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    Las relaciones entre Argentina y Uruguay deben apuntar a mejorar la “calidad de vida de la gente” sin poner “barreras” ideológicas

    El embajador Guillermo Montenegro tiene las cosas fáciles. Al menos por ahora, la comparación con su antecesor Dante Dovena lo favorece. Es que, sobre el final de la gestión de Cristina Fernández, las relaciones entre los gobiernos de Argentina y Uruguay pasaron por uno de los peores momentos en su historia.

    La principal tarea de Montenegro, nuevo embajador de Argentina en Uruguay, es revertir una situación a la que “nunca se debió llegar”. Tiene las cosas más fáciles, dice, porque el presidente Mauricio Macri mantiene una relación personal “muy buena” con Tabaré Vázquez. Y su jefe se ha encargado de dejarlo claro: el primer viaje oficial de Macri como jefe de Estado fue a Uruguay. Lo mismo hizo la vicepresidenta Gabriela Michetti y la canciller Susana Malcorra.

    El embajador sostiene que los gobiernos de Uruguay y Argentina tienen políticas afines, que se pueden calificar de “progresismo bien entendido”. Pero hasta ese parecido carece de relevancia porque Macri nunca plantea “lo ideológico como una barrera”. Porque “lo importante”, agrega, es mejorar la calidad de vida de la gente.

    El ex ministro de Seguridad de Buenos Aires cuando Macri era jefe de gobierno en la capital argentina tiene línea directa con su presidente. También posee una agenda de temas bilaterales amplia sobre la que trabajar: desde la regasificadora que quiere construir Uruguay y la revitalización del Mercosur, hasta la discusión de si instalar un solo puerto de aguas profundas para que lo usen los dos países.

    —¿Por qué Macri lo eligió como embajador en Uruguay?

    —La charla que tuve con el presidente, creo que cuatro o cinco días antes de que él asumiera, fue puntualmente por dos cosas. La primera porque necesitaba en Uruguay una persona de su extrema confianza para trabajar sobre los vínculos bilaterales. Me remarcó especialmente la relación personal que él tenía con el presidente Tabaré. “Tengo una relación muy importante y necesito que la sigas manteniendo”, me dijo.

    —¿Por qué su gobierno le asigna tanta importancia a la relación con Uruguay?

    —Mirá, creo que lo que él manifestó es con la región en general. Creo que con Uruguay, lo más claro es que uno no siente que se haya ido a otro país. No me siento en otro país, lo siento como si fuera mi casa; hasta en la discusión sobre el fútbol, la charla con el mozo.

    —Sobre el final del gobierno de Cristina Fernández las relaciones bilaterales llegaron a uno de sus puntos más bajos. ¿A qué lo atribuye?

    —Empezar a desandar para atrás no es sano. Sí tener claro que nunca se debió llegar a esa situación. Empezar a generar un vínculo diferente es parte de mi función. Está claro que a mí me la hacen más fácil porque vino Macri, porque vino Malcorra, porque vino Michetti. No es que Montenegro está diciendo que vamos a mejorar las relaciones, sino que la posición del presidente y del gobierno argentina es clara.

    —La victoria de Macri generó preocupación en el Frente Amplio (FA) porque consideran que no tendrán afinidad ideológica con su gobierno. A juzgar por las señales de ambos presidentes, eso no sucede. ¿Por qué?

    —No sucedió porque más allá de las cuestiones ideológicas, nosotros tenemos que pensar en la gente. Y la gente nos está pidiendo que trabajemos en conjunto para mejorar la calidad de vida. Y en eso creo que no hay ninguna duda del pensamiento que tienen los presidentes. Lo ideológico, muchas veces, hay grupos que intentan ponerlo adelante, pero nosotros tenemos la obligación de mejorar la calidad de vida de la gente, en seguridad, en educación, en cultura, en seguridad social, en bajar los costos para los pequeños y medianos comerciantes. Esto va más allá de lo ideológico. Y nosotros nunca planteamos lo ideológico como una barrera. ¡Ni en la Argentina! Eso quedó muy claro cuando Mauricio dejó ministros kirchneristas.

    —¿Encontró esa misma perspectiva del lado uruguayo?

