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Una dieta saludable en Uruguay cuesta cuatro veces más que una dieta de calorías mínimas
La inseguridad alimentaria, que cuantifica la dificultad para acceder a la comida, era de 23,5% en el país antes del Covid; la FAO estima que tras la pandemia aumentó nueve puntos porcentuales
Obesidad en niños está en aumento en la región y, según la FAO, en Uruguay la prevalencia es mayor. Fotos: Nicolás Garrido / Búsqueda
“Yo estoy cocinando más y sobre todo cosas nada saludables”, admitía una madre de 34 años en un focus group organizado por la consultora Nómade tras los primeros 40 días de confinamiento voluntario en 2020. Otra, de 52 años, contaba una experiencia similar y ejemplificaba que en su casa se comían “más cosas caseras, para la tarde, alguna torta, algún bizcocho o tortas fritas”. Esto fue frecuente en contextos de hogares con acceso normal a alimentos, en los que los padres dispusieron de más tiempo para cocinar y, en muchos casos, incluyeron a los niños y adolescentes en las decisiones del menú o hasta en su elaboración.
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En otros casos, en hogares de nivel socioeconómico más bajo, el poder adquisitivo se vio afectado por pérdidas de empleo, envíos a seguro de paro o reducciones horarias y salariales. Según un informe que presentó una consultora de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) en el XXXIII Congreso Uruguayo de Pediatría, que se llevó a cabo entre el 21 y el 24 de setiembre pasado, la inseguridad alimentaria tuvo un aumento pronunciado en el contexto de pandemia por Covid-19. Pero el problema no se originó allí, sino que venía ya desde 2014 en toda la región sudamericana.
“Inseguridad alimentaria no es medir estado nutricional, no es pesar y tallar a alguien y decir si tiene sobrepeso o tiene obesidad, eso es estado nutricional. Inseguridad alimentaria es la medición de la percepción que tiene la persona de su capacidad de acceder a alimentos”, explicó a Búsqueda la consultora en Seguridad Alimentaria y Nutrición de la FAO en Uruguay, Julieta Moreira.
Para medir la inseguridad alimentaria, la organización pregunta a través de una encuesta a la población sobre la capacidad económica para adquirir alimentos. Se considera que la inseguridad alimentaria es moderada cuando se ve reducida la calidad o la cantidad de alimentos a los que pueden acceder las personas o cuando manifiestan no estar seguras de mantener su capacidad de compra todos los días del mes. Se considera severa en aquellas personas que manifiestan haber quedado sin alimentos o haber pasado varios días sin comer.
En Uruguay la inseguridad alimentaria moderada o grave afectaba al 23,5% de la población, según datos recogidos por la FAO antes del inicio de la pandemia. Todavía no se tiene información procesada de 2020, pero, según Moreira, ya se sabe que habrá aumentado “por lo menos” unos nueve puntos porcentuales. La proyección no es específica para Uruguay, sino para toda la región de América Latina.
La consultora de la FAO sostuvo que el país “encaró de forma muy positiva” los problemas de alimentación de su población durante la pandemia. En particular, se refirió a la organización de la sociedad civil para la puesta en marcha de ollas, comedores y merenderos y calificó al país de “ejemplo” en el mantenimiento de la alimentación en escolares.
Desde antes de la pandemia, en las escuelas uruguayas funcionaba el Programa de Alimentación Escolar con el apoyo de la FAO. “Los comedores escolares son protectores de la seguridad alimentaria en niños y niñas”, señaló Moreira, y destacó que además de garantizar una alimentación equilibrada también sirven como herramienta de educación nutricional para quienes están en la etapa de construcción de sus hábitos alimenticios.
Dieta costosa
La región de América Latina y el Caribe es la segunda con el costo más elevado de una dieta saludable a escala mundial, con un promedio de US$ 4,25 por día. La FAO considera dieta saludable a la que tiene en cuenta el perfil de micro y macronutrientes para que la alimentación sea equilibrada según las necesidades de cada persona. En Uruguay, el costo de una dieta saludable es cuatro veces mayor al de una dieta de calorías mínimas, es decir, aquella que cubre el requerimiento mínimo del cuerpo para funcionar, en términos metabólicos.
Según el análisis de la FAO, en la pandemia se vio afectada la demanda de productos sanos y nutritivos y favorecida la compra de ultraprocesados, más baratos pero con mayor contenido de calorías, azúcares, grasas y sal, elementos perjudiciales para la salud. Esto afectó la calidad de las dietas, en especial en los grupos de población de menores ingresos, y agravó otro de los problemas que Uruguay arrastraba desde hacía años: la malnutrición por exceso.
El sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes es una tendencia en aumento a escala regional. Pero, según la FAO, en Uruguay la prevalencia es mayor que en el resto de la región. Moreira dijo que son varios los factores que lo explican. Uno de ellos es la educación alimentaria nutricional, que se construye con base en los hábitos que las personas adquieren desde que empiezan a ingerir alimentos. También influye la réplica de conductas de los padres.
A escala social, un elemento de impacto es la tendencia al sedentarismo, que contribuye al desarrollo del sobrepeso y la obesidad. “No es que aspiremos a que todos sean deportistas elite, pero sí a tener un estilo de vida activo, que quiere decir que, por lo menos, si estuve nueve horas sentada en una oficina en frente a una computadora, salga media hora a caminar”, explicó la consultora de la FAO. Y a nivel más macro, influyen el mercado y la industria de alimentos. En Uruguay existe una gran disponibilidad de alimentos ultraprocesados que, según Moreira, en algunos casos son de menor costo. Aclaró que tampoco se trata de “demonizar” alimentos sobre los que, si se mantiene un consumo moderado y esporádico, no generan un daño, sino que el peligro está en incluirlos en varios tiempos de comida y en varios días a la semana.
La conciencia sobre la malnutrición por exceso como problema resurgió durante la pandemia, según Moreira, porque “las personas que padecen obesidad, en el caso del Covid, presentan factores de riesgo importantes”. “Me parece que eso fue un ejemplo bien claro de que la obesidad está atada a otras complicaciones”, más allá de su vínculo con lo estético, opinó la consultora. La vuelta a hablar y crear conciencia sobre el tema le resultó “interesante” porque, según ella, de momentos la obesidad es una enfermedad que está “normalizada”, quizás por sus altos índices.
“Había cosas que no estaban bien antes de la pandemia, esto es una oportunidad para reforzar el trabajo y empezar a no solo salir de la pandemia, sino también a mover determinadas estructuras. Es una oportunidad de mejora. La pandemia mostró cómo la seguridad alimentaria se puede estar poniendo en riesgo ante determinadas situaciones. Uruguay la encaró de forma muy positiva, comparado con la región, por ejemplo. Pero sí que hay oportunidades para trabajar”, concluyó.