Una empresa que tiene cría en campo natural y recría en el 15% del área de pasturas intensivas, con una producción de 130 kg/ha de carne, alcanzaría un ingreso de capital de US$ 174/ha.
Y un sistema de ciclo incompleto abierto, con 40% de pasturas (el más parecido al promedio de las empresas con las que trabaja Apeo), con la cría en el 60% del área de campo natural y la recría de producción propia y comprada en el 40% de pasturas, obtuvo un ingreso de capital de US$ 238/ha.
Varalla recordó que el anterior pico de resultado económico ocurrió en 2021-2022. En cada uno de esos sistemas fueron: US$ 120/ha, US$ 150/ha y US$ 200/ha, respectivamente.
“En 2024-2025 estaríamos obteniendo US$ 108/ha para los sistemas criadores que lograron tener el 80% de preñez y se manejan sobre campo natural; US$ 140/ha para las empresas que tienen 15% de pasturas; y US$ 166/ha para las empresas con 40% de pasturas intensivas”, detalló.
El analista confirmó que esos resultados económicos “están muy por encima del ejercicio anterior, y también del promedio de los últimos cuatro años”.
Y planteó que, si los precios actuales se mantienen, “alcanzaríamos US$ 133, US$ 174 y US$ 238 por hectárea de ingreso neto, respectivamente”. Destacó que “son números extraordinarios, difíciles de concretar o que se mantengan”.
Costos y tipo de cambio
Varalla señaló que en un sistema de cría la mayoría de los costos (53%) son recursos humanos, de administración y mano de obra. “La mayoría de los costos de los sistemas criadores son dependientes del tipo de cambio, que viene en descenso, mientras que la inflación sube, y hace bajar el poder de compra, con un encarecimiento de los costos en pesos expresados en dólares”, comentó.
Agregó que en un sistema con 40% de pasturas, el 38% de los costos corresponde a esas pasturas, y el costo de recursos humanos en pesos es el 28%. Indicó que, en ese caso, una diferencia negativa en el tipo de cambio, y un aumento de la inflación, “afecta menos en los costos que en la cría, porque la canasta de dólares es mucho mayor, pero el poder de compra del ingreso de capital merma”.
Pero descartó que la diferencia de tipo de cambio e inflación sea suficiente para hacer mermar el incremento del resultado económico que se proyecta si los precios se mantienen.
Señaló que en el ejercicio que acaba de cerrar la variación del tipo de cambio fue superior a la variación de la inflación. “En los últimos meses el tipo de cambio está yendo hacia abajo y la inflación sigue hacia arriba. Por lo tanto, en el ejercicio 2024-2025 no vamos a ver un efecto por el tipo de cambio, pero sí de acá hacia adelante”, advirtió.
También destacó como una “buena noticia” que el costo de la rotación de pasturas se mantuvo en US$ 185 por hectárea (igual al año pasado). “Como el precio implícito del sistema subió, necesitamos menos kilos de carne para pagar el costo de las pasturas. Por lo tanto, subimos el precio implícito, bajamos producción –menos de lo que subió el precio implícito–, y nuestro principal costo se mantuvo constante, y en kilos de carne bajó, por lo tanto el margen aumentó”, dijo en referencia a los sistemas con 40% de pasturas mejoradas.
Intensificando la cría
Varalla también analizó el incremento de la producción de carne y el resultado económico de las empresas criadoras o de ciclo incompleto al aumentar el área de pasturas.
En primer lugar se refirió a un sistema de cría, con 80% de preñez, y que realiza el primer entore a los 24 meses. “Si hacemos más pasturas y seguimos haciendo cría obtenemos más producción de carne. La cría tiene respuesta física al incremento del área de pasturas y aumentamos el resultado económico”, confirmó.
Pero advirtió que ese incremento se produce hasta el 20% de pasturas. Explicó que “si hacemos más pasturas para sostener la cría y tener más producción de terneros, más peso al destete, el resultado económico se cae”.
