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    martes 04 de junio de 2024

    La formación militar “superó el tabú” de la historia reciente, dicen sus responsables

    Cada año se presentan cerca de 180 aspirantes para 130 plazas vacantes; 58% de los alumnos mantienen lazos con la familia militar y un “muy alto” porcentaje de cadetes deserta

    En los últimos años, el Ejército operó un cambio frente a lo sucedido en la llamada historia reciente, vinculada a la dictadura (1973-1985). Ese cambio empezó cuando el ministro de Defensa, Javier García, designó como comandante en jefe de la institución al general Gerardo Fregossi, quien impulsó un análisis de la actuación del Ejército en la historia reciente. Esto llevó a que en los primeros años de este gobierno un grupo de militares y civiles entrevistaran a Julio María Sanguinetti y a José Mujica, entre otros dirigentes políticos, militares, intelectuales y periodistas; estudiaran documentos tupamaros y escucharan testimonios de hijos de desaparecidos, en el marco de una revisión académica sobre el período comprendido desde 1958 hasta hoy.

    El “gran objetivo” era dotar a los integrantes del Ejército de mayor conocimiento sobre la historia reciente y modificar los planes de estudio de la fuerza. “Necesitamos darle un futuro a las nuevas generaciones, y para hacerlo es necesario llevar esto al sistema de enseñanza”, fundamentó en su momento Fregossi a Búsqueda.

    Antes había dirigido el Liceo Militar y la Escuela Militar, y sabía de primera mano que alumnos y cadetes de esas instituciones solían recibir insultos en la calle “por circunstancias que muchas veces ellos mismos no entendían”. Detectó que faltaba información entre los oficiales más jóvenes y creyó que había que cambiar el sistema educativo. Con otros generales fue diseñando una estrategia, respaldada por García, que se estrenó como ministro dispuesto a apoyar la propuesta del Ejército.

    Sin embargo, la revisión de la formación militar provocó el rechazo de algunos sectores del Ejército, particularmente de miembros retirados de las Fuerzas Armadas. Es que la iniciativa se enmarcó en un aumento de los procesamientos de militares retirados por delitos cometidos durante la dictadura. Pese a ello, desembocó en meses de análisis académicos y en la elaboración de un documento oficial que estableció en el plan de estudios militar la creación de una unidad didáctica a impartirse en todos los niveles de la institución dentro de la materia Historia Militar.

    Escuela Militar ubicada en la localidad de Toledo, en Canelones. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS

    Tabú

    A tres años de la idea original impulsada durante el mandato de Fregossi (2020-2023), aquel proceso de revisionismo académico derivó en “el puntapié inicial” de las transformaciones que persigue la formación militar para convertirse en una institución “aggiornada al siglo XXI”, según dijo a Búsqueda el mayor Sebastián Rivas, quien desde enero pasado se desempeña como jefe de estudios de la Escuela Militar, institución encargada de la formación de grado de los oficiales del Ejército.

    El sistema educativo militar aplicó en estos años “ajustes” en los programas y planes de estudios de las instituciones de formación, en asignaturas como Historia Militar y otros “cambios transversales” a materias como Ética y Moral, Liderazgo, Derecho Constitucional y Derechos Humanos. “Hoy el estudio del pasado reciente está mucho más naturalizado. Se habla más abiertamente, aunque es un tema delicado”, apuntó. En los planes de estudio de Historia Militar se promovió un mayor abordaje del tema, en el marco de la Guerra Fría y de los conflictos armados, como parte de los contenidos troncales a tratar en las escuelas e institutos de enseñanza del Ejército. Además se habilitó una bibliografía “ampliada”, tomando como referencia a autores que hasta entonces estaban fuera de los programas militares.

    Así, la formación militar “superó el tabú” sobre el abordaje de la historia reciente, aseguró a Búsqueda la profesora y antropóloga Virginia Rial. “Esta experiencia habilitó a abrir la puerta a algo que no se nombraba. Eso generó una marca. Hoy los jóvenes plantean el tema sin grandes tabúes. Y eso no es menor”, destacó esta docente civil con experiencia en las tres áreas formativas del Ejército: Liceo Militar, Escuela Militar e Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES).

    Docente titular desde 1996 y en la Escuela Militar desde 2009, en las materias Metodología de la Investigación y Sociología Militar, Rial señaló una “brecha generacional muy amplia” entre los hechos ocurridos hace más de 50 años y la perspectiva de los actuales cadetes. “Ni siquiera hay una linealidad familiar tan cercana con los actores de aquella época”, afirmó. También dijo que si bien el peso de la historia es importante en la Escuela Militar, la dictadura no es un tema que ocupe mucho tiempo en las clases. El tema se estudia sobre todo en los niveles superiores como “antecedente de conflicto histórico”, con un enfoque “más técnico-operativo”, de estrategias de combate y táctica militar.

    “La institución militar dejó de ser un ámbito endogámico” donde los espacios de socialización y de intercambio con el mundo civil eran “muy reducidos”, dijo Rial, y agregó que “en la última década el mundo militar también naturalizó la presencia femenina y el ascenso de oficiales mujeres a cargos de jefatura”.

    “La discusión en torno a las relaciones de género está totalmente superada entre los estudiantes de la Escuela Militar o del IMES”, precisó.

    Como docente egresada de la Udelar, Rial había sido convocada en 2009 para integrar un equipo de investigación en la Escuela Militar para trabajar “temas emergentes” en la institución, como abusos, causas de baja, problemas de género y maltrato. También tuvo una participación destacada en las actividades de revisión de la enseñanza militar.

