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    miércoles 05 de junio de 2024

    La campaña de Zaida González, “sin lujos” pero con “ideas”, y los contrastes de una interna colorada que intenta mostrarse unida

    En el aniversario de Batlle y Ordóñez, el Partido Colorado hizo su primer acto masivo con los seis postulantes

    Hacía mucho que la sala de convenciones no estaba tan llena, aseguró el prosecretario del Partido Colorado, Gustavo Osta. “Por lo menos, desde el balotaje con Tabaré Vázquez”, precisó. Eso fue en 1999, con Jorge Batlle, que le dio la última victoria a los colorados y el nombre a esa misma sala. Todo había terminado en la noche del martes 21 de mayo y el ideólogo del primer acto conjunto con los seis precandidatos, coincidente con el 168º aniversario de José Batlle y Ordóñez, estaba visiblemente satisfecho. Lo que se quería era dar un mensaje de unidad, tan escorada por eso que se da por llamar “fuego amigo”. Hay una nueva estética e iconografía partidaria, de la que no se salvó ni el histórico clavel. Por los parlantes sonó repetidas veces Caminamos, del Cuarteto de Nos. En la enorme pantalla gigante detrás del escenario se leía “Caminamos juntos”. “Hoy todo el partido se pone en campaña”, subrayó.

    “Esta es una sede bien batllista”, se ríe Santiago Fernández, abogado, escribano y todo un experto en abrir la puerta de vidrio de la sede central de la precandidatura de Zaida González sin que nadie salga lastimado. Una sede bien batllista, entonces, tiene una puerta que requiere un juego para ser abierta, combina sillas de oficina con bancos largos de madera, y la gobierna una mesa enorme, multiuso, vestida con un mantel rojo —colorado—, donde se reúne el comando, se planifican acciones de campaña y se apura la merienda. En las paredes hay cuadros de Batlle y Ordóñez, Alba Roballo y José Enrique Rodó; hay frases de Domingo Arena, Batlle y Ordóñez, Indalecio Prieto, José Artigas y José Pedro Varela; hay un mapa de Montevideo y otro de Uruguay; hay afiches grandes de la lista 1616, “Zaida presidenta”; y también hay pegados un símbolo de la diversidad, otro del 8M y una margarita de esas que preguntan “¿dónde están?”.

    “Dudo mucho que veas estas cosas en otra sede colorada”, sonríe Margarita Machado, también abogada, otra militante de Laura, el sector que lidera González. “Acá no hay lujos, pero hay ideas”.

    El expresidente de Antel Gabriel Gurméndez, que vino con batucada propia, fue el precandidato que hizo más ruido al llegar. Un sorteo con escribano público determinó que fuera el último de los precandidatos en hablar. Se pactó que cada uno de ellos no hablara más de cinco minutos, lo que fue —en algunos más que en otros— religiosamente incumplido. El diputado Gustavo Zubía y el exdirector nacional de Telecomunicaciones Guzmán Acosta y Lara, que semanas atrás figuraban entre los postulantes y eran quienes más dardos habían lanzado a sus pares, ahora estaban entre los asistentes y no en el estrado. En la sala abarrotada de pañuelos, corbatas, bufandas y banderas coloradas, desde Julio María Sanguinetti hasta el último de los militantes, había un pacto no escrito de guardarse por una noche los chispazos internos, lo que en los discursos —nuevamente, más en unos que en otros— se sintió. Una interna atomizada, donde ninguna consultora le da al histórico partido siquiera el diez por ciento de la intención de voto, llamaba a evitar altisonancias.

    Atomizada y todo, la interna colorada es rica en contrastes. El búnker de Andrés Ojeda, por caso, a quien las encuestas muestran en primer lugar, con todos los reparos que merece una muestra chica y un elevado margen de error, es un enorme y luminoso inmueble de dos pisos en Bulevar España y Enrique Muñoz, con al menos cuatro salas de reuniones, garaje y enchufes por todos lados, donde antes funcionaba la base de una emergencia móvil. Fuentes partidarias dijeron a Búsqueda que por ese inmueble pedían US$ 6.000 al mes. El de González —última en lanzarse al ruedo, también última en los sondeos, al punto que algunos ni la mencionan— también tiene dos niveles; claro que el superior es un entrepiso gobernado por una claraboya ciega que funciona más que nada como depósito y que requiere como requisito excluyente no padecer vértigo para subir. Antes de ser la sede de su precandidatura, este inmueble de Arenal Grande y Uruguay era una barbería.

