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    Telenovelas latinoamericanas: Si querés llorar, llorá (pero en español)

    En Latinoamérica las telenovelas generaron una industria de exportación gracias a su popularidad; ¿sabías que los rumanos aprendieron español con La usurpadora, Muñeca brava o Betty la fea?, sobre el éxito del melodrama trata esta nueva entrega de Algo que quiero contarte, newsletter de temas culturales

    Madres solteras, niños maltratados, mujeres sometidas, hermanos separados al nacer, infidelidades, seres malvados enfrentados a seres nobles, la opulencia de la clase alta y la humildad de los pobres, el amor que no repara en clases sociales. Si se mezclan algunos de estos ingredientes y se les agregan grandes dosis de llanto, se tiene una telenovela. Con sus episodios diarios y consecutivos, la telenovela ha sido uno de los géneros más populares de la televisión. Ha atravesado décadas y fronteras, lenguas y culturas y continúa acaparando audiencias que se ven reflejadas en los dilemas de sus personajes y en los contextos de sus tramas.

    Para rastrear el origen de la telenovela tal como la conocemos hoy, hay que detenerse en la soap opera estadounidense, llamada así porque al comienzo fue una radionovela comercial patrocinada por marcas de jabón (soap). Su éxito las llevó primero a la televisión y después a su difusión internacional.

    Concebida como un producto de larga duración, la soap opera se extendía por varios años. Una de las más famosas es Los días de nuestras vidas (Days of Our Lives), y hay que usar el presente para hablar de este melodrama porque comenzó en 1965, se renovó en 2022 y aún sigue emitiéndose. Lleva más de 13.000 episodios y 60 temporadas. Vaya fidelidad de la audiencia a esta telenovela ambientada en la ficticia ciudad de Salem en Estados Unidos, que trata sobre las relaciones entre sus habitantes.

    En Latinoamérica, la telenovela adquirió características propias. A diferencia de la soap opera, tiene un número limitado de episodios que abarcan no más de un año. Hay dos novelas consideradas pioneras. Una fue El derecho de nacer (1950), del cubano Félix B. Caignet, que surgió a partir de una radionovela del mismo nombre. Pero la que realmente dio el puntapié del género fue Tu vida me pertenece, que se empezó a transmitir en Brasil en 1951 con un guion especialmente escrito para televisión. Protagonizada por Vida Alves, giraba en torno al romance entre una joven atractiva y un hombre mayor (Walter Forster). Se hizo famosa porque mostró el primer beso en vivo de la televisión brasileña, y fue un escándalo. Duró 25 episodios y se exportó a toda Latinoamérica.

    A partir de entonces, y con la llegada de equipos de sonido y grabación, la industria de la telenovela pronto se desarrolló en México, Brasil, Colombia y Venezuela. Argentina comenzó con telenovelas de coproducción internacional, pero con la aparición de las productoras Pol-Ka, Telefé Internacional y Cris Morena Group tuvo sus títulos de temáticas y estilos argentinos. Mientras, la Rede Globo en Brasil explotaba en espectaculares producciones que se consumían fuera de fronteras.

    La exportación de telenovelas produjo fenómenos inesperados, por ejemplo en Europa del Este. En la década de los 90, liberados del régimen soviético y de sus tediosos informativos y programas oficiales, los televidentes se deslumbraron con la aparición en sus pantallas de los melodramas latinoamericanos que les acercaban otros mundos, otras realidades y emociones. Y el género se volvió tan popular que en algunos países, sobre todo en Rumania, el público comenzó a aprender español con estas historias que se transmitían en idioma original y subtituladas. Algunos rumanos lograron estudiar en países de habla hispana con la telenovela como su principal maestra de lengua.

    En la actualidad las telenovelas turcas están ocupando el lugar que en otras décadas tuvieron las latinoamericanas. Quién sabe qué cultura vendrá después envuelta en melodrama.

    ¿Cuál es el atractivo de este género? ¿El suspenso y la dependencia que producen el final de cada capítulo? ¿La exagerada expresión de sentimientos de los personajes? ¿Los ambientes suntuosos con galanes y mujeres elegantes que contrastan con los más pobres?

    Mi nombre es Silvana Tanzi, fui seguidora de novelas brasileñas, pero después me aburrí. En esta entrega de Algo que quiero contarte recordaré algunos títulos populares y te invitaré a escuchar un pódcast sobre el peculiar fenómeno de las telenovelas en español en Rumania. Si querés enviarme comentarios o sugerencias, o contarme qué telenovela recordás o estás mirando, podés escribirme a [email protected]

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    A lo mejor estás dentro del grupo de personas que desprecian las telenovelas por considerarlas un género menor, una especie de “antiarte”, con personajes estereotipados, emociones y situaciones llevadas al extremo, al borde de lo artificial. Yo a veces estoy en ese grupo, a veces no.

