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    La vida de Chacho o el arte de documentar la calle sin estigmas

    El cineasta Jorge Fierro estrena su película Señor, si usted existe, por qué no me saca de este infierno

    El cansancio y el alivio se mezclan en la voz del cineasta y escritor Jorge Fierro, quien hoy estrena su nueva película, Señor, si usted existe, por qué no me saca de este infierno.

    Es su tercera entrevista del día, comenta el realizador en su conversación con Búsqueda, antes de revelar lo que se oculta detrás de la promoción incesante: el entusiasmo por el trabajo realizado y los vínculos forjados tras años de talleres, filmaciones fugaces, proyecciones colectivas y más.

    La película se originó tras un recorrido que combina lo documental con la creación colaborativa. Bajo la mirada de Fierro se encuentra su indiscutible protagonista: Chacho, figura central de esta historia. El afiche del largometraje, con uno de los títulos recientes más creativos en un cine nacional necesitado de ellos, lo aclara: “Una película dirigida por Jorge Fierro con Juan Chacho Correa”.

    En el afiche, Correa sostiene un pequeño espejo que captura el reflejo de su rostro: una mirada íntima y persistente que Fierro explorará a lo largo de la película. La metáfora se revela con naturalidad, el reflejo de un hombre que simboliza introspección y búsqueda de identidad y plantea una premisa fundamental que recorre el documental: existen otras formas de ver.

    Embed - Trailer - Senor, si usted existe, por que no me saca de este infierno

    Cine relámpago

    Fierro conoció a Correa en los talleres de cine que imparte desde 2012 para personas en situación de calle, a través de Urbano, un programa de la Dirección Nacional de Cultura. La dinámica es veloz. Semanalmente, se inventan, actúan, editan y proyectan cortos en el acto. Hay de todo: historias disparatadas, personajes improvisados, conflictos dramáticos y hasta ciencia ficción.

    Fue en 2015, en una jornada lluviosa, cuando Correa se acercó a uno de esos talleres. El Negro Chacho, como lo llama su profesor, es un personaje oriundo de la Ciudad Vieja que no demoró en demostrar una sensibilidad artística notable y un talento innato para la actuación. Fierro, quien después también se mudaría al barrio, comenzó a encontrarlo con mayor frecuencia profundizando un vínculo que, según sus palabras, le ofreció una posición privilegiada para contar una historia de vida singular y un espejo de muchas otras.

    Así, la idea de transformar esa cercanía en un proyecto cinematográfico, una película propiamente dicha, se gestó durante años y se materializó alrededor de 2019 con el apoyo de las productoras Valentina Baracco y Eugenia Olascuaga de Monarca Films.

    El privilegio antes mencionado, aclara Fierro, no es económico, sino de “un lugar de confianza y observación”. Su relación con Correa y otros participantes se basa en la ética detrás del taller, así como en la cercanía y la observación atenta de quienes atraviesan realidades complejas.

    Además de seguir a su carismático y verborrágico protagonista en su cotidianidad, con sus momentos buenos y malos, Señor, si usted existe… recorre Montevideo a través de la mirada de Fierro y Correa, a quien seguimos en numerosas situaciones: su mudanza de un refugio a un hogar propio, la búsqueda de trabajo, el intercambio con otras personas en situación de calle, encuentros callejeros, bailes, tambores y caminatas, muchas caminatas.

    Esta intimidad cinematográfica, sin embargo, se construye con algunos límites. Fierro explica que la decisión de no mostrar el consumo de drogas de Correa surgió de forma natural durante el rodaje, como un acuerdo tácito entre ambos. Buscaban evitar una imagen que consideran “pornográfica” y profundamente estigmatizante, al estar sobreexpuesta en los medios y reducir la identidad de las personas a un acto.

    Pese a esta omisión visual, el tema no se elude: se habla de él durante la película a través del relato del propio Chacho y de su lucha interna. “Mostrar el consumo es una imagen que vemos todo el tiempo, que profundiza el estigma”, reflexiona Fierro. “Para mí era crucial construir imaginarios diferentes sobre la gente en situación de calle, y el cine es una herramienta clave para esto. La película nació cuando Chacho me dijo: ‘Yo todos los días pienso: voy a la Aduana o vengo a Urbano’. Ahí entendí que era sobre su dilema diario: qué hacer para no ir a su lugar de consumo. Esa lucha también guio el montaje”.

    La colaboración con Guillermo Madeiro en la edición fue decisiva en ese sentido. La construcción del ritmo, la alternancia entre el día a día y los momentos de sociabilidad y el modo en que se entrelazan las historias individuales con el registro colectivo reflejan la precisión de un montaje que respeta el tiempo del protagonista y la mirada del espectador. Fierro destaca este proceso como un laboratorio creativo donde se negociaron tiempos, duraciones y ritmos, y donde la ciudad, con sus calles y barrios, se convirtió en un personaje más. Fierro buscó un equilibrio delicado al mostrar sin desnacionalizar, documentar sin exotizar y dar voz sin imponer.

