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Pablo Atchugarry y Juan Andrés ‘Gordo’ Verde construyen una capilla donde se necesita
Este año, la Navidad en el barrio Colmena será diferente; por primera vez, se celebrará la misa de Nochebuena en la capilla Santo Pesebre (aún sin terminar), obra que Pablo Atchugarry regaló a la comunidad a instancias de Juan Andrés Gordo Verde
El artista Pablo Atchugarry diseñó la capilla del Santo Pesebre a instancias del padre Juan Andrés Gordo Verde, quien vive en el barrio desde hace unos años y lidera la asociación Cireneos.
Es diciembre. El cielo está gris y hace calor. En el barrio Colmena el bullicio y el trajín de la hora pico de la mañana ya pasó. Los niños están en la escuela y los adultos dedicados a sus tareas. Apenas algún transeúnte sudoroso arrastra los pies por las calles polvorosas del barrio, ubicado en Bañados de Carrasco, al lado de Santa Eugenia, uno de los asentamientos más grandes de Montevideo.
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Sobre la calle principal las casitas container, revestidas por fuera de algún material símil madera y con alero de chapa al frente, se suceden prolijamente una al lado de la otra. Aunque recién empieza diciembre, algunas ya cuentan con adornos navideños y son el anticipo de lo que será la celebración de la Navidad este año en Colmena.
A escasos metros de las últimas casitas, donde hoy termina la calle principal, en un extenso terreno de tierra removida, se está terminando de construir la capilla del Santo Pesebre, una obra que el artista Pablo Atchugarry quiso regalar al barrio, a instancias del sacerdote Juan Andrés Gordo Verde, y que se pudo llevar a cabo gracias a la donación de muchísimas personas y empresas.
Si bien la capilla no va a estar terminada para el 24 de diciembre, Verde cuenta con la autorización del cardenal Daniel Sturla para celebrar la misa de Nochebuena (a las 18.30 h) en el atrio, siendo esta la primera que se celebre en el lugar. A su vez, desde los días previos a la Navidad se montará dentro de la capilla un pesebre en tamaño real, obra de una artista anónima, para que todo aquel que quiera acercarse a rezar o contemplar la escena del nacimiento de Jesús en Belén pueda hacerlo. Durante la Nochebuena la capilla permanecerá abierta con el mismo objetivo. Este año, la Navidad en Colmena será diferente.
capilla Santo Pesebre, Atchugarry, barrio colmena
La capilla del Santo Pesebre tiene el sello inconfundible de Pablo Atchugarry. De base cilíndrica y techo
ondulado, la estructura no tiene pilares ni columnas, simplemente se apoya sobre la doble ondulación
que hace el techo.
Mauricio Rodríguez
El sueño de una colaboradora y el talento de un artista
En el terreno, la capilla de cemento blanco, base cilíndrica y techo ondulado luce impoluta y majestuosa. Afuera, un grupo de vecinos baja largos listones de madera de un camión y los deja en el interior del templo, donde otros cuantos vecinos trabajan en distintos quehaceres. Algunos barnizan la madera que recubre las paredes interiores y otros arman la estructura base donde se montará el pesebre. A lo lejos otro grupo de vecinos se acerca. “¡Vamos! ¡Hasta el cielo no paramos!”, grita uno de ellos, animando a los que trabajan y parafraseando al Gordo Verde, quien suele cerrar sus mensajes en Instagram y en la vida real con esa frase.
El sacerdote también está allí. Lo mismo Atchugarry, quien recién llegado de Italia se fue directamente del aeropuerto para ver el avance de la obra. Mientras que el artista habla por celular con el herrero italiano que hará la puerta de la capilla, Verde atiende las dudas y consultas de los vecinos sobre el trabajo que están realizando.
“La puerta va a ser una estructura de acero inoxidable revestida de acero corten. Va a tener tallada la estrella de Belén estilizada, y una parte de vidrio para que la iglesia se pueda ver desde afuera, aunque esté cerrada. También para que el exterior se integre con el interior. A su vez, va a tener dos puertas chicas, que son las que se van a usar a diario. Las puertas grandes se usarán en ocasiones especiales”, señala Atchugarry a Galería. Pero vayamos al principio.
Gordo Verde y vecinos del barrio Colmena
La obra fue posible gracias al apoyo de muchos benefactores, quienes colaboraron con lo que pudieron. Los vecinos del barrio también participan en el proyecto, trabajando en tareas de construcción.
