Uruguay “quedó rezagado” en equidad de género respecto a “su propia historia” y a otros países de la región

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Nº 2113 - 4 al 10 de Marzo de 2021

entrevista de Victoria Fernández

En temas de equidad de género a Uruguay le va bien en los libros de historia. Fue el primer país de América Latina en aprobar el voto femenino y en autorizar el divorcio por la sola voluntad de la mujer. Pero hace tiempo que dejó de estar a la vanguardia.

Uruguay “no solo quedó rezagado respecto a su propia historia, sino que también está rezagado con respecto a cómo han avanzado otros países de la región”, dice la representante de ONU Mujeres en Montevideo, Magdalena Furtado.

La organización presentará un informe en las próximas semanas que evidencia una de las inequidades que más preocupa a la ONU: la ausencia de mujeres en los lugares de poder y decisión. “No importa el ámbito que mires”, sostiene Furtado, “en la mayoría hay una representación bastante equitativa de hombres y mujeres, pero lo que sistemáticamente ocurre es que cuando vas a la cúpula la mayoría de los cargos están en manos de hombres”.

El problema del país no es que haya retrocedido, aclara, sino que los “cambios son demasiado lentos”, tanto que se precisaría “un siglo para estar en una situación sustantivamente diferente”.

Para Furtado, es necesario que se adopten medidas proactivas que permitan acelerar el proceso, como puede ser la aprobación de una ley que fije paridad en las listas al Parlamento y en las designaciones de los cargos altos de la administración pública. Las normas de discriminación positiva son todavía necesarias, dice: “La meritocracia no funciona, y menos en Uruguay”.

A contiunación, un resumen de la entrevista que Furtado mantuvo con Búsqueda.

—¿Cuáles son los temas que más preocupan a ONU-Mujeres en relación con la equidad de género en Uruguay?

—Hay cuatro temas en los que Uruguay sigue teniendo una deuda importante con la igualdad. El primero es la división sexual del trabajo, porque las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. El segundo tiene que ver con las brechas económicas: hubo un montón de avances en la participación de las mujeres en el mercado laboral, pero existe brecha salarial, existe techo de cristal, penalidades por la maternidad. La tercera desigualdad estructural son los patrones culturales y su expresión extrema, que es la violencia hacia las mujeres. Y el último nudo es la concentración del poder. Son las cuatro áreas que nos preocupan en la región, pero sobre todo en Uruguay.

—¿Estas desigualdades, además de afectar a las mujeres, qué impacto tienen en la productividad y en la economía del país? 

—Económicamente, la subparticipación de las mujeres en el mercado de trabajo, más aún para un país como Uruguay, es un problema enorme. La participación de las mujeres en el mercado de trabajo está entre 15 y 20 puntos por debajo de la participación de los hombres. Es decir que hay muchas mujeres que no han ingresado al mercado de trabajo remunerado. ¿Y eso por qué tiene impacto? Porque sabemos que la tasa de reemplazo de la población uruguaya se ha ido reduciendo y nos acaban de anunciar que la tasa de nacimientos volvió a bajar. Desde el punto de vista de la sostenibilidad económica, ¿cómo vamos a sostenerlo si las mujeres se siguen ocupando del trabajo no remunerado y no pueden ingresar al mercado remunerado? Ahora que se está hablando de la reforma de la seguridad social es muy importante ver los aspectos económicos de estas temáticas. En Uruguay, quienes egresan principalmente de las universidades son las mujeres, y aprovechar ese talento para el empuje económico es clave.

—¿Qué debe hacer el Estado para facilitar el ingreso de las mujeres al mercado laboral? 

—Claramente uno de los obstáculos es el tema de los cuidados, porque las mujeres son quienes han mantenido la sostenibilidad de la reproducción y de la vida. Si bien esto venía de antes, la pandemia mostró que eso se exacerbó. Un informe de la Cepal muestra que la tasa de participación de las mujeres durante la pandemia volvió a los niveles de 10 años atrás.