    Simulador virtual de tiro en la Escuela Militar de Toledo, en Canelones. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS

    La Escuela Militar hoy

    Es una mañana nublada de martes y en la Escuela Militar de Toledo, Canelones, la única institución de formación de oficiales del Ejército, reina el silencio, la disciplina y el orden. A las 6:30 los aspirantes del primer año y los cadetes (2º, 3º y 4º) ya tienen que estar formados, bañados, peinados, afeitados, uniformados y con los cuartos en perfecto orden para proceder al pasaje de lista.

    Tras el desayuno, reciben clases hasta las 13:20. Hoy en Historia se habla de caudillos y un alumno pregunta por Aparicio Saravia; en Informática estudian Excel y en Física el profesor llena de fórmulas una pizarra. Luego el almuerzo y el recreo de rancho o descanso —en el que los cadetes pueden contactar con el mundo exterior, a través de internet— y por la tarde reciben la instrucción militar de orden cerrado y abierto, clases de tiro que —practican con un simulador— y educación física, previo a la merienda, recreación, cena y descanso. Así de lunes a viernes.

    Con una matrícula de 266 alumnos que conviven en régimen de internado, la Escuela Militar ofrece un plan de estudios similar al de otras instituciones terciarias, con sus particularidades alusivas a los conceptos de verticalidad y disciplina. Cada estudiante recibe alojamiento, comida, materiales y cobertura sanitaria, a cambio de una mensualidad o beca que va de algo más de $ 9.000 al ingresar como aspirante a los $ 14.000 al egresar como alférez del Ejército. Entre sus particularidades también destacan las pruebas de ingreso. Hay que sortear evaluaciones físicas y académicas, y cumplir una serie de exigencias que incluyen evaluaciones de Historia, Matemática e Idioma Español, pruebas de aptitud física y un examen médico y psicológico.

    El 62% de los alumnos que ingresan a esta institución provienen del Liceo Militar, tanto de su sede montevideana como de la de Tacuarembó, y un 37% llega de otros liceos, sean públicos o privados, o de centros de UTU. En los últimos tres años el promedio de postulantes oscila entre los 170 y 180, lejos de los 1.500 aspirantes de mejores épocas, y el número de vacantes disponibles —limitado por razones presupuestales y locativas— ronda las 130 plazas por año. Del total de 266 alumnos actuales, 57 son mujeres.

    La mayoría de los alumnos provienen del interior, sobre todo de Rivera, Canelones, Lavalleja, Artigas y Durazno; muchos de lugares pobres y con menos opciones educativas terciarias. Este año entraron 111 alumnos del interior y 21 de Montevideo. En estos años la oferta académica ha ido cambiando y con ella el perfil de los postulantes del centro educativo, dijo su jefe de estudios. La institución sigue el Plan de Estudios de 2022 que incluye materias comunes con otras instituciones terciarias y de la enseñanza militar, como Derecho Internacional, Conflictos Armados, Logística, Administración Financiera e Historia Militar. Cuenta con 52 profesores, en su mayoría civiles (una decena son militares retirados y titulados), elegidos a través de llamados abiertos por concurso de méritos y con “ausentismo docente casi inexistente”, destacó Rivas, egresado de la Escuela Militar en 2006, por el Arma de Artillería.

    Toma de medidas para fabricacion de los uniformes de los estudiantes de la Escuela Militar ubicada en la localidad de Toledo, en Canelones. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS

    Altas y bajas

    El porcentaje de alumnos de la Escuela Militar que pertenece a familias con integrantes o vínculos militares sigue siendo “alto”. Hoy se ubica en el 58,9%, mientras que el 41,1% “no tiene ningún tipo de lazo con la familia militar”, de acuerdo a una encuesta anual que hace la institución. La cantidad de alumnos con familiares militares ha ido disminuyendo en los últimos años, apuntó Rivas, y adjudicó a ese fenómeno aspectos vinculados a la coyuntura económica, social y a la oferta académica.

    La Escuela Militar exhibe niveles de “no aprobación” de año “casi inexistente”. De los 130 alumnos que ingresaron el año pasado solo dos perdieron el curso. Pero los niveles de promoción final son “muy bajos”, lamentó Rivas. Menos de la mitad de los alumnos que ingresan a la institución logran recibirse; en torno al 40%. Al comparar las cifras, el jefe de estudios señaló que esto “no es nada alejado a lo que sucede en otros institutos” de formación terciaria.

    El promedio de abandono estudiantil también es “muy alto”. Cerca de un tercio de los alumnos desertan de la formación militar. Este año por ejemplo egreasarán 46 oficiales, mientras que hace cuatro años entraron unos 130. Muchos van definiendo su interés “sobre la marcha” y luego cambian de idea, explicó la profesora Rial, y añadió que el régimen de internado pesa. Levantarse temprano, la puntualidad exigida, el moverse de acuerdo a un plan estricto, la convivencia lejos del círculo familiar, las restricciones para el uso de los celulares y otras tecnologías, así como recibir órdenes y sanciones sin discusión son de las cosas que llevan a los aspirantes a desistir a pesar de su gusto por las armas, la equitación o las artes marciales, y la vocación de servir.

    Quienes logran egresar de la Escuela Militar se reciben con el grado de alférez. Sujeto al área, podrán cumplir misiones primarias del Ejército vinculadas a la defensa de la soberanía. Desde patrullas de fronteras, vigilancia externa de las cárceles, misiones de paz o tareas de apoyo ante emergencias nacionales. También estarán habilitados para recibirse en la Licenciatura en Ciencias Militares —con grado universitario—, según lo ya aprobado por el Ministerio de Educación, a partir de 2025.

    Información Nacional
    2024-05-01T23:04:00