Luego aseveró que la cría también tiene respuesta positiva al incremento del área mejorada si se entoran las hembras por primera vez a los 15 meses.
Y también se refirió a un aumento del área de pasturas, pero solo para la recría (las vacas van al campo natural). “Cuando tenés más de 15% de pasturas, tu cría produce menos terneros de los que precisas, y tenés que comprarlos afuera”, indicó.
Agregó que “si los compras y los pones en pasturas, aumenta el resultado físico y se despega, porque los sistemas de recría tienen más eficiencia biológica que los sistemas de cría, por lo cual transformar ese pasto en carne es más eficiente en la recría que en la cría”.
Y agregó que eso también tiene “mejor respuesta económica”, porque “el precio implícito de la recría puede ser menor que el de la cría, pero nunca es menos de lo que perdés en eficiencia con el rodeo de cría sobre las pasturas”.
Las conclusiones de Giprocar a fines de los años 90, y principios de los 2000, un estudio que se realizó en 2017 para la zona centro de Fucrea, y el análisis de Apeo en los últimos cuatro años, confirman que el resultado económico de las empresas ganaderas del Uruguay está determinado por la variabilidad de la producción de carne, y no por la variabilidad del precio implícito, ni de los costos.
“Tengo que producir más carne. Si el campo me lo permite tengo que aumentar el área mejorada, y si aumento el área mejorada ajusto la cría al recurso limitante (campo natural), y agrego los terneros que haga falta para la recría en las pasturas. Esa es la curva del resultado económico”, sintetizó Varalla.
“Cada uno lo evaluará si vale la pena para su escala y sus recursos humanos, porque tiene otras complejidades”, comentó.
El consultor confirmó que “hay respuesta a bajar la edad de entore, pero primero está el área mejorada y volverse más recriador que criador al aumentar el área mejorada, para después hacer lo otro; ahí están los impactos”.
Los desafíos
El consultor también recordó un trabajo realizado por Apeo y a Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC), de Facultad de Agronomía, en 2017, donde se tomó como base la situación del Uruguay, con 4,2 millones de vacas y una producción de 88 kg/ha de carne.
El ingeniero agrónomo comentó que la excusa que se suele escuchar es que la mayoría de la cría está en el basalto, sin embargo, señaló un trabajo que Apeo realizó a pedido del Instituto Nacional de Carnes (INAC), que indicaba que la zona con la mayor brecha productiva es el litoral.
“El litoral produce 120 kg/ha de carne. Por lo tanto, el ajuste de producción del basalto está bastante bien en relación al potencial de su recurso campo, es de los más eficientes en términos de producción”, señaló.
Sin embargo, “en el litoral y la zona centro las brechas productivas son gigantescas. No puede ser que el promedio de todo el Uruguay sea igual a lo que produce el basalto. Eso quiere decir que en todo el resto, que tiene un potencial superior, las cosas no se están haciendo del todo bien”, dijo.
Planteó que si se baja todo el entore a dos años el Uruguay aumentaría su productividad en 3 kg/ha de carne; si todas las vacas se preñan en un 80%, marcando 72% en vez de 66%, se pasaría a 98 kg/ha; si baja la edad de faena se puede llegar a 101 kg/ha; y “si aumentamos solo 5% la utilización del campo natural, que es el 90% de los recursos de los ganaderos uruguayos, se puede llegar a 108 kg/ha de carne”, subrayó.
El director de Apeo sostuvo que “en Uruguay las tecnologías están disponibles y probadas, y el resultado físico puede aumentar 22%”.
“Y a esto no le estamos agregando que tenemos 2 millones de hectáreas de campo natural, con potencial para hacer pasturas, para seguir incrementando el área mejorada en los sistemas, seguir aumentando la producción de carne y seguir aumentando el resultado económico. O sea que al Uruguay todavía le queda muchísimo por hacer”, concluyó.