    Hago memoria y no recuerdo haber seguido especialmente ninguna de las telenovelas argentinas que hicieron furor en décadas pasadas, aunque obviamente las conocía. Y las que venían de México, Colombia o Venezuela me parecieron siempre una parodia de la realidad.

    Avenida-Brasil

    Pero sí miré algunas brasileñas como aquellas protagonizadas por Gloria Pires, Tony Ramos, Regina Duarte, Antonio Fagundes, Reginaldo Faria o Sonia Braga. Recuerdo Vale todo, Avenida Brasil, Mujeres de arena, Baila conmigo, más por sus títulos que por los argumentos que se me mezclan.

    Para esta newsletter me pregunté por qué me atraían esas telenovelas y no otras. Creo que fue porque tenían muy buenos actores que, a pesar del doblaje, parecían naturales y menos estereotipados que en los melodramas de otros países. Por otro lado, venían envueltas en una superproducción atractiva y trataban temas que escapaban al simple conflicto amoroso, como la corrupción, el despotismo o la discriminación.

    Además tenían grandes canciones. Las voces de Gal Costa, Adele, Rita Lee o Caetano Veloso fueron algunas de las que se escuchaban en las introducciones o en los momentos emotivos. Y sobre todo hacían un muy buen manejo de la intriga, de la complicidad con el televidente para hacerle conocer lo que algún personaje ignoraba y del suspenso al final de cada capítulo para crear adicción. Unos maestros los guionistas. Lo que hacen las series actuales, ya lo hacían hace más de 40 años las telenovelas.

    Esa no es tu esposa, Carlos Daniel

    Busqué azarosamente títulos de telenovelas mexicanas que nunca había visto y elegí La usurpadora (Televisa, 1998). Encontré en YouTube su primer capítulo, que por suerte dura menos de 15 minutos. Me confirmó todos mis prejuicios: las actuaciones eran acartonadas y sus personajes de una sola pieza, sin matices. Pero debo reconocer que, al final, tanta exageración me resultó graciosa.

    La-usurpadora
    Elenco de La usurpadora, telenovela mexicana

    Elenco de La usurpadora, telenovela mexicana

    La usurpadora cuenta una historia clásica de la literatura: el intercambio de identidad entre dos personas físicamente idénticas, pero social y culturalmente diferentes. Con perdón de Mark Twain, es la historia de El príncipe y el mendigo, pero en su versión más burda.

    Paola es una mujer bella y superficial que está casada con Carlos Daniel (sí, se llama así, primera sonrisa), un empresario exitoso y muy honesto con quien tiene dos hijos. Paola es muy fiestera y cuando puede le es infiel a Carlos Daniel. En una de sus escapadas con su amante, conoce a Paulina, una muchacha buenísima que limpia los baños de un restaurante de Cancún. La cuestión es que Paola y Paulina son idénticas porque son gemelas que fueron separadas al nacer (la madre se llama Paula, segunda sonrisa). Claro que no lo saben. Por motivos maléficos, Paola obliga a la chica humilde a ser ella por un tiempo y así seguir de fiesta. Después viene todo lo previsible que leí en Wikipedia porque no tuve ánimo para seguir mirando otros capítulos.

    ¿Tienen valor las telenovelas de este tipo? Para algunos académicos sí lo tienen.

    Estuve leyendo una ponencia del investigador Jorge Ignacio Covarrubias que presentó en el II Congreso Internacional de la Lengua Española (Valparaíso, 2010) y se llamó Las ‘telenovelas ejemplares’: Thalía, Betty la fea y el idioma de Cervantes.

    A partir de la Enciclopedia del español en el mundo, un catálogo sobre la difusión del español que desde 1998 publica el Instituto Cervantes, Covarrubias analiza el interés que tuvieron las telenovelas latinoamericanas en países como Rumania, Albania, Malasia, Indonesia, Kenia e Israel. Además de dar las suculentas cifras de melodramas en español exportados a países como Azerbaiyán, Croacia, Bosnia o Malasia, cuenta varias anécdotas sobre la influencia social del género.

    “La ilustre autora cubana Delia Fiallo, orgullosa de haber escrito Kassandra, la telenovela venezolana récord, nos cuenta que durante el conflicto por Kosovo, hubo en esa región todavía serbia una petición a (Slobodan) Milosevic y al ministerio de justicia venezolano exigiendo que se interrumpiera el proceso contra Kassandra, acusada de haber cometido un asesinato y decían en su solicitud ‘sabemos que es inocente’”. También gracias a Kassandra se acordó interrumpir el cese de hostilidades en el conflicto de Sarajevo durante la hora de su emisión.

