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    Tercer libro sobre Vivian Trías, dirigente del Partido Socialista, y sus vínculos con la inteligencia checa en los 60

    Combatir al imperialismo. La inteligencia checoslovaca y la Guerra Fría en el Uruguay de los sesenta, del escritor checo Michal Zourek, recibió el visto bueno tanto de los socialistas como del mundo académico y fue presentado en diciembre, cuando ya había ganado el gobierno el Frente Amplio

    Eso se explica porque la imagen de Trías estuvo siempre asociada al llamado socialismo nacional, que, a diferencia del Partido Comunista encabezado por Rodney Arismendi, había sido muy crítico con la Unión Soviética, en especial luego de la invasión de Checoslovaquia por ejércitos del Tratado de Varsovia en 1968, que terminó con la Primavera de Praga.

    Luego de que el programa de VTV En la mira informó que Trías fue el agente más importante de la StB en el continente, el PSU primero guardó silencio y luego emitió una declaración poniendo en duda la veracidad de las fuentes y defendiendo el honor del muerto, porque Trías había fallecido en 1980, tres años después de cesar su relación con los checoslovacos.

    Al año siguiente, Petrilák y Kraenski —que se habían topado con las 3.000 páginas sobre el agente Ríos (nombre clave que recibió Trías en la central de Praga) cuando buceaban en los archivos de la actuación de la StB en Brasil— publicaron en Editorial Planeta el libro La StB, el brazo de la KGB en Uruguay: los archivos secretos del espionaje comunista desde los años 60, donde se resume la actuación en Uruguay de este servicio poco conocido por el gran público.

    López, que hizo traducir al castellano todos los documentos archivados en Praga relacionados con el exsecretario general del PSU, cruzó esa abundante información con sus propias investigaciones locales realizadas durante años y produjo un libro en el que, entre otras cosas, se interpreta el vínculo de Trías con los checos en el sentido no solo de apoyo a Cuba, sino de convertir al viejo partido de cuño laborista fundado por Emilio Frugoni en uno claramente marxista-leninista y por ese motivo tan parecido al PCU, que incluso se planteó —muy cerca del golpe de 1973— la posibilidad de una fusión.

    La unión de estos dos lemas históricos de la izquierda, que arrastraban rencores, finalmente no se produjo y un grupo de jóvenes militantes, en su mayoría del movimiento estudiantil, fue expulsado del PSU por fraccionalista. Casi todos recalaron en el PCU, entre ellos el exintendente de Canelones Marcos Carámbula y su hermano Gonzalo, vecinos de Las Piedras igual que Trías.

    Luego de esos días de mucha tensión, Trías se mantuvo en el viejo partido fundado por Frugoni, que quedó muy debilitado. Instalada la dictadura y cortados muchos de sus vínculos, tampoco fue demasiado exitosa su actuación en la StB, que unos años después decidió cerrar la rezidentura de Montevideo, aunque, como consideraba al profesor pedrense, un agente muy valioso intentó, sin suerte, que se radicara en Buenos Aires.

    López también aportó luz sobre otras facetas más clásicas de la actividad de la agencia: una lista de los miembros de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que operaban en Uruguay y otras informaciones secretas de la Embajada de Estados Unidos en Montevideo y también del Ministerio de Defensa durante los gobiernos de Óscar Gestido y Jorge Pacheco Areco.

    El tercer libro

    Aunque lleva por título Combatir al imperialismo. La inteligencia checoslovaca y la Guerra Fría en el Uruguay de los sesenta y está prologado por el historiador Aldo Marchesi, que tiene una mirada crítica sobre los dos trabajos previos, la investigación de Michal Zourek no posee grandes diferencias con los anteriores, al menos en cuanto a la información que maneja: confirma que Trías actuó 13 años a sueldo de una agencia extranjera, si bien hace un esfuerzo de historiador para poner en contexto y comprender esa vinculación difícil de explicar. El estudio de Zourek quedó acotado a 1960-1968. Deja afuera el período más complejo y rico en su aspecto político: la creación del Frente Amplio, cuando fue electo diputado, y el proceso que culminó en la dictadura, que hizo a Trías aún más dependiente de Praga.