    “La campaña nos está costando mucho por la parte económica”, dice González, 45 años, casada hace 22, madre hace 16, vecina del Centro, exempleada en comercio exterior, ex wedding planner y organizadora de eventos, hoy emprendedora en el mundo de la aeroponia en verduras de hojas verdes y frutillas. Solo el alquiler del lugar —treinta metros cuadrados siendo generosos, con una cocina y un baño que cumplen los requisitos mínimos— cuesta $ 14.000 al mes. Aun así, los militantes lo quieren como a un templo, cada uno aportó un cuadro, una bandera, algo de vajilla. “Todo esto lo estamos bancando yo y los compañeros”, añade. “Tenemos bien claro que no nos conoce nadie y no tenemos apellido político”, concluye.

    Laura es el seudónimo con el que Batlle y Ordóñez reivindicaba los derechos de las mujeres en El Día. Su núcleo duro no pasa de veinte personas y si bien González asegura que tiene gente en todo el país, solo hay otro local en Santiago Vázquez y otro en Canelones. Estos son días agitados. Todas las tardes tiene una actividad diferente. Esta noche, por caso, tiene una entrevista televisiva. Mientras la precandidata atiende a un vendedor de paltas, que toca la puerta, ofrece su mercadería y cuenta vida y milagros, el politólogo Eduardo Alonso, otro militante, se suma a la mesa con Fernández y Machado. La charla oscila entre la ausencia total de triunfalismo y la reivindicación de lo propio: pobre Partido Colorado, no se puede creer que esté tan diluido, la Coalición Republicana es un sinsentido, a Zaida le falta comunicación y visibilidad, acá está la verdadera esencia del batllismo, acá está la resistencia...

    El docente y actor Diego Delgrossi, muy solicitado para las selfies, fue el maestro de ceremonias. “Soy el único artista del Partido Colorado, ¿a quién más iban a llamar?”, dijo ante las risas de los asistentes. Por sorteo, Ojeda fue el primero en hablar. El suyo no fue un discurso clásico de campaña, pero sí el de alguien con años de televisión arriba. Renovación, futuro y unidad fueron sus consignas principales. Apeló a la “unidad”, a la necesidad de “la derrota del Frente Amplio” y de un nuevo triunfo de la coalición de gobierno. “Nada es más batllista que trabajar por un gobierno de coalición”, añadió. A sus respectivos turnos, Robert Silva (que habló en tercer lugar) aludió a una nueva coalición “impregnada de batllismo”, de “humanismo” y de “justicia social”; Tabaré Viera (quinto) mencionó el “día después” de las internas, cuando el partido tiene que mostrar cohesión y necesidad de un Estado “como escudo de los débiles”; Gurméndez (que por lejos fue quien más se excedió en el tiempo) aseguró que “son más las cosas que unen que las que separan” a quienes estaban en el escenario y aludió también a la “nueva coalición”.

    González tiene casi tres décadas de militancia. Empezó con Jorge Batlle y en la última interna estuvo detrás de la precandidatura de José Amorín Batlle. Ya tiene claro lo que es no ser favorita. También, dice, esos años le hicieron “tener conocimiento de la gente”. Hace dos años formó Laura.

    Fue el propio grupo el que propuso que se precandidateara, dice, y sus compañeros asienten. “Eso fue algo que se dio solo. Yo creo que faltaba esta mirada, el reflejo del batllismo más puro, pensado en la gente y no en los cargos. Humanismo y acciones. Consideramos que representamos eso”. Ella se define “batllista, progresista y vanguardista”. Apunta a los símbolos de la diversidad, la lucha feminista y los desaparecidos colgados en la pared. “Eso es humanismo”.

    También está el feminismo. El colorado es un partido que en 1942 tuvo en Magdalena Antonelli Moreno, Sofía Álvarez e Isabel Pintos a tres de las cuatro primeras legisladoras uruguayas (la otra fue la comunista Julia Arévalo), y a la primera ministra con Alba Roballo. Hoy nadie pone a la histórica colectividad a la vanguardia en este movimiento. Hoy, por primera vez, el Partido Colorado tiene dos precandidatas: Carolina Ache y ella, las dos que aparecen últimas en las encuestas. “Quizá yo tenga un grado más de feminismo que Carolina... pero igual las dos estamos haciendo historia”.

    No casualmente, los dos discursos que estuvieron en distinta sintonía —ambos leídos— fueron los de Ache y González. “Voy a cortar con tanta dulzura”, dijo la precandidata de Vamos con la Justa, segunda en hablar, inmediatamente después de Ojeda, y cumplió. Quien es sobrina nieta del último presidente colorado, quien había cuestionado a los candidatos “rosados” habló de ser “sinceros”, de que los números de las encuestas dicen que han “fallado”, de que ya no se le llega a la gente, y de que asumió “el desafío de ser la primer mujer precandidata del partido” porque “la sangre” le pide “trabajar junto a quienes no quieren más un partido obsecuente que prioriza la seguridad de los cargos por sobre la verdad y los principios”.