    Embed - Kassandra, Trailer (1991) | Pongalo NovelaClub

    La telenovela mexicana Marimar hizo que las mezquitas de Costa de Marfil llamaran más temprano a la oración para que la población no se perdiera sus capítulos. Y al actor Arnaldo André, un grupo de turistas israelíes en Río de Janeiro lo llamó Lázaro, como su personaje de la telenovela argentina Soy gitano.

    Covarrubias cita a otros autores que analizaron el valor de las telenovelas para la expansión del español hacia el mundo, pero también para que los propios hispanohablantes conocieran formas de expresión de otras regiones, aunque no las usaran. Menciona, por ejemplo, las diferentes acepciones de “coche” y “carro” en el Río de la Plata y Colombia, o de la gasolina que en Uruguay y Argentina llamamos "nafta" y en Chile "bencina".

    Natasha Oreiro

    En Rusia idolatran a Natalia Oreiro, como lo mostró el documental Nasha Natasha (2020), dirigido por Martín Sastre. Y su popularidad se debe, en gran parte, a la telenovela Muñeca brava, que protagonizó en 1998 junto a Facundo Arana.

    Embed - Nasha Natasha (Trailer Oficial)

    “Todo empieza con una matrioska. En los preparativos de Miss Tacuarembó, yo llegaba a la casa de Natalia en Buenos Aires y me llamó la atención ver a una chica de Rusia con una matrioska con la cara de Natalia. Me dijo: ‘Por favor, dásela. Hace días que estamos acá y no la vemos’. Ella y otros chicos habían viajado desde Rusia hasta Buenos Aires para verla. Ahí pensé: ‘Acá hay algo raro’ (...). Ella en Rusia es un ícono cultural más popular que el presidente”, le dijo Sastre a Búsqueda, al hablar del origen de su documental.

    El fenómeno de Oreiro se replicó con otras telenovelas en varios países de Europa del Este. Y el caso de Rumania es particularmente asombroso.

    Los ricos, y los rumanos, también lloran

    Te recomiendo el pódcast Radio ambulante que ofrece informes sobre Latinoamérica hechos por periodistas de varios países. Tienen una narración atractiva para transmitir realidades a veces duras y siempre asombrosas.

    Los rumanos también lloran es uno de esos episodios asombrosos y divertidos, que toma su título de la telenovela mexicana Los ricos también lloran (1979). Lo narra la periodista española Lola García-Ajofrín, quien se mudó a Rumania en 2023 para hacer reportajes y se asombró de la cantidad de personas que le respondían con un claro español latinoamericano cuando ella les hablaba en inglés.

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    “Al preguntarles cómo sabían español, casi todos me respondían lo mismo: gracias a las telenovelas. La usurpadora, Esencia de mujer, Rebelde way, Betty la fea, Muñeca brava… Todo el canon del drama televisivo de la región”.

    Rumania había estado bajo el régimen soviético del terrible Nicolae Ceauescu durante 24 años. Además de someter a su pueblo a la represión, vigilancia constante y pobreza, Ceauescu instauró un culto a su personalidad, se erigió como un líder supremo y los medios de comunicación oficiales transmitían canciones en su honor y lo llamaban "el querido y estimado líder”, como si fuera el protagonista de una telenovela siniestra.

    Cuando cayó el comunismo, las cadenas privadas de televisión comenzaron a transmitir series y películas extranjeras y también telenovelas. En un país sumido en la grisura, las telenovelas en español les dieron la posibilidad a los rumanos no solo de conocer otras realidades y contrastes, sino de expresar sus emociones en otro idioma.

    Fue un viaje sin retorno porque resultaron un gran negocio, sobre todo enfocado en el público femenino. La televisora ProTv decidió crear un canal solo para ellas, Acasa, que significa “en casa”.

    Las telenovelas no se doblaban, sino que se traducían con subtítulos, por lo tanto los televidentes escuchaban el español original. Por otro lado, el rumano es una lengua romance, como el español, y les resultaba más fácil entenderla y aprenderla.

    Algunas curiosidades del pódcast:

    • Vlad Radulian es un rumano que a los 19 años empezó a escribir los subtítulos en rumano para las telenovelas que se transmitían en español masivamente en su país. Estuvo 20 años en ese trabajo.
    • Los vecinos de un pueblo rumano le pusieron Esmeralda a una vaca porque así se llamaba la protagonista de la telenovela mexicana.
    • Las jóvenes rumanas usaban el español para pelearse, pero con expresiones de telenovelas como “¡Te odio!", "¡No te soporto!", "¡Cállate, estúpida”.

    Ahora los rumanos miran telenovelas turcas, pero el fenómeno es distinto. El turco no lo pueden aprender y entonces no lo hablan. ¿Será porque no los hace llorar?

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    Antes de despedirme, te recomiendo una nota de Pablo Staricco sobre Carolina Sosa, exploradora de National Geographic e investigadora para Agua invadida, documental sobre la pesca ilegal en aguas uruguayas.

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