La historia de la capilla del Santo Pesebre se empezó a gestar siete años atrás, cuando un grupo de jóvenes católicos liderados por el Gordo Verde —lo que hoy es el movimiento Cireneos— llegó al barrio Santa Eugenia con el objetivo de evangelizar y ayudar a los vecinos en lo que fuera necesario. Allí se encontraron con una situación bastante más compleja de lo que imaginaron: unas 250 familias no solo vivían en condiciones de extrema precariedad, sino que además el terreno donde tenían levantados sus ranchos era privado y estaba en pleno lanzamiento judicial, por lo que pronto deberían retirarse de allí y buscar otro lugar para vivir.
Con el ánimo de ayudarlos a encontrar una solución habitacional definitiva, y gracias a la ayuda de un montón de benefactores, Cireneos logró adquirir un terreno contiguo, de cinco hectáreas, para comenzar a construir lo que hoy es el barrio Colmena. “Se trata de una solución definitiva para 60 de las 250 familias que forman parte del barrio Santa Eugenia. Llegaron también otras soluciones. La intendencia y la Dirección Nacional de Integración Social y Urbana (Dinisu) del Ministerio de Vivienda trasladaron a otras 40 familias a otro complejo de viviendas. Hoy seguimos trabajando en conjunto con el ministerio y la intendencia para el realojamiento del resto de las familias”, dice a Galería el Gordo Verde, quien desde hace algunos años también vive en Santa Eugenia.
El realojamiento en Colmena, que comenzó hace dos años, ya cuenta con 42 de las 60 familias previstas. Cada uno de los hogares containers cumple con todos los requisitos arquitectónicos que se exigen para una vivienda definitiva y tiene un costo de 40.000 dólares. El proyecto incluye también la construcción de un centro educativo y de una cancha de fútbol. “Las calles, el saneamiento, todo tiene un costo que no es menor y ha sido posible gracias a la generosidad de la gente que nos apoya y nos empuja”.
La capilla es “el sueño” de una de las benefactoras de Cireneos, Alicia Esquiera, directora de Secom, quien al comenzar el realojamiento propuso que el barrio también incluyera un lugar para la oración. “Nosotros le dijimos que era un sueño precioso, pero que nuestro deber estaba con las familias, que estábamos juntando pesito a pesito para poder darles una solución habitacional. Ella insistió y un día nos dijo: ‘Yo colaboro con 10 casas, pero me dejan hacer una capilla. Es decir, además de colaborar con 10 viviendas, también colaboró con la capilla’”, cuenta el sacerdote.
Está previsto que la obra termine en marzo, con el objetivo de que la capilla quede pronta para la próxima Semana Santa
Mauricio Rodríguez
Sin pensarlo dos veces, Verde fue a buscar a Atchugarry, otro colaborador de Cireneos, para proponerle ser el artífice de la capilla para el barrio. “Nos gustaba la idea de que fuera algo con su estilo, con su nivel, en un barrio que arrancó siendo un asentamiento, pero que deseamos que cada vez crezca más y mejore las condiciones de vida de su gente”. El artista aceptó el desafío y desde hace dos años viene trabajando en el proyecto, que tiene previsto terminar en marzo del año que viene, con el objetivo de que la capilla esté pronta para la próxima Semana Santa.
Esplendor y carencia: el misterio de la Navidad
Atchugarry hizo la primera maqueta en cobre, desde Italia. Tomó como fuente de inspiración el sombrero alado (cornette) que antiguamente usaban las monjas y el pescado, signo de la simbología cristiana. Así, el techo de la capilla luce ondulado, pero si se mira desde arriba, se observa la forma de un pez.
La estructura no tiene pilares ni columnas importantes, simplemente se apoya sobre la doble curva que hace el techo. En tanto, el interior, de forma circular, estará revestido de madera de Eucalyptus grandis uruguayo, lo que le otorgará calidez. Además de la puerta principal, las paredes circulares tendrán cuatro puertas corredizas para ampliar la platea e integrar el exterior.
“Lo que más me emocionó del proyecto es que un barrio con tan pocos recursos tenga un proyecto muy completo de mi obra. Uno se va entusiasmando cuando ve a la gente del barrio, que ayuda, que colabora, que lo siente propio. Entonces, me parece que socialmente es una cosa extraordinaria. Uno está llamado a poner lo mejor de sí mismo: mi talento y los materiales”, manifiesta Atchugarry. Un vecino, que da manos de barniz a la madera de las paredes, lo interrumpe y agrega: “Disculpen que me meta. Nosotros estamos muy orgullosos de tener esta capilla en el barrio y de poder colaborar para que esto suceda”.
