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    El gobierno está dispuesto a “sostener un proceso de conflictividad” con los sindicatos para llevar adelante la reforma educativa

    Los cambios del “paradigma pedagógico” y del “rol docente” serán algunos de los primeros efectos visibles de la reforma, asegura el director nacional de Educación, Gonzalo Baroni, al mismo tiempo que reconoce y “lamenta” la “incertidumbre” que tienen parte de los maestros y profesores

    Si bien la conflictividad en el área educativa se remonta a incluso antes de que asumiera el actual gobierno, el tono de los cuestionamientos ha ido aumentando en intensidad con la aprobación de los nuevos planes y programas de estudio y, en parte por esto, las autoridades prevén un inicio de las clases “complicado”. Así lo cree Gonzalo Baroni, uno de los blancos de ataque de los gremios.

    Este jueves 2, cumple tres años al frente de la Dirección Nacional de Educación del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) como una de las principales voces del área en la administración de Luis Lacalle Pou. Este economista de 37 años le tomó gusto a la docencia enseñando matemáticas a liceales del barrio Brazo Oriental por la ONG Enseña Uruguay y del Marconi por la Escuela de Oficios Don Bosco, y se especializó en políticas públicas como magíster en Desarrollo Internacional por la Universidad de Birmingham, Reino Unido, tras ganar la beca de Chevening en 2017.

    Baroni está convencido de que la oposición que plantean gremios como la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (Fenapes) es “conservadora” y defensora del “statu quo”. Pero advierte que en el gobierno están “dispuestos a sostener un proceso de conflictividad” para llevar la reforma adelante.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que mantuvo Baroni con Búsqueda.

    —¿Cuáles son los objetivos que el gobierno de la educación quiere ver plasmados en este período?

    —Nosotros definimos cuatro ejes bien claros tras analizar el sistema. Había problemas en el eje de mando o en los procesos jerárquicos, y ahí planteamos los cambios en la gobernanza de la educación a través de la LUC (Ley de Urgente Consideración). También había un tema en la conducción de los centros educativos y en la formación de los equipos directivos, y por eso discutimos la autonomía, mejores salarios y capacitación de los equipos. Luego está el proceso de formación docente, que es el principio de muchos de los problemas que tenemos en el país. Y después están los cambios del marco curricular, la pertinencia de lo que los jóvenes están aprendiendo. Ante esto, la respuesta no puede ser: “¡Es lo que hay, valor!”. Hay que actuar, porque por algo nos votaron y por algo la gente confía en nosotros.

    —¿Qué le cambiará a las familias que envíen a sus hijos a la escuela o al liceo ahora cuando empiecen las clases, entre el 6 y el 13 de marzo, en los diferentes niveles?

    —A una familia uruguaya tipo que envíe a su hijo o a su hija a la escuela o al liceo en estos primeros días de clase no le va a cambiar nada. El escolar concurrirá como todos los días con su moña azul a la escuela; lo mismo en el caso de los que asistan al liceo o a la UTU. A sus familias no les cambiará ni la dinámica, ni el esfuerzo ni la inversión de tiempo.

    —¿Y al estudiante? ¿Ya verá cambios en el aula?

    —Al estudiante sí le cambiarán las cosas, porque encontrará programas y contenidos distintos. Pero sobre todo verá un abordaje diferente por parte de los docentes. Ahora, como toda política pública, hay una parte de diagramación y otra de implementación. El esquema de armado de los planes y los programas ya fue aprobado por el Consejo Directivo Central (Codicen) en cada una de las áreas y subsistemas, empezando por el marco curricular. La implementación de todo eso llevará más tiempo. Habrá un cambio en el paradigma pedagógico, donde el rol del docente será distinto, de cocreación, de acompañamiento, más que de liderazgo absoluto en el aula.

    —¿En qué áreas los docentes encuentran mayores carencias formativas?

    —En las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática; por sus siglas en inglés) y también en las artes. Esto explica que de las 280 carreras que hay en Uruguay, la mitad de los jóvenes que entran en el nivel terciario universitario elijan apenas 15 y todas de las áreas tradicionales (medicina, abogacía, magisterio y profesorado), según un estudio del MEC de 2022.

    —¿Por qué dijo que augura un inicio de curso conflictivo?