Es muy importante trabajar la corresponsabilidad de género en los cuidados. El cambio se está dando sobre todo en las generaciones más jóvenes, que comparten más las tareas, porque los roles de género han empezado a cambiar. En Uruguay eso ha tenido muchos avances. Una publicación que vamos a presentar en el acto central del PIT-CNT sistematiza todas las cláusulas de negociación colectiva que apuntan a los temas de corresponsabilidad de género en los cuidados. Está bueno que desde la plataforma sindical no solo se incorporen reivindicaciones salariales, sino también reivindicaciones que tienen que ver con la sobrecarga que tienen las mujeres. Un ejemplo bien claro: Uruguay tiene una licencia por maternidad de 14 semanas y una para padres de solo 10 días. Y mientras que la de maternidad el 96% de las madres se la toma, la licencia de paternidad se la toma solo el 85% y, además, uno de cada 5 de esos no se la toma entera. Uruguay avanzó mucho en la normativa, porque desde 2013 aprobó la extensión de la licencia hasta los 6 meses, que es el subsidio de medio horario, que se puede alternar (entre) la madre y el padre. La ley está. ¿Pero quiénes toman ese beneficio? El 60% son las mujeres y solo 3% o 4% los hombres. Según una encuesta que hicimos con la Facultad de Ciencias Sociales, la principal razón por la que no la utilizan es porque hay un rol asumido de que las cuidadoras son las madres.

Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda

—¿Pero cuál es el rol que debe tener el Estado para acelerar esto? Porque los cambios culturales son lentos. ¿No puede ser más proactivo para acelerar esas transformaciones?

—Sí, totalmente. Ahora estamos trabajando con el BPS con ciencias del comportamiento, para ver cómo se puede, desde la comunicación y el conocimiento de la normativa, acercar que más hombres usen ese beneficio, para que la política pública cumpla su cometido. Pero no es solo responsabilidad de las políticas públicas, tiene que ver con la educación que uno imparte dentro del hogar. En la encuesta que hicimos con Unicef para ver qué estaba pasando cuando las escuelas estuvieron cerradas por el Covid, en el 75% de los hogares eran las madres las que acompañaban a los niños en las tareas escolares. Por supuesto que hay que poner énfasis en las políticas públicas; las leyes y decretos son condición necesaria para los cambios, pero no son condición suficiente. También hay responsabilidad del sistema educativo, de los medios de comunicación.

Este año estamos abogando para que el INE pueda realizar una encuesta de uso del tiempo, porque la última que hay es de 2011, y es la única que mide qué desigual se está distribuyendo el tiempo entre mujeres y hombres.

En 2020 se conoció un dato muy importante: por primera vez calculamos la brecha de ingresos cuando uno compara la trayectoria de las mujeres con hijos y sin hijos, de niveles similares. Al comparar se ve lo que es el efecto maternidad en la trayectoria de ingresos. En Uruguay se confirma que existe penalidad para la maternidad: los ingresos de la mujer luego de la maternidad disminuyen 19%, y no se recupera, sino que se sigue profundizando; a los 10 años es de 42%. Por eso las mujeres cada vez más postergan su maternidad. No puede ser que haya que elegir: o soy madre o desarrollo mi carrera profesional.

—Las diferencias entre hombres y mujeres en el mercado laboral son aún más profundas si se miran los cargos de decisión. Un informe de la Oficina Nacional de Servicio Civil divulgado por Búsqueda muestra que en el Estado el 80% de los cargos altos están en manos de varones. ¿Qué observa en esa área?