Pesebre capilla santo pesebre
En los días previos a la Navidad se montó en la capilla un pesebre de tamaño real, obra de una artista anónima, para que quien quiera pueda acercarse a contemplar la escena del nacimiento del niño Jesús.
Adrián Echevarriaga
El artista, que se define como creyente pero no practicante, sonríe, le agradece el comentario y continúa: “Ahora estoy haciendo el altar de un bloque de mármol statuario de Carrara, un bloque hermosísimo y dificilísimo de encontrar, de tres toneladas, doscientos kilos. Una obra única, donde se va a poder individualizar la figura del niño Jesús en el pesebre”. El ambón, púlpito donde se leen las lecturas, también será obra suya y representará el cayado (bastón) de San José.
El retablo y las figuras laterales están a cargo de la artista que diseñó el pesebre, quien trabajará en conjunto con Atchugarry. “Si bien esto es una capilla para venir a rezar y vivir la fe, también queremos que sea una obra de este artista reconocido mundialmente, que es un orgullo que sea uruguayo, y también que haya tenido toda esta generosidad para con nosotros”, señala el Gordo Verde, convencido de que con los años el lugar se convertirá en un punto de atracción turística debido a esta obra de arte.
pesebre capilla santo pesebre (2)
Adrián Echevarriaga
Pero los sueños del sacerdote van más allá. No solo proyecta eso, sino más que nada los frutos de evangelización que la capilla y el movimiento Cireneos podrán despertar en la zona y en todos los que colaboran. En este sentido, explica que el nombre de la capilla, Santo Pesebre, nace del paralelismo entre el contraste de lo esplendoroso de la obra de Atchugarry en un barrio carenciado y el nacimiento del niño Dios en un portal de Belén.
“En Uruguay no había una capilla destinada al Santo Pesebre y nos gustaba mucho la idea por el hecho de que Jesús nació en un lugar muy humilde. Era el rey de reyes, el señor de señores, esa es nuestra fe, pero nació en un pesebre. Esta capilla de alguna manera quiere reunir esas dos cosas. Brota y surge en un lugar muy humilde, donde son los vecinos los que están entrando las maderas, pero tiene el sello inconfundible de un gran artista como Atchugarry. Intenta reunir la sencillez y la humildad del niño Dios hecho hombre, con su realeza y majestuosidad. Ese es el misterio de la Navidad. Dios, que nace niño para estar a la altura de nuestro corazón. Nosotros queremos que este misterio lo puedan vivir todos los que se acercan y colaboran con Cireneos. Les aseguro que se van a encontrar con un niño Dios que necesita ser sostenido y que cuenta con nuestros brazos y nuestro corazón para hacer cosas grandes. Por eso, ¡hasta el cielo no paramos!”.
Programa Rancho Cero
Hoy, la asociación Cireneos, a través de sus casi 400 jóvenes misioneros, tiene presencia no solo en Montevideo, sino también en Canelones, San José y Melo. A la vez, cuenta con un grupo de jóvenes profesionales (odontólogos, psicólogos, médicos, etcétera) que donan horas de su trabajo para ayudar a los más necesitados; y con los padrinos y madrinas, que son quienes colaboran económicamente con lo que pueden. “Hay gente que colabora con 100 pesos, otros con especies o productos, y también están quienes colaboran con la cena benéfica o con importantes donaciones”, explica Verde.
Sin embargo, en estos últimos años, a partir de la experiencia en el barrio Colmena, la asociación creó el programa Rancho Cero, a partir del cual, en unión con otras organizaciones, trabaja en territorio para llegar a las familias en máxima precariedad, erradicar los ranchos y ofrecerles hogares containers transitorios, hasta que el Estado les pueda otorgar una vivienda definitiva. Estos tienen un costo de 15.000 dólares cada uno, y también se financian con el apoyo de colaboradores. El programa, que hoy está presente en Rivera, Tacuarembó, Paysandú, Salto, Maldonado, Canelones, Montevideo, San José, Cerro Largo, Durazno y Florida, trabaja a partir de los embajadores, que son quienes reciben y acompañan a las familias beneficiarias.
Para conocer las formas de donar, se puede ingresar a la web cireneos.org