    —Es lo que han anunciado los colectivos docentes. Los mismos que pararon para juntar firmas contra la LUC cuando recién retornamos de la pandemia y veníamos con varios indicadores que decían que a mayor concurrencia a clase, mayores aprendizajes. Ya estamos acostumbrados a esto. ¿Nos gusta? No. Pero tampoco nos asusta. Si ya pararon para juntar firmas, ¿no van a parar porque ahora estamos modificando específicamente cosas de la educación?

    —Emiliano Mandacen, secretario general de Fenapes, y Elbia Pereira, secretaria general de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM-TEP) y secretaria general del PIT-CNT, dijeron este lunes en radio Carve que no ven nada “rescatable” en esta reforma, y plantearon como principal reparo que se hizo “a espaldas de los docentes”. ¿Cómo toma esos dichos?

    —Sin hablar de manera peyorativa, es bueno aclarar que hay problemas con algunos dirigentes sindicales. Eso está claro. Cuando nos plantearon ya en diciembre de 2019 que estaban en contra de todo lo que vamos a llevar adelante... Vimos que no es un tema ni de implementación, ni de improvisación ni de quiero o no quiero que se reforme; es que no me interesa lo que hagan estas personas. Y así lo afirmó un dirigente antes de que el gobierno asumiera, en una entrevista con Búsqueda. (Se refiere a José Olivera, dirigente de Fenapes, que definió al entonces ministro designado, Pablo da Silveira, como un “soberbio de primera” que “gotea neofascismo”). Con ese discurso después ya es muy difícil el diálogo. En esa entrevista se rompió cualquier posible vínculo de confianza cuando ni siquiera nos llegamos a reunir...

    —La última reforma de gran calado la encabezó Germán Rama hace 25 años y también fue muy resistida y combatida, aunque luego asimilada y hasta reivindicada por quienes la rechazaban. ¿Cree que puede repetirse la historia?

    —Si uno hace un análisis comparativo de todas las reformas educativas, la primera respuesta de los sindicatos de la educación, en general, es ir en contra de los cambios, y, entre otros factores, para sostener el statu quo. Y siempre la primera frase que sale es: “Los que saben son los docentes”. Arrogarse el monopolio de la opinión en un área no es demasiado democrático. Pero tampoco nos puede sorprender. Todos los análisis previos nos anunciaban que algunos sindicatos iban a tener una posición radicalmente en contra del cambio para conservar el statu quo. Lo hicieron con los colorados, lo hicieron con el Frente Amplio... Son los que tienen más voz y también los más conservadores. Y el conservadurismo no es de izquierda ni de derecha, es una actitud de vida.

    —Las ATD (Asamblea Técnico Docente) también se pronunciaron en contra de la reforma y un grupo de inspectores manifestó que no está dispuesto a llevarla adelante…

    —Este último es un cuestionamiento al Estado de derecho del sistema democrático. Uno puede manifestar que esto va contra sus principios o de su ética y decir que por eso no la va a llevar adelante. Está perfecto. Pero no puede hacerlo porque técnicamente no esté de acuerdo… si no, habría que dedicarse a otra cosa. Y desde la salida de la dictadura a la fecha, frente a los grandes cambios o intentos de reforma educativa, con gobiernos de todos los partidos mayoritarios, las ATD siempre estuvieron en contra. No es novedad que hoy lo estén. Después podemos discutir cuánto aporta esa herramienta, que yo creo que aporta mucho, y cuántas veces resulta realmente representativa de todos los docentes. El punto es que MEC y ANEP nos representan a todos; los sindicatos no, solo representan a algunos y de un sector específico. Por eso tenemos que tomar decisiones que vayan más allá del statu quo y del interés de un sector.

    —Entrevistado por Clarín, dijo: “Todo cambio en las condiciones laborales y salariales tiene que ser negociado en el consejo de salario. Ahora, todo lo que implica la política pública no debe ser negociado. Esta es la postura de este gobierno, que no era la del anterior, que negociaba todo…”.

    —Corrijo. El gobierno anterior no negociaba todo. Y el tema es que por no animarse a negociar todo terminaron negociando demasiadas cosas… que al final no las llevaron adelante. Y ese es uno de los problemas que tuvo la mayoría del gobierno de la educación durante los últimos 15 años. No digo todo, porque el primer período fue muy fermental, a partir de 2008 con la Ley General de Educación. El Plan Ceibal tampoco se negoció, porque se decidió en Presidencia, entre Tabaré Vázquez y Miguel Brechner, que si no hasta ahora lo estábamos discutiendo. Y hoy los sindicatos siguen diciendo que Ceibal y el Instituto Nacional de Evaluación Educativa tienen que desaparecer porque apuntan a la privatización y son obras del imperialismo y de las empresas capitalistas que quieren meter la educación digital en nuestro país... ¡Lo dicen los documentos de Fenapes, que integra la Internacional de la Educación! Los mismos que resistieron los principales cambios del Frente Amplio. ¿Negociaron todo? No. Pero acá a veces se generan falsos bandos en torno a la política educativa.

