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‘Sonideros: música, barrio y comunidad en movimiento’: muestra fotográfica en el Espacio Cultural de la Embajada de México
La fotógrafa mexicana Marisol Cid fotografió diferentes momentos de una de las expresiones populares urbanas más potentes, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México
Baile en la exposición Sonideros: música, barrio y comunidad en movimiento.
Sonó cumbia, bachata, salsa; hubo un carrito con takilocos, se pudo beber aguas locas y se armó baile. No era una fiesta, aunque simbólicamente sí lo fue. El viernes 7, en el Espacio Cultural de la Embajada de México, se inauguró la muestra Sonideros: música, barrio y comunidad en movimiento, de la fotógrafa mexicana Marisol Cid. Nacida en Río Blanco, Veracruz, Cid reside en Ciudad de México, precisamente la cuna de los sonideros, personas que pasan música en fiestas barriales o familiares y que, cada tanto, envían saludos con voz exagerada a amigos, parientes o a algún amor, a pedido de quienes participan en ellas.
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El fenómeno surgió en 1970 cuando comenzó a sonar la cumbia en algunos festejos, reproducida en discos de vinilo o casetes a todo volumen. Pero rápidamente se convirtió en un fenómeno social que convoca a miles de personas para bailar en calles, plazas y barrios.
“Después de un día de mercado puede ser que llegue un sonidero y se organice el baile, pero también están en fiestas patronales o familiares”, dijo Cid a Búsqueda. “Hay sonideros que pueden tener 50 años en este oficio; el abuelo fue sonidero, lo es el hijo y también el nieto. Es como una memoria generacional”.
Los sonideros no son músicos ni tocan instrumentos, tampoco tienen una formación específica, pero sí saben de música, sobre todo de cumbia y salsa, y manejan con habilidad la consola para mezclar los temas. “Cuando llegué al sonidero no fue para representarlo, sino que tenía muchas ganas de aprender a bailar, porque es una forma muy particular de baile. Pero a partir de que fui viendo la dinámica, me di cuenta de que no solo quería fotografiar el evento, que es bonito, sino lo que sucedía alrededor: el afecto, las relaciones, cómo se ocupa el espacio, además de ver cómo se ejercía el derecho a no ser productivo. Te das un tiempo para bailar en la calle, y es el derecho al ocio”, explicó Cid.
Fotógrafa mexicana Marisol Cid.
Javier Calvelo/adhocFOTOS
¿Qué tiene de especial el baile? Que en Ciudad de México la cumbia se baila “a los brinquitos”, a diferencia de otros estados mexicanos. Ella nunca pudo aprender esa forma de bailar. “En algunos lugares que reúnen a muchas personas, se hace un círculo y entran todos los que quieren. Alguien empieza a dirigir los pasos y bailan al mismo tiempo, con el mismo ritmo. Es como una comparsa. Eso es lo interesante de este movimiento, en cualquier momento el espacio se vuelve un punto de encuentro, con personas que tal vez nunca más se vuelvan a ver”.
Al presentar a la fotógrafa y su muestra, Jonathan Álvarez, encargado de Asuntos Multilaterales de la Embajada de México, explicó que los sonideros y lo que generan en los barrios forman parte de la identidad urbana, y por eso esta expresión popular fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México. Destacó también que Cid captó en sus fotografías ese espacio de encuentro “a través de los gestos, de la energía de la danza, de los rituales no escritos”.
Sonideros: música, barrio y comunidad en movimiento, muestra fotográfica de Marisol Cid.
Javier Calvelo/adhocFOTOS
Además de las fotografías, el espacio fue intervenido con grafitis, papel de obra y letras grandes para recrear el ambiente en las calles de la Ciudad de México. “La cultura específica de un barrio puede ser universal”, dijo Álvarez.
Envuelta en un chal adquirido en Manos del Uruguay, Cid habló de los sonideros como un movimiento de resistencia que construye comunidad, frente al individualismo que surgió a partir de la pandemia. “Siento que es un diálogo muy latinoamericano; la música no importa de dónde sea, se la conoce a través del baile. Es una cultura viva”.