Ese nuevo enfoque implica dejar de asociar “vacuna” con “restricción”, y comenzar a ver la inmunización como una herramienta preventiva eficaz, que lejos de restar, suma garantías. La OMSA (ex OIE) ya ha dado señales en esa dirección. Reconoce que el estatus de libre con vacunación tiene un valor sanitario equivalente al de libre sin vacunación, si se cumplen con los programas, protocolos y normas.
En una entrevista con Agro de Búsqueda, el director general de Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Marcelo Rodríguez, sostuvo: “creo que tenemos que poner el tema sobre la mesa y discutirlo”. Bonino advirtió que el momento actual no es el adecuado para avanzar en la dirección de dejar de vacunar.
“Tengo gran respeto por el doctor Rodríguez, valoro su trayectoria técnica, pero considero que más que abrir nuevos frentes de debate, debemos consolidar lo que funciona. La vacunación ha demostrado ser una herramienta eficaz, segura y estratégica. Abandonarla requeriría garantías técnicas, políticas, comerciales y operativas que hoy no están dadas. No se trata de negarse a discutir, sino de elegir el momento oportuno. Y este no lo es”, enfatizó.
Desde su perspectiva, poner en discusión la vacunación ahora podría generar señales confusas hacia los mercados y desviar el foco de lo que considera esencial, que es producir más, con más respaldo sanitario.
La experiencia uruguaya
Uruguay fue el primer país del continente en alcanzar la condición de libre de fiebre aftosa con vacunación en todo su territorio. Lo hizo tras un extenso proceso de planificación, diagnóstico, inversión en laboratorios, capacitación de técnicos, campañas de inmunización masiva y un esquema sólido de vigilancia epidemiológica activa y pasiva.
Esa coherencia se ha mantenido hasta hoy. “Uruguay es un ejemplo de política sanitaria como política de Estado. Independientemente del gobierno de turno, se ha respetado una línea de trabajo coherente, adaptativa, pero sin perder el foco: mantener la enfermedad bajo control. Y eso es algo que no deberíamos comprometer”, sostuvo Bonino.
Pero además, la vacunación ha demostrado ser compatible con el acceso a mercados exigentes. “Cuando se exportó carne ovina con hueso a Estados Unidos, se hizo gracias a un modelo de compartimento sanitario, con trazabilidad y vigilancia. Lo mismo con Japón, que habilitó no solo la carne, sino incluso la lengua bovina, uno de los tejidos más sensibles. Todo eso lo logramos vacunando”, recordó.
La vacuna: de barrera a seguro
Históricamente, el hecho de vacunar era percibido como una barrera sanitaria, pero esa visión ha quedado superada por los avances científicos. Las nuevas tecnologías permiten diferenciar con precisión los anticuerpos de la vacuna de los de una infección. Además, se destaca que las vacunas actuales son más potentes, estables, seguras y eficaces.
“La vacuna es como el seguro del auto. No te evita el accidente, pero si algo pasa, te protege. Te permite trabajar tranquilo, enfocado en la producción. Y eso, en un país como el nuestro, exportador neto de carne, es vital”, afirmó Bonino, quien también es directivo de la Asociación Rural del Uruguay y del Secretariado Uruguayo de la Lana.
Recordó que el brote de fiebre aftosa de 2001 le costó a Uruguay US$ 730 millones, 1,9% del producto bruto interno. “Eso daba para vacunar durante 70 años”, señaló.
Brasil, Bolivia y el efecto regional
La decisión de Brasil –uno de los mayores productores de proteína animal del mundo– de dejar de vacunar, fue lo que reavivó el debate en toda la región, pero cada país tiene su realidad.
“Brasil tiene escala, estructura, recursos. Y aún así, ha tenido que enfrentar desafíos sanitarios recientes. Bolivia también se declaró libre sin vacunación, pero hay que ver cómo sigue la vigilancia. En Paraguay el sector privado se opuso a dejar de vacunar. En Argentina hay una zona libre con vacuna y otra sin. No hay una receta única”, analizó.
El veterinario recordó que, en enfermedades como la fiebre aftosa, las fronteras no existen. “Son enfermedades transfronterizas. Cualquier foco en la región afecta a todos. Por eso, las decisiones deben ser consensuadas, regionales, y sostenidas por asociaciones público-privadas. Uruguay ha sido pionero en ese modelo, y la OMSA lo promueve activamente”, sostuvo.
Categorización por equivalencias
El planteo que Bonino impulsa en la OMSA, junto a otros delegados de América Latina y foros internacionales como el PCP-FMD, es claro: cambiar la forma en que se categoriza a los países.
“Tenemos que empezar a clasificar a los países no por si vacunan o no, sino por análisis de riesgo. Si tienen circulación viral o no, si cumplen con las normas de vigilancia, si tienen capacidad de respuesta, si pueden demostrar técnicamente que están libres de la enfermedad. Eso es lo que importa”, explicó.
El objetivo es lograr que los socios comerciales de la OMSA y la Organización Mundial de Comercio –los grandes compradores de carne y genética– acepten el estatus de libre con vacunación como válido, confiable y sin restricciones. Para eso, es clave fortalecer la comunicación y la diplomacia sanitaria, planteó.
“La comunicación es el talón de Aquiles. A veces se dan mensajes que generan confusión. Tenemos que hablar claro: todos somos libres. Vacunamos porque podemos y porque nos da tranquilidad. No porque tengamos circulación viral. Y eso hay que explicarlo con solidez técnica y política”, insistió.
Prepararse para el futuro
Uno de los puntos que Bonino subraya es la necesidad de pensar en el largo plazo. Si otros países dejan de vacunar, la producción de vacunas disminuirá, y Uruguay debe asegurarse el acceso a antígenos de calidad. “Hay que tener un banco de vacunas, un banco de antígenos, acuerdos estratégicos con laboratorios regionales. Ya lo hicimos con el Covid: aseguramos la vacuna a tiempo por una buena gestión. Ahora debemos hacer lo mismo con la sanidad animal”, consideró.
Además, dijo que hay que seguir investigando, porque “tal vez mañana necesitemos una vacuna polivalente, que incorpore otras cepas, o una nueva tecnología. La sanidad evoluciona, y Uruguay debe estar en la primera línea”.
Bonino enfatizó que dejar de vacunar “no es una necesidad, ni una urgencia para Uruguay”. Por el contrario, planteó que “sería una decisión riesgosa, con beneficios dudosos y costos potenciales altos”. Agregó que la experiencia histórica, la evidencia técnica, la lógica económica y la visión estratégica apuntan a seguir vacunando, con un plan sólido, y liderar un nuevo enfoque internacional basado en el riesgo real y no en etiquetas rígidas. “Vacunar nos da seguridad, nos permite producir más y mejor, y nos posiciona como un país serio, responsable, confiable”, sentenció.