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    Desde 1986 el mercado laboral se feminizó, envejeció y se volcó a los servicios; la “precariedad” emerge como fenómeno

    Informe de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung destaca que los “trabajadores por cuenta propia con local” pasaron a ser la segunda modalidad en importancia, superando a los asalariados públicos, un cambio de “fuerte relevancia” vinculado, entre otras causas, “al surgimiento y expansión de trabajos de plataformas”

    Aunque una mirada superficial puede dar la idea de que el mercado de trabajo de Uruguay no tuvo grandes transformaciones en las últimas décadas, un análisis más detallado del asunto muestra que sí existieron cambios significativos. De la misma manera, mientras algunos indicadores protagónicos del mundo laboral, como la tasa de empleo y la informalidad, parecen mostrar un rumbo favorable en el país, si se mira por detrás, se detectan algunas dinámicas problemáticas.

    Estas afirmaciones generales sintetizan, en trazos gruesos, el estudio “40 años de transformaciones del trabajo en Uruguay. Nuevos empleos, viejas desigualdades y desafíos para el futuro”. Se trata de una publicación de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung llevada a cabo en colaboración con el Centro de Estudios Etcétera. El trabajo abarcó el período 1986 a 2026 y se ordena en “cuatro ejes fundamentales” con los siguientes hallazgos: “La oferta de trabajo, marcada por la feminización y el aumento educativo; la demanda, que evidencia un cambio sectorial con crecimiento de los servicios; la calidad del empleo, con sus claroscuros en formalización; y el desempleo, que persiste relativamente bajo, pero con importantes problemas estructurales”.

    En la introducción del estudio, sus autores, Fernando Isabella y Joaquín Pascal, también advierten: “La precariedad es un fenómeno notorio sobre el que es urgente discutir y pensar acciones de política”.

    La oferta de empleo: más mujeres, más edad, más educación

    En el período estudiado, la oferta de trabajo tuvo una “sostenida tendencia creciente”. Pasó de 1,3 millones a mediados de la década de los 80 a 1,8 millones en la actualidad.

    Esta tendencia está impulsada “principalmente por una notable feminización”: “Desagregando la fuerza de trabajo por sexo se observa cómo la oferta femenina pasó de representar un 40% al principio del período, a casi alcanzar la mitad de la oferta total. De esta forma, Uruguay pasó en estas cuatro décadas de tener una oferta de trabajo mayoritariamente masculina a una en proporciones igualitarias entre sexos”.

    Si el análisis se hace por edades, surgen dos cambios significativos. Por un lado, hubo una caída de “la participación de las cohortes más jóvenes en la oferta de trabajo total”. Sobre 1986, los menores de 24 años representaban más de 20% de la población económicamente activa (PEA) y en la actualidad son el 13%. Como contracara, los adultos de entre 45 y 60 años incrementaron “su presencia en la oferta de trabajo”, pasando de 27% a casi un 33%; y los mayores de 60 años crecieron de 6% a 7,5%. “Se ha constatado un envejecimiento de la oferta de trabajo”, señala el informe.

    Otra transformación relevante se dio en el nivel educativo de la fuerza de trabajo que “mejoró significativamente”, al pasar de 8,5 años de educación aprobados en promedio a mediados de la década de los 80 a 11,1 años de promedio actual. Como parte del fenómeno, creció el porcentaje de trabajadores con educación terciaria y secundaria como su máximo nivel educativo, derrumbándose el porcentaje de trabajadores que contaban solamente con primaria (completa e incompleta).

    “Esta mejora, innegable, no debe ocultar que, aun así, Uruguay presenta un rezago importante en materia educativa”, advierten los autores.

    La demanda de empleo: “profundo cambio estructural”

    En el capítulo que analiza la demanda de empleo, el estudio destaca “un profundo cambio estructural”, “caracterizado por un desplazamiento masivo de puestos de trabajo desde sectores tradicionales como el agro y la industria hacia actividades de servicios, salud y comercio”.

