que onettiano.
También fue el creador de A la cama con Ana, una parodia de los programas A la cama con Madonna y A la cama con Moria, que tenía como figura central a Ana Blankleider, “la chica más under del lugar”, a la que todos describen como atrevida y aguerrida. Ella hacía entrevistas en una cama destartalada y “acorralaba” a sus invitados con preguntas íntimas y sexuales.
Por la cama de Ana pasaron, entre otros, Jorge Esmoris, Daniel Figares, Eduardo Darnauchans, Maximiliano de la Cruz, Gabriel Peluffo, Tabaré Rivero, Santiago Tavella, Daniel Lucas o Petru Valensky. Un piano viejo acompañaba las entrevistas, primero lo tocó Eduardo Clouzet y después Erik Coates.
Ana-Goni-cervezas y navajas
Camilo Goñi y Ana Blankleider en Cervezas y navajas.
Gentileza de Alter Ediciones
“Solo en un lugar como ese podíamos vivir la explosión de libertad mentirosa que legó la dictadura a una generación de jóvenes. Solo allí podíamos generar la ilusión de otra forma de vida, de expansión, de creatividad y de sexo. Pero no teníamos ni idea de cómo crear en libertad”, escribió Filgueiras en la presentación del libro. También allí habla de una generación dañada y con “muchas muertes tempranas por sida, exceso de drogas y suicidios”.
Desde el origen
La investigación de Pérez Lema va hacia los antecedentes de Juntacadáveres y pone en contexto la situación social que se vivía a fines de los años 80 y comienzos de los 90, y las etapas que atravesó el lugar.
Al terminar la dictadura se hizo habitual entre universitarios vivir en casas comunitarias. Una de ellas estaba en Garibaldi y Cufré, considerada el origen del centro cultural. “Juntacadáveres nacería de las urgencias, deseos y sueños de quienes habitaron estos espacios comunitarios en los primeros años de la posdictadura”, dice el autor. Y menciona que en la casa de Garibaldi convivieron quienes frecuentaban el teatro independiente con estudiantes de Ingeniería. De esa comunión horizontal y autogestionada, en la que algunos trabajaban y otros creaban, surgió el centro cultural dedicado al arte.
Afiche
Gentileza de Alter Ediciones
Pérez Lema distingue una etapa poshippie (1990-1991) en Juntacadáveres a cargo de Rubén Omar, “en el que circulaba gente como Eduardo Darnauchans y, del teatro independiente, como Roberto Suárez y César Troncoso”. En el verano de 1992 llegaría una etapa bukowskiana, que gestionó Beto Quintans con una propuesta más dark y punk, y que duró hasta agosto de ese año. Entonces regresó Omar y “perfiló un estilo asociado al rocanrol que dialogaba con proyectos como el Parakultural, en Buenos Aires”.
No eran años fáciles para ser joven, había razias en las calles, habían regresado del exilio los “popes” de la cultura y la sociedad mostraba todos los matices del conservadurismo. “Había una mezcla de rabia, disconformidad, desesperanza, depresión, angustia y, a la vez, una gran pulsión de vida, de curiosidad, de rebeldía, de ganas de hacer, de compartir, de divertirse”, dice Nel, uno de los entrevistados.
Un gran pueblo oscuro
El cantante Pedro Dalton, líder de Buenos Muchachos, banda que dejó su huella en Juntacadáveres, dice que la canción que lo define es Underground, de Tom Waits.
Hay un gemido que retumba por debajo,
hay un gran pueblo oscuro,
es un lugar que he encontrado.
Hay un mundo sucediendo bajo tierra.
Esos son algunos versos de la canción que Waits canta con su voz rasposa y grave y con ritmo de marcha para hablar de un mundo subterráneo y caótico.
De allí lo acertado del concepto caos vital que incorpora el título del libro. Caos en el sentido más nietzscheano del término, como una realidad sin orden, como una fuerza necesaria para la creatividad y la transformación.
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Ana Blankleider y El Cuarteto de Nos.
Gentileza de Alter Ediciones
Había gente que tenía sexo en el único baño de Juntacadáveres, había personas trasvestidas, había mujeres y hombres que no ocultaban su homosexualidad, había gente que se desnudaba. Pérez Lema lleva a sus entrevistados a hablar del machismo en ese momento. Nadie lo niega, pero todos ponen el acento en la libertad que se vivía en el lugar.
“¿Qué espacios se han perdido? ¿Qué lugares y discursos se ha tragado el neoliberalismo progresista e inclusivo?”, se pregunta el autor hacia el final de su trabajo. Son preguntas para una discusión que tal vez este libro ayude a promover.
Juntacadáveres fue clausurado por ruidos molestos y problemas con la habilitación durante la intendencia de Tabaré Vázquez en octubre de 1993. En el epílogo, Peveroni recuerda que fueron a hablar con María Julia Muñoz, entonces secretaria general de la Intendencia de Montevideo, para intentar su reapertura. “Lo de ustedes no es un centro cultural, es un antro lleno de drogas y faloperos. Así que ni sueñen que lo van a volver a abrir”, les dijo.
Tal vez Onetti, desde sus páginas de El Pozo le contestaría: “Esta es la noche, quien no pudo sentirla así, no la conoce”.