    De coalición ni hablar. Fue la intervención que cayó menos simpática entre los adherentes a otros postulantes. “Cualquiera diría que no fue parte de este gobierno”, ironizó un dirigente que apoya a uno de los que figura con más chances, si se confía en las encuestas, sobre la exvicecanciller.

    Zaida González, que habló en cuarto lugar, osciló entre lo autoflagelante (“nuestras orejas constantes, los comités batllistas, ya no existen más”; “estamos lejos de la gente”) y los temas que, dijo, más le preocupan: la violencia de género y la pobreza infantil. “A las mujeres, más allá de su color político, les digo: No desesperen, el futuro del país es de nosotros”. A la hora de presentarla, Diego Delgrossi resumió el sentir de muchos: “Querida Zaida, primera vez que nos vemos en persona”.

    Hay un tema que sobrevuela en Laura, cada vez más cerca de aterrizar. Si Zubía y Acosta y Lara, ambos con más recursos y visibilidad, ya se bajaron de la carrera electoral, sumándose a las precandidaturas de Ojeda y Gurméndez, respectivamente, ¿no debería Zaida González hacer lo mismo? ¿Más tomando en cuenta que recién fue nombrada en la encuesta guiada de Equipos difundida el viernes 17, que le dio un 1% de intención de voto en la interna? “No lo hemos resuelto por el momento, esto es día a día, la vorágine de la campaña te lleva a evaluar situaciones todos los días. Lo vamos viendo”, dice la emprendedora. La aún precandidata no quiere bajarse, pero en política nadie puede descartar nada. El tema para ella es con quién seguir. “Ese es el buen punto, que no es fácil. Tendría que ser alguien con quien podamos llevar el programa que impulsamos”.

    De su programa, le gusta poner el acento en el combate a la pobreza infantil. “Es necesario dar un salto en ese sentido, con un shock de políticas públicas en barrios carenciados, trabajar ahí. A partir de eso va a mejorar la educación y la seguridad, están relacionados”. Como muchos de sus colegas, quiere sacar el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) de la órbita del Ministerio del Interior. “Aún no sabemos si trasladarlo a un Ministerio de Justicia o resolver de otra forma”. De cualquier forma, repite que “no es fácil” dar el paso de acordar con alguno de los precandidatos con chances.

    Muchos de ellos no ayudan: “Hay algunos que me preguntaron: ‘¿Te vas a bajar? Porque necesito rellenar la lista’. ¡Por la ley de cuotas! ¿¡A mí me vas a preguntar eso!? Estamos dando batallas para sacar la imagen de las mujeres como florero en la política, funcionales a las estructuras masculinas, ¿y me venís a preguntar eso? No, ni loca te digo quién fue”.

    Según supo Búsqueda, otro precandidato colorado con chance de ganar se reunió meses atrás con la cúpula de Laura. Palabras más, palabras menos, le dijo que si se unían a sus filas temprano, tendrían su recompensa. “Comprar desde el pozo”, fue la analogía que usó. Eso fue antes que González decidiera lanzarse por su cuenta, el 19 de marzo. Que poco después que eso el Partido Colorado comenzara a hablar de modificar los estatutos y poner requisitos a quienes quieran postularse tampoco colabora a sentir comodidad.

    El comando de González envió el martes una declaración: su precandidatura no se baja. Al menos por ahora.

    Al término del último discurso, Ojeda (“Me alegro que baje la beligerancia”, dijo a Búsqueda cuando se dispersaba el encuentro) reunió a los seis para una selfie. Delgrossi llamó a Osta para una intervención final. “Era necesario que estuviéramos todos juntos”. “Si el Partido Colorado vota bien, va a haber nuevamente coalición de gobierno, ojalá liderada con nosotros, y dejaremos al Frente Amplio en la oposición”. El ambiente fue festivo. En la pantalla, atrás, se leía “Caminamos juntos”. La pantalla tapó la histórica frase de la sala de convenciones colorada, esa que dice “La historia de las asambleas es la historia de la libertad”.

    González, quien fuera hijastra del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, está convencida de que la postura de Laura es la vuelta a las raíces batllistas. Obstinada en seguir corriendo la carrera, enamorada de su casa partidaria (“tiene vida, esencia, mística, valores, principios, otras sedes tendrán más cosas pero son más frías”), en todo caso piensa que está recorriendo un primer tramo.

    “Esto es un proceso, un puntapié inicial. El partido necesita cambios estructurales, renovación, visiones diferentes. Esa es la mirada que podemos aportar. Reactivarlo. Hace mucho tiempo que no tenemos convención nacional ni convenciones departamentales... Hoy por hoy, la frase ‘La historia de las asambleas es la historia de la libertad’ es una frase vacía. Esto es un arranque para una transformación”, concluye desde su búnker del Cordón.

    Información Nacional
    2024-05-22T22:53:00