Discurso “antisistema” siempre hay en una campaña electoral, venga de un outsider o de políticos establecidos, pero la irrupción de un “Milei uruguayo” hoy es muy improbable, coinciden Zuasnabar y Diego Luján, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de San Martín. Esa casi certeza, sin embargo, se erosiona al mirar hacia adelante, dado que algunas “luces amarillas” están encendidas.
“Creo que es imposible un Milei en Uruguay hoy, porque son contextos muy distintos”, dijo Zuasnabar a Búsqueda. Los motivos para tener ese nivel de certeza, según el politólogo, son varios.
Mientras que en Argentina se rompió el “bibloquismo”, los partidos políticos uruguayos todavía son “fuertes” y la “institucionalidad” está firme, mencionó como primer punto. Y también el “contexto es diferente”. La trayectoria de la economía y la política argentina en los últimos años es muy diferente. Un 40% de pobreza y una inflación que alcanza los tres dígitos hacen mella. “En Argentina hay un nivel de bronca, enojo, desencanto acumulado mucho mayor del que hay en Uruguay. Lo importante no es entender a Milei, lo importante es entender las razones que llevan a que Milei tenga el resultado que tuvo”, dijo Zuasnabar.
Una pregunta incluida en el último Latinobarómetro sobre cuán profundos deben ser los cambios según los ciudadanos de cada país da pistas sobre el resultado electoral en Argentina y su difícil correlato en Uruguay. El 28% de los argentinos eligió la opción “debe cambiarse radicalmente”, mientras que el 45% optó por “necesita reformas profundas”, y solo 26% escogió “puede mejorarse con pequeños cambios”.
En Uruguay las cifras son muy diferentes. El 11% quiere un cambio radical, mientras que las otras dos opciones se reparten de manera pareja: el 42% respondió que se requieren “reformas profundas”, y el 41% optó por “pequeños cambios”.
Zuasnabar dijo que es posible que en el país exista un 10% del electorado que demande un discurso “antisistema político” o “anticasta”, lo que no necesariamente implica que un solo actor o partido lo pueda acumular para sí.
Consultado sobre si la existencia de dos bloques consolidados, uno oficialista y otro opositor, dificulta la aparición de esos actores, el politólogo dijo que es difícil que alguien pueda “monopolizarlo” y que es probable que se reparta incluso dentro de los partidos establecidos.
Es que ese tipo de apelaciones no es nuevo y siempre hay políticos que lo utilizan, desde dentro o fuera del sistema, para hacer la campaña. En 2019, Juan Sartori (Partido Nacional), Guido Manini Ríos (Cabildo Abierto) y Edgardo Novick (Partido de la Gente) recurrieron a mensajes “antisistema”, señalaron Zuasnabar y Luján.
Sartori pareció insistir con ese punto la semana pasada en su pelea pública con el senador Jorge Gandini. En su cuenta de X (ex-Twitter), el legislador y millonario cuestionó a su correligionario después de que cuestionara sus ausencias en el Parlamento. “Era de esperarse tu reacción y la de muchos. Toqué sus privilegios”, escribió.
Hay otros actores como el abogado Gustavo Salle, que compitió en las últimas elecciones y no obtuvo una banca en Diputados por escaso margen, que llevan ese discurso “anticasta” a niveles incluso más altos que el propio Milei.
“Está claro que esta idea de discutir los privilegios existentes tiene tribuna, pero de ahí a construir un espacio político totalmente antisistema, totalmente crítico como el de Milei, hay un largo trecho, requiere un malestar de fondo mucho más parecido al que hay en Argentina”, dijo Zuasnabar.
Síntomas
A la hora del análisis, Luján consideró necesario aclarar los términos de la discusión. Porque hay un discurso “antisistema” que impugna todo el sistema democrático, mientras que hay otro —que Milei refiere como “anticasta”— que apunta a los elencos políticos que ocupan lugares de decisión.
“Es bastante claro que todo esto funciona en ancas de un desempeño muy insatisfactorio de los distintos gobiernos. La materia prima, el caldo de cultivo, es que la democracia no ha mostrado capacidad para resolver problemas básicos”, dijo. “El paso siguiente es decir ‘está todo mal’, esto es recurrente y cíclico”.
El salto de decir que el sistema no da los resultados esperados a sostener que “los culpables son los políticos” es bastante “fácil”.
“En general, todas las apelaciones que impugnan al Estado tarde o temprano impugnan a la política. Es muy rendidor desde el punto de vista discursivo, pero obvio que en términos económicos no sirve tanto”, evaluó.
Luján también planteó que para evaluar los riesgos que enfrenta Uruguay no basta con compararse con Argentina, que está varios niveles adelante. Pero si la comparación es de Uruguay “consigo mismo a través del tiempo”, advirtió, “parece bastante notorio” que el país ha sufrido “un cierto deterioro en términos de la confianza en la democracia” y de la “inclinación que tienen los uruguayos hacia la política y los partidos”.
El politólogo, al igual que Zuasnabar, recurrió a datos del Latinobarómetro, aunque mencionó aquellos que muestran que en los últimos años bajó el interés de los uruguayos por la política y su confianza en el sistema democrático.
“Compararse con la región siempre es un poco tramposo”, dijo. Y recordó que en las últimas elecciones hubo varios partidos nuevos que obtuvieron resultados exitosos y lograron representación parlamentaria.
“Son todos síntomas” y “luces amarillas”, sostuvo Luján. “Siempre acá en Uruguay todo llega un poco más lento, más moderado, pero tampoco estamos completamente aislados de lo que pasa en el mundo”, advirtió.
Oxímoron
El descontento con los políticos es uno de los motores de uno de los partidos que se creará de cara a las próximas elecciones. Búsqueda informó la semana pasada que productores rurales que estuvieron en la génesis del movimiento habían decidido competir en las elecciones con una agrupación propia que tendrá entre sus objetivos combatir “la carrera política”.
Guillermo Franchi, uno de sus impulsores, dijo que Un Solo Uruguay tuvo un papel importante para canalizar el descontento de productores y pequeños empresarios del interior, pero que resulta “insuficiente” para lograr los cambios que reclaman. Su plataforma siempre se encontró con un “tope político” que le dice “hasta acá te dejo discutir, pero a partir de ahí la discusión es entre los políticos”, resumió. Su conclusión a partir de eso le resultó evidente: “Si para las discusiones políticas hay que ser políticos, bueno, hagamos un partido político que impulse los cambios por los que venimos peleando desde hace seis años”.
Otros dirigentes de Un Solo Uruguay rechazan esa posibilidad porque temen que el sistema político fagocite al movimiento.
Luján dijo que los partidos o los discursos que se definen como antisistema enfrentan una “contradicción inherente” a su propia condición. “Son una especie de oxímoron, porque cualquier construcción que pretenda ir contra el sistema necesita al sistema para legitimarse, primero, y luego ingresar para intentar lo que tiene que hacer. Entonces, hay como un juego imposible que siguen y que abarca a todos, a los partidos y a los discursos, que deben ser canalizados de manera formal, institucional, si no, quedan en una movilización inútil”.