    —Absolutamente. Te puedo asegurar que la reunión en Anchorena fue una reunión de una calidez realmente importante. Pero además, yo no sentí para nada, en ningún espacio político uruguayo, desaires porque me digan que soy el embajador del gobierno de Macri; no, yo soy el embajador de Argentina.

    —Hay sectores del FA que vieron la victoria de Macri con preocupación. ¿Teme que eso pueda incidir finalmente en la relación bilateral?

    —Creo que la realidad es la que termina marcando la política. Si lo que se vislumbra es una mejora en la calidad de vida del uruguayo y del argentino, cede la parte ideológica, el preconcepto ideológico. En definitiva es cuestión de poder hablarlo, discutirlo. Nosotros, por ejemplo, hemos gobernado ocho años la ciudad de Buenos Aires sin mayoría en la legislatura, y eso habla de la capacidad de generar consensos con la oposición.

    —Vázquez dijo que Macri tiene políticas progresistas. ¿Hay mayor afinidad en las políticas de ambos gobiernos de lo que se cree?

    —Absolutamente. Las medidas que está tomando el gobierno argentino tienen que ver con el progresismo bien entendido, es lo que hace bien a la gente. Ojo que podés discutirlo, te podés equivocar y uno trata de minimizar el error, porque cuando uno se equivoca la que sufre es la gente. Me parece que, a partir de ahí, poder dialogar y crear políticas de Estado entre distintos espacios políticos es fundamental. Pero además, los problemas que tenemos en Argentina son similares a los que tiene la región. Entonces juntémonos y digamos “bueno, como podemos hacer para bajar la deserción en la enseñanza secundaria”. Está claro que este es un problema que tiene la región y que quien encuentre la solución el resto lo vamos a copiar, no importa la ideología que tenga.

    —¿Cuáles son las prioridades de su trabajo como embajador?

    —Primero en lo personal: generar una relación de confianza porque eso ayuda a mejorar las relaciones bilaterales. Después hay cuatro o cinco segmentos que son importantes. Uno es el energético. Hubo una decisión política de los presidentes de trabajar en conjunto con lo producido por la planta regasificadora, de que Argentina va a ser un comprador de lo que sobrará. Ahora están trabajando los técnicos.

    Es básico también trabajar todo lo que tiene que ver la agenda cultural. Tenemos que trabajar la potencia cultural y trabajarlo en conjunto para el mundo. Poder pensar el tango del Río de la Plata. Y también pensar en lo turístico. Uruguay tiene un montón de lugares que no son conocidos para los argentinos y lo mismo pasa con los uruguayos y Argentina. Que no sea que el uruguayo va a Buenos Aires y se queda en el Colón, ni que el argentino va solo a Punta del Este. Pero no solamente pensar en eso, sino también en cómo nosotros podemos vender al mundo. Si vas a Buenos Aires también podés ir a Montevideo; empezás a generar posibilidades distintas para los operadores.

    El presidente y la vicepresidenta dejaron claro que hay que trabajar en conjunto en el combate de delitos complejos y delitos transnacionales, narcotráfico, trata de personas, tráfico de armas. Incluso, empezar a trabajar en generar una corte en conjunto dentro del Mercosur para juzgar ciertos delitos.

    —¿Están trabajando en eso?

    —Se empezó a trabajar en cabeza, en ver si es necesario y jurídicamente posible. La frontera no para a los delincuentes, que se mueven mucho más rápido que los tratados y las distintas jurisdicciones. Tener acuerdos de celeridad en intercambio de información y que te genere a vos posibilidades de generar investigaciones en conjunto es muy importante.

    —El anuncio de que Argentina iba a fortalecer el combate al narcotráfico generó preocupación en la oposición uruguaya.

    —Es lo mismo que te puede pasar cuando organizás un sistema de videovigilancia. ¿Puede haber una migración? Sí. Pero si empezás a trabajar en conjunto, no va a haber.

    —Los gobiernos anunciaron el interés de que los puertos de ambos países trabajen en conjunto. ¿Es posible superar esa guerra histórica entre los puertos de Montevideo y Buenos Aires?