    Así, “la participación en el empleo total de los tres grupos de actividades más tradicionales de la economía: Actividades Primarias (agro, minería y pesca), Industria Manufacturera y Servicio Doméstico y Otros Servicios Personales”, pasaron de representar “casi la mitad del empleo durante los años iniciales” a “dar cuenta de apenas el 27%”. En contraste, se expandieron “un conjunto de actividades de servicios”; por un lado, sectores asociados a “una economía más moderna”, como “finanzas y servicios a empresas” (informática, servicios profesionales y técnicos); Educación, Salud y Servicios Sociales; Transporte, Comunicaciones y Electricidad, Gas y Agua. Por otro lado, también crecen actividades que apuntan a una sociedad con mayor capacidad de consumo y esparcimiento como Comercio, Restaurantes y hoteles, además de la Construcción.

    En la composición de la población ocupada hay una característica que se mantiene: predominan los asalariados privados. Eran la mitad al inicio del período de estudio y son en la actualidad algunos más, 55%. En contrapartida, los asalariados públicos cayeron del 20% al 15%. Pero los autores resaltan sobre todo otra novedad: que los trabajadores por cuenta propia con local pasaron a ser la segunda modalidad en importancia, superando a los asalariados públicos, al pasar de 13% a alrededor del 20%.

    “Este cambio, de fuerte relevancia en lo que hace a las relaciones laborales, tiene que ver, entre otras posibles causas, con el surgimiento y expansión de trabajos de plataformas (tipo Uber o deliveries)”, señalan los autores, que creen que la cifra “refleja nuevas modalidades de organización laboral y formas no tradicionales de contratación”.

    Otro aspecto sobre el que llaman la atención en el capítulo de demanda de trabajo es el desempleo, que mantiene algunos sesgos estructurales y afecta más a las mujeres y a los jóvenes.

    Calidad del empleo y desempleo

    “El mercado laboral presenta una tendencia a la baja en la informalidad y una reducción generalizada de la extensión de la jornada de trabajo promedio. No obstante, estas mejoras conviven con una precariedad persistente que afecta de manera desigual a los trabajadores, manteniendo núcleos duros de desprotección e informalidad en categorías ocupacionales específicas”, resume el estudio al introducir los fenómenos más relevantes de calidad del empleo.

    Respecto a las horas trabajadas por la semana, se observa una “tendencia a la caída a largo plazo, visible durante casi todo el período bajo estudio”. El fenómeno “se aceleró a partir de mediados de los 90”, alcanzó niveles mínimos en torno a 2018-2019, y, tras la crisis de la pandemia, hubo un leve a aumento a los niveles de 2017, en los que se mantiene. El promedio de horas trabajadas está “apenas por debajo de las 38 horas semanales”.

    El PIT-CNT tiene en su agenda la reducción de la jornada laboral y el sindicato de la construcción logró una disminución progresiva en su último convenio salarial.

    En cuanto a la informalidad, el estudio destaca que “el porcentaje de trabajadores no registrados a la seguridad social alcanzó su mínimo histórico con la irrupción de la pandemia (22,2%)” y se sostuvo “por debajo del 24%” con la reactivación de la economía. Aunque la informalidad se redujo en todas las modalidades de contratación, los autores señalan que existe una “disparidad” en la que se destacan los “cuentapropistas sin local” y los “cuentapropistas con local”, entre quienes el 94% y el 60% respectivamente trabaja sin realizar aportes.

    También hay disparidades en el desempleo, “que afecta de manera persistente y desproporcionada a las mujeres y a los integrantes más jóvenes de la población”. En 2024, el desempleo llegó, en el caso de las mujeres, a una tasa de 11,1%, un nivel que “no se observaba desde el año 2008” y que “incrementó la brecha respecto a los hombres”.

    “Históricamente más de la mitad de los desocupados en nuestro país han sido mujeres, y si bien durante el período 2005-2014 se redujo el porcentaje de mujeres entre los desocupados y esa tendencia se sostuvo hasta la pandemia, a partir del 2022 la desocupación nuevamente se concentró en ellas”, agregan.