    —¿Qué quiere decir?

    —Que no hay dos bandos, hay tres. Por un lado está el Frente Amplio, que notoriamente en algunos aspectos no está de acuerdo con lo que llevamos adelante en materia educativa, y es legítimo. Otro bando lo integran algunos dirigentes sindicales que rechazan los cambios para mantener el statu quo. Y luego está el gobierno, que a la interna también tenemos nuestras diferencias, pero que buscamos aplicar un programa por el que fuimos votados. O sea que son tres bandos, porque ni siquiera el Frente Amplio está de acuerdo con mucho de lo que plantean los sindicatos de la educación y eso también quedó claro en el proceso de recolección de firmas contra la LUC.

    —Como sea, hay docentes ajenos a ese debate que tienen mucha incertidumbre ante los cambios.

    —Sí, y la verdad es que lamento muchísimo que haya docentes que tengan mucha incertidumbre, porque ellos son los que implementarán los cambios. Ellos son los que día a día van a trabajar. Ellos son los que dieron la cara en el momento más crítico de la pandemia, y que ahora llevan adelante una reforma que los afecta y que terminará siendo una jerarquización del rol docente.

    —¿Qué responde a quienes critican a las autoridades educativas por ser “academicistas”, con poca cintura política?

    —Esa es otra caricatura de los sindicatos. Primero, yo no me creo academicista, desde que tengo memoria estoy en el sistema político. ¿Quién es academicista? Robert Silva, presidente del Codicen, fue representante de los docentes e integró el gobierno de la educación durante muchísimo tiempo. Juan Gabito, consejero nacionalista, también ha sido presidente del Codicen, docente durante muchos años y conoce el sistema al dedillo. Y todos los directores generales son docentes de carrera. Y el MEC cumple un rol rector, acá definimos el plan de política educativa, pero el que implementa la política es la ANEP como ente autónomo. Antes la médica María Julia Muñoz era la máxima figura del MEC; que de educación… me imagino que estaba muy involucrada, pero...

    —¿El gobierno está preparado para afrontar mayores niveles de conflictividad?

    —Sí, estamos dispuestos a sostener un proceso de conflictividad para llevar adelante la reforma. Ese nivel de conflictividad muchas veces termina siendo un círculo rojo, en algunas áreas, no en todo el país.

    —¿Y esta es la reforma deseada, o hubiera preferido ver cambios más profundos?

    —Yo creo que esta es la reforma posible, dado el sistema político que tenemos y la pospandemia. ??No es una reforma cosmética. Es realmente profunda, por lo que no nos darán los tiempos para verla reflejada en el 2023. Pero ya en el 2024 o 2025 veremos la punta del iceberg de algunos cambios. Y la población estudiantil verá los efectos de la reforma probablemente en 5, 6 o hasta 10 años.

    —¿Cuánto trastocó los planes la pandemia?

    —Por la pandemia se perdieron cosas más instrumentales y puntuales. Nos hubiese gustado tener más tiempo, más pilotos, más meses de preparación y de capacitación a los docentes. Adaptamos algunas cosas y modificamos otras sobre la marcha. Pero lo esencial del plan se mantiene. Mucha gente pensó que después de dos años de pandemia no nos íbamos a animar a llevar adelante los cambios en la educación. Fueron falsas expectativas de actores sindicales y políticos. Y recordemos que muchos de los principales cambios, capaz escuetos, que llevó adelante el Frente Amplio en educación, recién empezaron en 2008, cuando asumió el gobierno en 2005, sin pandemia y con bastante viento de cola.

    —Exceptuando la pandemia, ¿cuál fue el peor momento que le tocó vivir en lo que va de gestión?

    —No se puede exceptuar: el peor momento sin duda fue la pandemia. Cuando llegabas a tu casa después de estar 20 horas metido acá, viendo cómo volvían las escuelas a clase, y tenías a tus vecinos caceroleando porque en teoría el gobierno estaba haciendo todo mal. Ese fue para mí el momento más duro.

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    2023-03-01T23:45:00

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