    El resultado es una película que fluye entre la sociabilidad cotidiana y los conflictos internos de Correa. Construye una narrativa que promueve la empatía sin eludir la complejidad de su realidad. Este enfoque, donde el realizador no se limita a filmar, sino que acompaña, dialoga e interviene cuando es necesario, genera un retrato mutuo: la proximidad impacta tanto en Fierro como en los protagonistas. Cada taller, cortometraje relámpago, caminata o gesto cotidiano conforman un archivo vivo que captura la sensibilidad de personas frecuentemente marginadas, lográndolo con astucia y varios momentos de diversión y ternura.

    La gentrificación y los cambios urbanos aparecen como contexto, no como conflicto central, en las andanzas de Correa, quien revela un mundo más amplio que su barrio al salir, observar y experimentar la ciudad. La obra resultante no es solo personal, sino social: captura la vida de personas que dialogan, marchan y buscan oportunidades más allá de sus circunstancias.

    Jorge Fierro
    Jorge Fierro, cineasta y escritor.

    Jorge Fierro, cineasta y escritor.

    Memoria audiovisual

    Respecto a su método de trabajo, que describe como intuitivo, desorganizado pero consciente, Fierro intercala proyectos grandes con tareas menores que le permiten descanso creativo y aprendizaje constante. Sus intereses multidisciplinarios, que abarcan desde el cine hasta la filosofía y la literatura, se reflejan en su producción escrita, con libros como Mal aliento publicado en Pez en el Hielo y Ellos miran. Reflexiones sobre la cuestión animal con Estuario, 2022, pero convergen en su quehacer cinematográfico en un principio rector: la observación atenta de la vida ajena y la construcción de memoria audiovisual como herramienta de registro, visibilidad y dignidad.

    Esa misma combinación se materializa, con un toque de humor irreverente, en el título de la película. El proceso de elección fue tan deliberado como intuitivo. Fierro admite que buscaban algo “largo, exagerado, casi absurdo”, pero reconoce que la propuesta no estuvo exenta de polémica. Algunos lo tacharon de sensacionalista, un comentario que el propio director acepta con humor: “Tiene algo de sensacionalista, pero es atrevido, es largo, es un problemón… el diseño, todo lo comunicacional”. Sabe que no resume toda la película y que incluso podría sugerir un tono más oscuro del que realmente tiene, pero defiende su poder provocador y su coherencia con el espíritu cómico y alegre de Correa que buscaron replicar. Para él, el título es una invitación a mirar más allá de lo evidente.

    Para Fierro, las proyecciones inminentes de Señor, si usted existe… son tanto un fin emotivo como una herramienta de transformación social. Dos funciones destacan por su poder simbólico: el estreno en Cinemateca durante el Festival Detour de 2024, donde el público, en su mayoría amigos de Correa y personas que no pisaban una sala hace décadas, convirtió la función en una experiencia colectiva, ruidosa y festiva, y una exhibición el pasado lunes en el Parlamento, para 180 personas, entre autoridades y personas en situación de calle, en un acto que Fierro definió, con humor, como “una fiestita de la democracia”.

    Fierro enfrenta entonces el estreno con una felicidad serena y consciente. “Estoy muy contento, entusiasmado; lo estoy pudiendo disfrutar”, confiesa. “No es ni la mejor película del mundo ni una porquería: es lo que es, y yo estoy muy feliz con lo que es”. Pero por encima de todo valora un criterio esencial: que a Correa le encante la película. Recuerda cómo una metáfora que no le convencía, unas hormigas que aparecen cuando él consigue trabajo, estuvo a punto de ser eliminada hasta que su protagonista exclamó: “¡Qué bien lo de las hormigas!”. Ese fue el termómetro definitivo.

    La satisfacción ahora trasciende lo personal. Fierro celebra “perder un poco el control” de la obra, que el público se la apropie, la use para conversar y sensibilizar. Le conmueven testimonios de espectadores que afirman que la película les “cambió la forma de ver Montevideo”, el mismo impacto que buscaba desde los talleres: que los participantes se reconocieran en pantalla y se vieran como protagonistas desde una mirada ajena a la calle. “Descubrí un placer increíble en ellos al verse. Muchas de estas personas no tenían registros visuales de sí mismos, y es fascinante verse en la pantalla”.

    Ese acto de devolver la mirada es, para él, un archivo de memoria y dignidad: “Yo envejecí con ellos; mucha gente que está en la película murió. Está buenísimo darse cuenta de que construiste una memoria visual de mucha gente, también la memoria audiovisual de una parte de la historia del colectivo”. Señor, si usted existe… se presenta ahora como un puente tendido. Y Fierro no pide nada más.

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