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    VET-5 elaboró un documento que define la figura del veterinario corresponsable y plantea plan piloto

    El modelo prevé un sistema de información con comunicación fluida entre el productor, el veterinario y el MGAP

    Redactor Agro de Búsqueda

    La figura del veterinario corresponsable de predio viene tomando forma dentro de la institucionalidad veterinaria y se prepara para ingresar en una fase decisiva. Así lo explicó el integrante del Centro Médico Veterinario de Paysandú, Lauro Artía, quien detalló a Agro de Búsqueda los avances, desafíos y alcances de este nuevo esquema que busca profesionalizar la gestión sanitaria en los establecimientos ganaderos en Uruguay.

    Artía explicó que se elaboró un documento en el ámbito de VET-5, acordado por en concenso por la Academia Nacional de Veterinaria –promotora original de la idea a partir del impulso del doctor Adolfo Bortagaray–, Facultad de Veterinaria, el Colegio Veterinario del Uruguay, la Sociedad de Medicina Veterinaria, y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).

    “Estamos en reuniones periódicas y venimos avanzando. Logramos una redacción aprobada por toda la institucionalidad. Todas vemos con buenos ojos que el veterinario corresponsable pueda brindar soluciones reales. Es hacer algo distinto a lo que se ha venido haciendo, y creemos que puede ser una buena solución”, consideró Artía.

    El VET-5 establece los principios rectores, las responsabilidades mutuas, las garantías sanitarias y la lógica operativa de esta nueva figura profesional, que propone reemplazar un modelo basado en intervenciones puntuales, por un sistema de interacción permanente entre veterinario y productor.

    El fin de la sanidad “de mostrador”

    Se busca evitar, entre otras cosas, que el productor compre un producto veterinario cuando tiene un problema concreto, muchas veces sin diagnóstico previo, sin conocer la resistencia de la cepa presente en el establecimiento, ni la farmacodinamia de los productos.

    “El veterinario corresponsable es, en realidad, formalizar algo que muchos colegas ya hacen: un vínculo permanente con el productor. Conocer la realidad del predio, asesorar en el manejo, planificar los programas sanitarios y llevar un contralor real”, explicó.

    En la práctica, la figura implica tener en cada establecimiento un plan sanitario obligatorio y actualizado. A su vez, analizar la resistencia de parásitos como garrapata y otros ectoparásitos, eligiendo productos que realmente funcionen. El veterinario deberá diseñar planes preventivos, y no solo responder ante la presencia de una enfermedad; optimizar las vacunaciones, la rotación de principios activos y los tratamientos estratégicos.

    Permitirá, a su vez, controlar el uso de antibióticos, desparasitantes y garrapaticidas, incluyendo compras y registros. Asegurar prácticas que redunden en mayor bienestar animal y menores pérdidas productivas, y contribuir a garantizar la inocuidad de los alimentos que produce el establecimiento.

    “Con esta figura se termina la sanidad de mostrador. No es el productor llegando a la veterinaria a comprar algo que cree que precisa. Es un plan sanitario pensado, consistente y adaptado a la realidad de cada predio”, remarcó.

    Plan piloto

    La institucionalización de esta figura requiere un primer paso legal: su reconocimiento formal. Como no existe hoy en la legislación, sería necesario crear esa figura y ajustar normativas relacionadas con contralor sanitario, responsabilidades profesionales y vínculos con el MGAP.

    Por eso, el sistema se plantea inicialmente como un plan piloto, que permite que el MGAP lo implemente mediante resolución, sin necesidad de pasar por el Parlamento. “Un plan piloto es la vía más rápida y la más razonable. Permite probar, medir aceptación, demostrar resultados. Si funciona, se escala, como pasó con la trazabilidad”, señaló.

    Además, permitiría que el MGAP observe en campo cómo opera el sistema, qué mejoras necesita y qué costos implica, tanto para productores como para veterinarios.

    Artía aclaró que, a largo plazo, la intención es que todos los establecimientos, sin importar tamaño o sistema de explotación, trabajen con un veterinario corresponsable. La diferencia estará en la frecuencia de visitas, en la intensidad del asesoramiento y en el tipo de problemas sanitarios presentes.

    En un predio de invernada, por ejemplo, el enfoque estará en la nutrición, en el manejo de piso, control de enfermedades respiratorias, tiempos de retiro y bienestar animal asociado a cargas animales. Mientras que en un establecimiento de cría, la agenda pasa por la reproducción, sanidad del ternero, control de parasitosis, vacunaciones estratégicas y planificación de pariciones.