—Uruguay quedó un poco rezagado respecto a su propia historia, porque era bastante vanguardista en los derechos de las mujeres, por ejemplo, en los derechos políticos. Pero no solo quedó rezagado respecto a su propia historia, sino que también está rezagado con respecto a cómo han avanzado otros países de la región. Ese es el diagnóstico. Uruguay ha avanzado, pero los cambios son demasiado lentos, los progresos son tan minimalistas que las estimaciones muestran que precisaríamos un siglo más para estar en una situación sustantivamente diferente. Y en el tema de la concentración de poder muchas veces uno habla solo del Poder Ejecutivo o del Poder Legislativo, como si fueran los únicos ámbitos de toma de decisión. Por eso, este 8M tiene que ver con mujeres líderes por un futuro igualitario, y una de las recomendaciones que la ONU quiere hacer avanzar es la paridad en los cargos de decisión. Tenemos dos actividades organizadas que lo que hacen es presentar mucha evidencia sobre eso. Vamos a lanzar una muestra fotográfica el 8M en la plaza de la Unión que releva instituciones públicas y privadas de Uruguay y muestra quiénes han ocupado los cargos de decisión, a través de una foto de donde se cuelgan los murales de quienes los han presidido. Por ejemplo, la presidencia de UTE durante 108 años estuvo a cargo de hombres. En la Suprema Corte de Justicia, en 114 años de historia, solo 4 magistradas accedieron democráticamente a esos cargos. En la Udelar, ninguna mujer accedió democráticamente al cargo en 48 rectorías. El primer directorio del BROU se instaló en 1896 y no hay ninguna mujer nombrada en la presidencia en 124 años. Además, el 18 de marzo vamos a presentar un documento que revela no solo las brechas de género en la administración pública, sino en todos los ámbitos de decisión: los sindicatos, el PIT-CNT, las empresas, las cámaras empresariales, el gobierno nacional, las empresas públicas. Y la conclusión general de ese estudio lo que muestra es que no importa el ámbito que mires, en la mayoría hay una representación bastante equitativa de hombres y mujeres, pero lo que sistemáticamente ocurre es que cuando vas a la cúpula la mayoría de los cargos están en manos de hombres. Incluso a pesar de que las mujeres son las que tienen mayores niveles de formación. No estamos hablando de valoraciones, ideologías o prejuicios, estamos hablando sobre estadísticas. Ahí tenemos una deuda pendiente enorme en Uruguay, porque sabemos que en otros países se avanzó muchísimo. Por ejemplo, miremos Argentina: en el plano político fue el primer país de la región que impulsó una ley de cuotas en el año 91. Uruguay recién en el 2009, para ser aplicada en 2014. Tiene un Parlamento donde entre el 40% y el 45 % son mujeres. Si miramos en las empresas, hay muchas más empresas lideradas por mujeres en Argentina, Brasil, Chile que en Uruguay. Hay muchas estadísticas que nos muestran que Uruguay quedó rezagado respecto a su propia historia, pero también rezagado respecto al contexto regional. En el ranking de mujeres en el Parlamento, estamos en el lugar 104 del mundo.

—¿De acuerdo al relevamiento que hicieron, cómo es la situación en el sector privado? 

—Una encuesta que hace el Banco Mundial para Uruguay y para otros países te da que aquí solo el 11% de las empresas tiene en su alta conducción mujeres a cargo. Es un promedio: si vas a las empresas grandes, te baja a 5%. Cuanto mayor es el tamaño de la empresa, mayor poder, menos mujeres.

—¿Por qué no alcanza con la meritocracia? ¿No llegan los mejores? 

—Voy a poner un ejemplo muy sencillo. Cada vez más se pide que los paneles de selección sean mixtos, de hombres y mujeres. ¿Por qué? Porque está comprobado que había un sesgo de selección. Obviamente, quienes están en el poder tienen ciertos grupos de afinidad y uno se identifica, por ejemplo, si entrevistás a alguien que estudió en el mismo lugar que vos, o tiene los mismos gustos, tiene tu mismo sexo, ese tipo de sesgos de género existen. Grandes multinacionales como Google o Facebook han incorporado paneles de selección mixtos. Y que cuando se preseleccionan para las entrevistas, también lleguen candidatos de ambos géneros. He tenido conversaciones con muchas consultoras privadas que seleccionan personal de Uruguay, y te decían, sobre todo antes, que si era para cargos como la gerencia general las empresas les decían “buscame solo hombres”. Porque el liderazgo, la función de mando, está asociado al rol masculino. Por suerte eso está cambiando. Sé que muchos quieren argumentar el tema de la meritocracia, pero por todos estos motivos no funciona, y en la política menos. Sabemos que en la política las estructuras partidarias, y estoy hablando de todos los partidos, funcionan de cierta manera. ¿O vemos que para estar en la lista de diputados o senadores tienen que postular currículum, tienen que hacer una prueba? Entonces, esos argumentos se derrumban. Las estructuras partidarias tienen un debe para la representación de las mujeres en los cargos de decisión política. Porque en las bases hay prácticamente la misma cantidad de mujeres que de hombres. Y si mirás todas las estructuras de designaciones de cargos políticos, ampliamente son mayoría de hombres. Por suerte hoy estamos viendo que tenemos una vicepresidenta de la República. Hay muchas mujeres en política que han abierto puertas, pero es algo muy reciente. En el primer gobierno democrático en el 85, los 130 lugares del Parlamento, senadores y diputados, fueron 100% de hombres. Eso no fue hace un siglo, fue en el 85, y en la apertura democrática. Se supone que las democracias son representativas. Y eso no representa a una población que es mitad hombres, mitad mujeres. Hay muchos países que han aprobado leyes de paridad y ojalá que Uruguay, en esta administración de gobierno, también pueda trabajar este tema.

