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    La genética es fundamental para aumentar el techo productivo; queda espacio pero la brecha es reducida

    La investigación de INIA es clave para el incremento sostenido de la productividad y calidad del arroz en Uruguay

    El mejoramiento genético ha sido clave para el aumento del potencial de rendimiento del cultivo de arroz en Uruguay. “La ganancia genética ha fluctuado entre 1% y 1,5 % anual, siendo un objetivo central del programa. Recordemos que Uruguay como exportador de arroz tiene que competir en términos de calidad e inocuidad en mercados muy subsidiados”, dijo a Agro de Búsqueda el director del Programa Arroz-Ganadería del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), el ingeniero agrónomo Ph.D. José Terra.

    Uruguay produce mayoritariamente arroz de grano largo-fino, muy reconocido y apreciado. “A la genética, además de productividad y calidad se le requiere resistencia genética a enfermedades y a algunos herbicidas; y además diversificar en otros tipos de grano para nichos de mercado. Así, siempre es un desafío seguir aumentando sostenidamente la productividad dentro de los límites biológicos que están acotados. Tenemos entre 15% y 20% de brecha explorable aún”, detalló.

    El Fondo Latinoamericano de Arroz Irrigado ha sido una fuente de diversidad genética fundamental del programa, así como acuerdos con empresas como Basf o RiceTec para acceder a algunos genes de resistencia a herbicidas, sostuvo.

    El potencial de rendimiento de arroz en Uruguay es de 14 a 15 toneladas por hectárea (t/ha). “El rendimiento alcanzable es de 11 a 12 t/ha, y aunque el promedio es 9,5 t/ha, hay productores de punta que exploran esos techos. Por lo tanto, tenemos de 15 a 20% de brecha para explorar a través de la genética, el manejo y el diseño del sistema, aunque cada vez es más difícil, ya que no se quiere ir a un modelo basado en insumos que aumente costos y genere externalidades ambientales”, señaló.

    Sin embargo, Terra puntualizó que los “excelentes rendimientos de Uruguay” no solo se deben al mejoramiento genético, sino que “hay todo un grupo de tecnologías de manejo agronómico integrado que permiten optimizar la productividad y calidad del arroz”.

    “Las variedades sembradas están adaptadas a nuestro ambiente productivo favorable de clima y suelos. Después debemos manejarlas agronómicamente, tanto en los factores que limitan (nutrientes y agua) o reducen (malezas y enfermedades) su potencial. Esto incluye tecnologías de semillas, manejo de suelos, fertilización, riego y control integrado de enfermedades y malezas, entre varios. El sector está haciendo un esfuerzo tangible en transferencia, que ha permitido a productores y asesores afinar el manejo integrado del cultivo”, detalló.

    El rol de la investigación

    Terra señaló que el equipo de INIA es de 10 investigadores a tiempo completo y algunos a tiempo parcial, que junto al personal de apoyo especializado cubren las demandas en mejoramiento genético, semillas, manejo integrado, riego, sistema de producción, pasturas, ganadería, recursos naturales y ambiente, entre otros.

    Las actividades se concentran en las estaciones de Treinta y Tres y Tacuarembó, articulando con productores y molinos. Varios proyectos implican acciones conjuntas con otros actores relevantes de ciencia y tecnología nacionales (UdelaR, LATU, entre otros) e internacionales (FLAR, universidades e institutos) en función de los temas.

    INIA ha contribuido al desarrollo de cultivares adaptados, su manejo agronómico y los sistemas de rotación. Desde el inicio del programa de investigación de arroz, en la década del 70, el área cultivada se expandió hasta estabilizarse entre 150.000 y 200.000 hectáreas en los años 90 y el rendimiento se incrementó sostenidamente 100/kg/ha/año. El desarrollo de genética adaptada ha sido el eje central para el uso y manejo sostenible de la dotación de recursos naturales y clima que tenemos para producir arroz en el país” destacó el investigador referente de INIA.

    Consideró que la capacidad de innovación y conocimientos de productores y técnicos asesores en la toma de decisiones para aplicar las tecnologías en tiempo y forma ha sido fundamental para incrementar el rendimiento desde 3,5 t/ha en la década del 70 a más de 9 t/ha que se producen actualmente.

    En este sentido, mencionó que “hay coyunturas económicas complicadas o relaciones contractuales que no siempre permiten a los productores aplicar toda la tecnología recomendada”. En este sentido destacó proyectos de transferencia y validación de tecnologías liderados por la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA), que han contribuido a reducir las brechas productivas, sin incrementos significativos de costos.

