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    martes 04 de junio de 2024

    La Armada tiene ocho buques nuevos y diferencias con Javier García

    “Con esto se pone fin a un proceso de frustraciones”, dijo el ministro tras cerrar la compra de patrullas oceánicas

    La formación y desarrollo del Estado uruguayo están ligados a la agricultura y la ganadería. La pradera verde es una imagen histórica y año a año los índices económicos demuestran su vigencia. Pero hay nuevos sectores en crecimiento y otros más tradicionales a los cuales no se les presta tanta atención. Al menos eso es lo que sostiene la Armada Nacional, que el año pasado elaboró una estrategia para destacar las riquezas del mar uruguayo, las amenazas que sufre y las limitantes que impiden explotarlo.

    El documento generó el concepto de pradera azul -en contraposición a la hegemonía del agro- y fue presentado al ministro de Defensa, Javier García, como un insumo oficial que demuestre, entre otras cosas, la necesidad de mejorar la alicaída flota de la Armada. La semana pasada García formalizó la compra de dos esperados buques de patrulla oceánicos (OPV) y consideró cumplida parte de esa exigencia. “A partir de ahora la Armada va a recuperar sus capacidades en el cumplimiento de su misión, en el cuidado de la soberanía de los recursos naturales y de todas las misiones que cumple para el país”, dijo en rueda de prensa.

    Además de los dos OPV, durante el actual período de gobierno el ministerio cerró la adquisición de cuatro lanchas, un barco de búsqueda y rescate, y otro científico. Las compras fueron celebradas por el comandante en jefe de la Armada, Jorge Wilson. El 4 de diciembre, García también había destacado la importancia de este nuevo equipamiento. “Teníamos un problema muy grave: había muchos profesionales formados durante años casi sin posibilidad de navegar. Teníamos una Armada que prácticamente no navegaba, que no podía cumplir su función fundamental, que es cuidar nuestras riquiezas naturales, nuestros recursos, ejercer la soberanía, llegar a nuestra plataforma continental. Eso no se puede hacer sin barcos y la verdad es que los barcos estaban más que jubilados”, afirmó.

    Esa declaración, similar a otras que el ministro realizó desde 2020, molestaron a integrantes activos de la Armada. Consideran que durante este tiempo no se ha valorado el esfuerzo de los marineros para desarrollar las misiones y cumplir con los estándares de seguridad, una opinión disímil a la que Wilson ha manifestado públicamente. Oficiales consultados por Búsqueda coincidieron en que, pese a la debilidad de la flota, la Armada en ningún momento dejó de navegar ni de vigilar las aguas uruguayas. “Es mentira que no podíamos ejercer nuestra vocación. Siempre la ejercimos”, dijo una de las fuentes, que pidió mantener el nombre en reserva por el riesgo de ser sancionado.

    También mostraron discrepancias respecto a la condición y el rendimiento que permitirán los ocho navíos adquiridos. En particular, el hecho de que seis son usados y únicamente dos -las patrullas oceánicas- serán fabricados “exclusivamente” para Uruguay y “avalarán” operaciones que actualmente están minimizadas, como el combate a la pesca ilegal, la piratería y el narcotráfico en aguas abiertas.

    Javier Garcia durante el arribo de las tres lanchas de Estados Unidos para incorporarse a la Armada Nacional, noviembre 2022. Foto: Daniel Rodriguez / adhocFOTOS

    Desafío

    En noviembre del año pasado arribaron al puerto de Montevideo tres lanchas clase Marine Protector, fabricadas en 2002 y cedidas por Estados Unidos; Uruguay pagó US$ 6 millones y se emplearán para reforzar la patrulla fronteriza en el litoral oeste del país. A inicios del año próximo se prevé la llegada de una lancha clase Chamsuri, construida en 1989 y donada por Corea del Sur; afrontará la pesca ilegal desde el puerto de La Paloma. El mes pasado se incorporó un buque de búsqueda y rescate donado por Alemania, de 1988, que también tendrá como destino La Paloma. A mediados del 2024 vendrá un buque oceanográfico de 1966, comprado en US$ 1,7 millones a Estados Unidos, para desplegarse en traslados y tareas científicas y de investigación.

    Las OPV serán fabricadas por el astillero español Cardama a un precio total de 82 millones de euros. El plazo de entrega será de 18 meses el primer barco y 12 meses después el segundo. Mientras los miembros actuales de la Armada destacan que incrementará la presencia y el control de Uruguay en mar abierto, la elección de Cardama por parte del gobierno derivó en diferencias con un grupo de jerarcas retirados. Entre ellos se encuentran los contralmirantes Otto Gossweiler y Gustavo Musso, que ocuparon posiciones de mando en esta administración y pasaron a retiro por discrepancias con García. Musso renunció en agosto como jefe del Estado Mayor General de la Armada, luego de que se desestimara un informe suyo en el que recomendaba la producción de las OPV a otros astilleros.

    Para el acuerdo de compra de las dos patrullas oceánicas, el Ministerio de Defensa fue asesorado por Delpiazzo Abogados. El director del estudio jurídico, José Delpiazzo, incluso participó el viernes 15 de la firma del contrato junto a autoridades del ministerio, el embajador de España y el presidente de Cardama. Entre otros aspectos técnicos, el contrato incluye la participación de un clasificador internacional, que controlará el proceso de construcción de los buques, así como la presencia de un representante de la Armada para realizar el seguimiento de construcción.

    Con la contratación de Delpiazzo el gobierno buscó evitar la repetición de episodios anteriores con astilleros que generaron problemas en los plazos, las garantías y los tipos de pago. En particular, lo sucedido con el ROU 04 General Artigas, el buque más grande y emblemático de la Armada. Recibido en 2005 de la Deutsche Marine, debió ser remotorizado en 2018, para lo cual se firmó un contrato con la empresa alemana Lürssen que implicó una inversión de US$ 6 millones, de los cuales US$ 500.000 no estaban previstos.

    Más allá de lo legal y económico, la incorporación de estas dos nuevas unidades obligará a una capacitación particular para el personal de la Armada. Cada OPV puede llevar hasta 75 ocupantes, pesa 1700 toneladas, tiene una eslora de 87 metros, más de 12 metros de manga, un calado de 3 metros y medio, plataforma para helicóptero, hangar, 7.700 millas de autonomía, un cañón de 30 milímetros en proa y dos ametralladoras en las bandas de 12.7 milímetros. “Es un desafío, por tener un grado de tecnología mayor al que se disponía en el presente, debiéndose por tanto estar a la altura en lo que hace a la preparación”, señaló Wilson.

    Información Nacional
    2023-12-20T18:03:00

    FUENTE: nota.texto7