—¿Aprobar una ley de paridad en el Parlamento?

—Quizás también en otros ámbitos, porque estas desigualdades están en todos los ámbitos de las sociedad. En Chile, en las empresas públicas hay una ley que fija una cuota mínima de mujeres en el directorio. El argumento de la meritocracia no funciona, y menos en Uruguay. Porque hay muchísimas mujeres capacitadas y talentosas y los egresos de la universidad te lo demuestran.

—Hace un año hubo un cambio de gobierno. ¿Qué receptividad han encontrado para trabajar en estos temas?

—Tuvimos una transición absolutamente de continuidad. Nuestra mayor contraparte es el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), y muchas de las líneas que trabajamos en la administración anterior las continuamos trabajando con Mónica Bottero, y hay otras líneas nuevas. Una de las preocupaciones de la actual directora es el acceso de las mujeres a los cargos de decisión, o sea que esta es  una línea nueva. Como plus de esta administración es que tenemos una vicepresidenta mujer a la que le interesan mucho estos temas. También trabajamos a escala departamental, tenemos un buen eco, sobre todo en Montevideo y Canelones. Nos falta llegar más al interior profundo.

Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda

—¿Tienen otros interlocutores en el gobierno, además de Inmujeres y la vicepresidenta? 

—Inmujeres es nuestra contraparte principal, porque es la institución rectora de las políticas de género en el país. En casi todos los países de América Latina es un ministerio. Uruguay es la excepción. Y  está bueno que tenga un rango jerárquico alto. Inmujeres es quien preside el Consejo Nacional de Género, y quienes están sentados en la mesa tienen más jerarquía. Ojalá, no se dio en este período, se creó el Ministerio de Ambiente, pero ojalá…

También trabajamos con otros ministerios. Ojalá con Ambiente podamos tener un proyecto sobre los temas de cambio climático y género. Al Ministerio de Ganadería le presentamos una propuesta de lo que está trabajando ONU Mujeres Colombia que tiene que ver con la autonomía económica de las mujeres rurales. Con el Ministerio de Industria se aprobó un proyecto para la segunda transición energética y vamos a introducir componentes de género con las empresas que trabajarían en ese sector. Con el INE por supuesto trabajamos, con el Mides, con la Secretaría de Deporte… El tema de género es trasversal.

—Hay un gabinete con solo dos ministras mujeres, en muchos ministerios entre el 80% y el 100% de los cargos altos están ocupados por hombres, y en Presidencia ese porcentaje supera el 90%.  Hasta el Grupo Asesor Científico Honorario está liderado por tres hombres. ¿Cómo se vence la desigualdad estructural cuando el propio gobierno da la señal de que cuando tiene que integrar equipos y confiar responsabilidades prefiere a los varones? 

 —Si uno mira un relevamiento que hicimos sobre las mujeres en cargos de decisión, ve que del 85 al 89 había una mujer en el gabinete; del 90 al 94 había cero; del 95 al 99, una; del 2000 al 2004, cero; del 2005 al 2009, tres, del 2010 al 2014, dos, igual que en la actualidad. Solo en el período anterior hubo un numero mayor: cinco ministras. Este es un problema estructural que tiene Uruguay y que viene teniendo desde la restauración democrática: no hemos dado un salto cualitativo en el lugar de las mujeres en los cargos de decisión. Ni en el gabinete, ni en este período ni en ninguno de los anteriores, ni en instituciones públicas ni privadas. Los países desarrollados, en Uruguay nos gusta compararnos con ellos, ya nombran gabinetes paritarios, ya tuvieron presidentas mujeres; entonces es un camino que cada país va transitando de acuerdo a su maduración interna, y aquí los cambios se están dando de manera muy lenta.

—¿Por qué que son tan lentos esos cambios?

—Creo que todas las estructuras de los partidos políticos deberían reflexionar sobre este tema, al igual que las estructuras sindicales y las empresas.

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2021-03-03T20:46:00