    Riego

    Terra señaló que “el manejo del riego es central para lograr altas productividades”. Afirmó que hoy trasciende el arroz, incorporándose trabajos para su uso suplementario en otros cultivos y pasturas integradas al sistema. “La nivelación, drenaje y sistematización de chacras son fundamentales para un uso eficiente del agua de riego en el sistema, cuidar su calidad y conservarla, usando lo necesario sin desperdiciar. Esa es una línea de investigación relevante del programa en conjunto con otros actores, donde la robótica, los sensores, la agricultura de precisión y la automatización son aplicados a escala productiva”, afirmó.

    Sistema productivo único

    El investigador también valoró que el sistema productivo del arroz en Uruguay “es casi único en el mundo”, ya que desde los años 70, de manera muy visionaria, se decidió apostar al desarrollo del cultivo integrándolo a la ganadería.

    “Uruguay es un país ganadero, donde históricamente el arroz se integró en rotaciones con pasturas, incorporando recientemente otros cultivos como la soja. Esto implica desafíos permanentes para capitalizar sinergias que permiten sostener rendimientos altos y estables, con bajo uso relativo de insumos y alta eficiencia, conservando la calidad de los recursos naturales involucrados en el proceso productivo.

    La productividad del arroz rotando con pasturas y/o soja es entre 10% y 15% mayor que sobre rastrojos de arroz y requiere menos insumos, por tanto, es más eficiente. En promedio se producen 100 kilos de arroz por kilo de nitrógeno aplicado, casi 1 kilo de arroz por metro cúbico de agua de riego, y se multiplica por siete la energía invertida en el cultivo; es decir alta agroecoeficiencia relativa, optimizando los resultados económicos”, destacó.

    Inocuidad y sustentabilidad

    Terra también señaló que “otro hecho no menor, y con requerimientos crecientes mundialmente, es la inocuidad del producto y la sostenibilidad ambiental del proceso productivo. En esto podemos diferenciarnos claramente respecto a otros países, compatibilizando alta productividad y calidad, con inocuidad, eficiencia, conservación de los recursos naturales y externalidades ambientales controladas”.

    Consideró que el agroecosistema “es el soporte donde se aplica tecnología y se obtienen estos resultados”. Por eso, afirmó que “es clave sostener la base de nuestro sistema en el tiempo y mejorarlo, porque nos diferencia de otros países productores.”

    “Se analizan permanentemente alternativas para rotar arroz con pasturas y otros cultivos, estudiando las diferentes dimensiones de la sostenibilidad mediante un experimento de rotaciones de largo plazo, una unidad demostrativa y bases de datos de molinos y productores”, dijo.

    A propósito, agregó que la productividad del arroz rotando con soja o pasturas “es entre 15% y 20% mayor que la del arroz continuo, que es como se cultiva en general el arroz globalmente”.

    “Al momento de presentar al Uruguay exportador, además de la segmentación varietal y confianza, una gran diferencia radica en la rotación, de bajo uso relativo de agroquímicos, diversa, conservando los recursos naturales y ambientalmente sostenible. La sociedad y los consumidores de nuestro arroz quieren saber más sobre su inocuidad, la forma de producirlo y la huella ambiental de nuestros agroecosistemas”, remarcó.

    En tal sentido, valoró que desde hace tres décadas, junto a la ACA, a la Gremial de Molinos Arroceros (GMA) y otros actores relevantes como LATU, UdelaR y el MGAP, se trabaja generando indicadores y modelos para conocer y gestionar la huella ambiental del sistema. “Hoy tenemos indicadores robustos e información científica que sugiere que nuestros sistemas son sostenibles y se diferencian respecto a otros sistemas de producción de arroz globales, dando margen para corregir y mejorar”, destacó.

    Certificación

    “Estamos abocados a cuantificar, entender y mejorar esos procesos con buenos indicadores que permitan avanzar al sector hacia la certificación si así lo decide. Hoy el arroz uruguayo tiene los elementos requeridos en procesos de certificación, para sumar a sus cualidades conocidas, trazabilidad y agregado de valor ambiental”, afirmó.

    Las alternativas de certificación son variadas. El sector explora las posibilidades de la Plataforma de Arroz Sostenible (Sustainable Rice Platform), basado en 12 indicadores y estándares productivos, económicos, de eficiencia, ambientales y sociales, entre otros.

    “No siempre es posible tener todos los indicadores destacados, existen trade-off. Sin embargo, análisis de bases de datos productivos sectoriales y experimentales, muestran que el proceso de incremento de productividad del arroz en Uruguay ha sido sostenible y tiene espacios de mejora. Comparado con indicadores reportados por otros países productores, se observa que los de nuestro sistema son competitivos, destacables y gestionables”, sostuvo el director del Programa Arroz-Ganadería de INIA.

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