    —Creo que la necesidad tiene cara de hereje. Como diría Borges: “Nos une el espanto”. Tenemos que estar pensando a 20 años hacia delante, es la obligación de los estadistas. Y esto habla de la madurez que tenemos que tener más allá de las disputas chiquitas. La cosa es ver cómo vamos a abaratar los costos para nuestros productores, a los uruguayos y a los argentinos, por dónde van a salir las cargas dentro de 20 años. Este es el punto, analicemos seriamente qué es lo que nos conviene, qué es lo más barato, dónde vamos a generar una inversión que venga de afuera. ¿Se justifica que haya dos puertos enormes? Capaz que resulta más caro para todos. Pensémoslo.

    —¿Argentina propone construir un puerto de aguas profundas binacional?

    —Todavía no está en agenda, pero me parece que no es discutirlo, es hablarlo. Me parece que es bueno empezar a pensar en conjunto ese tipo de soluciones. Al existir un diálogo entre presidentes, podemos decir: “Nosotros vamos a hacer esto. ¿Cómo lo ven ustedes?” Es una cuestión de buenos vecinos, tiene que ver con la convivencia.

    —Argentina está planificando un puerto de aguas profundas?

    —Mentalmente y en el papel, seguro. Ahora, a nivel de avance está en papel...

    —Uruguay desde hace años considera que el Mercosur no funciona. ¿Cuál es la posición de su gobierno?

    —La perspectiva es trabajar en conjunto frente a otros mercados. Desconozco cómo fue hasta hoy, pero a partir de ahora tenemos que demostrarnos que somos un grupo de personas que piensa en la región y no en la chiquita, que piensa en los próximos 20 o 30 años.

    —Uno de los mojones en ese tema son las negociaciones con la Unión Europea para alcanzar un acuerdo de libre comercio. Uruguay considera que Argentina debe mejorar su oferta para que se pueda avanzar.

    —Justo se está trabajando en esto ahora.

    —¿El gobierno argentino está trabajando para mejorar la oferta?

    —De hecho estoy seguro de que ha sido parte de las charlas que ha tenido el presidente con sus colegas.

    —¿Cree que se podrá alcanzar un acuerdo?

    —Creo que sí, que se puede. Es necesario para nuestros países porque es abrir una puerta más a los productos, es algo que te reactiva la economía en un año que es necesario.

    —Argentina también planteó hacer un seguimiento de los derechos humanos en el Mercosur como consecuencia de lo que sucede en Venezuela. Uruguay tiene la presidencia pro tempore del bloque. ¿Qué espera su gobierno del de Tabaré Vázquez?

    —Eso se discutió en la reunión de cancilleres, yo no participé.

    —¿Cuál es el objetivo de Argentina?

    —Evitar lo que nos pasó a nosotros como países, donde tuvimos severas violaciones a los derechos humanos. Uno ve la vaca y llora. La región tiene que ser muy exigente con esto más allá de Venezuela.

    —El ministro de Ciencia, Lino Barañao, dijo en una entrevista con Búsqueda antes de asumir en el actual período que la “principal misión” de Macri es “sobrevivir”, por lo que no debe tomar medidas que abran toda la economía y “provoquen un caos” ¿Está de acuerdo?

    —Está claro que uno tiene que ir tomando medidas pensando en el bienestar de las personas, no en el caos. Por lo cual, la gradualidad o no de esas medidas tiene que ver con el funcionamiento de la economía y la calidad de vida de la gente. Está claro que las medidas que se están dando en Argentina tienen que ver con esto: cómo hago para que la gente viva mejor.

    —Hasta ahora el gobierno de Macri no pareció muy gradual.

    —Pero si te fijás cómo reaccionó la economía en Argentina, no hubo lo que dijeron los agoreros.

    —¿Pero no hay agitación social?

    —Creo que eso va a ir cediendo en la medida que la gente sienta que vive mejor. Así se van a ir quedando sin argumentos.

    —Los últimos dos presidentes no peronistas de Argentina tuvieron que abandonar el cargo antes de abandonar su mandato. ¿Macri podrá cumplirlo?

    —La demostración más clara de la personalidad del presidente es cómo gobernó los ocho años en Buenos Aires. Es difícil una oposición más acérrima que la que enfrentó Macri, incluso con persecuciones judiciales. Eso habla de una convicción personal y una firmeza en la toma de decisiones muy importante. No tengo dudas de que va a terminar el mandato y de que va a hacer una gran gestión.

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    2016-03-03T00:00:00

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