    Una de las advertencias del investigador checo a los lectores es que, si bien los archivos de Praga están abiertos al público, al no contar con los correspondientes de la CIA u otras agencias occidentales ni los de la entonces KGB soviética, algunas de las informaciones quedan sin cotejar y muchas interrogantes no pueden ser respondidas debido a la compartimentación entre agencias y a que la StB estaba subordinada a su par de Moscú.

    El otro problema que se le presentó al joven profesor de la Universidad de Hradec Králové fue que cuando comenzó su investigación la mayoría de los actores principales ya habían fallecido y algunos sobrevivientes se negaron a hablar.

    Aun así, el trabajo ayuda a comprender mejor la época en la que le tocó operar a la StB a comienzos de la década de 1960, cuando en Argentina y Brasil sobrevinieron dictaduras militares y entre Moscú, Montevideo y Praga irrumpió el protagonismo de La Habana, porque la Revolución cubana cambió casi todos los vínculos en el continente caracterizado por la fuerte influencia de Estados Unidos.

    Es precisamente el antiimperialismo de Trías lo que explica para Zourek que este haya aceptado colaborar con la StB para debilitar la penetración estadounidense en el sur del continente y dar oxígeno a La Habana.

    El proceso de acercamiento comenzó cuando los checoslovacos de la StB, que tenían prohibido cualquier contacto con los comunistas, buscaban ampliar su red de informantes y se relacionaron primero con Trías y luego con otros políticos blancos y colorados que fueran posibles fuentes u operadores para las llamadas “operaciones activas” (AO) con objetivos concretos en libros, prensa u otros ámbitos.

    Zourek explica que no pudo acceder al contenido de las AO porque fueron destruidas en 1989 antes del relevo de poder, pero sí a los informes realizados por los oficiales destinados a Montevideo. Fue al estudiar los archivos y cotejar, por ejemplo, las publicaciones en el diario Época, que recibía dinero de los checos, que comprobó que muchas veces sus compatriotas exageraban el papel de los agentes, los figurantes y otras fuentes para realzar su labor ante los jefes.

    Resultados pobres

    El autor concluye que el trabajo de la rezidentura de Montevideo, si bien fue importante, no resultó demasiado exitoso porque no dio muchos frutos. Operaba con poco personal, que trabajaba part time, y además no disponía de tantos medios como las agencias occidentales o la soviética.

    De todas formas se proponían objetivos importantes tanto políticos como militares y trabajaron, con relativo éxito, con los políticos colorados Glauco Segovia y Alejandro Rovira, quien al mismo tiempo mantenía vínculos con los estadounidenses. También trabajaron con los blancos Alberto Heber, un convencido anticomunista y al mismo tiempo antiimperialista, y con el entonces joven diplomático herrerista Héctor Gros Espiell, a quien la contrainteligencia seguía de cerca precisamente por su lazos en el campo socialista.

    A diferencia de los otros libros sobre el tema, el de Zourek, que afirma que Trías, por su alto nivel, tenía fuerte ascendencia sobre la StB, recibió el visto bueno tanto de los socialistas como del mundo académico. Fue presentado en la Fundación Vivian Trías por el historiador Gerardo Caetano, que elogió el trabajo por “no demonizar ni santificar” un asunto que había causado “malestar, desazón e inquietud”, la dirigente del PSU Mónica Xavier y el propio Marchesi, que reconocieron públicamente el esfuerzo por explicar el contexto histórico de la Guerra Fría.

    Aun así fueron tomadas algunas precauciones. Si bien la editorial Banda Oriental lo tuvo pronto desde julio del año pasado, recién fue presentado en diciembre, cuando ya habían pasado las elecciones que devolvieron al Frente Amplio al gobierno.

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