    “El sistema se adapta a cada producción. Lo central es que haya un profesional que conozca la realidad y se involucre. Eso siempre mejora los resultados”, dijo.

    Un aspecto destacado es el potencial beneficio para los productores chicos, especialmente para aquellos que comparten recursos, como alambrados, aguadas o pasturas.

    “En una colonia, por ejemplo, todos los vecinos comparten un veterinario, eso es muchísimo más eficiente que cada uno haciendo cosas distintas, con productos distintos. En garrapata eso puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso”, opinó.

    Corresponsabilidad y límites

    Una parte delicada del diseño del sistema es la corresponsabilidad entre productor y veterinario, qué sucederá con las infracciones o incumplimientos.

    Para Artía, “el veterinario debe ser garantía de que las cosas se hacen bien”. “Si no se hacen bien, el corresponsable tiene que deslindarse del sistema. El vínculo implica voluntad de hacer las cosas como corresponde”, dijo.

    El modelo también prevé auditorías, supervisión del MGAP y un sistema de información con comunicación fluida entre el productor, el veterinario y las autoridades.

    El veterinario corresponsable, de hecho, funcionaría como un nexo técnico que permitiría al MGAP tener mayor información sobre lo que sucede en los predios, y mayor capacidad de contralor efectivo, sin multiplicar la carga administrativa.

    El hallazgo reciente de residuos químicos en carne exportada —producto del mal uso de garrapaticidas— generó preocupación en toda la cadena y reactivó debates postergados.

    Para Artía, estos episodios, aunque indeseados, abrieron una oportunidad. “Desgraciadamente, estas situaciones son un estímulo para impulsar la figura. Ojalá que de esto, que fue malo, pueda salir algo bueno”, comentó.

    Estos eventos evidenciaron la necesidad de uso responsable de productos veterinarios, la importancia del diagnóstico de resistencia, la capacitación del personal y la supervisión técnica en la aplicación de tratamientos.

    Antecedentes que no funcionaron

    La receta veterinaria, instaurada como herramienta de control, no logró los resultados esperados. Artía sostuvo que “a veces las medidas terminan siendo algo administrativo, burocrático, que en la práctica no se cumple. Entonces no colma la expectativa. Si el contralor es de papel y no real, la herramienta pierde sentido”. La figura del veterinario corresponsable busca evitar eso.

    De todas formas, sostuvo que pese al consenso institucional y a la claridad técnica del proyecto, el proceso enfrenta un freno, que es la definición legal de la figura. Sin ese paso no es posible fijar fecha para un plan piloto, ni avanzar en acuerdos con la industria y los productores.

    Artía sostuvo que, a su entender, esta figura traería grandes beneficios al país. “Involucra al veterinario, profesionaliza la gestión, mejora el bienestar animal, reduce pérdidas, da garantías sanitarias y suma transparencia para la industria y para los mercados”, afirmó.

    Veterinaria suspendida
    El pasado 13 de noviembre el MGAP suspendió por 90 días la habilitación a un comercio de Tacuarembó por incumplimientos en la comercialización de productos veterinarios.

    El pasado 13 de noviembre el MGAP suspendió por 90 días la habilitación a un comercio de Tacuarembó por incumplimientos en la comercialización de productos veterinarios.

    Reactivación del sistema de farmacovigilancia Vigía

    El Plan Nacional de Lucha contra la Garrapata incluye una herramienta que es considerada clave: la reactivación del sistema de farmacovigilancia Vigía, un mecanismo que permite trazar el uso de los garrapaticidas desde el laboratorio o importador hasta el productor.

    “Es una especie de cuenta corriente de garrapaticidas”, explicó el coordinador del Plan Nacional de Lucha contra la Garrapata, Carlos Fuellis. El sistema implica que cada laboratorio cargue el stock que importa, las veterinarias registren lo que compran y venden, y al final de la cadena quede asentado el número de Dicose del productor que adquiere el producto.

    Según Fuellis, el sistema —que llegó a funcionar con más del 60% de eficacia luego del episodio de etión— fue perdiendo uso, pero ahora “vamos con todo de vuelta para llevarlo a su máximo potencial”. La herramienta permitirá identificar las zonas y predios que más usan acaricidas, información clave para orientar los muestreos de residuos, especialmente en plantas de faena.

    El sistema está operativo y su fortalecimiento ya tiene recursos asignados. “Si todo avanza como debe, antes del próximo otoño debería estar funcionando a pleno”, aseguró el asesor del MGAP, quien subrayó la importancia de acompañar la digitalización con auditorías a veterinarias para verificar stock, ventas y registros.

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